Vuelo 505 se forma en 2013, cuando Rubén Fernández (voz y guitarra) decide dar salida a un buen número de canciones que había ido componiendo con los años. Para ello, se acompaña de David de la Fuente a la guitarra, Chema García al bajo e Iván Fernández en la batería. Pero no fue hasta 2015 cuando esta banda riojana editó”Turbulencias”, su primer larga duración. Este debut presentaba doce cortes que llamaban la atención, además de por sus trabajadas letras y melodías por su variedad estilística. En él cabían rock, rock and roll, country-rock y rock latino. Y todo expuesto con un revestimiento sonoro uniforme que nos trae a la memoria grupos como Fito & Fitipaldis, Extremoduro y La Fuga.

La formación, que toma el nombre de una canción de los Rolling Stones (“Flight 505”), regresa este año con el optimista “No Hay Historias de Fracaso”. Un registro discográfico continuista en el que, sin embargo, se advierte un repliegue en lo que al carácter latino respecta. Aunque aún encontramos algún vestigio en canciones como “Fuera de la Pecera”, donde, además, podemos escuchar algún guiño al “Layla” de Eric Clapton, como también ocurre en “Me Asustan las Despedidas”, el tema encargado de abrir el álbum. El rock urbano estará presente en temas como “Las Cosas Que No Pueden Ser” (atención a su simple pero efectivo interludio de guitarra), “Desaprender Lo Aprendido” y “Las Arrugas de Mi Voz”; mientras el rock and roll se desplegará en “La Ley del Escaparate”, “Con el Viento a Favor” y “En la Farmacia de Chelsea”.

La cara más folk de Vuelo 505 se mostrará en “Un Rastro de Migas”, la cual hace gala de una sensibilidad extraordinaria potenciada por melancólico acordeón que incrementa el, ya de por sí, carácter introspectivo de la pieza. Pero la sorpresa del álbum llegará con “Frío en los Pies”. Continuando con la intimidad que revelaba el corte anterior, en esta ocasión el tema vendrá ornamentado por un piano tan tímido como los arreglos de cuerda, en el que es un bonus track que supone un gran cierre para este segundo trabajo. Hablamos con Rubén Fernández para conocer mejor a este grupo, sus discos y perspectivas.

Para quien aún no os conozca, ¿quiénes son Vuelo 505?

Es curioso. Yo siempre digo que esta banda la ha montado Kutxi Romero, porque es de estas cosas que él hace casi sin querer. Yo estaba ya harto de darme cabezazos con la gente, porque a veces es muy complicado, y le mandé una maqueta diciéndole: “Mira Kutxi, ya está, yo me quito ya de esto”. Y me dijo una frase muy bonita: “Mira tío, los que tenéis talento no sabéis cuánto talento tenéis. Entonces, búscate a tres tíos que se rían del cáncer de su madre y ya está”. Y eso es lo que he hecho.

Básicamente, te diría que somos una banda de rock, pero tenemos cierta querencia por otros estilos musicales. El guitarra es una gozada, porque él es rockero, pero también toca muy bien la guitarra flamenca y encima tiene formación de clásico. Entonces, claro, te abre un abanico tremendo. Luego, la base rítmica llevaban muchos años tocando juntos. Y yo ahora he explotado una cosa que siempre he pensado que era un defecto, y era que veía a Vicente Amigo tocar la guitarra y yo quería tocar la guitarra flamenca; y veía un documental de Compay Segundo y quería tocar el tres cubano, y me he comprado un tres cubano en Cuba. Pero claro, de repente me daba cuenta de que yo soy profe de guitarra eléctrica y no podía. Pero ahora veo que todas esas influencias se han juntado y tenemos una manera de hacer las cosas. Fredy Peláez, que ha sido el teclista y es una mala bestia, dice que hacemos rock amable, y a mí me encanta esa palabra. Parece que para hacer rock hay que estar siempre como enfadado, ¿no?

También es verdad que miramos un poco a esa música de raíz. Queremos hacer rock and roll, pero como no vamos a ganar a los americanos si lo hacemos como ellos, pues vamos a ponerle un puntito canalla como el nuestro y vamos a poner un poco de nosotros. Eso es básicamente lo que estamos intentando hacer. Y sobre todo trabajamos mucho la calidad. También es cierto que nos hemos rodeado de gente que nos ayuda mucho.

Alén [Ayerdi] nos decía que un primer disco siempre es para posicionarse, y yo creo que ya hemos echado raíces.

¿Cuál es el balance de estos 3 años, desde que lanzasteis vuestro primer disco hasta ahora?

