Dos jóvenes de Tijuana que, aún en trámites de aprender a tocar la guitarra y la batería respectivamente, deciden formar un grupo de noise-pop. Así contada, la historia de Amor Amezcua y Estrella Sánchez no parece muy diferente a la de cualquier grupo amateur haciendo ruido en un garaje y, sin embargo, ¿cuántos pueden decir que con sólo dos años de existencia ya formaban parte del mastodóntico cartel de Coachella? Ellas desde luego sí, porque su historia ha sido una de imparable ascenso desde que publicaran aquel bien titulado “Primeras Salidas” que las catapultaría al circuito estadounidense y las convertiría en uno de esos grupos promesa en el que todos depositan sus esperanzas, esperando de todo corazón que no sea un simulacro.

Abandonada ya la adolescencia dream-popera en la que se desenvolvían con dulzura y cierta coquetería, se zambullen ahora en las oscuras profundidades del noise y el shoegaze

Es un trabajo oscuro y reflexivo, lento de escuchar y difícil de olvidar pese a ser instrumental casi en su totalidad. Voces atrapadas en cuerdas de guitarra y memorias encerradas en cantos fantasmagóricos se unen para traer un LP contundente, macerado en barrica.

Pese a su corta existencia como grupo, Mint Field parecen haber crecido lo indecible, convirtiéndose en poco tiempo en una formación madura que poco o nada tiene que ver con las voces trémulas y los acordes indecisos de sus inicios. Abandonada ya la adolescencia dream-popera en la que Amor y Estrella se desenvolvían con dulzura y cierta coquetería, se zambullen ahora en las oscuras profundidades del noise y el shoegaze con “Pasar de las Luces”. Es este un trabajo oscuro y reflexivo, lento de escuchar y difícil de olvidar pese a ser instrumental casi en su totalidad. Voces atrapadas en cuerdas de guitarra y memorias encerradas en cantos fantasmagóricos se unen para traer un LP contundente, macerado en barrica, que sienta una base sólida para un futuro, sin duda, interesante.

Fotografía: María Fernanda Molins

“Pasar de las Luces”: un sueño mudo

El mundo semioscuro de las mexicanas está caracterizado por sonidos desparramados por la mezcla como conformando una pintura abstracta en la que las voces no hacen más que añadir texturas poco previsibles, a veces a modo de violines con cuerdas vocales que transmiten drama y melancolía, otras veces convirtiéndose casi en theremines de carácter extraterrestre que se acaban perdiendo en el clamor de batallas distorsionadas.

Iba caminando, estaba lloviendo y el parque parecía no tener fin”. Es una de las pocas veces que escuchamos una frase inteligible, en este caso para crear una imagen que nos introduce en el mundo semioscuro de las mexicanas, caracterizado por sonidos desparramados por la mezcla como conformando una pintura abstracta en la que las voces no hacen más que añadir texturas poco previsibles, a veces a modo de violines con cuerdas vocales que transmiten drama y melancolía, otras veces convirtiéndose casi en theremines de carácter extraterrestre que se acaban perdiendo en el clamor de batallas distorsionadas como la de “Párpados Morados”, épica pero siempre con la mesura del creador con buen gusto.

Quizás lo más fascinante sea la facilidad con la que Mint Field viajan de lo etéreo a lo sólido, convirtiéndose en aire en temas como “Nostalgia”, “Viceversa” o el susurro musical de “Temporada de Jacarandas”; sin olvidarse, eso sí, de volver siempre a su lado más terrenal e incluso embarrado como hacen en “Cambios del Pasar” o en la frenética “Club de Chicas”. En ocasiones Sigur Ros, frecuentemente My Bloody Valentine, a veces Joy Division e incluso puede que cortes como “Nada es Estático y Evoluciona” nos suenen a Mogwai o Explosions in the Sky. Hacen sus integrantes un equilibrio complicado entre lo ya visto y lo renovador, evitando caer en la redundancia a la que tan fácilmente se presta el sonido influenciado por lo post-punk, lo post-rock y en definitiva todos esos post que no hacen más que maquillar en ocasiones lo que no es más que un puñado de versiones glorificadas, cortadas todas por el mismo patrón.

Si bien “Pasar de las luces” no es quizás la joya de la corona que cabe esperar de un grupo que parece tener muchas más cosas por expresar, sí que sienta un precedente sólido y muy respetable que establece un más que interesante debut. Es un álbum sencillo, pero emocionalmente contundente; mudo, pero increíblemente expresivo; abstracto, pero inconfundiblemente táctil. Un trabajo de madurez primeriza con el que Mint Field pegan un puñetazo en la mesa reclamando la atención que sin duda merecen.

Lejos de reinventar el género –quizás sea más acertado decir los géneros–, Amor y Estrella no hacen más que rendir tributo estético a lo que conforma su condición musical; eso sí, todo desde la perspectiva radicalmente personal de dos artistas que utilizan sus instrumentos más como extensiones de su expresividad que como instrumentos propiamente dichos. La batería alterna el ritmo como un corazón alocado con vida propia mientras que la guitarra se alterna con la voz de Amor para repetir una salmodia íntima que se entiende sin necesidad de palabras en “Para Gali”, del mismo modo que silba como una niña risueña en “Quiero Otoño de Nuevo” o raja su voz con furia en “Ojos en el Carro”. El mérito instrumental de Mint Field está en su lenguaje primario y gutural, que usa el sonido como elemento de comunicación pura sin necesidad de que medien contaminantes palabras.

En definitiva, “Pasar de las Luces” es un trabajo de madurez primeriza con el que Mint Field pegan un puñetazo en la mesa reclamando la atención que sin duda merecen. Es meritorio que, en su corta vida musical, las mexicanas hayan sido capaces de inventarse a sí mismas y trasladar su creatividad al mármol para tallar un trabajo sin fisuras que, si bien no es quizás la joya de la corona que cabe esperar de un grupo que parece tener muchas más cosas por expresar, sí que sienta un precedente sólido y muy respetable que establece un más que interesante debut. Es un álbum sencillo, pero emocionalmente contundente; mudo, pero increíblemente expresivo; abstracto, pero inconfundiblemente táctil. Un gran trabajo de un grupo con todo por mostrar.

Mint Field – Pasar de las Luces

7.8

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Mint Field consiguen ponerse a la altura de una carrera de afloramiento acelerado y dar luz a un proyecto interesante, muy emocional y sobre todo bien cuidado tanto en estilo como en contenido. Las mexicanas comienzan así con buen pie una carrera que, caracterizada ya por una voz indudablemente personal y un estilo prestado y propio al mismo tiempo, sólo puede crecer en los próximos años.

Up

  • Genial mezcla de texturas.
  • Un disco sorprendentemente dinámico pese a su longitud y los géneros en los que se mueve.
  • Evita la frialdad siempre peligrosa en lo instrumental y llena ideas aparentemente inexpresivas de calor y humanidad.

Down

  • Se explora mucho, quizás todo lo que da de si el género, lo que deja un interrogante: ¿Puede seguir creciendo la banda sin dar un giro de 180º a su música?