Creo que, en ocasiones, hacer las cosas bien no basta. Que un trabajo bueno no es lo mismo que uno que simplemente está correcto. Y creo que, a veces, que esto pase no es una cuestión de dejadez o de conformismo, y que por momentos la gente realmente se esfuerza en hacer algo original y bueno, pero la frontera entre el ‘casi, pero no’ y el desinterés es tan tenue que no tengo claro qué ha ocurrido aquí.

Sunflower Bean no me habían llamado la atención en su momento, y apenas puedo asegurar que realmente los escuchase, pero repasando ahora “Human Ceremony”, su debut en el formato de larga duración en 2016, veo que aquello tenía una forma más o menos reconocible. Había rock alternativo, cosas más o menos psicodélicas, jangle, indie estadounidense de ese que no puedes meter dentro de un único género pero que… bueno, creo que se entiende. “Twentytwo in Blue”, su nuevo trabajo, también tiene esas cosas, y puede que incluso alguna más, así que… ¿dónde está el problema ahora? ¿Por qué tengo la sensación de que esto no suena a nada?

Fotografía: Hollie Fernando

“Twentytwo in Blue”: referencias del pasado y poca visión de futuro

“Human Ceremony”, su debut en el formato de larga duración en 2016, tenía una forma más o menos reconocible. Había rock alternativo, cosas más o menos psicodélicas, jangle, indie estadounidense… “Twentytwo in Blue”, su nuevo trabajo, también tiene esas cosas, pero todo en él suena funcional, lo bastante vintage como para resultar familiar pero no demasiado innovador como para pasarse de vanguardista, no vaya a ser que alguien se preocupe.

Burn It”, el tema que abre este álbum, tiene todas las papeletas para ser una buena apertura: tiene pegada, buen cuerpo, un ritmo clásico de los que siempre funcionan y unos solos a lo Plumtree que quedan bastante guapos. Así pues, me veo obligado a repetirme a mí mismo la pregunta: ¿cuál es el problema, entonces, si todo está bien? Y creo que justo ahí radica lo que tengo contra este disco: todo esto nos suena. A nada en concreto, en realidad: hay detalles reconocibles del circuito indie estadounidense, la guitarra de Nick Kivlen tiene un regusto a caballo entre esta escena y un sonido más setentero, la voz de Julia Cumming es pulcra y clara… Pero nada de esto llega a ningún sitio. Todo suena funcional, lo bastante vintage como para resultar familiar pero no demasiado innovador como para pasarse de vanguardista, no vaya a ser que alguien se preocupe. “I Was a Fool” comparte estos problemas, con esas voces de dueto pasado de moda, esas líneas melódicas en las que todo ocupa correctamente su posición pero, a la vez, provoca que nada tenga personalidad.

Si nos metemos a hablar de “Twentytwo”, la cosa se agrava más todavía. Es la clase de balada de pop ochentero que sonaría en el baile de fin de curso de algún instituto estadounidense en el que todo está lleno de animadoras y quarterbacks ligando, pero con la desgracia de que Carrie no va a irrumpir para darle un poco de vidilla a este rollo demodé y remilgado. Y me jode, porque la letra supuestamente trata acerca de las exigencias de la sociedad a una chica cualquiera, sus inseguridades y vulnerabilidades, pero el tema es tan largo y relamido que no te quedan ganas de fingir que te importa. “Crisis Fest”, por lo menos, ataja este último problema al pisar un poco el acelerador, pero su planteamiento es irónicamente disonante, ya que habla acerca del futuro problemático de una juventud con perspectivas difíciles, pero no puedo dejar de pensar en que este tema, y este disco, suena pasado de moda. Está muy fuera de onda, pierde cuerpo y potencia de un modo palpable, y tengo la sensación de que la voz de Cumming ha retrocedido treinta y pico años en el tiempo; al menos en esa época su sonido tendría sentido, porque aquí no.

Muchos temas de “Twentytwo in Blue” son la clase de baladas de pop ochentero que sonarían en el baile de fin de curso de algún instituto estadounidense en el que todo está lleno de animadoras y quarterbacks ligando, pero con la desgracia de que Carrie no va a irrumpir para darle un poco de vidilla a este rollo demodé y remilgado.

