Fue toda una sorpresa recibir la noticia de esta unión artística. Los valencianos Jorge Pérez (más conocido como Tórtel) y Alberto Montero han constituido una asociación compositiva de la que resulta “Tórtel y Alberto Montero Alucinados”, cuatro canciones que llegan mientras el primero trabaja en su próximo álbum de estudio y el segundo publicaba no hace mucho “La Catedral Sumergida”, su nuevo larga duración. El epé que nos ocupa es un cruce de caminos en el que converge lo mejor de cada casa. Una simbiosis que celebramos y que, además, podría suponer una expansión más acusada de los recursos musicales que ambos artistas incorporan en cada uno de sus esfuerzos, definidos no sólo por su buen hacer, sino también por mantenerse lejos de planteamientos anquilosados.

No es difícil rastrear las aportaciones musicales de Tórtel y Alberto Montero en este trabajo. Ambos tienen una personalidad reconocible y a todas luces complementaria. Algo que no debería extrañarnos, ya que, si bien evidencian dos estilos diferentes, sí comparten un mismo espíritu musical. Revisando sus trayectorias podemos apreciar cómo los dos compositores han trabajado un folk-pop delicado que resulta fácilmente rastreable en referencias discográficas de Montero, como “Puerto Príncipe” y “Arco Mediterráneo”, y los inicios de Tórtel; antes de que este abrazara una vertiente definitivamente pop en “La Gran Prueba” y, especialmente, en el sofisticado “Transparente”. Pero lo más curioso de este EP es la manera en que se vuelven a encontrar en el subgénero desde los extremos. Mientras Alberto saca su lado más folk, solemne y trovadoresco, Tórtel propone un carácter más pop, sintetizado y luminoso. Ahí deviene la paradoja: ambos parten de sus presupuestos más característicos para dar lugar a la hibridación que virtualmente les une.

Hipnótico pop preciosista

“Tórtel y Alberto Montero Alucinados” nace de la composición y la escritura colaborativa. Del mano a mano más rotundo. Con un compositor inspirando a otro, rematando la parte de aquel o dando pie a un pasaje concreto. Completándose. Complementándose. Un trabajo 50-50 al modo de unos Lennon-McCartney 2.0 en su concepción más literal: el WhatsApp y el correo electrónico han sido las vías de comunicación de las que estos artistas se han servido para salvar la distancia física que separa Valencia de Barcelona, residencias de Tórtel y Alberto, respectivamente. Así es como la proposición de Intromúsica a Tórtel para lanzar un trabajo conjunto con un artista de su elección cristaliza en cuatro composiciones de fina orfebrería lírica y musical. Sus letras inspiran, las estrofas atrapan y los estribillos enamoran, particularmente por la sensibilidad y belleza de las armonías que estos presentan, destacando, sobre todo, en  los temas de inclinación trovera.

Lo reconozco, soy un enamorado de lo trovadoresco, del folclore tendente a lo épico, de lo medieval, o de lo que el imaginario colectivo puede percibir como tal. Me gustan los romances que Joaquín Díaz recogió del cancionero popular y las canciones que Alberto Montero tiene desperdigadas por su discografía como “En La Ciudad De La Luz”, “Cajón del Maipo”, “Manada de Árboles” y “Olvidado Rey Monkiki”, pero lo de las armonías de los estribillos que coronan “La Puerta Dibujada” es amor febril, especialmente el segundo y último, que se muestra dotado de una solemnidad de magna épica cinematográfica en la que me quiero quedar a vivir. Un cantar que es pura gesta, si se me permite el recurso fácil. Por su parte, será un sintetizador resplandeciente el que aporte la base instrumental en las estrofas a la vez que plasma el mundo mágico y onírico al que remite el texto. Folk-pop psicodélico de altos vuelos.

“Canción para Ningún Lugar” llama la atención por su luminosidad. Una composición que bien podría haber formado parte de “Transparente”, el álbum más reciente de Tórtel. Se inicia con un sintetizador minimalista y una guitarra eléctrica comedida que serán relevados según se desarrolla este tema de carácter optimista, en el cual sobresalen versos tan  llamativos como: Tu imperfección es tu poder / Todas tus faltas, tu virtud”. Destacable resulta, asimismo, la naturalidad de las transiciones que unifican las tres partes que conforman la pieza. La sencillez siempre ha sido la mejor arma con la que han contado sendos compositores, y en estos escuetos pasajes lo vuelven a poner de manifiesto. Cambian de tercio sin que apenas nos demos cuenta, de manera fluida, sin caer en toscas yuxtaposiciones que alteren la placidez de la que hace gala. La cara más electrónica, psicodélica y experimental del dúo nos la mostrarán en el escueto interludio instrumental “Animales (ambiente)”.

Girando el vinilo encontramos “Nada Será Igual”, de aire western y majestuosa epicidad. Este dúo circunstancial proyecta aquí una melodía poderosa y melancólica que una vez más brilla con una fuerza especial dadas las armonías vocales que ambos implicados interpretan en el puente. Sus voces se complementan a la perfección, y es en este punto donde mejor podemos apreciar lo compacto de la propuesta. Imagino que precisamente por eso fue elegido como carta de presentación del proyecto. Seguidamente nos introducimos en “Nosotros, los Animales”, un ejercicio similar a “Canción para Ningún Lugar”, aunque en esta ocasión con abrupta transición entre el pasaje de Tórtel y Montero. Las guitarras cristalinas y los sintetizadores serán nuevamente la base que sostenga una melodía tierna y adhesiva que se revela soleada en los tramos de Tórtel y más oscura cuando toma el micrófono Alberto Montero. Dos mundos estilísticos diferentes, dos formas de entender la música, de expresar su arte, que genera un contraste que funciona francamente bien. Cierra el epé “Coda la Puerta Dibujada”, que como su propio nombre indica, supone un epílogo derivado de aquella primera y cautivante canción que abría el plástico, cerrando así el círculo.

Sin abandonar sus respectivas zonas estilísticas de confort, Tórtel y Alberto Montero aúnan esfuerzos para alumbrar un disco cálido y luminoso, de inspiradas melodías, excelentes armonías y grandes bases instrumentales a las que también han contribuido Cayo Bellveser con el bajo, Enric Alpuz con la batería y Jesús Macià a la guitarra y teclados. “Tórtel y Alberto Montero Alucinados” es emoción, épica y optimismo, gravedad y ligereza, claroscuros que dinamizan la escucha y una sensación real de que un proyecto más sólido, algo que vaya más allá del divertimento (sea puntual o no), entre ambos compositores, podría dar lugar a un LP soberbio. La unión hace la fuerza, y las directrices están marcadas.