El hecho de que este sea probablemente uno de los discos con más hype de todo 2018 no me ayuda a escribir esta crítica. No sé cuántos párrafos he escrito y borrado, reescrito y vuelto a borrar ya… No se me ocurre ninguna introducción realmente adecuada porque por más escuchas que le doy no lo he asimilado del todo. Probablemente la opinión que tengo ahora cambiará dentro de un tiempo, pero al menos estoy seguro de que en este momento puedo recapacitar y reflexionar pacientemente en lugar de dictar sentencia a la primera o segunda escucha. Porque sé que si esto me hubiera pillado unos años antes habría no sólo sentenciado el trabajo que hoy nos ocupa si no la carrera de uno de los grupos que más cariño tengo por haberme sentido ‘traicionado’, sentimiento que creo que invadirá a muchos fans (especialmente a los más jóvenes o ‘menos veteranos’). Entretanto, vamos a quitarnos de encima las presentaciones porque ya sabéis que estamos hablando de “Tranquility Base Hotel & Casino”, el nuevo trabajo de los Arctic Monkeys. Y ahora vamos a hacer explícita la única frase que se mantiene fija en mi mente cada vez que lo escucho y a partir de la cual voy a intentar desarrollar todo lo que me ronda la cabeza: maldito seas, Alex Turner.

Lo que pensaba que sería “Tranquility Base Hotel & Casino”

Veníamos de aquel “AM” publicado en 2013 que encumbró al cuarteto de Sheffield hasta convertirlos en leyendas. Ese trabajo les permitió conquistar por fin Estados Unidos mediante bases y melodías influenciadas por el hip-hop y el R&B, canciones elegantes de rock guitarrero, baladas glam y tal vez por encima de todo el himno generacional que ya es “Do I Wanna Know?”. Por lo tanto creo que es normal que muchos fans pensáramos que “AM” había llegado para quedarse, que los monos por fin habían encontrado una estética y un sonido con los que se sentían realmente cómodos, que la etapa experimental iniciada en “Humbug” llegaba a su fin y que a partir de ese momento sólo les quedaba ser una copia (peor) de sí mismos. Al fin y al cabo es la opción más lógica y la que casi cualquier grupo habría tomado.

La vida cinco años después de “AM”

Si repasamos lo que ha hecho Alex Turner durante estos cinco años quizás entenderemos un poco mejor e incluso encontraremos cierta lógica a lo que el grupo ha presentado en este “Tranquility Base Hotel & Casino”. Después de una extensa gira Alex colaboró en 2015 con Mini Mansions y en 2016, cuando la mayoría ya los dábamos por muertos, hizo resurgir The Last Shadow Puppets junto a Miles Kane editando aquel “Everything You’ve Come To Expect” que presenta bastantes similitudes con este trabajo.

Pero recordemos que hablamos de Arctic Monkeys. Si en dos años pudieron evolucionar de “Favourite Worst Nightmare” a “Humbug” sinceramente era imposible adivinar lo que podríamos encontrarnos cinco años después de “AM”. Quizás si no se hubieran tomado un descanso tan largo el resultado habría sido otro, pero teniendo en cuenta que Alex Turner es un artista en constante mutación y evolución era demasiado tiempo como para seguir enfrascado en lo mismo. Y, después de todo, si hubieran querido quedarse únicamente con el éxito todavía seguiríamos escuchando refritos de su primer disco.

Así que sí, dejemos claro que este nuevo álbum, una vez más, es completamente diferente a todo lo que el grupo ha publicado anteriormente. No obstante, si repasamos lo que ha hecho Alex Turner durante estos cinco años quizás entenderemos un poco mejor e incluso encontraremos cierta lógica a lo que el grupo ha presentado en este “Tranquility Base Hotel & Casino”. Después de una extensa gira Alex colaboró en 2015 con Mini Mansions y en 2016, cuando la mayoría ya los dábamos por muertos, hizo resurgir The Last Shadow Puppets junto a Miles Kane editando aquel “Everything You’ve Come To Expect” que presenta bastantes similitudes con este trabajo. Y es que podríamos decir que, si “The Age of the Understatement” fue el origen de “Humbug”, ese segundo álbum es el germen de “Tranquility Base Hotel & Casino”.

