Muy a finales de la década de 1930, Benny Goodman se convirtió en pionero histórico del capitaneo de grupos interraciales, formando oficialmente la primera big band mixta que jamás había existido, con negros y blancos dándole al swing en paz y harmonía, todos juntos de la mano. El mitológico concierto que ofreció en el Carnegie Hall de Nueva York en 1938, y que contó con el exquisito batido de chocolate y vainilla que resulta de la mezcla de ingredientes como Lionel Hampton y Gene Krupa, es considerado hoy ‘el concierto de música popular más importante de la historia’, o, dicho menos campanudamente, la presentación en sociedad del jazz como género musical respetable.

Young Fathers y su intolerancia a lo neutral

“Cocoa Sugar” es el esfuerzo discográfico menos arriesgado y más complaciente dentro de la breve carrera del trío escocés.

Estamos en 2018, y la Jimi Hendrix Experience, los Allman Brothers, Sly and the Family Stone, todos ellos suenan ya más a establishment que a Black Lives Matter, por lo que debería pensarse que los grupos café con leche, aún en su relativa escasez, no llaman la atención de nadie por el mero hecho de serlo. Error: Young Fathers, el trío originario de Escocia que se inscribe en un género cuya correcta denominación resulta demasiado larga e imprecisa como para molestarse en escribirla, sigue confundiendo al personal con su “““provocadora””” mezcla dérmica de colores. El verano pasado les tocó recibir una serie de palos cibernéticos por recitar un poema quejándose de que había demasiados blancos ricos y muertos en la National Portrait Gallery escocesa. El calambur iba más para la gente corriente en general que para la gente corriente negra en particular, pero el hecho de ser dos negros contra un blanco en el grupo hizo que, cualquiera con la suficiente mala intención y baja autoestima, pudiese darle la sesgada lectura antiblanca que quisiese.

Fotografía: Promo

“Cocoa Sugar”: cuando el outsider intenta encajar pero no sabe cómo

De nuevo y en general, a ratos no queda claro si esta aversión a la estructura de los Fathers es puro empecinamiento ideológico (que, aunque erróneo, puede ser respetable) o si más bien les da pereza tener que hacer un esfuercito por agradar y salir de su guarida de autocomplacencia.

¿Contribuyó este inesperado e injusto contragolpe del público a achantar a Young Fathers y hacer de su último “Cocoa Sugar” el esfuerzo discográfico menos arriesgado y más complaciente de su breve carrera? No se sabe o es probable que no, al menos conscientemente, pero los claros ademanes de accesibilidad, audibles desde la introductoria “See How”, están ahí, testificando a favor de dicha teoría. Jugando a la alternancia de poder entre la baja y la alta fidelidad, el minimalismo impoluto de la primera pista apunta a su apuesta por una producción más transparente y contrastada, afilada como en aquel “DEAD” que les granjeó el Mercury Prize y distanciándose de sus dos primeros EPs y de “White Men Are Black Men Too”, que les dieron la incomparable personalidad y el culto.

Acentuando la heterodoxia a través de la estructura, episodios como “Fee Fi” o “Tremolo” constituyen (hasta en el nombre) otras demostraciones de claroscuro en acordes menores, un pulso entre ritmología africanista y Thelonious Monk, Charles Mingus y Kendrick Lamar en “To Pimp a Butterfly”, demostrando que se puede ser inquietante y funky a la vez. El tempo afro también sobrevive en el segundo sencillo, “In My View”, que es, indiscutiblemente, lo más parecido a un hit radioformulero que compondrán jamás los Young Fathers. No obstante, los que fueron más fans de aquel ejercicio de primitivismo ilustrado titulado “Old Rock n Roll” que de todo lo que hay en “DEAD”, encontraran que, precisamente, esa negritud intelectualoide que latía en sus ritmos sobrevive demasiado precariamente, y se echa en falta. De hecho, su empleo del tribalismo solía ser de los pocos –junto al de M.I.A. o el de Björk– que no sonaba a oportunismo occidental sino a reverencia, y es una pena que hayan pasado de explotar semejante habilidad en la practica totalidad del “Cocoa Sugar”.

Podemos pensar tanto que “Cocoa Sugar” es un progreso con respecto a “White Men Are Black Men Too” como todo lo contrario. Lo único en lo que debemos estar de acuerdo es en que la novedad principal de su más reciente proyecto (esta es, hacerse los normales) no ha aportado nada relevante a “Cocoa Sugar”.

