En algún lugar entre las cajas y el polvo se halla la isla. Desde luego que la principal complicación no es enfrentarse a sus ensordecedores pájaros o desanudar las trampas de los indígenas, sino salir indemne de su atmósfera barroca, suplicante y pura. La obra de William Shakespeare despliega sus élitros sobre las mágicas bananeras, resplandecen los recuerdos de la niñez y la desconsiderada invasión británica cede las mesas a sus dueños originarios, sirviendo el té que transportan en sus caparazones tortugas gigantes y liebres. Hermosas melodías, sin tratos excesivos pero con un mimo entretejido por los dedos de la fantasía y el tópico amoroso, triunfal o perdido. Cualquiera sería lo suficientemente iluso como para pensar que una doncella se arrima contra las cortinas de seda, levantada por los sortilegios de las hadas y presta a levantar la danza de las sombras, pero imposible de hallar, efímera, como la propia isla, que una vez sobrevolada se desprecia y olvida. Así la banda produjo su última y única obra maestra.

Una obra maestra en el ocaso de la era psicodélica

Después de tres años sin éxito comercial y embestidos por las discrepancias entre sus miembros, The Zombies tuvieron una última oportunidad para sacar al mercado un trabajo emergente en la decadencia de la psicodelia, año en que los Beatles, Jimi Hendrix y los Kinks remataron la escena.

Después de tres años sin éxito comercial y embestidos por las discrepancias entre sus miembros, The Zombies tuvieron una última oportunidad para sacar al mercado (eludiendo los innecesarios LPs que sacaron a partir de los noventa) un trabajo emergente en la decadencia de la psicodelia, año en que los Beatles, Jimi Hendrix y los Kinks remataron la escena. Miríadas de bandas en los barrios ingleses copiaban sus andanzas sin ofrecer nuevo contenido, y las pocas que eludieron esta tendencia (The Pretty Things, The United States of America, The Millenium o los propios Zombies) fueron rápidamente descartadas a favor del progresivo que despuntaría al año siguiente. Sin embargo, aunque Rod Argent y compañía llegaron tarde al barco, su obra ha quedado con el paso de los años consagrada como uno de los mayores logros de la era psicodélica. ¿A qué se debió este éxito póstumo de “Odessey and Oracle”?

Fotografía: Tom Hocott

“Odessey and Oracle”: sencillez, gusto y cariño

Miríadas de bandas en los barrios ingleses copiaban sus andanzas sin ofrecer nuevo contenido, y las pocas que eludieron esta tendencia fueron rápidamente descartadas a favor del progresivo que despuntaría al año siguiente. Sin embargo, aunque Rod Argent y compañía llegaron tarde al barco, su obra ha quedado con el paso de los años consagrada como uno de los mayores logros de la era psicodélica.

Apenas comienza “Care of Cell 44” la respuesta impacta con sus olas sobre los muros de la alta torre. La voz de Colin Blunstone resulta inconfundible. Su estilo a lo Beach Boys podría acunar a una princesa, desplazarse con facilidad hacia cualquier tesitura, narrando las primeras alusiones de una carta a la amante ausente y su inminente retorno. Los guiños al be-bop y a la música surf acompañan a la enredadera en su ascenso a la jaula, y desde la ventana desenvuelven una visión casi completa del continente. El segundo sencillo más aclamado del álbum da paso a “A Rose for Emily”, en la que se dibuja una senda de hojas muertas, una valla vencida y una mecedora ausente. En éste, al igual que en otros cortes posteriores, la banda demuestra una marcada profundidad y pesimismo. La figura de una mujer se curva sobre la silla, contemplando aún con la esperanza decrépita la llegada de un carro, de una sombra. Arreglos vocales maravillosos, que acompañan el balanceo de unas patas ancianas y olvidadas. La esperanza también se hace hueco en “Maybe After He’s Gone”, acompañando la espera de un hombre que desea contemplar la desaparición de su rival para poder reconquistar a una muchacha. Tres buenos ejemplos de cómo elaborar una canción sin que resulte pretenciosa y a la vez no suponga una reestructuración de elementos.

La edición especial de contiene numerosos tracks que pueden sacar del ensimismamiento al oyente afortunado, pero nunca devolver un verano, los colores de la compañía ni mucho menos una época de caravanas, flores y encantamientos. Es una suerte que el LP no haya caído en el olvido como al principio predijo la fortuna.

