Como para gustos, colores, y el criterio musical es algo tan personal como poco objetivo, sería legítimo estar en desacuerdo con la afirmación de que Elder son la mejor banda actual de rock psicodélico pesado. Pero para ello habría que plantear otra banda a cambio. Y eso, amigos y amigas, es muy difícil. Porque en lo suyo (esto es, ponerte en órbita con riffs espaciales y lisérgicos y una potencia sonora tan descomunal como controlada) hoy en día los de Massachusetts no tienen rival.

Es por ello que en el fantástico festival SonicBlast que se celebra cada agosto en Moledo do Minho, al norte de Portugal, nos atrevimos a emboscar a la cara más visible de Elder bajo un sol abrasador en el día después de su último concierto de su gira europea. Allí, entre riffs más pesados que un collar de melones y finos de cerveza, su frontman Nick DiSalvo nos dedicó un rato para poder charlar sobre su último y pirotécnico disco, su evolución como banda y el público de sus conciertos.

¿Cuándo y por qué te decantaste por el stoner en lugar de cualquier otro subgénero del metal?

Hubo una época en la que estaba muy metido en el black, el thrash metal y esas cosas. Y toqué en algunas bandas en el instituto cuando tenía quince o dieciséis años… Pero finalmente descubrí el doom a través de un amigo cuando me enseñó Electric Wizard, y eso cambió mi perspectiva del metal. Así que en 2006 empezamos a hacer jams de un rollo más sludge o doom, y se me quedó pegado. Se convirtió en el tipo de música que, por lo que sea, sentía más gratificante.

¿Cómo definirías vuestra música si tuvieras que convencer a alguien de que la escuchase?

Buff… Es complicado porque es una mezcla de géneros, pero la etiquetaría como rock psicodélico con elementos de rock agresivo por un lado, elementos de doom y elementos del hard-rock de toda la vida. Odio el término stoner pero supongo que tenemos algo de stoner metal también; simplemente rock psicodélico progresivo es la forma más fácil de describirlo.

Reflections of a Floating World” es vuestro cuarto álbum. Llegados a este punto de vuestra carrera, ¿cuáles son vuestras ambiciones?

¡Lo cierto es que no tenemos ninguna! Quiero decir, ya estamos haciendo todo lo que queríamos hacer. Estamos encabezando festivales muy guays, no tenemos interés en convertirnos en una banda comercial o mainstream ni en hacernos ricos o famosos, queremos seguir trabajando con los mismos sellos discográficos con los que hemos estado publicando… Si hiciésemos más dinero no me quejaría, pero ya estamos viajando por todo el mundo tocando música, así que en ese sentido no estamos aquí por ningún tipo de éxito comercial, sino por pasarlo bien y ser creativos.

Cada álbum suena distinto a los anteriores, pero siempre hemos hecho música basada en guitarras.

Has hablado de sellos, y hace algo más de un año empezaste a trabajar en Stickman Records. ¿Cómo es estar a ambos lados de la industria musical?

Es una especie de baño de realidad, aprendes sobre la parte económica de la música mientras te das cuenta de que no es una batalla muy beneficiosa intentar vender discos en 2017. Pero a la vez es realmente chulo y te da una buena mirada retrospectiva de cómo una banda puede funcionar en un sello rentable. Al fin y al cabo yo amo la música, puedo dedicarme a buscar bandas también y hacer algo por ellas, y de eso es de lo que va esto.

En cuanto a mi tarea en el sello, fundamentalmente es la distribución digital y el tema de la prensa, pero también me dedico a empaquetar discos si hay una edición, ayudar, buscar nuevas bandas… Sólo somos tres personas en el sello así que todos tenemos que hacer un poco de todo.

Michael Samos y Mike Risberg se os han unido en el estudio para añadir un pedal steel, teclado y una guitarra extra para este disco. ¿Cuál era el objetivo de esa decisión?

Añadir nuevas texturas, nuevos instrumentos. Cada álbum suena distinto a los anteriores, pero siempre hemos hecho música basada en guitarras. Hay algunos teclados, pero… Simplemente eso, añadir variedad en la instrumentación. También queríamos tener otros intérpretes porque siempre se pueden oír mis riffs en cada disco, y está bien tener a alguien más que aporte sus ideas y variedad.

