En 2016 se celebró nada menos que el vigésimo aniversario de “Omega”, aquel álbum en el que Enrique Morente capitaneó a excelentes músicos como Lagartija Nick o Vicente Amigo para homenajear a Federico García Lorca y Leonard Cohen a través de una renovación del flamenco que multiplicó las fronteras de su tradición y su arte.

Años atrás, formaciones como Pata Negra, Triana, Veneno o posteriormente Ray Heredia ya habían explorado terrenos entre el flamenco, el soul y el rock progresivo, dando lugar a lo que se conocería posteriormente como flamenco fusión. Sin embargo, ese movimiento de grupos del que emergieron nombres como Kiko Veneno o Raimundo Amador siempre estuvo en el imaginario colectivo más ligado al rock, por lo que esa concepción de lo que hoy llamamos nuevo flamenco comenzaría quizá a dibujarse con Camarón de la Isla, debido a esa idea del cantaor puro que hace algo tan rompedor como “La Leyenda del Tiempo”. Morente bebió de aquella nueva fantasía sobre la cantidad de mundos inexplorados del flamenco y la puso en práctica, convirtiéndose en un mito para quienes ven en la música una necesidad de descubrir sonidos y maneras desconocidas. Una de las personalidades que más se obsesionó con la renovación del flamenco llevada a cabo por Morente fue sin duda Jota (Los Planetas), quien a mediados de los 2000 hizo virar el sonido de su formación desde el noise-pop que practicaban allá por los 90 hacia una unión entre el shoegaze y la tradición de las coplas, las seguidillas y la lírica popular, tal y como reflejan en “La Leyenda del Espacio”, “Una Ópera Egipcia” o el más reciente “Zona Temporalmente Autónoma” (2017). El vínculo romántico entre Antonio Arias (Lagartija Nick), Los Planetas y el universo Morente ha forjado en los últimos años una incursión de Soleá Morente en el corazón del indie español más puro. Este idilio se tradujo en la formación de Los Evangelistas, una agrupación inicialmente concebida para rendir homenaje a Enrique Morente, pero de la que acabó resultando el notable EP “Encuentro”. Toda esta lactancia musical paulatina permitió a Soleá arrancar con fuerza cuando en 2015 publicó su primer álbum en solitario, gracias al cual se colocó en la parrilla de salida de las mujeres que están redefiniendo un mundo tan tradicionalmente machista como el del flamenco (Rosalía, Rocío Márquez, Silvia Pérez Cruz…).

Experiencia, elementos de las tendencias más actuales y una mirada al pasado

Un álbum producido con mimo en el que Soleá ha gestionado la dosis de toda esa influencia popular del universo Planetas para añadir elementos que nos hacen recordar que estamos en 2018 (hay cierta conexión con el trap e incluso autotune robótico.

Pero vayamos al presente. Si “Tendrá Que Haber Un Camino” fue el granito de arena atendiendo a lo que Soleá quería ser como artista con personalidad “Ole Lorelei” es la montaña completa. Un álbum producido con mimo en el que Soleá ha gestionado la dosis de toda esa influencia popular del universo Planetas para añadir elementos que nos hacen recordar que estamos en 2018 (hay cierta conexión con el trap e incluso autotune robótico al estilo del “One More Time” de Daft Punk o “Believe” de Cher, pioneras en ese ensalzamiento del tratamiento de la voz). También hay una reivindicación de la tecnorumba de Las Grecas o Camela, y no es la primera vez que esto sucede en los últimos dos años en el panorama alternativo que hasta ahora había mirado con recelo esas producciones por lo kitsch y cañí de las mismas.

Fotografía: Promo (Sony Music España)

La pequeña de los Morente termina de crecer y de consagrarse como esa gran artista que ha demostrado ser y una de las voces femeninas fundamentales al frente de la renovación del flamenco. Fragmentos de las experiencias que ha ido recogiendo en su camino como artista, elementos de las tendencias más actuales y una mirada al pasado se juntan para conformar uno de los discos más a tener en cuenta del momento.

La introducción no puede ser mejor: “La Alondra” muestra el amor de Soleá por la tradición y presenta una continuidad estilística con lo que hasta ahora conocíamos de la artista a través de una instrumentación oscura, con ciertas reminiscencias al álbum de Los Evangelistas, pero a la que se añade una atmósfera árabe y una base con un punto electrónico que convierte una buena canción en hipnótica. Grandes Locuras (Alegrías) homenajea a su padre desde un punto de cantaora más tradicional: voz y guitarra para emocionar y convencer con ese “no tengo dueño” tan apropiado y reivindicativo para los tiempos que vivimos.

