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El grupo de Guillermo Bárcenas nos ofrece el primer single de su nuevo disco, “Madame Ayahuasca”, dejando entrever una ruptura con la inspiración ranchera en favor de un sonido pop/rock más canónico pero igual de prescindible.

Hubo un momento, entre finales de 2016 y los primeros meses de 2017, en el que Taburete eran el fenómeno musical de masas más importante de ésta, nuestra patria. Con el indie y el fenómeno festivalero más que asentado como principal opción de ocio estival entre la juventud, el grupo del hijo del ex-tesorero del PP había conseguido alzarse como un fenómeno viral que despertaba tanta pasión como críticas, sumaba millones de reproducciones en distintas plataformas digitales y llenaba hasta arriba salas y pabellones allí por donde pasaba, entre ellos el Palacio de los Deportes, nada menos. Todo en cuestión de dos años, tiempo suficiente para encontrar su nicho entre el pijerío y todos aquellos amantes del pop español pre-burbuja-indie a los que no terminaba de hacer demasiada gracia el indie-pop del Sonorama y encontraron en los sonidos latinos, melodías desenfadadas y actitud canallita de Taburete un producto perfecto para satisfacer sus ganas de ‘joda’.

El caso es que tras un gira exitosa y un invierno marcado por el éxito de Operación Triunfo, Taburete quieren convencernos de que lo suyo no fue flor de un día con el anuncio de un nuevo trabajo discográfico: “Madame Ayahuasca”. Tras destruir el encanto naive que asomaba entre las sencillas canciones de “Tres Tequilas” con aquel segundo disco (“Dr. Charas”) en el que no sólo no corregían sus vicios, sino que los exageraban rozando la autoparodia, la pereza de acudir a otra colección de rancheras-pop sobreproducidas de melodías facilonas y rebosantes de referencias al alcohol había alcanzado unas cotas demasiado altas si tenemos en cuenta que hablamos de una banda de apenas tres años.

La buena noticia es que “Belerofón” parece transmitir una imagen de cambio de rumbo, otra cosa es que el cambio sea atinado. La verdad es que lo más seguro es que un servidor no forme parte del nicho al que este grupo se dirige, pero como oyente circunstancial estoy muy agradecido a Guillermo y Antón de haber convencido a ese señor mayor que aparece en la portada del disco de no sacar la trompeta de su funda, al menos por ahora; los dejes de ranchera resultaban insoportablemente impostados ya en su último disco.  En lugar de eso, asistimos a una especie de Leivización de la banda favorita de la gente que no se abotona los tres últimos botones de la camisa, plasmando un sonido pop/rock dosmilero con ciertas pretensiones de himno blandito. Bárcenas y compañía parecen ya totalmente conscientes de su estatus de asalta pabellones y no dudan en dejarse llevar por los “ooohs” intensitos al más puro estilo Coldplay (aunque supongo que aquí la comparación más acertada debería llevarme a hablar de Maldita Nerea) y soltar algún solo de guitarra a lo Maná. La letra sigue siendo tan simple como siempre –tampoco es que estén buscando el Nobel de Literatura– y merece pocos comentarios más allá de un par de puntualizaciones: a) gran acierto en la erradicación de referencias etílicas; b) ¿a quién se le ha ocurrido estrenar un estribillo que dice “Esperando que abras las piernas y me dejes pasar” el día después de publicarse la sentencia de La Manada?

En suma, tenemos a unos Taburete que amagan con abrazar un sonido pop/rock más convencional en su tercer trabajo discográfico. Quizá sea lo mejor, una vez parece claro que no han sabido explotar adecuadamente (a nivel meramente artístico) ese toque ranchero que les otorgaba un toque original, convirtiéndolo en algo cargante incluso. Ya que sabemos que posiblemente vayan a petarlo y sus canciones volverán a nuestros oídos, no está de más que hayan corregido ciertos errores del pasado; no ya por sus fans, que seguro disfrutarían tanto de “Belerofón” como de un “Dr Charas” 2.0, sino por todos aquellos oyentes involuntarios que nos enfrentaremos a los temas de “Madame Ayahuasca” tarde o temprano. Aunque visto así, resulta un poco triste que lo que más me guste de escuchar una nueva canción de Taburete sea que, siempre y cuando no preste cierta atención, no pueda saber que son Taburete quienes están sonando.