¿Cómo vais a hacer para tocar estas canciones en directo sin que se note demasiado la ausencia de Michael Samos?

El pedal steel no era muy prominente en el disco, y ahora tenemos a Mike Risberg tocando con nosotros. Por tanto hemos pasado de ser un trío a un cuarteto, lo cual nos ayuda a interpretar un montón de material que antes no podíamos tocar en directo. Nunca podremos hacer todo, pero esto es lo más cercano que podemos estar.

Fotografía: https://www.facebook.com/pg/elderofficial/
¿Detrás de cada uno de vuestros álbumes hay una idea concreta o son más bien una colección de canciones puestas juntas?

Creo que las letras siempre están ligadas, que hay un concepto concreto pero es algo abstracto. No hay narrativa, todas las canciones comparten un tema y eso como que hace el concepto del álbum, pero las letras son un poco vagas y abiertas a la interpretación personal de cada uno.

En el caso del último, hay mucho de mis propias reflexiones, por decirlo así, sobre el mundo en el que vivimos. Cosas como el consumismo, tratar de encontrar significado en una sociedad que parece en crisis y hacer algo con tu propia vida sin ceder del todo al sistema. Por decirlo en pocas palabras.

Creo que para mí es importante escribir letras que hablen de cosas humanas básicas con las que todo el mundo se puede identificar. No canto canciones sobre mí o mis experiencias, sino más como cosas que son comunes a la experiencia humana. Empezamos la banda cuando éramos adolescentes y ahora estamos cumpliendo treinta, así que nos hemos hecho adultos en el proceso y ese viaje es una historia en sí misma que tiene mucho material disponible.

Al margen de las letras, supongo que sois conscientes de las sensaciones psicodélicas que vuestra música produce.

Sí, lo imagino. Una de las preguntas típicas es: “¿Qué es el rock psicodélico, qué significa siquiera?”. Yo creo que es el que está diseñado para replicar o darte algunas de las sensaciones del uso de drogas psicoactivas, así que sí, ese aspecto lo compartimos en el sentido de que te transporta a otro lugar en tu mente, con o sin drogas.

¿Cómo de importante es para vosotros la parte gráfica de vuestros discos?

Mucho. Siempre estamos dando nuestras demos y enseñando nuestra música a los artistas mientras componemos. Así pueden dar con este concepto para la parte gráfica de manera paralela, para que todo encaje y estéticamente se vea como un paquete completo.

Personalmente veo una nueva generación de bandas que tocan un metal moderno, difícil de clasificar y tremendamente pesado a la vez que melódicamente muy fino.

Echa un ojo a la banda Weedpecker. Son unos polacos que acabamos de firmar para Stickman. Creo que son la banda con el sonido más cercano a Elder. Tienen unas armonías vocales geniales, son extremadamente melódicos y no tienen miedo de experimentar.

En el último [disco] hay mucho de mis propias reflexiones sobre el mundo en el que vivimos. Cosas como el consumismo, tratar de encontrar significado en una sociedad que parece en crisis y hacer algo con tu propia vida sin ceder del todo al sistema.

¿Notas diferencias entre tocar para una audiencia americana o una europea?

Sí, pero también depende de cada país en Europa e incluso cada ciudad. En algunas ciudades de América la gente se vuelve muy loca, rockean de verdad y hacen pogos y cosas así de estúpidas. En algunas culturas como las escandinavas son muy reservados y puede que se queden lejos del escenario, con los brazos cruzados mirándote, pero lo aprecian igual. En Rusia por ejemplo, que tocamos hace poco, la gente enloqueció y se dedicó todo el concierto a tirarse desde el escenario y hacer crowdsurfing… Así que no sé ni cómo clasificarlo. A veces esperas de ciertas culturas que sean muy tímidos pero por lo que sea la música les acaba volviendo locos.

Y para terminar, ¿cuál ha sido el concierto más extraño de esta última gira?

La verdad es que hemos tenido bolos raros en este tour. Tocamos en un festival en el norte de Noruega, en Tromsø que está en el Círculo Ártico. El escenario estaba en un fiordo, en el exterior. Helaba, podíamos ver nuestro aliento, el Sol no se ponía nunca… Fue bonito, de algún modo nos sentíamos formar parte del paisaje del mundo, como en una pintura, tocando canciones. Fue una pasada. Nos lo pasamos en grande.