Lo que es “Tranquility Base Hotel & Casino”

Suena añejo pero a la vez actual y posee una identidad propia muy característica. Las referencias a otros artistas son constantes y al mismo tiempo el carisma de Alex Turner se antepone a cualquier parecido que queramos encontrar, incluso si miramos a los propios trabajos de Arctic Monkeys. Quizás podemos husmear cierto toque a “Humbug” debido al sonido más oscuro y a esas letras más intrincadas en algunas piezas, o tal vez huela al pop dulce de “Suck It And See” en alguna otra composición, pero el salto que han dado los monos con este álbum es el más grande hasta la fecha.

Cualquiera que haya estado atento a las noticias sobre este nuevo álbum durante el último mes ya conocerá la historia: A Alex Turner le regalaron un piano por su cumpleaños y se olvidó de la guitarra para componer sobre teclados de forma solitaria y en lo que él ha llamado ‘The Lunar Surface’ (su piso, vamos) hasta tener un puñado de canciones que no supo si podrían encajar con los Arctic Monkeys, aunque sus compañeros le convencieron y juntos siguieron trabajando en lugar de publicarlas como un trabajo solista de Turner tal y como se llegaron a plantear. Según el propio Alex, siempre en búsqueda de nuevos horizontes, componer con la guitarra empezaba a ser monótono porque finalmente siempre recurría a las mismas fórmulas de toda la vida. En cambio, utilizar el piano le ayudó a transitar nuevos terrenos que nunca había explorado y así desarrollar las canciones de una manera totalmente distinta.

Se habla de “Tranquility Base Hotel & Casino” como un trabajo conceptual, y, aunque seguramente no fue concebido como tal, a rasgos generales podríamos decir que sí lo es y que de hecho también es el disco más homogéneo que el grupo ha conseguido desde su debut (con el que no tiene absolutamente nada que ver). Es un disco difícil de describir (incluso más que de escuchar): suena añejo pero a la vez actual y posee una identidad propia muy característica. Las referencias a otros artistas son constantes y al mismo tiempo el carisma de Alex Turner se antepone a cualquier parecido que queramos encontrar, incluso si miramos a los propios trabajos de Arctic Monkeys. Quizás podemos husmear cierto toque a “Humbug” debido al sonido más oscuro y a esas letras más intrincadas en algunas piezas, o tal vez huela al pop dulce de “Suck It And See” en alguna otra composición, pero el salto que han dado los monos con este álbum es el más grande hasta la fecha, incluso teniendo en cuenta el ya mencionado “Everything You’ve Come To Expect”.

Fotografía: Zackery Michael
Fotografía: Zackery Michael

Bienvenidos a la suite espacial de Alex Turner

Por primera vez Alex Turner se atreve a reflexionar sobre la sociedad actual, las nuevas tecnologías, la alienación, el neoliberalismo y sus demonios internos, alejándose de las clásicas letras de (des)amor.

Ya hemos dejado claro que el elemento protagonista es el piano y que las guitarras casi han desaparecido. Olvidaos de aquel grupo de indie-rock guitarrero de los primeros discos y de los riffs pesados de “AM” porque apenas los vais a encontrar. No es de extrañar que se plantearan lanzarlo como un disco en solitario de Turner, ya que la sensación es que ahora no son tanto ‘los Arctic Monkeys’ sino ‘Alex Turner & Arctic Monkeys’. ¿Significa eso que la instrumentación no es destacable? Ni mucho menos, pero la parte vocal toma las riendas del trabajo por completo gracias también a las letras. Si echabais de menos al Alex enigmático de “Humbug” estáis de enhorabuena: os vais a pasar todo el disco preguntándoos de qué narices hablan estas canciones. Si hay un elemento que las aporta cierto carácter unitario probablemente es las referencias al espacio –que ya acompañan desde el título–, además de ese volantazo que se aleja de las clásicas letras de (des)amor y nos revelan por primera vez a un Alex Turner que se atreve a reflexionar sobre la sociedad actual, las nuevas tecnologías, la alienación, el neoliberalismo y sus demonios internos, con multitud de referencias a la cultura pop y un universo distópico mediante.

En resumen, “Tranquility Base Hotel & Casino” es un viaje a la Luna dirigido y orquestado por Alex Turner, quien una vez instalado dentro de su propia suite en el satélite se dedica a jugar al escapismo, a confundir al oyente con letras aparentemente inconexas, composiciones cuya estructura no responde a la canción pop que podríamos esperar de los Arctic Monkeys y una instrumentación que utiliza sonidos del pasado para incorporar ese carácter distópico, apocalíptico y espacial.

