Dicen que más vale tarde que nunca. Probablemente todos somos conscientes de que nos estamos perdiendo buenos grupos. Porque es imposible llegar a todo. Y porque a la hora de volverse fan de un grupo intervienen muchos factores. Multitud de veces me he topado con alguna banda muy querida que en una primera escucha no me ha dicho nada. Radiohead, mismamente, uno de mis grupos favoritos a día de hoy, no consiguieron que me quedara con ellos hasta años después de descubrirlos. No era culpa de las canciones, simplemente no era el momento adecuado.

MGMT fueron otro de esos casos. Conozco al grupo casi desde que me introduje en el mundillo indie, y, aunque desde entonces he seguido su trayectoria, nunca me habían dicho nada especial hasta hace poco. Me gustaban sus hits de “Oracular Spectacular”, disco al que di varias escuchas. Incluso me lancé sobre el homónimo en 2013, pero me echó aún más para atrás. No ha sido hasta este año, momento en el que he vuelto a darles otra oportunidad con “Little Dark Age”, cuando por fin me han encandilado.

“Little Dark Age”: el pop de la decadencia

Parece que estos cinco años han propiciado un cambio de perspectiva en la banda a la hora de hacer música, y es que “Little Dark Age” presenta diversas variaciones respecto a sus anteriores trabajos, y la más notoria de ellas son las canciones. Goldwasser y Vanwyngarden han conseguido formar el largo más compacto de su carrera, con una vuelta a fórmulas más clásicas y a un sonido más pop sin dejar de lado la experimentación.

Siempre ha dado la sensación de que MGMT no tenían un rumbo demasiado fijado. El éxito de “Oracular Spectacular” pareció pillarles desprevenidos y desarmados. Tener que repetir “Time to Pretend” una noche tras otra, así como su obsesión con la creatividad, les llevó a querer alejarse de esa faceta más comercial y a tomarse todo el tiempo necesario para publicar sus discos, dando lugar a aquel “Congratulations” (2010) que ya se desmarcaba bastante y un disco homónimo que definitivamente se sumergía en la experimentación para ofrecernos un trabajo lleno de ideas muy locas sin singles claros ni canciones fáciles de digerir.

Tras un periodo exhaustivo de giras y conciertos, el grupo decidió realizar un parón indefinido en su carrera debido a que necesitaban centrarse en su vida personal y apartarse de la música durante un tiempo. Ben Goldwasser decidió mudarse a Los Ángeles, mientras que Andrew Vanwyngarden se quedó en Nueva York. No fue hasta verano de 2016 cuando los dos decidieron ponerse a trabajar en nuevo material, pero a distancia y juntándose cuando el tiempo lo permitía. Al contrario de lo que pueda parecer, el hecho de estar separados acabó haciendo que el trabajo fuese más productivo, dado que cuando se veían trabajaban 100% en la música sin distraerse. Así, el disco fue grabado a lo largo de varias sesiones en diversos estudios de Nueva York y Los Ángeles.

Parece que estos cinco años han propiciado un cambio de perspectiva en la banda a la hora de hacer música, y es que “Little Dark Age” presenta diversas variaciones respecto a sus anteriores trabajos, y la más notoria de ellas son las canciones. Goldwasser y Vanwyngarden han conseguido formar el largo más compacto de su carrera, con una vuelta a fórmulas más clásicas y a un sonido más pop sin dejar de lado la experimentación. ¿Cómo lo han conseguido? Gracias a diversos factores. El principal ha sido meditar más las canciones. Hasta ahora, el grupo solía jammear mucho y entrar al estudio sin demos ni ideas demasiado claras en la cabeza. Esta vez han grabado demos de todas las canciones y las han trabajado más antes de pasar al estudio. Esto se debe a que también se han rodeado de diferentes personalidades para hacer el disco, quienes les han apoyado, animado y han hecho que ganen más confianza en su trabajo. Estos colaboradores han sido, además de Dave Fridmann (su productor habitual), el músico y productor Patrick Wimberly (también ha trabajado en la producción), y los músicos Connan Mockasin y Ariel Pink, quien ha colaborado con algunas letras del disco y ha tenido una influencia más que notoria en el trabajo del dúo neoyorkino.

