Me cuesta un poco hablar de Lucy Dacus sin pensar brevemente en la lucha de las mujeres por sus derechos. Esto lo digo porque en décadas anteriores era mucho más difícil encontrar la cantidad de mujeres cantautoras que tenemos hoy. En las primeras décadas de la música pop teníamos una Nina Simone, una Joan Baez o una Patti Smith de vez en cuando, pero realmente era complicado ver mujeres siendo protagonistas en el negocio. Eso comenzó a cambiar mucho con Madonna, pero se puso de relieve en el panorama alternativo con PJ Harvey y Alanis Morissette durante los noventa.

¿Por qué ese apunte? Porque mientras la segunda década del siglo XXI da sus últimos pasos antes de terminar, podemos decir que dejó una cantidad de cantautoras si no superior, ciertamente más visibles que en otras décadas. Incluso sacando de la ecuación auténticas intocables del pop como Beyoncé, Rihanna, Katy Perry, Lady Gaga (bien podemos ir sumando a Kali Uchis…) o a las que partiendo de propuestas más personales impactaron un público igualmente amplio como Florence + The Machine y Lana Del Rey, el otro lado del espectro ha dejado una cantidad impresionante de cantautoras que sin tanto glamour se han colado en listas de fin de año y listados del reproductor de streaming de turno.

Hablamos de una legión que incluye a St. Vincent, Amanda Palmer, Bat For Lashes, Courtney Barnett, Angel Olsen, Sharon Van Etten, Marissa Nadler, Julien Baker y Julia Holter, entre un larguísimo etcétera. Un panorama con tantas chicas cantándole al amor o al desamor, lo simple o lo complejo de la vida según corresponda hace que naturalmente la competitividad y la necesidad de establecer un factor diferenciador sea más evidente hoy que décadas atrás.

La necesidad de establecer un factor diferenciador

En apariencia la música de Lucy Dacus no es muy distinta de la que hacen otras de sus cantautoras coetáneas. Voz suave con tendencia a mostrarse íntima, inspiración folk marcada y letras donde la observación de diversas situaciones marca la referencia. A veces hay optimismo y en otras hay pesimismo. Muy equilibrado todo.

En apariencia la música de Lucy no es muy distinta de la que hacen otras de las mencionadas. Voz suave con tendencia a mostrarse íntima, inspiración folk marcada y letras donde la observación de diversas situaciones marca la referencia. A veces hay optimismo y en otras hay pesimismo. Muy equilibrado todo.

En su debut, “No Burden”, vemos a la norteamericana oscilando entre letras muy concretas y situaciones menos literales que de igual forma dibujan estados de ánimo marcados por la inceoncia. Muchas de esas canciones evocan tardes frías, bosques brumosos, tazas de café y sacos de lana, como invocando la pureza de todo lo que buscó plasmar entonces. Instrumentalmente ya demostraba tener inquietudes muy variadas, topándonos con guitarras en plan lo-fi pero sin caer en algo muy estridente, algunas canciones más pulidas en arreglos, o folk de una prolijidad que eliminaba prácticamente toda barrera entre cantante y oyente.

Llega el momento de “Historian” y observamos que, como a prácticamente cualquier norteamericano metido en la música, los sucesos políticos derivados de la administración Trump han impactado notablemente en sus nuevas composiciones, a lo cual podríamos añadir la ruptura con quien fuera el bajista de su banda acompañante, con quien tenía una larga relación. La inocencia del debut desaparece y cede paso a una sonoridad más cruda, en ocasiones más elaborada y ambiciosa pero sin perder contacto completamente con lo mostrado en “No Burden”.

Fotografía: Dustin Condren

“Historian”: un bautismo de fuego

En “Historian” observamos que, como a prácticamente cualquier norteamericano metido en la música, los sucesos políticos derivados de la administración Trump han impactado notablemente en las nuevas composiciones de Dacus, a lo cual podríamos añadir la ruptura con quien fuera el bajista de su banda acompañante, con quien tenía una larga relación.

Los acordes íntimos del primer track Night Shift (que además fue el primer sencillo que conocimos) oscilan de forma continua entre lo íntimo y lo abrasivo, sirviendo como carta de presentación de esta nueva Lucy Dacus, pero que también funciona para ratificar la importancia de su socio Jacob Blizzard a la hora de darle forma y cohesión al nuevo material. La idea se mantiene y mejora en Addictions, segunda pista y segundo sencillo donde encontramos melodías que plasman un aura engañosamente jovial mientras se camufla en nuestros oídos una letra donde compara la forma en que la miraba un viejo amor con una transacción económica (“Buy low, sell high kind of guy / Invest your time in what’s worthwhile / Was I a risk without reward or did I make you proud?”) pero al mismo tiempo reconoce que aún no termina de superarlo: “Now I’m awake at 2AM / Without a cause to draw you in”.