Fotografía: Zackery Michael
Fotografía: Zackery Michael

“Tranquility Base Hotel & Casino” es, en resumen, un viaje a la Luna dirigido y orquestado por Alex Turner, quien una vez instalado dentro de su propia suite en el satélite se dedica a jugar al escapismo, a confundir al oyente con letras aparentemente inconexas, composiciones cuya estructura no responde a la canción pop que podríamos esperar de los Arctic Monkeys.

Pocos comienzos escucharemos este año más singulares y sorprendentes que el de “Star Treatment”, a partir de un piano con un ritmo descompuesto que pronto encuentra su lugar y abre paso a ese verso tan comentado y atrevido: “I just wanted to be one of The Strokes / Now look at the mess you made me make. Hace tiempo que los versos de Alex fluyen como si tuvieran vida propia, algo que esta vez es más notorio que en cualquiera de sus anteriores trabajos, combinando el fraseo cercano al hip-hop con su increíble capacidad melódica y vocal, variando constantemente entre graves y falsetes y conduciendo la canción hacia donde él quiere. No hay límite para las letras, más crípticas que nunca y escupidas casi de manera inconsciente. Las grandes frases que antes se reservaba para los estribillos ahora son sólo un verso más que casi pasa desapercibido si no se le presta atención: “I’m a big name in deep space / Ask your mates but Golden Boy’s in bad shape. Podríamos mencionar referencias más o menos explícitas hacia Blade Runner, 1984 o Los Cazafantasmas y seguiríamos sin tener una visión mucho más profunda que la de Alex hablando sobre el pasado y las dificultades de ser una figura pública.

One Point Perspective” revela otra faceta distinta del elepé: una instrumentación ensoñadora que a ratos sugiere transportarnos a una película de los cincuenta combinada con letras oscuras, como en este caso, donde Alex comienza hablando de la pureza y la ilusión ingenua de la infancia para acabar revelando cómo esos sueños son destrozados con el tiempo hasta hacerle abandonar: “Just as the apocalypse finally gets prioritized / And you cry some of the hottest tears you ever cried / Multiplied by five / I suppose a singer must die. Es otra de las características destacadas del álbum, ya que a veces nos hace sentir como en una película de Disney para retorcerlo todo en la siguiente estrofa. Mención especial para el bajo de Nick O’Malley, quien hace un trabajo sobresaliente en muchos temas de este álbum.

De Cohen a Bowie pasando por Nina Simone y Serge Gainsbourg

“Tranquility Base Hotel & Casino” no es un disco fácil de digerir. Su propuesta exige paciencia y una total predisposición por parte del oyente si de verdad se quiere disfrutar plenamente de los entresijos de una obra cuyas canciones tardan un buen puñado de escuchas en quedarse grabadas y que incluso a veces pueden pasar desapercibidas si no se presta la atención suficiente.

El perfil crooner de Alex se hace más explícito que nunca en “American Sports”, recordándonos a Leonard Cohen y haciendo más visible ese universo distópico alejado de nuestra realidad para reflexionar desde fuera sobre las obsesiones y necesidades de hoy en día (“I lost the money, lost the keys / But I’m still handcuffed to the briefcase) a través de un sintetizador apocalíptico y un piano y una guitarra abrasadores. Lo que parecía un viaje turístico a la Luna pronto se convierte en una historia de ciencia ficción sobre una sociedad condenada (“Mama wants some answers / Do you remember where it all went wrong?) en “Tranquility Base Hotel & Casino”, canción que titula el registro y que hace referencia al espacio de la Luna en el que la nave de Neil Armstrong aterrizó en 1969. Establecer una comparación mínima entre los Arctic Monkeys y Radiohead siempre me había parecido algo absurdo, pero ese “Good afternoon en falsete del estribillo y las referencias a la tecnología los acerca como nunca habría imaginado, porque aquí además comparten esa capacidad para componer melodías que causan cierta sensación de agobio e incomodidad en el oyente.

Una guitarra cargada de fuzz abre el desfile funerario de “Golden Trunks”, pista que vuelve a sugerirnos múltiples ideas sin dejar nada claro, a veces haciendo referencia al amor y en otros momentos a cuestiones políticas, con un estribillo que exhibe esa cualidad tan característica de Alex Turner para dejar pistas y sugerir ideas sin que nada resulte demasiado obvio: “And in response to what you whispered in my ear / I must admit sometimes I fantasize about you too.