En Ya No Sólo Te Veo a Ti”, el primero de los cortes compuestos por Napoleón Solo y Lorena Álvarez (artífice del fantástico single de León Benavente “Cuesta Abajo”), hay un cierto aire de artistas de los 70 como Jeanette y Mari Trini sobre un bajo con cierto tinte funky y una letra en la que Soleá dice sin tapujos a su pareja que le está siendo infiel de la misma manera que él le ha sido a ella. Por su parte, “Ole Lorelei” conserva esa dosis funky, que se entremezcla con unos teclados sincopados muy latinos (recuerda en cierto modo a “Ritmo De La Noche”) y con una atmósfera estilística de la rumba fusión de Kiko Veneno o Tomasito que se prolonga hasta “Amores”, pieza adornada con unos escondidos aunque magistrales teclados al final que ponen la guinda. Esta parte más tradicional la cierra el fandango “Por Tu Querer Como un Niño”.

Consagrándose como una de las grandes voces del nuevo flamenco polifacético

En “Ole Lorelei” también hay una reivindicación de la tecnorumba de Las Grecas o Camela, y no es la primera vez que esto sucede en los últimos dos años en el panorama alternativo que hasta ahora había mirado con recelo esas producciones por lo kitsch y cañí de las mismas.

De un plumazo y tras tres temas que escudriñan terrenos más conocidos llegamos a la parte más moderna y creativa de “Ole Lorelei”. “Anoche Me Preguntabas” tiene, con esa base y esos teclados, elementos del trap más introspectivo (como el de Delaporte) o del chill out. De nuevo, en cuanto a la lírica nos encontramos con una composición que refleja los cismas y los muros levantados en una pareja, rompiendo el ideal de amor idílico más tradicional en el flamenco. A continuación, Soleá sale por soleares con “La Misa Que Voy Yo”, en la que el autotune es el absoluto protagonista. A diferencia de lo que ocurre con muchas canciones actuales de pop y reggaetón, en las que el autotune sirve como elemento para eliminar las escasas posibilidades vocales de los intérpretes, aquí busca añadir un componente robótico a la composición, algo que puso de moda Cher a finales de los años 90 y que se repetiría en la fórmula de grandes hits de radiofórmula de los siguientes años. Y así llegamos a la que es, en mi opinión, la gran bomba del álbum: “Baila Conmigo”. Este tema –de nuevo compuesto por el combo Napoleón Solo-Lorena Álvarez– se mete de lleno en la rumba electrónica de Camela o Las Grecas, cuyo sonido ya habían recuperado en los últimos años Joe Crepúsculo en varios cortes de “Disco Duro” (como “El Dicho”) o Niño de Elche (en pistas como “Rumba y Bomba de Dolores Flores”). ¿Estaremos ante una reconversión en sonido de culto de algo tradicionalmente considerado cañí y hortera? Desde luego, “Baila Conmigo” es una de las mejores canciones nacionales de lo que llevamos de año. Su base es magistral, los teclados rumberos que acompañan y siguen al estribillo son irresistibles y el continuo crescendo sonoro la convierten en una composición 100% certera. En la letra encontramos un poquito de egolatría trap (“Hoy tengo el guapo subido) e incluso un poco de ironía hacia la retórica barata para halagar (“Siento si te he ofendido pero cuando me hablas sólo oigo un zumbido).

Para cerrar el álbum, “Por Qué Será” baja las revoluciones con una instrumentación minimalista al inicio que acaba por romper con una sección de cuerdas muy inteligente y apropiada para concluir un disco en el que la pequeña de los Morente termina de crecer y de consagrarse como esa gran artista que ha demostrado ser. Fragmentos de las experiencias que ha ido recogiendo en su camino como artista, elementos de las tendencias más actuales y una mirada al pasado se juntan para conformar uno de los discos más a tener en cuenta del momento.

Soleá Morente – Ole Lorelei

8.4

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Soleá Morente se ha consagrado definitivamente como una de las mujeres al frente de la renovación del flamenco a base de la unión del cante tradicional, el universo Planetas, el trap más minimalista y la rumba con aires electrónicos.

Up

  • “Baila Conmigo” era una apuesta arriesgada por utilizar un sonido poco aceptado por el abanico de público al que se dirige Soleá, y la apuesta no le ha podido salir mejor.
  • Algunos de los temas que unen pasado y presente como “La Alondra” y “Ya No Sólo Te Veo a Ti”.
  • La producción de todo el álbum es soberbia.

Down

  • “La Misa Que Voy Yo” es curiosa, pero al final queda como una canción anecdótica.
  • Es un álbum demasiado breve, con varias pistas que no llegan a los dos minutos. Un par de temas más del estilo de “La Alondra” hubieran dado mucho equilibrio a la aparición de diferentes registros.

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