No parece que a Green Day les vaya demasiado bien las cosas en los últimos tiempos. Desde la pretenciosa trilogía conformada por “¡Uno!”, “¡Dos!” y “¡Tré!” (2012), la banda se ha visto inmersa en una espiral descendente que esperamos haya tocado fondo con “Revolution Radio” (2016), su álbum de estudio más reciente. Al desafortunado planteamiento de aquellos tres trabajos que funcionaban pseudoconceptualmente como uno y la posterior cancelación de la gira de promoción por los problemas de Billie Joe con el consumo de estupefacientes se suma ahora un palpable agotamiento creativo. ¿Qué ha pasado con esa capacidad innata para crear grandes himnos? Su último trabajo reflejaba a un grupo que carece de las ideas frescas y certeras que los hizo grandes en su día, y así nos lo confirmaban tan sólo un año después con el lanzamiento del recopilatorio “Greatest Hits: God’s Favorite Band” (2017), el segundo en tres años para mayor sonrojo: no olvidemos aquel “Demolicious” (2014) que funcionaba como remiendo y filtro de la trilogía al recoger algunos de los cortes más relevantes de la misma en su versión demo. El disco crudo e inmediato que tenían que haber lanzado originalmente para situarlo como acertado contrapunto a la pomposidad de “21st Century Breakdown” (2009).

Es en este contexto en el que Billie Joe decide distanciarse de su banda madre para iniciar un proyecto musical paralelo con el que tomar perspectiva: The Longshot. No es esta la primera vez que el músico californiano se lanza a una aventura alternativa. Conocidos son sus divertimentos con otros grupos como Pinhead Gunpowder, la que es su agrupación secundaria más estable al margen de Green Day y que cuenta con una trayectoria tan dilatada como esta, aunque, lógicamente, menos prolífica. Otras formaciones en las que se ha visto involucrado han sido The Network y Foxboro Hot Tubs, ambas de naturaleza efímera y en las que jugaron a ocultar sus verdaderas identidades. Mención especial merece esta última, cuyo álbum “Stop Drop and Roll!!!” (2008) venía rebosante de un poderoso y electrificante garage repleto de guiños, aquí intencionados, a grandes composiciones de los sesenta. Seguramente, lo mejor que los de Billie Joe han lanzado en la última década. Por su parte, en 2011 llegaría The Boo, el conjunto que integraba la familia Armstrong al completo y con la que editarían un EP homónimo de cuatro canciones.

“Love is for Losers”: un divertimento amable e irrelevante

The Longshot defienden un repertorio compuesto de once canciones directas, sin pretensiones y con el sello inconfundible de Billie Joe, una impronta tan personal que, inevitablemente, hará que no podamos escuchar este nuevo trabajo sin pensar que se trata de una nueva referencia discográfica de Green Day.

Además de Billie Joe Armstrong, The Longshot está integrado por el guitarrista Kevin Preston, quien asimismo participó en Foxboro Hot Tubs, Jeff Matika al bajo y David S. Field en la batería. Juntos defienden un repertorio compuesto de once canciones directas, sin pretensiones y con el sello inconfundible de Billie Joe, una impronta tan personal que, inevitablemente, hará que no podamos escuchar este nuevo trabajo sin pensar que se trata de una nueva referencia discográfica de Green Day. Love is for Losers desprende un carácter que nos hace pensar en la mencionada trilogía, y no sólo a nivel estilístico, sino también a nivel de calidad. En este álbum encontramos relleno y buenas canciones a partes iguales. Aunque en este, a diferencia de aquel, no hay nada particularmente destacable. Porque sí, en “¡Uno!”, “¡Dos!” y “¡Tré!” había muchísimo relleno, pero tampoco se le ha dado el crédito que merece a muchas canciones que son auténticos temazos, desestimados tanto por los fundamentalistas del pop-punk como por los nostálgicos de los primeros trabajos del grupo, que en muchos casos son los mismos. Y lo peor, incluso por la propia banda. “Kill the DJ”, “Lazy Bones” o la maravillosa “Nightlife” (donde Green Day abandonaban completamente su zona de confort), constituyen un pequeñísimo ejemplo de ello.

Un nuevo proyecto para buscar un nuevo impulso

“Love is for Losers” desprende un carácter que nos hace pensar en la trilogía de Green Day, y no sólo a nivel estilístico, sino también a nivel de calidad. En este álbum encontramos relleno y buenas canciones a partes iguales. Aunque en este, a diferencia de aquel, no hay nada particularmente destacable. Porque sí, en “¡Uno!”, “¡Dos!” y “¡Tré!” había muchísimo relleno, pero tampoco se le ha dado el crédito que merece a muchas canciones que son auténticos temazos, desestimados tanto por los fundamentalistas del pop-punk como por los nostálgicos de los primeros trabajos del grupo, que en muchos casos son los mismos.

Pero The Longshot también reservarán algún hueco para reunir un par de composiciones que Billie Joe ha confeccionado para ciertas películas y musicales, como es el caso de The Last Time, la encargada de abrir este larga duración. Un tema que supone la reescritura de aquel “Please Mr. Postman” que versionaron los Beatles y que Billie Joe adaptaba manteniendo el estilo de los de Liverpool pero cambiando la letra para que formara parte del teatro musical These Paper Bullets! En “Love is for Losers” el californiano se la lleva a su terreno, dotando de un revestimiento power-pop a una melodía avalada por más de medio siglo de historia. Una apuesta segura en lo puramente musical, pero simple curiosidad en lo artístico. Con Taxi Driver llega la primera canción original del álbum. Es sencilla y disfrutable, aunque se hace algo larga a pesar de sus escuetos dos minutos y medio de duración. Más efectiva resulta Chasing a Ghost, que con sus subidas y bajadas logran dotar de un mayor dinamismo a la pieza.