Matt Helders se adapta como un guante a los cambios de ritmo y a las estructuras aparentemente inconexas de las canciones, Nick O’Malley vuelve a dar con la tecla adecuada para seguir el juego de Alex y Jamie Cook aporta un montón de detalles que se aprecian mejor con cada escucha, atreviéndose con el lap steel además de la guitarra en varios temas. Y a eso hay que sumarle la inmensa cantidad de colaboraciones: James Ford, Cameron Avery de Tame Impala, Zach Dawes y Tyler Parkford de Mini Mansions, James Righton de The Klaxons…

Para quienes echaban de menos el sonido de “AM”, “Four out of Five” es seguramente el único resquicio que van a encontrar en este trabajo. Por fin un riff de guitarra reconocible y una melodía mucho más afín, combinando el carácter R&B que tenía “AM” con el glam de David Bowie (estaba tardando en mencionarlo), más concretamente con la etapa de “Station To Station” y el Thin White Duke. Sin duda, este es el himno de “Tranquility Base Hotel & Casino”. Su estructura no deja de ir a más y tiene las melodías pegadizas, los coros y todos los excesos que el glam requiere para elaborar una critica al carácter persuasivo de nuestra sociedad, el bombardeo de información al que estamos sometidos y la obsesión por calificar y juzgar todo lo que nos rodea en la era de Internet: “I put a taqueria on the moon / It got rave reviews / Four stars out of five.

Los vals de The Last Shadow Puppets vuelven en “The World’s First Ever Monster Truck Front Flip”, un baile de salón que reincide en el uso de las nuevas tecnologías (“You push the button and we’ll do the rest) y deja uno de los versos con más encanto del disco: “There are things that I just cannot explain to you / And those that I hope I don’t ever have to. Por su parte, “Science Fiction” también recuerda al proyecto de Alex y Miles Kane, en concreto a “Dracula Teeth” con ese aura terrorífica y la incapacidad de escribir una canción romántica en un mundo corrompido: “I won’t stay with you my love / The way some science fiction does.

Fotografía: Zackery Michael
Fotografía: Zackery Michael

Alex Turner sabía que arriesgaba mucho con este disco y ha decidido jugárselo todo y sonar más pretencioso y grandilocuente que nunca, aun sabiendo que podía perder la partida. Pero entre toda esa grandilocuencia se puede distinguir a un artista lo suficientemente seguro de sí mismo como para mostrarse totalmente sincero, uno que prefiere estrellarse antes que guardarse para sí lo que realmente le apetecía hacer.

She Looks Like Fun” suena como “Brick By Brick” meets “She Does The Woods” ft. “Pretty Visitors” gracias a ese estribillo machacón y a Matt Helders, quien se toma una mayor licencia aquí para divertirse. Mientras, Alex nos confunde con referencias a su vida en pareja, al abuso de Internet, las hamburguesas con queso, Bukowski, la mansión de Batman y a su manía de hablar de artes marciales con desconocidos: “I’m so full of shite, I need to spend less time stood around in bars / waffling on to strangers all about martial arts. Uno de los cortes más desenfadados de la placa, acercándose por momentos a “Magical Mystery Tour” de los Beatles y cambiando de tercio constantemente entre versos, estrofas, puentes y solos.

Antes del final, “Batphone” supone un reposo melancólico mucho más minimalista, con una batería dirigiendo la canción y detalles sonoros que vienen y van. La introspección y la frustración vuelven a intercalarse con una imaginería urbana moderna y sobrecargada, mostrándonos un Alex derrotado y rendido ante el mundo que le rodea: “I launch my fragrance called ‘Integrity’ / I sell the fact that I can’t be bought. Y ahora sí, para cerrar tenemos uno de los momentos álgidos del disco: “The Ultracheese” es un baladón a piano con aroma soul a lo Ray Charles irresistible. Still got pictures of friends on the wall / Suppose we aren’t really friends anymore canta Alex con la mirada puesta en el pasado y el alma en cada verso recitado. Mención aparte para el tímido pero destacable solo de guitarra –poco presentes durante todo el álbum pero agradecidos en cada aparición– antes de despedir la pieza con los versos “I’ve done some things that I shouldn’t have done / But I haven’t stopped loving you once” y ese último falsete que deja un sabor de boca agridulce y nostálgico.