Es impresionante. Yo siempre peleo por las canciones. Las canciones son las que mandan. Por ejemplo, Pau [Donés] ha colaborado porque le ha encantado la canción. Porque creo que de verdad defendemos mucho las canciones. Pero yo estoy rendido a los pies de El Dromedario Records, porque nos han enseñado cómo hacer las cosas. Yo pensaba que sabía hacer canciones y tengo una banda que las arregla, porque somos una banda, y las llevamos a un punto maravilloso porque les damos muchas vueltas. Pero ellos nos han enseñado cómo teníamos que hacer las cosas.

Hay veces que tú no sabes tampoco lo que tienes que hacer, y nos han dado mucha confianza y nos han enseñado a trabajar. Para nosotros, acabar la gira con Robe… algo estaremos haciendo bien. Pero imagínate, nunca pensamos que llegaríamos a hacer cosas tan bonitas. También es cierto que somos gente muy responsable a pesar de ser rockeros y también muy organizados. Alén [Ayerdi] nos decía que un primer disco siempre es para posicionarse, y yo creo que ya hemos echado raíces. Pero gracias a ellos, también.

Decías que Pau Donés ha colaborado porque le ha gustado mucho la canción, “Una Casa en Ruinas”. ¿Cómo surge esa colaboración?

Pues por una de esas cosas maravillosas que te ocurren en la vida. Es rubio y se llama Alén Ayerdi. Yo creo que uno del otro estamos enamorados. Nosotros teníamos la canción, pero no pensábamos en una colaboración con Pau Donés. Evidentemente, sí que notamos que hay un cierto tipo de melodías con una querencia que es ciertamente reconocible, quizás a Jarabe de Palo. Pero cuando la teníamos hecha, en cuanto a melodía, composición, temática… era como muy para él. Y gracias a Alén Ayerdi tocamos en la puerta, así, muy despacito, porque nosotros somos gente muy prudente, de no molestar, esperando que él abriera, un artista de talla internacional, y resulta que esa puerta se abrió de par en par. Se abrió con un ser humano de talla mundial. Yo me doy cuenta de que los grandes artistas normalmente suelen ser, casi siempre, mejores personas. Y lo que ha hecho Pau por nosotros es una cosa maravillosa. Pero, insisto, a él le ha gustado mucho la canción y creo que le ha dado un punto súper chulo.

¿Qué esperáis de “No Hay Historias de Fracaso”?

Pues básicamente eso. Yo las veces que más nervioso me pongo es cuando llevo las canciones a la banda. Eso me angustia mucho. Porque si a ti no te gusta, bueno, no le puede gustar a todo el mundo; pero si la canción no le gusta a la banda, entonces ya sí que estoy jodido. Y el título también, porque me parece que es muy importante. De hecho, había una canción que se llamaba así y no quería darle tanta importancia a la canción. El nombre se lo ha puesto Kutxi Romero, porque lo llamé, no sabía qué ponerle y le dije: “ponle tú el título a la canción”. Y esa canción ahora se llama “Las Cosas Que No Pueden Ser”. Pero esa canción se llamaba “No Hay Historias de Fracaso”.

Tampoco estoy diciendo que esto vaya a ser un éxito, pero sí que estamos muy cansados de: “no se puede”, “no vais a poder”, “eso es imposible”. Entonces, cuando hay cuatro personas que trabajan y disfrutan con lo que hacen, a pesar de que te caigas un montón de veces, yo creo que eso nunca es fracasar. Y hablando con Alén, que es un luchador nato, piensa lo mismo. Al final, fracasar es cuando te rindes.

Nos gustaba la manera de negar una negación, que parece que estamos todos tan pesimistas que yo defiendo que la alegría es la rebeldía absoluta. ¿Por qué no puedo hacer rock y tener un halo de optimismo? Parece que tengo que estar siempre enfadado. Que si me tengo que enfadar me enfadaré, porque tengo carácter, pero tampoco es el plan. Sobre todo la idea era esa. No hay historias de fracaso porque, cuando tú haces, evidentemente, nunca fracasas.

A veces, esta asociación de rock y enfado parece que es lo habitual, pero en realidad es un tópico.

Sí. Ahora mismo estamos en un punto tan contaminado que yo, por ejemplo, me niego a hablar de política muy abiertamente, porque caduca la canción muy pronto. Tampoco soy una persona que esté demasiado encima de los medios. Soy muy friki para mis cosas, casi no veo la tele. Digamos que no estoy informado. Mucha gente que ve la tele está desinformada. Pero si tú escuchas una canción como “Las Arrugas de Mi Voz”, que en realidad hablo de cuando uno se encuentra mal, que quiere vivir como para adentro, ya digo frases que realmente son muy sociales. Hay una frase que dice: “Han condenado a los poetas / pintan con tiza sus celdas / y no les dejan salir. / El inventor hace horas extras…”. Quiero decir, que quien quiera entender que entienda.

