Pasaban cuatro años desde que Green Day habían publicado uno de los trabajos más grandes de su carrera, la ópera rock “American Idiot”, el álbum conceptual que puso a la banda de Billie Joe Armstrong, Mike Dirnt y Tré Cool en el centro del panorama musical a principios del presente siglo. Una obra que revitalizó su carrera musical, a la sazón, en horas bajas, y con la que se reconciliaron con su público de base, amén de conseguir atraer un aluvión de nuevos seguidores. El proyecto les llevó por una extenuante gira a lo largo y ancho del globo, a cuyo fin sería adaptado para ser representado en el teatro. El grupo estaba en la cima de la popularidad y la crítica y los fans esperaban ansiosos un nuevo largo a la altura de las expectativas. La publicación de un nuevo proyecto llegaría el 22 de abril de 2008, aunque distaba en mucho de la idea que todos teníamos en mente. El conjunto había vuelto a sorprender.

El trío de Oakland junto con Jason White y Jason Freese (músicos de apoyo para las giras de Green Day) y el cantante y guitarrista de la banda de rock alternativo Prima Donna, Kevin Preston, formaron el grupo Foxboro Hot Tubs en 2007. No era la primera vez que Green Day se embarcaban en un proyecto paralelo para dar rienda suelta a su creatividad alejada de los parámetros musicales de Green Day. Ya lo hicieron con The Network en 2003, cuando, como personajes enmascarados, publicaron “Money Money 2020”. Como en aquella ocasión, también querían mantener la identidad de los integrantes del nuevo conjunto, por lo menos al principio, en el anonimato.

Los más avezados no tardaron en identificar las personalidades de los músicos frente al escepticismo de muchos otros. En la página Idiot Club (ahora Idiot Nation), foro oficial de fans de Green Day, el nuevo grupo había dejado enlaces a su perfil en la red social musical MySpace, donde se encontraban alojadas tres canciones de la banda en ciernes. Tras escuchar la característica voz de Billie Joe en los temas, no hubo lugar a la duda. Construida la página web de Foxboro Hot Tubs, la banda puso a disposición de los usuarios seis cortes de forma gratuita: “Stop Drop and Roll”, “Mother Mary”, “Ruby Room”, “Red Tide”, “Highway 1” y “She’s a Saint Not a Celebrity”. Las seis primeras canciones del futuro elepé, Stop Drop and Roll!!!, que estaría conformado por un total de doce piezas.

El 10 de abril de 2008 la banda mandaría un comunicado a la cadena musical MTV para aclarar: “La única similitud entre Foxboro Hot Tubs y Green Day es que somos la misma banda”. Podríamos considerar que la banda surgió como una forma de distanciamiento del trabajo formal de los chicos con la que divertirse y divertir, dejando al margen la responsabilidad que conlleva ser miembro de una de las bandas más importantes del momento. “Amamos tocar y ser espontáneos, después de unas pocas improvisaciones en horario nocturno y demasiadas botellas de vino”, declararía el frontman del grupo a NME. Volverían a sentir el calor del público tocando en pequeños locales mientras corría el alcohol, Billie Joe se lanzaba por encima de su público y este invadía el escenario para cantar con el grupo. Una forma de regresar a los orígenes, partir de cero, en un anhelo por rememorar las actuaciones íntimas del club 924 Gilman Street, donde emprendieron su andadura punk bajo el nombre primigenio de Sweet Children.

“Stop Drop and Roll”: la mejor banda sonora para una calurosa noche de verano

Una forma de regresar a los orígenes, partir de cero, en un anhelo por rememorar las actuaciones íntimas del club 924 Gilman Street, donde emprendieron su andadura punk bajo el nombre primigenio de Sweet Children.

Quizás por ese deseo de sentir las emociones de juventud se nominaron, consciente o inconscientemente, de forma tan peculiar. Foxboro alude al barrio en el que Billie Joe, junto con su amigo y bajista Mike Dirnt, se colaban en las propiedades de los vecinos para bañarse en sus jacuzzis (hot tubs). Acciones desenvueltas de una etapa inocente que bien se podrían vincular con el procedimiento compositivo del álbum: “Escribimos canciones a medida que avanzamos, sobre la marcha, rápida y espontáneamente”, manifestaba Billie Joe a Rolling Stone. De esta manera surgieron doce composiciones sencillas, superficiales, divertidas, enérgicas y directas. Un disco dominado por las guitarras, inspirado en el garage-rock de los sesenta, grabado en condiciones de directo y en ocasiones elaborado, seguramente a propósito, a partir de melodías y riffs de algunos de los temas más populares de la década.