Aunque una de las sorpresas más gratas que esconde la espesura de la isla es “Beechwood Park”, donde los recuerdos de la infancia se columpian junto a los loros en la cerca y oscurecen ligeramente el ambiente. Probablemente sea el corte más enigmático y complejo, y sin embargo encaja perfectamente en el conjunto. Las armonías nostálgicas y el organillo comunican con el núcleo de todos los visitantes. A lo lejos, una vez atravesada la opacidad del celaje unas velas aclaran el espectro con una inocente tonada. “Brief Candles” esconde en su nicho las manos delicadas de un niño, pero sus flores eclosionan con fuerza y convicción, soplando el flequillo de los penitentes. Convencen de no desesperar, algo parecido al rayo de luz que corta nubes en “Hung Up On a Dream”, cuyas cristalinas melodías, mellotrones y saltos de tonalidad producen imágenes en el charco, hasta que los coros infantiles sujetan las manos del observador y lo llevan entre canciones a una nueva juventud.

Changes” coincide con la llegada al poblado indígena, en el que se alternan los tambores, las vocalizaciones de los Beach Boys y la pasión de sus integrantes. Una sencilla melodía folclórica, inconfundible, que conversa con un piano íntimo, y que da paso a la comercial “I Want Her She Wants Me”, donde se desborda la esperanza. Tampoco falta ésta en “This Will Be Our Year”, que con un acompañamiento al piano muy beatlesco camina despreocupada por las baldosas de una pequeña ciudad. En la isla hay ciudades, por supuesto, y ventanas, y amigos, y una mesa plegable con flores, centenares de flores que se envían y reciben a diario. Pero también hay desgracias, como la que sucede en la antibélica “Butcher’s Tale (Western Front 1914)”, que en un aparente homenaje a la versión de The Byrds de la fabulosa “The Bells of Rhymney” se desmorona con el órgano y el sufrimiento de un aterrado soldado, convirtiéndose en otra de las rarezas del álbum y sumando puntos de calidad y originalidad.

Una inexplicable felicidad y una cruda nostalgia

“Time of the Season” figura entre los mayores éxitos radiofónicos de la historia y es una fantástica coda al mundo mágico, al mensaje final del conjunto. Misteriosa, exuberante, claramente influenciada por los Doors, anclada en la acidez de la batería y en los dos excelentes solos de organillo. Un atisbo de la estación perfecta, la época dorada.

Una creativa idea llama a la puerta, una dedicatoria a las parejas. Pero no a cualquier pareja, sino a los amigos de la banda, con sus nombres coreados y reverenciados por lo hermoso de sus uniones, su amistad y completa empatía con el resto, el verdadero corazón de la era psicodélica. “Friends of Mine” es la breve antesala al último tema, que no necesita presentaciones. “Time of the Seasonfigura entre los mayores éxitos radiofónicos de la historia, una de las quince canciones que tienes que incluir en tu recopilatorio de psicodelia, y es una fantástica coda al mundo mágico, al mensaje final del conjunto. Misteriosa, exuberante, claramente influenciada por los Doors, anclada en la acidez de la batería y en los dos excelentes solos de organillo. Un atisbo de la estación perfecta, la época dorada, cuyos acordes quedan en la memoria del somnoliento pasajero poco después de que la azafata le ofrezca un refrigerio y la isla y sus encantos no sean más que una imagen lejana, tal vez soñada, cogida de la mano de sombras, unos niños y unos jóvenes amantes.

Los únicos sentimientos probables al acabar el sonido son una inexplicable felicidad y una cruda nostalgia. La edición especial contiene numerosos tracks que pueden sacar del ensimismamiento al oyente afortunado, pero nunca devolver un verano, los colores de la compañía ni mucho menos una época de caravanas, flores y encantamientos. Es una suerte que el LP no haya caído en el olvido como al principio predijo la fortuna. Al año siguiente se debilitaba la psicodelia y Pink Floyd, King Crimson y Soft Machine creaban el progresivo. Que debiera ser así no quita que me encuentre un poco triste.

The Zombies – Odessey and Oracle

10

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Los Zombies dejaron una de las cumbres de la música psicodélica en las proximidades de su extinción, precisamente gracias a la calidad de sus canciones, al cariño con el que fueron elaboradas y a la variedad que demuestran. Las líneas vocales se entremezclan como en una fuga del barroco y recogiendo influencias de varios conjuntos contemporáneos logran un sonido propio y delicado. Recomendable para cualquier oyente.

Up

  • La calidad de las canciones, coros, y su accesibilidad.
  • La ternura y sinceridad que transmiten.
  • Los temas extra de las ediciones especiales, en la misma línea.

Down

  • La inmediata disolución del grupo o sus intentos de resurrección.