Me gusta mucho volver a visitar los primeros trabajos de un artista cuya carrera ya ha tenido un recorrido lo suficientemente largo como para poder tratarlo de veterano. Especialmente si es un artista contemporáneo con el que yo también voy creciendo. Tiene cierto toque de nostalgia e incluso sorpresa ver cómo percibes un trabajo al que vuelves después de un tiempo sin haberlo escuchado. Lo que antes te podía parecer increíble o un punto álgido en la trayectoria del autor en cuestión ahora puedes verlo como una obra prematura, lo cual no quiere decir que pierda calidad, sino que eres consciente de lo mucho que le quedaba a ese artista por dar de sí. Me pasa por ejemplo con Ty Segall. Quién iba a pensar que después de “Melted”, “Twins” o “Slaughterhouse” iba a ser capaz de hacerse un “Manipulator” o un “Freedom’s Goblin”. Pero es la evolución natural de un artista que no se conforma con lo que ya ha conseguido y que siempre tiene la mirada puesta en el futuro. Ese es el caso, también, de Alex Turner.

El fenómeno Arctic Monkeys, uno de los más sonados de los últimos años, no sólo levantó un buen número de fans, sino que también se ganó sus propios haters, entre los que figuraba por aquel entonces un Thom Yorke a quien el grupo de Sheffield no parecía caerle en gracia. Muchos lo tildaron de un hype injustificado, de un grupo ramplón como él solo destinado a la sobreexplotación y la repetición de su fórmula hasta caer en el olvido. No es de extrañar: sus dos primeros discos no eran particularmente enrevesados en ningún sentido (aunque tampoco lo necesitaban) y sus canciones veloces y de melodías poco rebuscadas buscando apresuradamente un estribillo con el que hacer gritar al público parecían indicar que el grupo había encontrado un lugar cómodo del que no necesitaba salir.

Pero, con el paso de los años, Alex Turner ha ido demostrando, tal y como decía en aquel debut de los monos, que cualquier cosa que dijera la gente sobre él es lo que no era, a base de mutar una y otra vez. Quien al principio parecía un chaval sin demasiadas inquietudes musicales aparte de juntarse con su banda a dar guitarrazos ha crecido y ha desarrollado unas capacidades que al comienzo de su carrera sencillamente eran un embrión. Todo cambió cuando, durante 2007 y girando con los monos, conoció a Miles Kane, músico coetáneo de su misma ciudad que por aquel entonces andaba metido en un par de proyectos a medio camino entre el revivial y el indie moderno de la década de los 2000.

Alex y Miles conectaron desde el primer momento y vieron ahí el comienzo de una amistad que sigue vigente a día de hoy. Pero si de algo sirvió esa amistad fue para que ambos músicos fueran un paso más allá en su carrera. Casi sin querer, de forma natural, ambos comenzaron a escribir canciones juntos y decidieron emprender un proyecto que hoy en día ya es conocido de sobra por los fans: The Last Shadow Puppets.

Algo más que un homenaje a los sesenta

El productor James Ford y Owen Pallett ayudaron a construir el concepto que Alex Turner y Miles Kane tenían en mente: un disco de chamber-pop barroco homenajeando e inspirado por Scott Walker, los primeros discos de David Bowie, The Electric Prunes y la banda sonora de The Good, The Bad and The Ugly de Ennio Morriconne. De ahí nacería “The Age of the Understatement”.

Una vez fueron conscientes de la química que había entre ellos a la hora de escribir canciones y de las posibilidades que tenían juntos el dúo decidió contar con la ayuda de James Ford, quien había producido “Favourite Worst Nightmare” (el segundo disco de Arctic Monkeys), y de Owen Pallett, músico y arreglista crucial para el concepto que tenían en mente: un disco de chamber-pop barroco homenajeando e inspirado por Scott Walker, los primeros discos de David Bowie, The Electric Prunes y la banda sonora de The Good, The Bad and The Ugly de Ennio Morriconne. De ahí nacería “The Age of the Understatement”.

Las sesiones de grabación tuvieron lugar durante agosto de 2007 en los Black Box Studios franceses y en los RAK Studios de Londres, sesiones en las que también participarían una de las piezas clave que definirían el disco y al grupo: la London Metropolitan Orchestra. El resultado en “The Age of the Understatement” es un trabajo elegante y clásico desde el primer minuto. Miles Kane ya tenía experiencia con el pop de aires sixties gracias a su banda The Little Flames, pero para Alex Turner alejarse del garage-revival y del indie-rock acelerado de los Arctic era algo completamente nuevo que abría un montón de caminos a explorar tanto en el apartado musical como en cuanto a letras.

El primer gran punto de inflexión en las carreras de Alex Turner y Miles Kane

“The Age of the Understatement” es un trabajo elegante y clásico desde el primer minuto. Miles Kane ya tenía experiencia con el pop de aires sixties gracias a su banda The Little Flames, pero para Alex Turner alejarse del garage-revival y del indie-rock acelerado de los Arctic era algo completamente nuevo que abría un montón de caminos a explorar tanto en el apartado musical como en cuanto a letras.

