Han pasado ya casi cuatro décadas desde que las cabezas parlantes iniciaron su singladura mezclando con una efectividad envidiable la sátira del punk, la música pop y el funk para crear un estilo propio que les definiría en sus trabajos posteriores y que impulsaría una ola musical en los años ochenta en la que se vieron involucrados también artistas de la talla de David Bowie, Bryan Ferry, Robert Fripp o Brian Eno. Desde entonces el cráneo de su líder, David Byrne, no ha parado, y con desigual fortuna ha seguido de la mano de su amigo y rupturista Eno produciendo trabajos en los que no se han abandonado ni la música ambiental de éste ni la pretensión de hacer canciones bailables y accesibles de aquel. Su nuevo trabajo, acreditado a Byrne pero obra de ambos, resulta una muestra más de este estilo conjunto y su consecuente introducción en un mundo cambiante, sin llegar a ser revolucionario.

“American Utopia”: un trabajo divertido que persigue una mezcla sostenible entre los ochenta y el pop electrónico posterior

El destripe prometido de la utopía americana es un tema recurrente en un buen número de artistas y discos de la música rock. Sin embargo, Byrne y Eno proponen en éste una reducción al absurdo que es en ocasiones delirante y en otras un tanto burda, suavizada por su carácter bailable y sus maquinaciones sonoras.

Se nos presenta una ciudad costera, discotecas, un ambiente muy ochentero disfrazado con una estética refrescada. Las dos colaboraciones previas, “Here Lies Love” (2010) con el desafortunado Fatboy Slim y “Love This Giant” (2012), que supuso una clara mejoría con la incorporación de St. Vincent, poco podían anunciar del regreso del líder de los Talking Heads en compañía de uno de sus más leales compañeros. Seis años después de este último regresa con “American Utopia”, un nuevo trabajo en el que la imaginería se halla algo estancada pero el nivel musical es el apropiado para un músico de la talla de Byrne. El destripe prometido de la utopía americana es un tema recurrente en un buen número de artistas y discos de la música rock. Sin embargo, Byrne y Eno proponen en éste una reducción al absurdo que es en ocasiones delirante y en otras un tanto burda, suavizada por su carácter bailable y sus maquinaciones sonoras. Multitud por otra parte, así como los arreglos que en ocasiones resultan en un exceso de materiales y desmenuzan el concepto de cohesión que le aportaría la personalidad de estilo.

Fotografía: Jody Rogac

La imaginería se halla algo estancada pero el nivel musical es el apropiado para un músico de la talla de Byrne

David Byrne no se ha contentado con sus directrices musicales originarias y se ha tomado el trabajo de investigar y evolucionar junto a sus musas.

En “I Dance Like This” un piano logra engañarnos con su entrada completamente acústica, desmentida vorazmente por los elementos electrónicos que alzan el cadáver metálico de la sociedad norteamericana. La voz robotizada de Byrne recuerda a los trucos usados por Nine Inch Nails en “Closer”. Ésta y otras referencias apuntan a que el autor no se ha contentado con sus directrices musicales originarias y se ha tomado el trabajo de investigar y evolucionar junto a sus musas. Al mismo tiempo permanecen influencias como las de los King Crimson de Adrian Belew, que se perpetúan a lo largo del discurso. “Gasoline and Dirty Sheets” abrevia con un acorde de sitar la imagen de una ciudad modernista tamizada por el océano, en un tono muy próximo al de su amigo Bowie. Articula perfectamente con el tema previo, sencillo de escuchar. Los solos de armónica y saxo se yerguen como el apartado más creativo del corte.