El éxito de la condición despreocupada de Green Day

Puro rock que nos descubre una nueva faceta musical, alejada del imaginario sonoro al que los creadores de “Dookie” y “American Idiot” nos tenían acostumbrados, en la que tan bien se desenvuelven y que constituye el germen de lo que cuatro años más tarde se editaría como “¡Dos!”, el segundo álbum de la trilogía que Green Day lanzaron a finales de 2012.

Comienza el disco con Stop Drop and Roll, la pista que da nombre al álbum y que nos introduce en el ambiente sonoro que se desarrollará a lo largo del LP. El grupo despliega todo su potencial, haciendo gala de un sonido llamativo e insistente, en la que es una de las canciones más destacadas del álbum. Un riff de guitarra sencillo y enérgico nos lleva al primer uh!”, con el que nos percatamos de qué va la cosa. Foxboro Hot Tubs han venido únicamente para divertirse, y nosotros con ellos. Así de explícito nos lo muestra la letra. Mientras los coros entonan I don’t wanna go down”, la voz principal revela Gonna lose control / So stop drop and roll!”.

Sin dilación llegamos a Mother Mary, el primer single de la banda que, contra todo pronóstico, alcanzó el número 16 en las listas de éxitos de Billboard. Un corte que atenúa el sonido salvaje del track anterior para entonar unos versos más íntimos en relación a una canción de amor y ternura. Llama la atención los coros que se presentan al final de cada estribillo, los cuales nos evocan el estilo doo-wop, tan presente en la Norteamérica de los ‘50. Pero si hay algo especialmente singular en esta pista es el bajo, ejecutado con maestría por Mike Dirnt, el cual tiene una fuerte presencia en esta mezcla. Nos encontramos después con Ruby Room, una canción nuevamente enérgica en la que es destacable el papel del sintetizador a cargo del multiinstrumentista Jason Freese. Este actúa a modo de llamada-respuesta en las estrofas, interpretando una sucesión descendente de tres notas que también se repetirán a lo largo del estribillo, tomando especial protagonismo en la parte final de la canción. No podemos pasar de la pieza sin antes mencionar el exuberante solo de guitarra a cargo de Kevin Preston. Una delicia para los oídos.

Los guiños a las diferentes canciones del subgénero en cuestión hacen divertida la escucha y localización de los temas a los que remite, reciclándolos y dotándolos de actualidad y frescura (si es que alguno hubiera envejecido mal).

Escuchando Red Tide apreciamos como el conjunto baja de nuevo el ritmo y comenzamos a relacionar algunas de las composiciones de este disco con determinados éxitos de la década a la que mira este larga duración. No cabe duda de que la canción está inspirada en el “Tired of Waiting for You” que popularizarían The Kinks a principios de 1965. Un tema que, además, fue versionado por Green Day y publicado como cara B del single “Basket Case” en 1994, amén de incluirla en “Shenanigans”, el álbum recopilatorio de covers, caras B y rarezas que en 2002 editaba el trío de Oakland. Nos topamos a continuación con Broadway, la canción que sustituyó a “Highway 1” y que finalmente no apareció en el plástico. Este quinto corte posee un ritmo pesado que nos lleva a través de la estructura propia de un blues de doce compases, aunque el tema no se somete al estándar en la última frase. El solo de guitarra derrocha fuerza y energía en cada ataque de púa que afronta el guitarrista Jason White para, súbitamente, experimentar una desaceleración envuelta en un tranquilo silencio en el que resuena el eco de unas congas inquietantes que nos llevará de vuelta al poderoso sonido del conjunto instrumental.

El júbilo nos invade enShe’s a Saint not a Celebrity. Una canción directa y bien resuelta que lo tiene todo para hacernos vibrar a base de guitarrazos electrizantes, siendo el solo su mejor baza. Melódicamente no es gran cosa, pero es efectiva dada su simpleza. En lo que al tema sucesivo respecta, Sally rememora el (I’m Not Your) Steppin’ Stone que The Monkees grabaron en noviembre de 1966, cuando hicieron una versión de la grabación original que seis meses antes había publicado Paul Revere & the Raiders. Esta similitud se puede apreciar de forma manifiesta en casi todos los elementos y giros que componen la canción, desde las estrofas a los estribillos con fuertes cambios de ritmo, las armonías vocales y el uso del órgano electrónico en su papel de sustento armónico. La diferencia más palpable está en el solo de guitarra de Foxboro Hot Tubs, el cual es bastante más feroz que el interludio de órgano resuelto por la banda televisiva. Otro tema muy familiar es Alligator, en este caso con una estructura, instrumentación, ritmos, melodías y armonías calcadas al éxito de 1964 con el que el grupo británico The Kinks alcanzó la fama, “You Really Got Me”. Poco más hay que añadir.

