En el mundo existen dos tipos de personas: aquellas a las que les gusta la música que te hace bailar y ser feliz y aquellas a las que no. Y cuando hablamos de bailar y ser feliz no pretendemos ser tan estrictos; nos referimos aquí a cualquier invitación al movimiento inconsciente, a los alegres aspavientos, a las sacudidas de cabeza o a dar golpecitos con los pies en el suelo, marcando el irresistible ritmo. La música llamada lenta, ambiental, introspectiva o cualquier otro eufemismo con el que podamos referirnos a estas canciones que no tienen utilidad alguna más allá del servir de banda sonora a la gente blanca para un despido, ruptura sentimental o suicidio definitivo, está bien cuando nuestras vidas se están yendo a la mierda y no se atisba resquicio de esperanza en el horizonte. Para todas las demás coyunturas existenciales, mejor ponerse “Outside”, lo más nuevo y pulido del orgullo de la Nigeria contemporánea, Burna Boy. Y a seguir viviendo.

De afrobeat a afrofusion: Burna Boy vuelve a poner a Nigeria en el mapa

La música llamada lenta, ambiental, introspectiva o cualquier otro eufemismo con el que podamos referirnos a estas canciones que no tienen utilidad alguna más allá del servir de banda sonora a la gente blanca para un despido, ruptura sentimental o suicidio definitivo, está bien cuando nuestras vidas se están yendo a la mierda y no se atisba resquicio de esperanza en el horizonte. Para todas las demás coyunturas existenciales, mejor ponerse “Outside”, lo más nuevo y pulido del orgullo de la Nigeria contemporánea, Burna Boy.

Bueno, no. Pensándolo mejor, habría que reformular: los seres humanos a los que debería recetárseles con mayor urgencia unas dosis intravenosas de afrofusion (el género cuya creación este joven nigeriano de escueta modestia y muchos menos modales se atribuye) son precisamente aquellos con más poca predisposición a tomar su medicina, ni que sea porque es de ese mismo tipo de desesperanza de lo que se nutría en sus orígenes el sonido marca registrada de Damini Ebunoluwa Ogalu (efectivamente: por mucho que él así lo sienta, no se ha llamado Burna Boy desde siempre): lo único que se cuenta en televisión sobre su país y su continente es que hay que apadrinar a niños hambrientos, mientras que él, probablemente, sólo quiere escuchar al Busta Rhymes a quien tantas veces se asemeja. Unos estudios abandonados en Londres y el buen juicio que induce la contemplación del hogar desde millas de distancia convirtieron al chico malo de Port Harcourt en lo que hoy es: el padre de un ritmo que devuelve a los depresivos las ganas de salir de la cama, mezcla única de hip-hop y R&B americano y británico, dancehall y el afrobeat sermoneador de Fela Kuti, al que evoca tanto en vitalismo como en mala hostia.

“Outside”: entre complacer a los blancos y hacerles la peineta

Unos estudios abandonados en Londres y el buen juicio que induce la contemplación del hogar desde millas de distancia convirtieron al chico malo de Port Harcourt en lo que hoy es: el padre de un ritmo que devuelve a los depresivos las ganas de salir de la cama, mezcla única de hip-hop y R&B americano y británico, dancehall y el afrobeat sermoneador de Fela Kuti, al que evoca tanto en vitalismo como en mala hostia.

Y hablando de evocar, “More Life” es una pista muy efectiva con la que empezar “Outside”, pese a guardar en ella un pretexto totalmente menospreciable: ser la única de unas cuantas que pasó la criba para aparecer en la infame playlist “More Life” de Drake, aunque (y aquí está el truco) remodeladísima y reducida a outro de “Get It Together”. Esto sería relevante si Drake no tuviera ya una reputación como negro amable explotador de negros más negros que él (Popcaan en “Controlla” o el también nigeriano WizKid en “One Dance”), y se torna además bastante anecdótico al lado del hecho de que la canción que sigue acaparará la mayoritaria atención del álbum, porque “Ph City Vibration” es como volverse adicto al brócoli: buena hasta en exceso. Que no sea single es sólo el primer síntoma de las equivocadas pretensiones occidentalizadoras del autor, que ha favorecido sus colaboraciones con Lily Allen y J Hus en detrimento de dar más visibilidad a la fuente de alegría africanista pura que es el tema en honor a la ciudad que le vio crecer, Port Harcourt. Los típicos xilófonos que instantáneamente transportan a los ignorantes europeos al plató de El Rey León y su inconfundible polirritmia atan a Burna Boy a sus raíces, pero “Ph City Vibration” está muy lejos de ser una simple recreación de tradicionalismos para turistas: se trata de una emisión en directo y sin filtros de lo que pasa en las grandes urbes nigerianas del siglo XXI, y su radiante energía se hace palpable y flagrante a los pocos segundos. Felicidad y pachangueo inteligente asegurados.

Sin embargo, “Koni Baje”, otro de los puntos fuertes de “Outside”, viene precisamente a contradecir muchas de las ideas preconcebidas en el track anterior: es single y, a la vez, está compuesta sin complejos en un patois que debe de mezclar el inglés con alguna lengua del sur de Nigeria tipo Igbo y paralelamente, aprieta todavía más el vitalismo africano mientras habla de un menosprecio por la música dance comercial de su país.