Componer bajo la gravedad de la Luna

El universo que presenta “Tranquility Base Hotel & Casino” nos invita a explorarlo en profundidad gracias a, más allá del mencionado contenido lírico, su infinidad de referencias y su apuesta por unificar el glam de Bowie con la música negra del siglo XX, el chamber-pop de The Last Shadow Puppets y el toque psicodélico de grupos como Mini Mansions.

“Tranquility Base Hotel & Casino” no es un disco fácil de digerir. Su propuesta exige paciencia y una total predisposición por parte del oyente si de verdad se quiere disfrutar plenamente de los entresijos de una obra cuyas canciones tardan un buen puñado de escuchas en quedarse grabadas y que incluso a veces pueden pasar desapercibidas si no se presta la atención suficiente. Parte de la magia reside en unas letras más enigmáticas y poéticas que nunca, aunque a veces da la sensación de que el resto del grupo queda en un segundo plano a pesar de cumplir un rol imprescindible. Matt Helders se adapta como un guante a los cambios de ritmo y a las estructuras aparentemente inconexas de las canciones, Nick O’Malley vuelve a dar con la tecla adecuada para seguir el juego de Alex y Jamie Cook aporta un montón de detalles que se aprecian mejor con cada escucha, atreviéndose con el lap steel además de la guitarra en varios temas. Y a eso hay que sumarle la inmensa cantidad de colaboraciones: James Ford, Cameron Avery de Tame Impala, Zach Dawes y Tyler Parkford de Mini Mansions, James Righton de The Klaxons y un largo etcétera. ¿El resultado? Un trabajo de apariencia simple pero que esconde muchas capas y detalles que se descubren con cada nueva escucha.

Alex Turner sabía que arriesgaba mucho con este disco y ha decidido jugárselo todo y sonar más pretencioso y grandilocuente que nunca, aun sabiendo que podía perder la partida. Pero nada más lejos de la realidad, ya que el sexto LP de los británicos es otro triunfo para un grupo que por más que se empeña en no ser ‘uno más’ hacen que parezca algo intrínseco a la naturaleza inquieta e inconformista de su líder. Porque entre toda esa grandilocuencia se puede distinguir a un artista lo suficientemente seguro de sí mismo como para mostrarse totalmente sincero, uno que prefiere estrellarse antes que guardarse para sí lo que realmente le apetecía hacer (me encanta la pasión con la que canta que se ha abierto una taquería en la Luna). Pese a que no es un trabajo redondo el universo que presenta nos invita a explorarlo en profundidad gracias a, más allá del mencionado contenido lírico, su infinidad de referencias y su apuesta por unificar el glam de Bowie con la música negra del siglo XX, el chamber-pop de The Last Shadow Puppets y el toque psicodélico de grupos como Mini Mansions o MGMT (con quienes comparten bastantes similitudes dado su último trabajo). Puede que, después de todo, Arctic Monkeys nunca lleguen a conseguir un álbum perfecto. Pero hay que aprovechar la oportunidad de disfrutar de cada etapa, porque lo que está claro es que nunca harán dos discos iguales.

Arctic Monkeys – Tranquility Base Hotel & Casino

8.9

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Los Arctic Monkeys ponen toda la carne en el asador con “Tranquility Base Hotel & Casino”, una travesía espacial por la mente de Alex Turner ubicado en el centro de la Luna, sentado en su piano y vestido de gala para cantar sobre universos distópicos, los buenos y malos recuerdos del pasado y los demonios que habitan en su interior. Una suite en la que es –muy– difícil entrar pero que, una vez dentro, nos invita a quedarnos eternamente.

Up

  • Volver a tener la valentía necesaria para mostrarnos otra faceta nueva y original.
  • Es un disco muy compacto, complejo y lleno de detalles, que nos invita a darle muchas escuchas y a explorarlo concienzudamente.
  • Alex Turner se muestra en plena forma, tanto en la parte vocal como en la lírica.
  • Haberse alejado de las típicas letras de amor y desamor para explorar otras temáticas sin perder el carácter poético de siempre.

Down

  • Es un álbum muy exigente y es posible que no haya mucha gente dispuesta a prestarle la atención que requiere.
  • A veces se echa de menos una mayor presencia del resto del grupo y alguna melodía o riff más reconocibles.
  • “Batphone” corta un poco el rollo.