I’ll tell you what Freedom is to me. No fear” — Nina Simone.

¿Quién es Amen Dunes? Pese a llevar casi una década en el negocio, el proyecto artístico encarnado por Damon McMahon no deja de ser una joya underground que, al menos hasta ahora, había pasado desapercibida para todos aquellos poco acostumbrados a asomarse al psicodélico y experimental catálogo del sello Sacred Bones (Moon Duo, The Holydrug Couple, The Men…). Lo cierto es que parece que no hay demasiado que pueda afirmarse con seguridad sobre Amen Dunes ni sobre su creador. Y es que, además de la naturaleza independiente de su música y su estatus –en cierta manera– de culto, el carácter reservado y ermitaño de McMahon ha mantenido alejados de ciertos focos de atención tanto al creador como a su obra. No sé si desalentado por la falta de aprobación de su padre acerca de su forma de intentar ganarse la vida o quizá como consecuencia de las hostias que recibió por parte de la crítica (Pitchfork) cuando debutó bajo su nombre de pila; pero el caso es que Damon McMahon parece haber pasado casi toda su carrera artística escondiéndose. Y aquí me refiero tanto a las pocas entrevistas que concede a la prensa, al hecho de haber recurrido a un nombre artístico para publicar sus obras, como, sobre todo, a esa forma de interpretar sus canciones, como si en vez de agarrar bien fuerte el micrófono y llenar el estudio de grabación estuviera encogido en una esquina de la habitación, cantando entre las sombras.

Damon McMahon: un hombre difícil, como todos los de verdad

Estamos ante la colección de canciones más limpia y atinada de Amen Dunes, pero la manera en que esa libertad –entendida como la ausencia de miedos y ataduras– se manifiesta más nítidamente es a través de unas letras en las que trata de abordar distintas facetas de su personalidad aludiendo a sus defectos, experiencias y frustraciones vitales, así como a lugares y personas de su infancia.

Así, “DIA”, “Through Donkey Jaw” y “Spoiler” –sus primeras referencias– nos habían traído un artista que insinuaba melodías pop detrás de una espesa capa de lo-fi, distorsión y psicodelia ambiental que daban forma a un producto de lo más abstracto. Por su parte, “Love”, del que rescatamos una canción para nuestro especial de psicodelia contemporánea el verano pasado, cambió ligeramente esa tendencia apostando por estructuras más convencionales y melódicas, pero aún meciendo su voz entre varias capas de ruido. Y llegamos por fin a “Freedom”, que es, en todos los sentidos, la culminación de ese proceso de desvestimiento que ha sufrido la música de Amen Dunes. Si atendemos a la cita de Nina Simone cuando trató de explicar el significado de la palabra libertad, no podemos sino convenir en lo acertado que ha estado McMahon a la hora de buscar un título para su  nuevo álbum. El neoyorquino, en un disco en el que llama a las cosas por su nombre, deja al descubierto no sólo su música, desprovista de los niveles de distorsión de antaño, sino también su propia voz que, ahora sí, adquiere un brillante papel protagonista. Sin duda estamos ante la colección de canciones más limpia y atinada de Amen Dunes, pero la manera en que esa libertad –entendida como la ausencia de miedos y ataduras– se manifiesta más nítidamente es a través de unas letras en las que trata de abordar distintas facetas de su personalidad aludiendo a sus defectos, experiencias y frustraciones vitales, así como a lugares y personas de su infancia. Si otras veces volvió la cara o se mostró huidizo, hoy McMahon es más abierto y libre que nunca, demostrando que es capaz de sostenerse la mirada a sí mismo durante un largo rato frente al espejo de sus miserias. No obstante, que el autor se abra en canal no quiere decir que sea bonito lo vayamos a encontrarnos, ni siquiera tiene por qué ser coherente. “Freedom” es un álbum con un planteamiento muy sincero de búsqueda y re-descubrimiento de uno mismo, pero, en ocasiones, al igual que cuando se proyecta un rostro en un espejo roto, las respuestas que Amen Dunes devuelve a su creador sobre sí mismo configuran una imagen desproporcionada, compuesta a partir de elementos difíciles de casar.

Fotografía: Michael Schmelling

“Freedom”: la búsqueda y el re-descubrimiento de uno mismo

El neoyorquino, en un disco en el que llama a las cosas por su nombre, deja al descubierto no sólo su música, desprovista de los niveles de distorsión de antaño, sino también su propia voz que, ahora sí, adquiere un brillante papel protagonista.

