Los pobres trastornados que consideramos que una banda –literal– de desconocidos habla de nuestra vida y nos entiende mejor que nuestros amigos y familiares tenemos afinidad por los grupos que no cantan demasiado bien pero hacen letras partiendo de las vísceras. Como esa gente que tiene pequeños traumas de su infancia y busca parejas que les recuerdan a sus padres, madres o niñeras, los postadolescentes eternos que seguimos escuchando música por ahorrar en psicólogos lo hacemos tendiendo a grupos con patrones concretos. Además de las pautas ya mencionados, ayudan: una cierta pose torturada del poeta en cuestión, un buen grado de exclusividad (cuanta menos gente comparta tu filia, mejor) y que te dejen al terminar de escucharlos una sensación parecida a la de hablar con tu mejor amigo.

Titus Andronicus reúnen todas esas características, amén de otras más secundarias como la coreabilidad (perdónenme paladines de la RAE) de sus estribillos, el olor a pub de sus canciones y la inestabilidad mental de su único miembro permanente, el genial Patrick Stickles. Y para vuestra desgracia, en El Quinto Beatle somos de esa clase de idiotas que os contaba más arriba. De hecho, el comienzo de este año está siendo alucinantemente próspero en cuanto a publicaciones de estos grupos hiperempáticos, con discos de Car Seat Headrest, The Men, The Decemberists, Jeff Rosenstock y los que quizá mejor lo ejemplifican: Yo La Tengo.

Patrick Stickles es tu tío que se emborracha en bodas y bautizos

Esta vez Stickles ha conseguido su objetivo prioritario: que su público haga, como mínimo, el mismo caso al mensaje que al envoltorio.

Lo peor es que Patrick Stickles, a.k.a. amo y señor de Titus Andronicus, no debe ser especialmente juerguista o bebedor, pero es sólo verle la cara y uno le imagina acodado en un bar con el enésimo whiskey en la mano dándole la turra al camarero sobre la libertad, la guerra de Secesión o su último trastorno alimenticio. Esa era la imagen que se me venía a la cabeza al pensar en él hasta este álbum, y tras escuchar “A Productive Cough” a primera vista no parece haber cambiado gran cosa. Por lo menos a simple vista. Aunque tal vez sea cosa mía, pero ya de primeras parece que a Patrick se le ha acabado el bourbon, y eso le hace sentir más triste que cabreado.

Fotografía: Ray Concepcion

La gente aprecia la música de [email protected] por su efecto liberador. Y lo mejor de esa música es que consigue ese efecto tanto cuando se desnuda del todo y escupe versos sobre, y desde, su mente torturada, como cuando se baja al bar a enseñarte cómo se bebe en Mahwah, Nueva Jersey.

Según él mismo, este cambio te sorprenderá “sólo si no has estado prestando atención”. Lo cierto es que echando la vista atrás es posible intuir en The Most Lamentable Tragedy, mejor disco del 2015 para esta redacción, un mayor grado de desesperación y un punto menos de rabia incontenida que en los tres trabajos previos. “Esto no va de gritar, va de lo que se grita”, dice Stickles en el documental que narra la grabación de este disco. Atendiendo tanto a las palabras que nos dirigió en su día como al resultado final de “A Productive Cough”, parece que esta vez ha conseguido su objetivo prioritario: que su público haga, como mínimo, el mismo caso al mensaje que al envoltorio. Esa al menos es la premisa de la que parte la sorprendente Number One (In New York), cimentada sobre un épico crescendo de piano y una instrumentación orquestal muy cuidada.

Yes, I’ve been everywhere, but everywhere that I’ve been
I’ve been out of my element, even in my own skin
And I can’t begin to think what I’d tell people back home,
so I tell it to the microphone”

Titus Andronicus, ‘specializing in punk solutions since 2005’

Cuando mides el éxito por las cosas que consigues estás condenado al fracaso. Bajo ese lema, susceptible de aparecer en cualquier libro de coaching o autoayuda, Titus Andronicus siguen construyendo una carrera tan apasionada como apasionante. “Muchas de las canciones de este disco van de eso, de la dificultad de tirar para adelante, sabiendo que no hay necesariamente alguna recompensa esperándote”, explica Stickles.

