Me imagino a un Pucho siniestro que lee esta reseña mientras acaricia a su gato en una alta y negra torre en mitad de la penumbra tormentosa de un lugar desconocido. La luz de la pantalla ilumina su sonrisa torcida mientras piensa: “todo va según lo previsto”. Se ríe a carcajadas al ver cómo todos bailamos cuales marionetas al dictado de sus dedos y bebe champán patrocinado por Sony, porque coño, sigue siendo el rey y hay que empacharse mientras uno pueda. Dura mucho la borrachera idolesca del madrileño (más de lo que muchos se esperaban) y lo cierto es que no es de extrañar teniendo en cuenta que C. Tangana no ha parado de currar desde que firmara “el contrato más caro en España de to’ el gremio” y lanzara su primer LP dejándonos fríos con un “Ídolo” a medio construir que, pese a todo, ha conseguido mantenerle en la cresta de esa ola que le permitió mecerse hacia su siguiente golpe de mercado de un modo relativamente fluido.

“Avida Dollars”: el anti-“Ídolo”

Si antes se exhibía con un cartel gigante en mitad de Gran Vía y se las daba de artista contemporáneo con un trabajo visual y musical de aspiraciones conceptuales, en esta ocasión C. Tangana se deja ver a través de grabaciones de estética analógica y aparece con cara de sábado trasnochado en carteles encolados sobre muros medio derruidos. Hay que elogiar su visión comercial, demostrando que es un superdotado de todas esas modernuras en inglés que se traducen en una sola palabra: dinero.

Las cosas han cambiado, porque Antón es los suficientemente listo como para no repetirse. Si antes se exhibía ostentosamente con un cartel gigante en mitad de Gran Vía y se las daba de artista contemporáneo con un trabajo visual y musical de aspiraciones conceptuales, en esta ocasión C. Tangana se deja ver a través de grabaciones de estética analógica y aparece con cara de sábado trasnochado en carteles encolados sobre muros medio derruidos. También manda un ejército de macarras con máscaras tanganeras a liarla por Madrid, porque si algo se le da bien a Pucho es eso de hacer ruido, y ruido ha querido hacer con el lanzamiento semi-inesperado de su nueva creación Avida Dollars, trabajo con el que se sube al carro de los artistas que lanzan discos a medias canjeando el dudoso título de ‘disco de descartes’ por el más glamuroso nombre de ‘Mixtape’. De nuevo, hay que elogiar la visión comercial de un joven que está probando ser todo un superdotado del marketing, el ‘brand building’ y todas esas modernuras en inglés que se traducen en una sola palabra: dinero. Por desgracia y como ya demostró, esto no significa que el producto esté a la altura del anuncio.

Fotografía: Promo

Una mezcla de ficción y realidad que ha demostrado traer dividendos bastante lucrativos

La fuerza de C. Tangana reside en su capacidad para crear imágenes y lemas memorables que funcionan pese a su sencillez. Su debilidad, sin embargo, se encuentra en la tendencia a tratar a su público como si fuera idiota, destripando cada una de las ideas que expone y desproveyéndolas por tanto del misterio del que pretende rodearse. Lo da mascado, repitiendo sus arengas y recordándonos cómo se está aprovechando del mercado.

Lo más gracioso de todo esto es que no estoy diciendo nada que él mismo no diga, porque no se puede ser más explícito que C. Tangana cuando nos recuerda que si “No sabes escribir no pasa ná porque “Si quieres ser un G ties que saber contar. Yo, a decir verdad, no estoy totalmente de acuerdo, no al menos si esto se lo aplica a él mismo, porque siempre he dicho y diré que C. Tangana tiene potencial lírico y musical suficiente, quizás más incluso de lo que él cree. El problema es que no lo dirige a su música, o al menos no al 100%. Ejemplo de esto es Baile de la Lluvia”, tema que constituye, como quien dice, el manifiesto de la filosofía de mercado con la que Pucho viene martilleándonos desde que empezaron a lloverle los ‘dollars’ gracias a “su baile, su baile”. Hay un número limitado de cosas que uno puede decir en un tema de tres minutos, siendo éste directamente proporcional a la calidad del escritor que condensa sus ideas en versos cargados de significado. La fuerza de C. Tangana reside en su capacidad para crear imágenes y lemas memorables que funcionan pese a su sencillez. Su debilidad, sin embargo, se encuentra en la tendencia a tratar a su público como si fuera idiota, destripando cada una de las ideas que expone y desproveyéndolas por tanto del misterio del que pretende rodearse. Lo da mascado, repitiendo una de sus arengas tras otra y recordándonos cómo se está aprovechando del mercado gracias a su destreza navegando “el arte de los negocios” y oponiéndose a “los años hippies” (sea lo que sea que ese periodo comprenda). Sí, lo hemos pillado, tu música tiene mensaje. La pregunta es: ¿acaso es de lo único que sabes hablar?

Hay dinero y fama aquí, pero aparecen de un modo callejero y sucio que, si bien peca en ocasiones de pretencioso, resulta infinitamente más real y visceral que las provocaciones esterilizadas del C. Tangana nasal de hace unos meses. ¿El motivo? Difícil de determinar, aunque seguro que algo tiene que ver con el soplo de aire fresco que supone la adición de productores que añaden presencia y cuerpo al madrileño.

