Cuando The Strokes tuvieron su primer cisma hacia 2007 (que técnicamente no fue una separación sino un receso), las dos cabezas creativas de The Strokes (Julian Casablancas y Albert Hammond Jr.) decidieron encarar carreras en solitario. Mientras el vocalista se tiró a tumba abierta por los sintetizadores, sobrecargándolos y mezclándolos con guitarras para ir mejorando progresivamente hasta dejarnos unas semanas atrás el estupendo “Virtue”, el guitarrista prefirió optar por algo más orgánico, si bien da la impresión repasando sus lanzamientos que se hizo solista más por las circunstancias que por otra cosa.

De hecho, su primera incursión en solitario con aquel “Yours To Keep” de 2006 (lanzado cuando todavía estaba en la gira de “First Impressions of Earth”) incluía algunos momentos folk junto a una dosis de guitarras que hacían pensar que nos encontrábamos con canciones o ideas descartadas por The Strokes antes que con un trabajo donde decididamente Hammond Jr. buscara irse por su cuenta. Ya cuando el receso fue una realidad apareció en 2009 “¿Cómo Te Llama?”, no muy distinto de su antecesor y que como dato curioso incluía la participación de Sean Lennon en el piano para la canción “Spooky Couch”.

Tras la reunión durante el Coachella de 2011 y un par de álbumes que alejaban a The Strokes del sonido “Is This It”, Albert pareció tomarse con más seriedad su carrera en solitario con un EP titulado “AHJ” donde profundizaba algo de ese alejamiento del garage-rock pero desde una perspectiva siempre guitarrera, aunque ya dejaba ver un uso marcado de los teclados. Será el aviso de lo que veríamos en 2015 con “Momentary Masters”: new wave a tope y un protagonismo de guitarra y teclados por igual, aunque con la sensación de que al guitarrista le falta ‘eso’ que si tiene su compañero: magnetismo.

¿A qué juegas, Albert Hammond Jr.?

Cuando uno elige mirar el plano general y hacer balance de Hammond Jr. en solitario este LP puede desconcertar al seguidor promedio de The Strokes y aún más a quienes conquistó con “Momentary Masters”.

Tanto a Julian como a Albert los vi en vivo como solistas hace un tiempo. Al primero, cuando estaba tocando los temas que iban a conformar “Tyranny” varios meses antes de lanzar el disco. Al segundo lo vi después, justo tras lanzar “Momentary Masters”. En esos momentos ambos shows reflejaron sus realidades creativas. Julian trataba de conectar con el público mientras probaba con un sonido diferente al de The Strokes con un éxito más bien tibio (para rematar el triunfo de “Instant Crush” estaba fresco y buena parte de los espectadores la pedía, para su desazón). Por su parte, Albert no demostró que la presión para mostrar sus dotes como cantante lo afectara, y al estar alternando continuamente entre guitarra, teclados o solo micrófono fue un show que no me recordó para nada a The Strokes. Con algo de perspectiva tampoco fue muy memorable, y eso puede servir como síntesis de las incursiones del guitarrista en solitario.

No sirvió de mucho que declarara que iba a distanciarse tanto de The Strokes como de sus esfuerzos solistas anteriores. Los adelantos previos a la publicación de su cuarto álbum, “Francis Trouble”, tienen el sello ‘stroke’ de un modo u otro. Lo que pasa es que aun así parecía muy atrevido considerar que todo el disco sonaría de esa forma, más tomando como precedente el esfuerzo de “Momentary Masters”.

Fotografía: Autumn de Wilde

“Francis Trouble”, o el “Albert Trouble”

No se le puede negar al angelino el derecho de recurrir a despertar la nostalgia por The Strokes dado que al final esas melodías son suyas y de un modo u otro le siguen funcionando, pero al mismo tiempo debe enfrentarse al juicio de ‘esto funciona mejor con Julian al micro’.

Pero desde el principio de DvsL Albert Hammond Jr. deja claro que se irá por las guitarras con una presencia que no se le había escuchado en sus aventuras previas. Es una pista simpática, muy en la línea del “Is This It” (es inevitable la comparación con “Someday”) y dominada por las guitarras crudas pero a la vez melódicas que acostumbra a ejecutar en la banda neoyorkina. Sus intenciones se hacen aún más evidentes en Far Away Truths, con rasgueos impecables que inevitablemente reviven la nostalgia por esos tiempos y ese sonido que al parecer no volverán en la banda neoyorkina. Como de costumbre (y para quien no esté muy familiarizado con la carrera solista de Albert), su rendimiento vocal es impecable, limpio y preciso.

Con Muted Beatings pasamos a una onda más new wave (más cercana al Hammond Jr. del “Momentary Masters”), mostrando una mayor presencia de teclados como jugando a ser Blondie, pero la voz no resalta mucho debido a que usa una entonación más suave, perdiéndose a menudo entre el uso de las guitarras. La impresión de que debería ser Julian quien cante en Set to Attack resulta demasiado fuerte para omitirse. Se trata de otra pieza muy new wave pero con un tono cercano a lo que podríamos considerar ‘medios tiempos’ en The Strokes, despertando invariablemente nostalgia. Es una sensación que pesa para bien y para mal, pues no se le puede negar al angelino el derecho de recurrir a esas jugadas dado que al final son suyas y de un modo u otro le siguen funcionando, pero al mismo tiempo debe enfrentarse al juicio de ‘esto funciona mejor con Julian al micro’. No es la primera vez que debe lidiar con ese dilema en su trayectoria (el mayor responsable de que su repercusión fuera del círculo de fans de The Strokes sea nula), pero se hace más evidente en “Francis Trouble”.