El disco arranca con “The Age of the Understatement”, una suerte de western moderno en el que Alex y Miles nos hablan de una femme fatale capaz de poner sus vidas patas arriba mientras sus versos plagados de metáforas y descripciones muy recargadas (“And she was walking on the tables in the glasshouse / Endearingly bedraggled in the wind / Subtle in her method of seduction / Twenty little tragedies begin) cabalgan a lomos de una orquesta que a veces casi parece llevar sus propias riendas. Es curiosa la evolución que dos músicos tan jóvenes mostraron con un disco como este, en el que canciones como “Standing Next to Me” parecen compuestas por adultos que han vivido miles de experiencias y no por dos chavalines que acababan de entrar en la veintena. La versión más amarga de los Beatles de “Girl” resuena en esta pieza que lidia con el miedo a afrontar el fin de una relación, tema central del álbum que se repite en la mayoría de canciones: “As desire passes through, then you’re open to the truth / I hope you understand / And your love is standing next to me / Is standing next to me.

El debut de The Last Shadow Puppets es toda una declaración de intenciones, la prueba de que Alex y Miles tenían más inquietudes de lo que la gente pensaba por aquel entonces, atreviéndose con un vals épico en “Calm Like You” y otro falso vals fatídico en “Separate and Ever Deadly”, piezas en las que además demuestran una evolución en su forma de cantar respecto a sus trabajos anteriores. Mientras, “The Chamber” –primera canción que compusieron juntos– presenta un constante juego de voces en el que dejan a un lado las rupturas amorosas para hablar del daño que se hacen a sí mismos recurriendo a pensamientos autodestructivos repetidamente: “Cornered by yourself / You said you must admit that you are the instigator).

El paso del tiempo ha borrado un poco lo que significó en su momento un registro como este para dos artistas que todavía se encontraban en una fase bastante prematura a pesar de haber alcanzado relativo éxito con sus respectivos grupos. En palabras del propio Alex Turner, “The Age of the Understatement” supondría (además del nacimiento de una gran amistad) el germen de “Humbug” y el futuro de Arctic Monkeys.

Tras “Only the Truth”, tema con aires de banda sonora de James Bond, llega uno de los momentos álgidos del disco: “My Mistakes Were Made for You”. Esta canción queda relegada en su totalidad a un Alex Turner que se viste de crooner para relatar, una vez más, el curso de una relación destinada al fracaso. La orquesta aquí se muestra en un segundo plano para recobrar su protagonismo en “Black Plant”, pieza que inicia la senda más oscura del disco junto a “I Don’t Like You Anymore” e “In My Room”, composiciones llenas de suspense con un alto componente descriptivo que aportan ese toque peliculero constante a lo largo del elepé.

Pero si hay un tema en el que culminan todas las ideas de este trabajo es “The Meeting Place”. Una introducción orquestal muy evocadora (como si se tratase de una película de Disney) introduce la guitarra y la voz de Miles Kane, quien pronto vuelve a ese intercambio de frases con Alex, cantando cada uno una estrofa diferente y uniéndose en el estribillo. La canción, sin embargo, vuelve a tocar una relación entre un chico y una chica que acaba de llegar a su fin. Ese punto de encuentro es el lugar en el que ella lo ha dejado y a la vez una metáfora como símbolo del fin de la relación, describiendo cómo él, con el corazón roto e incapaz de superarlo, la sigue esperando y sigue soñando cada noche con ella: “He’s crying out from the meeting place / He’s stranded himself there / ‘I’m sorry I met you, darling, I’m sorry I met you’”. Alex se encarga de cerrar el disco en “Time Has Come Again” con poco más que su voz y la guitarra para entonar un último lamento que finaliza de forma melancólica, con un protagonista que sigue sin ser capaz de apartar los pensamientos dañinos de su mente ni de superar su ruptura (“The time has come again / Slowly walking down the steps / To where she would have been / If only they were seventeen).

Creo que el paso del tiempo ha borrado un poco lo que significó en su momento un registro como “The Age of the Understatement” para dos artistas que todavía se encontraban en una fase bastante prematura a pesar de haber alcanzado relativo éxito con sus respectivos grupos. Para Miles, tras su paso por The Little Flames y The Rascals, este trabajo fue el empujón que necesitaba para iniciar su carrera en solitario y sacar a relucir su carisma sobre el escenario, mientras que para Alex supuso una auténtica evolución tanto en la faceta lírica (mucho más introspectiva, narrativa y, por qué no decirlo, poética), como en la musical (mucho más melódica, menos urgente y apartada de la típica estructura de hit radiofónico). “The Age of the Understatement”, en palabras del propio Alex, supondría además del nacimiento de una gran amistad el germen de “Humbug” y el futuro de Arctic Monkeys. El resto es, como suele decirse, historia.

The Last Shadow Puppets – The Age of the Understatement

8.8

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En 2008, la amistad entre Miles Kane (miembro de The Rascals y The Little Flames) y Alex Turner (líder de Arctic Monkeys) daba su fruto en un trabajo conjunto alejado de lo que habían hecho hasta entonces y acercándose al chamber-pop sinfónico con la ayuda de James Ford, Owen Pallett y la London Metropolitan Orchestra. Un disco con aroma clásico y el primer gran punto de inflexión para la carrera de ambos artistas.

Up

  • La elegancia, el gusto melódico, el aroma a los sesenta, la épica melancólica y el carácter poético de las letras.
  • La orquesta y el buen hacer de Owen Pallett, pieza clave de este trabajo.
  • La evolución de Alex y Miles como vocalistas y letristas y la perfecta simbiosis de sus voces.

Down

  • Algún tema como “I Don’t Like You Anymore” no llega a la genialidad del resto.