Pasamos a The Shell”, donde la noche y la soledad son protagonistas mientras la instrumentación recuerda a Queen (por raro que parezca) cuando hacen sus baladas más dramáticas e imponentes. Claro que al no ser la arrolladora voz de Freddie Mercury sino la más suave de Lucy el resultado es imaginar que en vez de oírla a ella cantando lo que escuchamos son sus pensamientos con voz en off, atrapada por las cuatro paredes de la instrumentación.

Su mirada inquisidora pero todavía respetuosa de cómo es vivir hoy en la cotidianidad de los Estados Unidos resulta atrapante al hacerse en un registro más presto para reflexiones personales, y es de paso ese gran factor diferenciador con respecto a sus contemporáneas.

En Nonbeliever encontramos lo más accesible que tiene para ofrecernos el LP entre guitarras consistentes y un violín al fondo mientras Dacus revela de algún modo los vínculos ya cortados con su crianza eminentemente cristiana. Sin perder ese rasgo de cotidianidad tan propio de Lucy, Yours & Mine es a su manera más optimista y esperanzadora, aun cuando elige abordar el derecho civil de protestar, de manifestarse contra lo que está mal en la sociedad. Es conmovedor escucharla cantando (“Marching away and you’ve got nothing to say / You’ve got nothing to say / Have you got nothing to say?”) de forma cada vez más inquisidora. La línea “This ain’t my home anymore” expresa su insatisfacción con el aura belicista que ahora es moneda corriente en la política de los Estados Unidos.

Lo más destacable de las letras (o al menos lo más llamativo) se encuentra en la primera mitad del registro, pero en la segunda parte será la instrumentación y los arreglos quienes roben el show. Así, “Body to Flame se torna ligeramente orquestal y con ello aporta nuevamente dramatismo a la causa, viendo una notable continuidad en Timefighter. Bajo penetrante, un aire blues perceptible y Lucy cobijando con esa voz que es como si nos consolara la voz misma de la experiencia que ha pasado por todo lo malo que puede dejar una relación. El aumento de volumen en las guitarras pasada la mitad del track reafirma esa sensación de cobijo.

No es sorprendente que las personas consideren música de esta clase como ‘rebuscadamente normal’. Pero bien dicen que se cazan más moscas con miel que con hiel, y Dacus parece tener un talento tremendo para eso. No deja una sensación de absoluta comodidad, no fluye tan fácil como su antecesor y sacrifica algunas cosas que la hacían atractiva entonces, pero su crecimiento como artista así como lo superior del resultado final saltan a la vista.

Volvemos a escuchar a una Lucy más contundente con Next of Kin, su tercer sencillo, mientras disuelve toda esa fuerza cerca del final entre distorsiones (muy Velvet Underground todo) para abrir paso a los punteos tímidos de Pillar of Truth, donde canta como si quisiera tener cuidado de no despertar a nadie. Va ganando intensidad como si ese temor se fuese disipando hasta convertirse en la pieza más lograda y ambiciosa de toda la placa. El final con Historians apela al minimalismo como arma, viendo cómo un violín cruza la pista de lado a lado mientras Dacus canta con una suavidad y una claridad que pueden tranquilizar tanto como estremecer.

No es sorprendente que las personas consideren música de esta clase como ‘rebuscadamente normal’. Lo sé porque a veces me incluyo en ese grupo. Pero bien dicen que se cazan más moscas con miel que con hiel, y Dacus parece tener un talento tremendo para eso. No deja una sensación de absoluta comodidad, no fluye tan fácil como su antecesor y sacrifica algunas cosas que la hacían atractiva entonces, pero su crecimiento como artista así como lo superior del resultado final saltan a la vista. Su mirada inquisidora pero todavía respetuosa de cómo es vivir hoy en la cotidianidad de los Estados Unidos resulta atrapante al hacerse en un registro más presto para reflexiones personales, y es de paso ese gran factor diferenciador con respecto a sus contemporáneas.

Lucy Dacus – Historian

8.0

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No es un álbum político, pero “Historian” bien puede ser un documento interesante para interpretar la indignación, la apatía y el miedo a la autoridad que pueden percibirse hoy en Norteamérica. Dacus se permite profundizar en algunos detalles mostrados en su debut que ponen de relieve su capacidad para dejar clara una máxima que en tiempos de polarización solemos olvidar: la vida suele tener muchos grises entre tanto blanco y negro. Eso es más valioso que cualquier postura que pudiera asumir.

Up

  • Evolución marcada, ambiciones definidas y una variedad instrumental notable.
  • En la mayoría del trayecto se siente cada canción mejor que la anterior.
  • El trabajo en guitarras de Jacob Blizzard.
  • “Pillar of Truth”.

Down

  • De momento le basta con usar acordes luminosos para letras pesimistas o viceversa, pero tarde o temprano tendrá que aumentar el rango de posibilidades.
  • Sacrifica algo de la informalidad y fluidez de su primer álbum.