Que “Freedom” sea el disco de madurez de Amen Dunes tiene más de coyuntural que de ejercicio artístico deliberado. Los tres años de trabajo que Damon ha dedicado a esta obra están irremediablemente marcados por sus circunstancias: ser un hombre blanco en Norteamérica en plena era del #MeToo, acercarse al ocaso de sus treinta y pico años con más preguntas que certezas, una infancia difícil, la relación de amor-odio con su padre y, especialmente, el cáncer terminal del que fue diagnosticada su madre al empezar a trabajar en este disco y que desembocó en su muerte antes de que el LP estuviera listo. Por eso, “Freedom” tiene tanto de valentía y madurez como de catarsis y crisis existencial. Ya desde la “Intro” tenemos toda una declaración de intenciones de quien quiere tomar su vida en peso y buscar su lugar en el mundo a través de esa voz infantil que expresa con convencimiento: “Éste es tu tiempo, el de los otros ha terminado”.

Blue Rose” es el primer pildorazo de la colección. Que estemos ante la cara más despejada y digerible de Amen Dunes sólo puede entenderse de forma positiva, pero no es que McMahon haya compuesto diez hits para animar tus fiestas ni especialmente radiables. La clásica oscuridad de sus temas se muestra ahora más alegre; seguiremos encontrándonos sintetizadores, arreglos arriesgados (el groove de esos bongos) y una actitud experimental y narcótica obteniendo como resultado diversos claroscuros en los que la voz de Damon hace un trabajo increíble potenciando el elemento pop de su música y haciendo más evidente el esqueleto de folk y Americana-vestida-de-psicodelia con el que siempre ha construido sus canciones. Tampoco debemos llevarnos a engaño al analizar las letras; la sinceridad de su introspección no supone que McMahon  llegue a una conclusión concreta, ni evita lo intrincado y contradictorio de sus mensajes. En este sentido, me quedo con esa “We play religious music / Don’t think you’d understand, man que tiene tanto de arrogancia admitida y declaración de principios sobre la seriedad con que se toma el proceso creativo, como de maniobra distractiva y bufonada de capullo post-irónico.

Según avanzamos en el tracklist vamos obteniendo distintas facetas de la persona y el pasado de McMahon presentadas a partir de reflexiones en voz alta que manifiestan sus deseos e inseguridades, experiencias vitales, diálogos con su madre y personajes masculinos a los que recurre para explicarse a sí mismo. Y es precisamente la ausencia de un relato unívoco lo que aleja a “Freedom” de la propaganda y lo convierte en el retrato serio y certero de un hombre real, complicado y lleno de matices, un hombre capaz de lo peor y de lo mejor, alguien, en definitiva, como cada uno de nosotros.

Si en “Blue Rose” aparecía de fondo la relación con su padre, asomando ciertos conflictos de autoridad que no trataba de justificar, “Time”, musicalmente más intensa y a ratos llena de auténtica ansiedad, explora un tema tan universal como el paso del tiempo y la muerte en el contexto de la enfermedad de su madre. Amen Dunes no llegará nunca a desnudar del todo sus canciones que, aunque directas, son capaces de arrastrarte y meterte en una especie de mantra dreamy espeso que mantiene su música siempre hipnótica y excitante. Otros buenos ejemplos de esto son “Skipping School” o la propia “Freedom”, donde vuelve a combinar su voz vulnerable y dinámica con unos acordes que miran a la vez a Tom Petty, Spiritualized y el pop-rock noventero al estilo The Verve.

Según avanzamos en el tracklist vamos obteniendo distintas facetas de la persona y el pasado de McMahon presentadas a partir de reflexiones en voz alta que manifiestan sus deseos e inseguridades, experiencias vitales, diálogos con su madre y personajes masculinos a los que recurre para explicarse a sí mismo: traficantes de droga, emperadores, excéntricas leyendas de surf, Jesús de Nazaret, Perseo, su propio padre y toda una colección de superhombres, villanos y antihéroes. No pocos medios han encontrado en “Freedom” un disco sobre el hombre, centrado en una crítica a eso que hoy se llama ‘masculinidad tóxica’. Su autor ni confirma ni desmiente, tan sólo ha insistido en su intención de expresar diferentes rasgos de su propia persona, a veces rozando la exageración o la parodia. Canciones como “Dracula”, “L.A.”, “Calling Paul the Suffering” –casi bailable– y, sobre todo, la genial y adictiva “Miki Dora” parecen dejar claro que lo que tenemos delante es el retrato ambiguo y diverso de un hombre que saca a la luz múltiples caras, a menudo contrapuestas: arrogancia, ternura, sacrificio, admiración, envidias y egoísmos varios. Me resulta imposible ver en “Freedom” esa suerte de autojuicio moralista en el que su autor es juez y parte ni tampoco un manual de deconstrucción para el perfecto aliado. Es precisamente la ausencia de un relato unívoco lo que aleja a “Freedom” de la propaganda y lo convierte en el retrato serio y certero de un hombre real, complicado y lleno de matices, un hombre capaz de lo peor y de lo mejor, alguien, en definitiva, como cada uno de nosotros. Así, entre los momentos de felicidad artificial y desazón existencial del disco (“Woke up some day feeling good / Though I’d try to maybe stay high forever”) y la aceptación y condena de sus propios errores (“Pride destroyed me man”), emerge de vez en cuando la posibilidad de redimirse y una mirada optimista que queda plasmada en melodías que se tornan más luminosas (“Still enough time / To roll around with me”).