Un universo de pop ácido con regusto a synth-pop ochentero

“Little Dark Age” es uno de esos discos pesimistas y esperanzadores a la vez, es bailablemente fatalista y brillantemente decadente. Al igual que la inmensa mayoría de álbumes americanos actuales, “Little Dark Age” está fuertemente marcado por la situación del país y su gobierno, pero, además, intenta lidiar con la era de la tecnología en la que vivimos, la alienación de las redes sociales y la deshumanización que esto ha supuesto.

“Little Dark Age” es uno de esos discos pesimistas y esperanzadores a la vez, es bailablemente fatalista y brillantemente decadente. Al igual que la inmensa mayoría de álbumes americanos actuales, “Little Dark Age” está fuertemente marcado por la situación del país y su gobierno, pero, además, intenta lidiar con la era de la tecnología en la que vivimos, la alienación de las redes sociales y la deshumanización que esto ha supuesto, tal y como deja leer “She Works Out Too Much”, canción marcada por los sintetizadores y el vocoder. Desde el principio MGMT nos introducen en un universo de pop ácido que sin sonar a revival tiene ese regusto a synth-pop ochentero, muy rítmico y bailable.

El single homónimo del LP, “Little Dark Age”, sigue la misma estela, recordando vagamente a sus hits más exitosos pero con un tono menos nostálgico. Es una canción que habla sobre la depresión (“If I get out of bed / You’ll see me standing all alone / horrified / on the stage / my little dark age) pero que, sin embargo, consigue transmitir un sentimiento extrañamente optimista. Una combinación de neo-psicodelia y pop edifica el que para mí es ya uno de los mejores temas de la carrera del dúo. Y lo mejor es que “When You Die” y “Me and Michael” mantienen el nivel, la primera incorporando guitarras y sonidos experimentales que recuerdan a sus últimos trabajos (destacando la labor de Ariel Pink a la guitarra), mientras que la segunda nos lleva hacia un baile de instituto edulcorado en el que han envenenado el ponche, con versos que describen una relación ambigua en la que la dependencia de las dos personas no les permite cortar, manteniendo de esta forma una relación puramente tóxica: “So it seems, the danger sign will never let the feelings die / when all the best and brightest have gone.

El synth-pop, el acid-pop y la neo-psicodelia que caracterizan el sonido de MGMT tienen mucho más sentido aquí que en otros grupos que han virado hacia discos más bailables y con mayor presencia de sintetizadores como Arcade Fire. Un punto de inflexión que ojalá marque el camino a seguir.

TSLAMP”, o lo que vienen a ser las siglas de “Time Spent Looking At My Phone”, describe la adicción que mucha gente ha desarrollado sobre los teléfonos móviles y la necesidad de pasar tiempo en las redes sociales mirando las notificaciones, desarrollando incluso ansiedad: “I call you, you don’t call me back / almost had a heart attack. Cuando todo parece tornarse demasiado oscuro, “James” arranca para quitarle hierro al asunto. Una pieza escrita tras el consumo de estupefacientes en la que Andrew canta mucho más grave que de costumbre debido a que se pasó todo el día gritando por el efecto de las drogas, lo que aumenta aún más el aroma a Ariel Pink. Se trata de una canción dedicada a James Richardson, el guitarrista que acompaña a la banda en directo, y aunque no pega demasiado con la tónica del disco sí resulta divertida.