El propio videoclip de “In My View” transmite una recién adoptada imaginería de jardín inglés igualmente audible en “Turn”, que, pese a su rap susurrado entre una instrumentación de pantomima amazónica, no acaba de desenterrar el espíritu rabioso de los primeros Young Fathers. Sí se agradece mucho en él la inclusión de los más parecido a un clímax que hay en este álbum, por otro lado, porque por todos sus seguidores es sobradamente conocido el desprecio de Kayus Bankole, Graham Hastings y Alloysious Massaquoi por las estructuras tradicionales de la canción pop. “Lord” es buena muestra de ello; un interludio con ademanes de himno que, de tan especialito, acaba sin conducir a ningún lugar realmente especial.

Algo que es imposible negarles a Young Fathers es su sistémica habilidad para hacer converger tal cantidad de géneros disimulando tan magistralmente los costuras entre ellos. “Wow”, sin ser lo más memorable del álbum y en su vaguedad lírica, mezcla spoken word con britpop y psicodelia punkarra en una moda que es, como mínimo, llamativa. Pero la canícula de esta capacidad entretejedora de estilos está contenida entre “Border Girl” (con la única letra vagamente política del largo) y “Holy Ghost”, dentro de los cuales se puede hallar, con la suficiente paciencia, un poco de hip-hop setentero, un poco de disco, algo de funk, algo de bossa nova, R&B por aquí, power-pop por allá… Demasié pal body, amigos.

Young Fathers, en resumen, deben de seguir intentándolo para alejar del público la ligera impresión de apatía outsider que transmiten.

Al final del todo, “Picking You”, en paralelo con “See How” al principio, es un intento de clausura épica que no llega a mucho más que a respetable balada emo, pero lo que pasa justo antes es, si no tan bien atado, muchísimo más intrigante: “Wire” es un giro de guión de inspiración en el minimal trance, ultraindustrial, ultraimplacable y ultra ruso o báltico, con algún entretejido psicodélico que le añade complejidad y atractivo. Pero lo mejor de todo es que hace de genial calzador de “Toy”, sin duda otra de los puntos fuertes y con ademanes de hit del disco. Acompañado de otro videoclip incómodo y entrañable en la línea de los de Young Fathers, protagonizado por una panda de niños vestidos de jefes dictatoriales de todas las razas, prosigue con el espíritu raver de “Wire” y la contamina con un talante pop-rock. Es una pena que, como siempre, su rap ahogado y su ritmo compuesto de sonidos cibernéticos escale y escale a lo largo de la canción para no llegar a ninguna culminación, a ningún punto de liberación de tensiones. De nuevo y en general, a ratos no queda claro si esta aversión a la estructura de los Fathers es puro empecinamiento ideológico (que, aunque erróneo, puede ser respetable) o si más bien les da pereza tener que hacer un esfuercito por agradar y salir de su guarida de autocomplacencia.

La opinión está justificadamente dividida: cada bando tiene sus razones de peso para pensar tanto que “Cocoa Sugar” es un progreso con respecto a “White Men Are Black Men Too” como todo lo contrario. Lo único en lo que ambas partes deben llegar a un acuerdo es en que la novedad principal de su más reciente proyecto (esta es, hacerse los normales) no ha aportado nada relevante a “Cocoa Sugar”. Dicho hecho, pues, inclinaría esta crítica hacia el lado del retroceso, pero quizás se necesiten más argumentos en forma de próximos discos para acabar de tomar una decisión. Young Fathers, en resumen, deben de seguir intentándolo para alejar del público la ligera impresión de apatía outsider que transmiten.

Young Fathers – Cocoa Sugar

6.9

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A Young Fathers les sale un poco mal lo de hacerse los normales. Con “Cocoa Sugar” lo han intentado, también mientras volvían a su modo limpio y comedido en detrimento de su otro modo, el sucio y agresivo. A ratos no parece que estos escoceses con raíces lejanas tengan intención de llegar muy lejos, pero sí inspiran, como mínimo, la intriga del qué pasaría si despertaran algún día de este letargo de especialitos en el que se tienen sumidos.

Up

  • El intento de agradar y variar. Por mucho que se admire la búsqueda de la complacencia con uno mismo en el arte, se agradece que intenten hacernos partícipes de la movida.
  • Dicho lo anterior, continúa molando el empeño en la heterodoxia estructural, especialmente si es para acercarse a géneros desestructurados por definición como el jazz (escúchese “Fee Fi”).
  • La capacidad de Young Fathers de entretejer infinitos y aparentemente inmiscibles géneros, disimulando con mucha destreza las costuras.

Down

  • La pérdida del africanismo ilustrado que hicieron de “Tape One”, “Tape Two” y “White Men Are Black Man Too” algo tan particular y destacable.
  • La obstinación en la heterodoxia estructural si lo que pretendes es hacer música popular. Pasan de resultar raros a resultar vagos y ensimismados.
  • Una recién encontrada ambigüedad letrística que les resta uno de los principales atractivos de su marcada personalidad.