Recuperando de su disco anterior un reverb que ahora reivindican bandas como DIIV, “Memoria” intenta hacer algo un poco más ambiental y onírico, pero vuelve a caer en la proverbial reminiscencia ochentera y yo ya no tengo ganas de seguir explicando por qué esto está tan pasadísimo de rosca. Al menos “Puppet Strings”, que sigue con la mirada puesta en el pasado pero ahora trae una especie de blues-rock setentero con tintes de glam, mete un poco más de caña. Aquí sí que puedo apreciar un intento por modernizar influencias conocidas (a ver si ahora va a parecer que Sunflower Bean es el peor grupo a la hora de sacar de la tumba estilos viejos y hacer un puto revival sin molestarse en darles el menor repaso, no, por favor), y por lo menos resulta más llevadero que casi todo lo que ha venido antes. Y se saca una sección instrumental más que respetable. Me conformo con eso. Ah, no, espera, que la felicidad no podía durar mucho y “Only a Moment” viene con exactamente las mismas intenciones de pop ambiental viejuno. Vale, voy a resumirlo: es una tremenda turra de cuatro minutos en la que ni siquiera se aprecia el jangle de “Memoria” hasta que no llega Kivlen a salvar el día con un solo un poco potable. De verdad que soy incapaz de tomarme en serio estas canciones.

El caso es que ahora llega “Human For” y empuja un poco más la distorsión y, maldita sea, qué bien le queda. Lejos de toda esa mojigatería pseudo-ochentera, este tema bastante breve tiene un rollo muy sucio, caótico y un tanto agresivo, y Cumming se arranca en unos lances en los que ni siquiera se molesta en entonar al más puro estilo Wolf Alice y, joder, ¿por qué no podía ser más larga? Pues no, toca “Any Way You Like” y ea, más turra. Me da igual que le metáis coros a lo Car Seat Headrest y sección de cuerdas, es un tostón y no cuela después del pepinazo que era la canción inmediatamente anterior. Y de verdad, queridos Kivlen y Cumming: el rollo dueto es absolutamente empalagoso. No lo hagáis más. Por favor. Al menos ya casi hemos terminado.

No hay nada que Sunflower Bean haga extremadamente mal en este “Twentytwo in Blue”, pero mirar constantemente al pasado y limitarse a dejarlo pasar, sin aprender nada ni pensar en que traer esos sonidos tal cual está fuera de contexto, hacer que este sea un elepé mediocre y sin personalidad en el mejor de los casos, e incómodamente cursi en los peores.

Tras una coda que parecía interminable, “Sinking Sands” quiere retomar el rollo de rock setentero sin muchas ganas, y los estribillos son, lo habéis adivinado, ñoños, horteras e innecesarios. Y ya está, dos minutos en este plan no dan para mucho más. Llegamos así a “Oh No, Bye Bye”, un tema cuyo título no solo reproduce con fidelidad el estado de ánimo de los oyentes al llegar este punto sino que además recupera una de las peores tradiciones de los Beatles: frasecitas con mucha musicalidad cantadas como una canción infantil. Porque sí, se podía hacer algo más chorra que “Ob-La-Di, Ob-La-Da” después de tantos años. Musicalmente, tres cuartos de lo mismo: no hay absolutamente nada de definición hasta que Kivlen no hace algo medio interesante con la guitarra durante un tiempo no lo bastante largo como para salvar una canción insustancial. Y se acabó.

De verdad que no entiendo cómo una banda con un sonido mucho más interesante y definido ha podido acabar así, a la sombra de un pasado con muchos más matices que las horteradas olvidables que aquí aparecen reflejadas. Y lo peor del asunto es que, en un sentido técnico, no hay nada que Sunflower Bean haga extremadamente mal en este “Twentytwo in Blue”, pero mirar constantemente al pasado y limitarse a dejarlo pasar, sin aprender nada ni pensar en que traer esos sonidos tal cual está fuera de contexto, hace que este sea un elepé mediocre y sin personalidad en el mejor de los casos, e incómodamente cursi en los peores. Me parece que ahora el único pasado al que estos artistas deberían mirar con atención es al suyo propio, porque el presente que se han creado deja mucho que desear.

Sunflower Bean – Twentytwo in Blue

5.5

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

“Twentytwo in Blue” es una mala apuesta por parte de Sunflower Bean y una prueba fehaciente de lo que ocurre si miras demasiado tiempo hacia el pasado. Su sonido, lejos de la personalidad y la pegada de su debut, resulta remilgado y pasado de moda, y aunque hacen un par de buenos intentos de evolución nada de esto trasluce al resultado final. Un disco olvidable y un bache en la breve trayectoria de un grupo que cabe esperar que se recupere y adquiera perspectiva.

Up

  • Nick Kivlen hace todo lo que está en su mano para salvar los temas más inaguantables y no puede decirse que el muchacho no lo haga, además, con mucha habilidad.
  • “Human For”. A decir verdad, es realmente buena.

Down

  • Las consabidas referencias ochenteras han llegado a un punto en el que ya no resultan solo cansinas o repetitivas, sino que toman lo peor de las baladas de baile de instituto yanqui y convierten el 80% del disco en un pastelón de lo más incómodo.
  • La voz de Julia Cumming se ha quedado anclada en el pasado y suena increíblemente pasada de moda, lo que resulta raro teniendo en cuenta que en el disco anterior esto no ocurría.
  • Hay cosas que ni siquiera los solos de Kivlen pueden salvar.