Un recurso constante en este trabajo para enfatizar ese sentimiento de apatía y de cansancio es la repetición de frases y motivos, reflejando esa visión del tiempo como algo anodino que estamos malgastando. Esto se nota sobre todo en “Days That Got Away”, un tema especialmente evocador en su instrumentación que tan sólo repite una y otra vez el título. Por su parte, “One Thing Left to Try” lidia con pensamientos suicidas y el deseo de hacer algo de provecho para sentirse realizado antes de morir, abogando por abandonar las preocupaciones y darse un respiro con el fin de mantenerse vivo a través de un synth-pop más directo y pegadizo.

Tenemos numerosos trabajos editados durante los últimos años que se mueven dentro de este mismo espectro sonoro, tales como “Currents” de Tame Impala o “The Weather” de Pond, pero, incluso sin ser una obra perfecta, “Little Dark Age” es el trabajo que parece aportar un mayor sentido y ha pulido con más eficacia todo ese cúmulo de ideas que a veces no han terminado de cuajar.

Para la recta final dejan dos piezas muy evocadoras con un sonido muy dreamy. “When You’re Small”, la primera de ellas, es una balada mucho más guitarrera y llena de teclados que nos transportan a los Pink Floyd de “Meddle” para reflexionar sobre los altibajos de la vida. MGMT cierran con “Hand It Over”, un tema que recuerda a los Pond de “The Weather” y que vuelve a los sintetizadores, aderezados con unos coros a lo Beach Boys en el estribillo que le dan un aire épico especialmente significativo, ya que la canción habla de aceptar la muerte y resignarse ante una sociedad que ha elegido la situación política del momento.

“Little Dark Age” es un buen disco por muchos motivos. El primero y más obvio es sus canciones. Prácticamente todas son grandes temas que además funcionan muy bien en conjunto, lo que nos lleva a otra de sus virtudes: es el trabajo mejor cohesionado y más coherente de su carrera, construyendo piezas con un gran gusto melódico mientras aportan la experimentación ganada con sus últimos trabajos. Las letras son otro punto fuerte, ya que ofrecen varias lecturas y debaten sobre la sociedad actual, la alienación con las nuevas tecnologías, las enfermedades mentales, el ritmo de vida que el capitalismo nos impone y la sensación de estar malgastando el tiempo y tener vidas carentes de sentido. Esto hace que el synth-pop, el acid-pop y la neo-psicodelia que caracterizan su sonido tengan mucho más sentido que en otros grupos que han virado hacia discos más bailables y con mayor presencia de sintetizadores como Arcade Fire. Tenemos numerosos trabajos editados durante los últimos años que se mueven dentro de este mismo espectro, tales como “Currents” de Tame Impala o “The Weather” de Pond, pero, incluso sin ser un disco perfecto, “Little Dark Age” es el que parece aportar un mayor sentido y ha pulido con más eficacia todo ese cúmulo de ideas que a veces no han terminado de cuajar. Eso, sumado a la propia trayectoria del grupo, hacen de este álbum un punto de inflexión que ojalá marque el camino a seguir.

MGMT – Little Dark Age

8.2

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Después de un largo hiato, el dúo neoyorkino que lo petó hace ya diez años con “Oracular Spectacular” vuelve con “Little Dark Age”, un trabajo algo menos experimental que sus últimos discos y que recupera las canciones con alma de hit a través del synth-pop y la neo-psicodelia. Como resultado estamos ante el álbum más equilibrado del grupo hasta la fecha.

Up

  • El disco mejor construido y con mayor conciencia de sí mismo como obra que han conseguido hasta ahora.
  • El contraste tan ácido entre la naturaleza bailable de la música y el carácter pesimista de las letras.
  • Siguen sabiendo confeccionar temazos de synth-pop como “Little Dark Age” sin olvidarse de la psicodelia.
  • La influencia de Ariel Pink y su hypnagogic pop resulta todo un acierto.

Down

  • “James” corta un poco el rollo.
  • Aunque hay carne de hits, quien venga esperando algo similar a “Time to Pretend” o “Kids” no lo encontrará (lo cual tampoco es negativo en sí).