Parece que no, y es de agradecer teniendo en cuenta lo cuesta arriba que se hacía el monotemático “Ídolo” en cada uno de sus temas, reincidentes siempre en el mismo estereotipo de ídolo unidimensional. Hay dinero y fama aquí, no nos llevemos a engaño, pero aparecen de un modo callejero y sucio que, si bien peca en ocasiones de pretencioso, resulta infinitamente más real y visceral que las provocaciones esterilizadas del C. Tangana nasal de hace unos meses. ¿El motivo? Difícil de determinar, aunque seguro que algo tiene que ver con el soplo de aire fresco que supone la adición de productores que, como Steve Lean, añaden presencia y cuerpo a un C. Tangana más violento quien, nos recuerda, aún rapea, como canta en el puñetazo de Still Rapping. El productor barcelonés añade una oscuridad en la que Pucho se ve favorecido, volviendo a atacar el par en Sangrepara generar una de las atmósferas más inquietantes del trabajo. Adquiere éste un nivel de dramatismo que no llegan a igualar ninguno de los otros cortes, ya sea porque Pucho se empeña en hacerse el llorón con un estribillo repetitivo y un tono irritante como el de Na de Nao porque es demasiado vago para empujar más allá de la barrera de los dos minutos temas como Cabernet Sauvignon, un esquemático pero potente corte que revisita (con toda la intención) su parte más Crema para guiñarnos desde su avión y reírse un poco de todos los que le echan en cara su comercialización.

Si bien esta vez el resultado supera de lejos al monótono y tortuoso “Ídolo”, vuelve a caer en el esquematismo y la superficialidad que cristalizan en temas contundentes pero perezosos, potencialmente placenteros, pero prácticamente subdesarrollados. C. Tangana presume de aprovecharse de la industria, depredadora, rápida, asesina; pero sin darse cuenta cae en sus mecanismos, en la tendencia de crear comida rápida para el consumo de usar y tirar.

La oscuridad momentánea contrasta bien con las partes más brillantes del tracklist, estratégicamente colocadas en piezas como Cuando Me Miras. Veraniego y contagioso, el corte se cuelga otra de esas acertadas imágenes de C. Tangana (“La cama es un ring) y nos lleva a una época pre-“Ídolo” en la que Pucho era capaz de salir de su propio culo para escribir canciones pop que se adhieren al cuerpo como crema solar y que completan la imagen y figura de un ídolo narcisista que, irónicamente, gusta más cuando deja su discurso autoconsciente y nos cuenta, para variar, otras historias. Ejemplo de esto es también Llorando en la Limo, canción destinada a convertirse en clásico gracias a la combinación ganadora C. Tangana/Alizzz y a las lágrimas de cocodrilo de un Pucho que actúa fatal pero que sabe provocar cierta empatía y ternura, especialmente si le aúpa Alizzz con otra de sus pegadizas y maravillosas creaciones. No se puede decir lo mismo de Pussy Call, en la que C. Tangana vuelve a embarrar su voz con ese innecesario sube y baja, un gallo digital que termina por hacerse insoportable y pone un punto seguido agridulce que el bonus track Siempre Quise Todo apenas consigue remediar con su anecdótica aparición al final de “Avida Dollars”.

Este trabajo deja, en definitiva, sentimientos encontrados, algo que no mejoran los escasos dos minutos alrededor de los cuales se mueve la longitud de casi todos los temas. Sí, es de agradecer en los cortes más sufribles (que los hay), pero también se lamenta en los momentos de lucidez, dejándonos con ganas de más, insatisfechos, cabreados. C. Tangana ha vuelto ha enfocarse más en la pompa que rodea a su música que en la música misma y, si bien esta vez el resultado supera de lejos al monótono y tortuoso “Ídolo”, también es cierto que lo hace por los pelos en algunos aspectos, especialmente teniendo en cuenta que vuelve a caer en el esquematismo y la superficialidad que cristalizan en temas contundentes pero perezosos, potencialmente placenteros, pero prácticamente subdesarrollados. Son meras demos, simples descartes. C. Tangana presume de aprovecharse de la industria, depredadora, rápida, asesina; pero sin darse cuenta cae en sus mecanismos, en la tendencia de crear comida rápida para el consumo de usar y tirar. Recoge hoy en vez de sembrar para mañana. El problema es: ¿hasta cuándo aguantará la cosecha?

C. Tangana – Avida Dollars

6.1

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C. Tangana es un culo inquieto. Tiene que serlo si quiere seguir en el pedestal en el que se mantiene gracias a una mezcla de ficción y realidad que ha demostrado traer dividendos bastante lucrativos desde que firmara el “contrato más caro en España de to’ el gremio”. De eso va “Avida Dollars”, una mixtape que evita ciertos errores y hunde el pie aún más profundamente en otros, dejando un regusto amargo en el oyente insatisfecho.

Up

  • Agresividad, contundencia y cierta oscuridad.
  • Variedad en la producción que, sin desbancar a Alizzz, proporciona algo de frescura a un C. Tangana muy visto.
  • No es para tirar cohetes, pero al menos la repetición del monotema de “Ídolo” da aquí paso a cierta apertura en temas y estilo.

Down

  • Temas cortos, apenas desarrollados y escasamente sorprendentes.
  • Nefasta decisión en lo que respecta a la voz de C. Tangana, que puede hacerse muy irritante en ocasiones.
  • La burbuja publicitaria del madrileño vuelve a flotar por encima de sus posibilidades.