Hasta ahora el papel de Brian Eno no se ha dejado ver tanto como en el inicio de “Every Day is a Miracle”. La comparación establecida entre la divinidad y una gallina puede resultar algo excesiva y el resultado es un tema de carácter accesible, fiestero, y a la vez algo fallido en su crítica. Las declamaciones finales entre sonidos pregrabados pueden ser el aspecto más llamativo. Siguiendo la tónica atmosférica de Eno, “Dog’s Mind”, metálico, profético, sobrevolando la ciudad con brevedad como su música para aeropuerto. No tarda en llegar “This is That” y percibimos por primera vez la senectud en la laringe de Byrne. Por eso mismo la oscuridad entra con tal facilidad en uno de los puntos más originales del LP, aliñado con juegos pregrabados, mantras y océanos encerrados en un bol de metal. En otros temas el exceso de elementos impide ver el bosque, pero en éste propicia el establecimiento de un sentir profundo. Un acompañamiento de clave confunde ligeramente al oyente antes de llegar a la claramente marcada por el “Remain in Light” (y que como paradójica coincidencia recuerda a los primeros tiempos de Café Quijano) “It’s Not Dark Up Here”, que con divertidas alusiones se muestra algo desnuda en comparación con su predecesora. Como curiosidad cabe resaltar la preocupación que David demuestra hacia el pelo, especialmente teniendo en cuenta que siempre ha mantenido el suyo con tanta elegancia.

Nos queda el sabor de un trabajo bien hecho, en ocasiones reforzado con arreglos casi siempre bien empleados que pretenden completar la trivialidad de las melodías o la armonía. David Byrne y Brian Eno saben cómo hacer música y se nota, pero se echan de menos ideas claras, aunque sea en el concepto, pues poco de novedoso hay en una crítica, por surrealista que sea, al sistema americano.

La inteligente “Bullet” acusa un curioso influjo Gorillaz, donde una melodía sencilla y unas progresiones ya empleadas se camuflan entre los arreglos y el estilo para aparentar novedad. Las facultades que la música electrónica desempeña en estos ámbitos demuestra que aún tiene bastantes caminos por explorar. Otro tramo de ciudad nocturna arriba con “Doing the Right Thing” y sus violonchelos dando saltos sobre una taciturna jungla de asfalto. Difícil de encajar resulta el final completamente dance y un regreso a la pesada oscuridad. El primer sencillo extraído del álbum destaca por su inverosimilitud y por sus paralelismos con “I Am a Camera” de la etapa en que Yes se juntaron con The Buggles; “Everybody’s Coming to my House” mezcla un buen número de elementos y trae a la mente más de una tonada discotequera, mientras que el solo de guitarra representa a la perfección nuevamente el estilo de Belew. “Here” es otro ascenso a las nubes, con la más sañera crítica al sistema estadounidense. Su estética tribal cubre el cielo de nubes con unas melodías poco alentadoras que deben mucho a Peter Gabriel y al sencillo de los propios Talking Heads “Sax and Violins”. El resultado es bastante convincente, aunque una vez más, nulamente rupturista.

Nos queda el sabor de un trabajo bien hecho, en ocasiones reforzado con arreglos casi siempre bien empleados que pretenden completar la trivialidad de las melodías o la armonía. David Byrne y Brian Eno saben cómo hacer música y se nota, pero se echan de menos ideas claras, aunque sea en el concepto, pues poco de novedoso hay en una crítica, por surrealista que sea, al sistema americano. Idóneo para relajarse, bailar o centrarse en el lado cómico de sus creadores.

David Byrne – American Utopia

7.1

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Un trabajo en la línea de los anteriores, con la varita atmosférica de Brian Eno y la pretensión de enmarcar el modelo Byrne en un pop electrónico moderno y comercial, como ya se apreciase en discos previos del artista. La trasposición del Bowie de los ochenta a la actualidad no es del todo desdeñable pero se echa en falta un esfuerzo por evolucionar el estilo propio. La crítica al sistema norteamericano es coherente y divertida, siempre bajo el tamiz surrealista de los Talking Heads.

Up

  • Canciones atractivas y consistentes.
  • Letras divertidas y críticas.
  • Duración acertada.

Down

  • Ninguna aportación nueva al imaginario de Byrne.
  • Irregularidad en la calidad de las pistas.