Que “Freedom” sea el disco de madurez de Amen Dunes tiene más de coyuntural que de ejercicio artístico deliberado. Los tres años de trabajo que Damon ha dedicado a esta obra están irremediablemente marcados por sus circunstancias: ser un hombre blanco en Norteamérica en plena era del #MeToo, acercarse al ocaso de sus treinta y pico años con más preguntas que certezas, una infancia difícil, la relación de amor-odio con su padre y, especialmente, el cáncer terminal del que fue diagnosticada su madre al empezar a trabajar en este disco y que desembocó en su muerte antes de que el LP estuviera listo.

Volviendo a lo musical, resultan especialmente destacables los momentos en los que deja más de lado el hypnagogic-pop, los sintetizadores  y la psicodelia en favor de su perfil más clásico, encontrando la mezcla perfecta de indie y heartland-rock de Kurt Vile en “Satudarah” que antecede a una “Believe” aún más sobria en la que los elementos ensoñadores tardarán en hacer acto de presencia. Esa desnudez es aprovechada para volver a referirse a la muerte de su madre sin refugiarse en la autocompasión ni el sentimentalismo barato al tiempo que huye de cualquier tentación de caer en el cinismo. La sensación es la de escuchar frases –a menudo carentes de épica y trascendencia– que forman parte de una conversación madre-hijo en la habitación de un hospital. Amen Dunes demuestra que una historia de aceptación de la finitud de la vida puede ser igual o más emocionante que revolcarte en tu propio dolor: Life goes on and this is just a song / But I do it for you.

El LP concluye con la ya mencionada “L.A.”, que adquiere un ritmo motorik para extenderse más allá de los seis minutos de duración. Durante el trayecto aparecerán delirios de grandeza juvenil (“At 19 I was king, so supreme”), una existencialista mirada al paso del tiempo (“I’ve been trying to make it, for years and years and years / Watch them years go by on fire”), algunas incertidumbres y frustraciones vitales (“Got my arms around some clown who’s barely awake / Doesn’t we look stupid now / Tears trickle down our face”), quizá alguna referencia a su madre (“Blue eye, you lied, I miss you, that’s all”) y un final bastante críptico que cierra el disco de manera definitiva:

That’s all
Not me
Better, better”

Quizá seas uno de los que se preguntaron eso de “¿quién es Amen Dunes?” semanas atrás cuando Pitchfork le otorgó uno de sus ‘prestigiosos’ Best New Music (que cada uno interprete las comillas como le parezca). Tanto si es así como si no, “Freedom” puede ser capaz de respondernos a esa pregunta y a otras muchas referentes a su creador y además lo hace de la mejor manera posible: con una mayor difusión asegurada por contar con el beneplácito de cierta crítica especializada, sinceridad rebosante, un sonido digerible y menos ruidista que se mantiene interesante y su mejor colección de canciones hasta la fecha.

Amen Dunes – Freedom

8.5

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Amen Dunes a.k.a. Damon McMahon rebaja la distorsión, exhibe su voz y abre su alma a través de su mejor trabajo discográfico hasta la fecha. Una docena de canciones pop y folk de impecable factura dreamy y psicodélica en las que McMahon exorciza cada una de las diferentes versiones de sí mismo.

Up

  • Termina de redondear sus piezas mejorando lo que estaba bien en “Love” y reduciendo la cantidad de otros ingredientes pero sin llegar al punto de quedar irreconocible.
  • Uno de los elepés más elegantes y cautivadores del año.
  • Disco de madurez, en el mejor sentido de la palabras.

Down

  • Puede requerir algo de paciencia.