En Body Bag caen las revoluciones para desarrollar una balada completamente prescindible donde lo único llamativo, si acaso, es el tímido solo de guitarra de Kevin Preston. Como ocurría con “The Last Time”, esta no es sino otro rescate de Armstrong, en esta ocasión extraído de la banda sonora de Ordinary World, la película que él mismo protagonizaba en 2016 donde encarnaba a un músico de rock retirado con dificultades para dejar atrás su pasado y adaptarse a su nueva vida. Algo más de garra encontramos en Love is for Losers, aunque sigue sin ser un tema particularmente destacable. Lo que sí apreciamos a estas alturas del álbum es el uso recurrente de palmas, un recurso que se mantiene desde la primera canción del elepé y que está llamado a buscar la colaboración del público en los conciertos que deriven de este divertimento. Porque The Longshot y “Love is for Losers” no es más que eso: un descanso desprovisto de toda expectativa en el que sus integrantes, más que divertir, buscan divertirse. Sin presión ni ambición creativa. Y son actitudes como esta las que dan lugar a temas tan satisfactorios como Cult Hero. Rock and roll urgente, repleto de guitarrazos y con estribillos pegadizos que levantan el disco llegado su ecuador.

“Love is for Losers” es una anécdota más en la carrera de Billie Joe, como lo son otros tantos proyectos que ha iniciado con los años por el simple placer de divertirse haciendo música sin la seriedad ni la implicación que le demanda una banda como Green Day. No es un mal álbum a pesar del evidente desequilibrio cualitativo que diferencia la primera y la segunda parte.

Kill Your Friends mantendrá el pulso con una canción sencilla que abraza el pop-punk y que confirma el despegue del disco. Se ha hecho de rogar, pero esto ya es otra cosa. En esta segunda parte hay más ganchos, más garra y mejores ideas. Así lo podemos constatar con la notable y adhesiva Happiness, que da continuidad a los buenos estribillos y riffs que han irrumpido en esta mitad. Subirán el ritmo con Soul Surrender, un tema emparentado con aquella “99 Revolutions” que recogía “¡Tré!”, pero ahora mezclada con el carácter canalla y garajero de Foxboro Hot Tubs. Más contenida pero igualmente disfrutable se revela Turn Me Loose, con una melodía despreocupada que se hace grande en el estribillo y que apunta a ser una de las más memorables del álbum. El acompañamiento instrumental es discreto pero efectivo, mantienen las palmas (siempre tan poperas), y cierran con un pasaje luminoso que nos invita a volver a ella sin demora. Entra fácil y, aun así, crece bastante con las escuchas. Muy acertada.

Y llegamos al final de la obra con Goodbye to Romance. Como suele ser habitual en los trabajos de Billie Joe, con la balada introspectiva de rigor. Una canción de la que es preciso destacar su gran interpretación vocal, aunque juega en contra su extensión y los vestigios sonoros que recuerdan al acompañamiento de una “Don’t Look Back in Anger” más sobria en los estribillos, que le restan algo de efecto. Buena conclusión, no obstante, para un disco sin perspectivas de que vaya a convertirse en el álbum de nuestra vida. Cosa que tampoco pretenden. “Love is for Losers” es una anécdota más en la carrera de Billie Joe, como lo son otros tantos proyectos que ha iniciado con los años por el simple placer de divertirse haciendo música sin la seriedad ni la implicación que le demanda una banda como Green Day. No es un mal álbum a pesar del evidente desequilibrio cualitativo que diferencia la primera y la segunda parte. Hay buenos momentos. Y aunque no hay el más mínimo distanciamiento de su estilo habitual, esperemos que la comodidad y el esparcimiento de esta aventura estimule a Billie Joe para que lo próximo de Green Day no sea otra referencia endeble.

The Longshot – Love is for Losers

6.5

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Billie Joe Armstrong se rodea de amigos para emprender una nueva aventura al margen de Green Day: The Longshot. “Love is for Losers” es un divertimento sin pretensiones que, conservando el personalísimo estilo de Armstrong, recoge once canciones que demuestran que el que tuvo, retuvo; pero la falta de solidez y agudeza sigue siendo evidente.

Up

  • La ausencia de presión por enmendar los fallos de trabajos anteriores parece hacer brotar la esencia perdida años atrás, aunque aquí no aflora.
  • La segunda mitad del álbum es bastante notable.
  • Sin ser himnos, “Cult Hero” y “Turn Me Loose” son bastante destacables.

Down

  • No hay ningún signo de distinción en lo sonoro o estilístico con respecto a Green Day que le pueda dar a The Longshot algún tipo de valor diferencial.
  • El desequilibrio entre la primera y la segunda mitad del disco.
  • Seguimos echando en falta contundencia y frescura.
  • No es que el reciclaje de recursos e incluso de canciones no aporten nada nuevo, sino que, además, son completamente irrelevantes. “The Last Time”, por ejemplo, suena estupenda, pero no deja de ser una reescritura de algo sobradamente conocido y que aquí sólo juega el papel de ‘curiosidad’. Y de temas como “Body Bag” mejor ni hablar.