Burna Boy debe utilizar sus influencias americanas de la misma forma en la que sus influencias americanas le han utilizado a él; como un mero y superficial exotismo.

Heaven’s Gate”, la colaboración con la niña bonita del pop chav británico Lily Allen, tiene algo de histriónico y desubicado que no acaba de convencer: el contraste entre la animalidad a lo Busta Rhymes de Burna y el infantilismo del timbre de Allen entretiene mucho pero incomoda un poco. “Sekkle Down”, por su parte y diferentemente, incluye a uno de los nombres más queridos del grime británico, J Hus (Skepta le declaró públicamente mucho amor en redes sociales a su disco de 2017 “Common Sense”), y suena a himno de club suavecito, preparado para complacer los gustos de la juventud africana sin perder la esencia ancestral, a la manera en la que lo hizo en cosas como “Gba” o “Gwarn”, junto al productor estrella del afropop Juls.

A partir de “Ye” (un mantra con más patois intenso durante el que Burna Boy se deja llevar verbalmente por completo) y “Giddem” (afro-pop de puesta de Sol a medio tempo) todo va en bajada energética, lo que no es necesariamente negativo pero sí algo decepcionante teniendo en cuenta las visiones de danza neotribal infinita que parecía prometer la primera mitad del largo. Pasar de “Koni Baje” a “Streets of Africa” en tan pocos minutos resulta ligeramente desalentador, y más cuando el olor a chicle y trap prepuberal recuerda demasiado a todo lo malo que había en el “Teenage Emotions” de Lil Yachty. Después está la ironía en que la única canción que cita a África en el título sea la que menos la invoque, pero se disculpa con una breve remontada afrodisíaca en “Rock Your Body”; el videoclip no le hace mucha justicia y se centra en exceso en la parte solemne de su sensualidad, a todas miras un enfoque malentendido del mensaje del single (se titula “Rock Your Body”, por Dios, como aquella de Justin Timberlake, lo de meter a tías en jaulas y pintarlo todo de negro no se acopla por ningún lado…).

Si no comienza a distanciarse de Drake y a abrazar con aún más fuerza el africanismo de sus ancestros (siempre aderezado con perspectivas de presente y futuro, por supuesto), el público y, sobretodo, Nigeria, la tierra madre que, a su vez, lo ha hecho profeta, volverá a relegarlo a la casta de los criollos que se creen que su país necesita a la raza aria para escribir música bailable y feliz.

El primer episodio de la tríada final, “Devil in California”, es otro rastro flagrante de expoliación neocolonialista conectada a la mafia OVO, en este caso vía uno de los protégés mayúsculo (por partida doble) de Drake, que es PARTYNEXTDOOR: si los chasquidos de dedos y la rítmica pseudocaribeña con efecto retroactivo à la James Brown no os ha teletransportado inmediatamente hasta aquel infravalorado “With You” del “Views” de 2016, haced el favor de limpiaros un poquito los oídos y volver a intentarlo: alguien ha calcado a alguien.

Para terminar, y en consonancia con la temática de acelerar rítmicamente al principio y frenar mucho al final, “Calm Down” sería un buen cierre elegíaco, lentorro y sabrosón para este “Outside” que, por supuesto, hubo de arruinarse a sí mismo metiendo con calzador esa cosa EDM que hay en la pista número doce con título homónimo al del álbum, “Outside”, que no es más que una musiquita para fiesta de barrio londinense medio decente.

Lo de destruir el sistema desde dentro es una estrategia inteligente que suele funcionar, salvo si no se está preparado para el movimiento último, el más crucial y complicado de todos: escapar antes de que la bomba estalle. Burna Boy debe utilizar sus influencias americanas de la misma forma en la que sus influencias americanas le han utilizado a él; como un mero y superficial exotismo. Por lo tanto, si no comienza a distanciarse de Drake y a abrazar con aún más fuerza el africanismo de sus ancestros (siempre aderezado con perspectivas de presente y futuro, por supuesto), el público y, sobretodo, Nigeria, la tierra madre que, a su vez, lo ha hecho profeta, volverá a relegarlo a la casta de los criollos que se creen que su país necesita a la raza aria para escribir música bailable y feliz.

Burna Boy – Outside

7.2

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África lleva desde los setenta sin hacer demasiado ruido, aunque parece que su despertar va a ser lento pero seguro: Burna Boy, el chico malo de Nigeria, recoge todo lo que aprendió tras intentar colaborar en el “More Life” de Drake sin mucho éxito y se marca un disco, “Outside”, que es a la vez complaciente y displicente tanto con el mercado europeo y americano como con el de su propio continente.

Up

  • “Ph City Vibration” como antidepresivo sin receta.
  • El sonido de una Nigeria orgullosa y dignificada que escucha su tradición y se complementa con lo extranjero y con lo contemporáneo, representada en un hombre joven que recupera en algunos sentidos el espíritu de Fela Kuti.
  • Una dicción negra más adictiva que la afroamericana: la africana (o, en su defecto, la criolla africana).
  • Ver de dónde saca Drake todos los rollos que le hacen ser el más guay y vanguardista del mundo libre.

Down

  • “Streets of Africa” y “Outside”.
  • Ver de dónde saca Burna Boy todos los rollos que le hacen ser el más pastiche del mundo no tan libre.