“Stop and Go” es muy probablemente la canción más representativa del LP (más allá de que por momentos tiene un tufo a Mac DeMarco que se siente a kilómetros), pues si bien tiene elementos que remiten invariablemente a The Strokes deja ver que el guitarrista tiene claro por donde puede expandir su técnica, analizando nuevas posibilidades en las melodías y aplicándolas lo mejor que puede.

Muchas de las virtudes que hacen ver la trayectoria de Albert como algo muy respetable a pesar de su intrascendencia se plasman en Tea for Two. Alterna entre estrofas contundentes –gracias al aporte de una batería sencilla pero pegando en el momento justo– y un coro súper melódico donde su guitarra hace lo que mejor sabe hacer: enganchar. Hay un momento hacia la parte final donde la pista se transforma en una especie de smooth jazz y se vuelve a juntar con las melodías súper prolijas del coro, logrando un momento muy atractivo por su singularidad, aunque demasiado breve. Lo que sí se le queda es la melodía cuidada al detalle, la misma que se aplica en Stop and Go. Más allá de que por momentos tiene un tufo a Mac DeMarco que se siente a kilómetros, muy probablemente sea la canción más representativa del LP, pues si bien tiene elementos que remiten invariablemente a The Strokes deja ver que el guitarrista tiene claro por donde puede expandir su técnica, analizando nuevas posibilidades en las melodías y aplicándolas lo mejor que puede.

Otro ejemplo donde se hace evidente esa intención de expandir y aplicar su estilo en nuevas direcciones lo vemos en ScreaMER. Por mucho que sea ruidosa y enérgica, la verdad es que no tiene tanto de The Strokes. Más que garage-rock se siente como una suma de ideas cercanas al glam-rock o al southern-rock con esos slides ocasionales que salen de las guitarras. Por su parte, en Rocky’s Late Night ocurre lo mismo que en “Set to Attack”: por la forma en que se desarrolla la intro con ese teclado prolongado en plan synth-pop uno espera escuchar la voz de Julian y no la de Albert.

Para el final no vemos mucha novedad.Strangers”, a pesar de una introducción excelente, sigue la dinámica ‘stroke’ de principio a fin, mientras Harder, Harder, Harderrescata algo del sonido probado en “ScreaMER” pero, de nuevo, enmarcándolo en la propuesta de su vieja banda.

Pasan los discos y cada vez resulta más difícil suponer con absoluta certeza si las intenciones de Albert pasan por establecer una carrera en serio mientras se aleja de esa faceta mostrada en The Strokes, quemar tiempo mientras Julian está de humor para grabar aunque sea otro EP con The Strokes o bien por seguir el legado del grupo por cuenta propia, cosa que no debería ser un problema si después de todo es él quien aporta esas melodías tan atrapantes.

Pasan los discos y cada vez resulta más difícil suponer con absoluta certeza si las intenciones de Albert pasan por establecer una carrera en serio mientras se aleja de esa faceta mostrada en The Strokes, quemar tiempo mientras Julian está de humor para grabar aunque sea otro EP con The Strokes o bien por seguir el legado del grupo por cuenta propia, cosa que no debería ser un problema si después de todo es él quien aporta esas melodías tan atrapantes.

Sea como sea, en “Francis Trouble” la respuesta parece ser esta última, aunque cuando uno elige mirar el plano general y hacer balance de Hammond Jr. en solitario este LP puede desconcertar al seguidor promedio de The Strokes y aún más a quienes conquistó con “Momentary Masters”. Resulta paradójico notar entonces que este es su mejor esfuerzo hasta la fecha, cuando se hace más evidente que nunca su intención de confeccionar algo ‘sólo” con esto del concepto de su hermano gemelo (aunque no tenga ningún peso adicional en el resultado final) pero sobre todo en los momentos donde ha visto formas de aplicar su estilo de tocar la guitarra en direcciones no tan obvias para el seguidor promedio de The Strokes. Si ha podido plasmar algo respecto a los conflictos de identidad con su gemelo fallecido expresados en el comunicado de prensa lo ha hecho al desorientarnos frente a sus intenciones con esta nueva incursión en solitario.

Albert Hammond Jr. – Francis Trouble

6.5

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Sin llegar al grado de secuestrar el sonido, Albert elige ser el abanderado del legado de The Strokes. Guitarrero, a veces eufórico y en otros momentos contemplativo, en “Francis Trouble” demuestra su claridad para expresar instrumentalmente lo que quiere, pero parece que se queda corto explotando algunas buenas ideas y a nivel de flujo oscila todo el tiempo entre el Albert de The Strokes y el Albert solista. Aun así, deja muestras de su capacidad para inventar melodías en las seis cuerdas.

Up

  • El comienzo del LP es un detonador de emociones y recuerdos inapelable. “Far Away Truths” funciona especialmente bien.
  • Muchas de las intros revelan que el talento sigue ahí.
  • Estaría bien ver en el futuro a Albert arriesgando un poco más en la dirección que llevó a “Tea for Two”.

Down

  • Algunas de las mejores ideas tienen tan sólo espacios muy breves para desenvolverse en un marco cerrado.
  • Su voz se pierde a menudo, y como la mayoría del tiempo no buscó distanciarse mucho de The Strokes uno siempre espera escuchar a Julian cantando.
  • La parte conceptual que nos intenta vender no tiene tanto peso a la hora de juzgar el disco, lo que en cierto modo le da un aura más pretenciosa de la que debería.