Una mezcla explosiva de inmediatez y ausencia de conceptos ambiciosos

Doce composiciones sencillas, superficiales, divertidas, enérgicas y directas. Un disco dominado por las guitarras, inspirado en el garage-rock de los sesenta, grabado en condiciones de directo y en ocasiones elaborado, seguramente a propósito, a partir de melodías y riffs de algunos de los temas más populares de la década.

Y llegamos al noveno corte del disco, para el arriba firmarte, el más inspirado del álbum. Una súbita batería será la encargada de iniciar The Pedestrian, a la que no tardarán en sumarse una guitarra de ritmo contagioso y un fantástico bajo. Pero será una melodía tremendamente efectiva y pegadiza la que dé el golpe de gracia a la composición dada su sensibilidad e inocencia. En lo que al solo de guitarra respecta, se trata de la ejecución solista más larga del disco. Un pasaje excepcional interpretado por White que hace las delicias de los aficionados al cantar de la seis cuerdas. Por su parte, en 27th Ave. Shuffle encontramos un riff de guitarra que recuerda a “Run, Run, Run”, la canción que en 1966 abría el segundo trabajo de The Who (“A Quick One”). Aquí nos muestran el buen partido que se le pueden sacar a dos acordes y unos buenos coros surf. No hacen falta muchos más elementos para tenernos a la expectativa en una segunda escucha y deseosos de corear la frase “Falling from behind”. El buen rollo aumenta exponencialmente, a pesar de que ya estaba a una buena altura.

Siguiendo de forma ordenada la disposición de las pistas del álbum hallamos la pausada Dark Side of Night. Una pieza singular de aire amateur que deja de lado la electricidad para sustentarse sobre una guitarra acústica. Especialmente destacable resulta la incorporación de una flauta travesera que se erigirá en la protagonista melódica de la canción, siendo esta, quizá, la primera vez que aparece dicho instrumento en el catálogo de los californianos. En otro orden de cosas, mencionar que las estrofas se revelan inspiradas en las del tema “Heart Full of Soul” que The Yardbirds publicaron en junio de 1965. Se cierra el disco con la intensidad y energía de Pieces of Truth. Desfilan por nuestro oídos riffs contagiosos tanto en la guitarra rítmica y el bajo como en los punteos de la solista, una batería potente y un órgano bastante notorio. Seguramente el álbum no hubiera tenido un mejor final. Mención especial merece el excepcional solo de guitarra que Kevin Preston introduce en el centro de la pieza, y que da paso a un nuevo estribillo que apaga la música para, sin apenas tregua, volver con un salvaje solo de saxofón efectuado por Jason Freese. El estallido musical definitivo que pone la guinda a esta excepcional composición.

Antes de terminar, y a modo de bonus track, es preciso reseñar Highway 1”, la canción que no entró en el álbum en favor de “Broadway”. Un trallazo compuesto por cuatro acordes que acompañan a una melodía indomesticable que grita ferozmente I’m alive!”. El órgano electrónico, una vez más, sirve de colchón armónico al tema, aunque lejos de las notas tenidas de anteriores composiciones en este momento escuchamos una ejecución ágil y ornamentada, especialmente en los estribillos. De esta manera nos deleitamos ante doce canciones más una de puro rock que nos descubre una nueva faceta musical, alejada del imaginario sonoro al que los creadores de “Dookie” y “American Idiot” nos tenían acostumbrados, en la que tan bien se desenvuelven y que constituye el germen de lo que cuatro años más tarde se editaría como “¡Dos!”, el segundo álbum de la trilogía que Green Day lanzaron a finales de 2012.

Foxboro Hot Tubs – Stop Drop and Roll!!!

8.5

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Mientras el mundo esperaba la continuación del aplaudido “American Idiot”, los miembros de Green Day se rodeaban de colaboradores habituales y amigos para sorprender con un álbum garajero inesperado, repleto de guiños a canciones de los sesenta que se aleja mucho del estilo de su producción habitual. Un divertimento repleto de canciones enérgicas e inmediatas, concebido sin la más mínima pretensión y con ganchos por doquier.

Up

  • La inmediatez del álbum. Grabado rápido, en condiciones de directo y sin más ambición que la de pasárselo bien.
  • Los guiños a las diferentes canciones del subgénero en cuestión. Hacen divertida la escucha y localización de los temas a los que remite, reciclándolos y dotándolos de actualidad y frescura (si es que alguno hubiera envejecido mal).
  • Canciones repletas de melodías y riffs contagiosos, de potencia y energía, que nos sumen en un entorno sonoro del que no queremos salir.

Down

  • Que no hayan dado continuidad a este proyecto.