A pesar de que ponerse intensos también es muy propio de Stickles, Real Talk es un retorno al Titus del pub. El de siempre. El de toda la vida. El que invita a diez amigos a cantar con él y te obliga a ti a hacer lo mismo: If things are as bad as the newspaper says, we’re in for a real big war!”. Como su propio padre le dice en quizá el momento más fino del documental, la gente aprecia la música de [email protected] por su efecto liberador. Y lo mejor de esa música es que consigue ese efecto tanto cuando se desnuda del todo y escupe versos sobre, y desde, su mente torturada, como cuando se baja al bar a enseñarte cómo se bebe en Mahwah, Nueva Jersey.

Pese a todo esto, me resulta complicado explicar las razones concretas de mi afinidad hacia Titus Andronicus (penosa confesión de alguien que tiene que convencerte de escucharles). Quizá una muestra de su genialidad es dedicarle una canción tan maravillosa al tipo de la tienda de debajo de casa, el que le (y te) vende cigarrillos y cervezas a horas intempestivas. O una preciosa balada folk al día en que se tatuó el logo de Crass, héroes del anarcopunk. Eso es exactamente lo que hace en Above the Bodega (Local Business) y en Crass Tattoo, respectivamente. Irónicamente, la más explícitamente autobiográfica de todas las canciones escritas por [email protected] es cantada, de manera inmejorable, por Megg Farrell, en lugar de por el propio Patrick.

Lejos de los focos, de los medios, de la atención de la prensa o el público mayoritarios, Patrick y sus socios han vuelto a demostrar por qué el punk rock sigue siendo necesario. Incluso cuando la borrachera es triste y la resaca amarga. “A Productive Cough” es su disco más extraño y menos directo, sin perder pese a ello la capacidad de hacernos empatizar hasta la médula.

Puede que Titus a veces sean muy sesudos y complejos, pero al final del día no dejan de ser un grupo proletario y con fuerte conciencia de clase. Y no hay nada más del pueblo que coger un himno (El Himno, en este caso) y hacerlo suyo. Por eso y por ser una versión simplemente genial, (I’m) Like a Rolling Stone se agradece y escucha con una sonrisa de oreja a oreja. De vuelta al punk, Home Alone se eleva por encima de la cadencia lenta del LP desde la ferocidad. En un disco de [email protected] no podía faltar el estribillo cantable tanto por novatos como por veteranos, al igual que no podía faltar el cierre sentido, en este caso el de la demoledora y sobresaliente Mass Transit Madness (Goin’ Loco’).

Cuando mides el éxito por las cosas que consigues estás condenado al fracaso. Bajo ese lema, susceptible de aparecer en cualquier libro de coaching o autoayuda, Titus Andronicus siguen construyendo una carrera tan apasionada como apasionante. “Muchas de las canciones de este disco van de eso, de la dificultad de tirar para adelante, sabiendo que no hay necesariamente alguna recompensa esperándote”, explica Stickles. Lejos de los focos, de los medios, de la atención de la prensa o el público mayoritarios, Patrick y sus socios han vuelto a demostrar por qué el punk rock sigue siendo necesario. Incluso cuando la borrachera es triste y la resaca amarga.

Titus Andronicus – A Productive Cough

7.8

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Titus Andronicus, banda a la que le dedicamos un reportaje especial en su día, quizá pase por tus oídos like a rolling stone, pero si por un casual se queda en ellos no te abandonará jamás. Patrick Stickles vuelve a las andadas con su disco más extraño y menos directo, sin perder pese a ello la capacidad de hacernos empatizar hasta la médula.

Up

  • Honestidad, punk para ser cantado, letras incisivas y transparentes como siempre.
  • Una nueva faceta de [email protected], más amarga y cadenciosa.
  • Simplemente, otro disco más de Titus es una razón más para la alegría.

Down

  • Se echa algo de menos el Patrick “último hombre furioso en la ciudad”.
  • Canciones muy largas, y poca cantidad.