Yo creo que hay crítica social y hay muchas cosas, pero me resulta todo muy manido cuando es ese tipo de letra. Hay gente maravillosa que lo hace súper bien. Evaristo Páramos lo hace muy bien, pero yo ese tipo de cosas no sé hacerlas. Yo tengo que hacer canciones hablando de mí, que es de lo único que sé. Yo tengo un niño de seis años y es con el único con el que hablo abiertamente de las letras, porque él quiere conocer el mundo y yo me quiero conocer a mí. Pero hay veces que con el tiempo digo: “¿Qué habré querido decir aquí con esto?”. Sí que defiendo ese punto, no naif, pero sí ser una persona optimista, que se puede, que no quiero parásitos en la vida que nos distraigan y que nos hagan estar siempre con esa mala hostia.

¿Qué ha cambiado en este segundo trabajo en relación con el primero?

Básicamente, te diría dos cosas. Lo primero, mi etapa como compositor. Ha cambiado porque tenía muchas canciones hechas, pero tampoco tenía una banda. Por eso le llamamos “Turbulencias”. Era un conjunto de canciones. Tenía muchas y seleccionamos doce. Ahora, en realidad, somos una banda y  este disco es mucho más eléctrico. De hecho, en el otro había tres de guitarra eléctrica de David [de la Fuente] y ahora creo que son todas menos una: una joya que tenemos ahí que se llama “Un Rastro de Migas”, en la que ha colaborado Fredy Peláez con el acordeón. Es más eléctrico porque hemos hecho una gira de casi cincuenta bolos por toda España y nos hemos puesto más rockeros, pero la esencia es la misma.

Sí que hemos trabajado más a nivel de hacer un disco. Antes yo hacía canciones, las guardaba en un cajón y luego iba viendo cómo las íbamos montando. Me he quedado muy sorprendido, porque pensaba que me había enfilado un poco y hay un montón de matices. Me gusta porque, a pesar de todo eso, se ve que hay un estilo propio. No se ve como muchas cosas distintas, sino que hay muchos estilos, muchos matices, pero ya hay una personalidad muy grande que tiene la banda, y eso es gracias a Kolibrí Díaz. Kolibrí Díaz es una persona que yo ya conocía, pero no mucho. Yo iba con mucha vergüenza y él se enamoró de unas canciones que yo le enseñé en un teléfono móvil. No tengo palabras para decir el trabajo que ha hecho Kolibrí con este disco. Y con el otro también.

Más que a nivel de grabación, que hemos sido muy rápidos; a nivel de preproducción, ayudarnos a qué sonido tenemos que tener… Ha sido curioso porque hay gente que dice: “Hostia, sonáis a Fito”, y dices: “Vale, vamos a escuchar a Fito para no sonar como suena Fito; porque Fito ya está”. O: “Sonáis a Jarabe de Palo”, pues: “Vamos a ver, vamos a escuchar Jarabe de Palo para ver a qué no tenemos que sonar; porque eso ya existe”. Kolibrí para nosotros es como un angelito.

En relación a eso que comentabas de los sonidos, sí que tenéis un estilo muy reconocible, porque os emparenta con Fito, Extremoduro o La Fuga. Estáis en ese grupo, me refiero. Y te quería preguntar si habéis buscado ese sonido o había surgido de forma natural.

Yo creo que eso os resulta más fácil a los que estáis fuera. Si yo me tomara una caña contigo y me dijeran: “oye, ¿cómo es Jose?”, pues seguramente diría cinco adjetivos de Jose muy rápido. Y si te pregunto: “¿y cómo eres tú?”, pues no lo sé, porque yo me pierdo a veces en laberintos. Cuando algo llega nuevo es normal que tú lo asocies conalgo. Mientras nos asocien con gente de ese nivel es todo maravilloso. También Kolibrí nos dice que la voz es muy particular. Muy reconocible. Pero no nos parecemos a nadie en concreto, sino que una canción te puede dar un toque determinado. Creo yo, claro, porque yo lo vivo desde dentro y me veo mis aristas.

La crítica especializada o el público quizá tienen que ponerme una etiqueta que me relacione muy rápido con un determinado tipo de bandas. Pero mientras me relacionen con ese tipo de bandas, bienvenido sea. También me han dicho que teníamos una canción que se parecía a La M.O.D.A., otra que se parecía a Mikel Erentxun… yo creo que es normal en ese proceso. Creo que se trata de eso, de buscar comparativas. Pero a mí me cuesta verme a mí mismo reflejado, aunque me gusta mucho, porque al final me estás comparando con gente de primer nivel.

Fotografía: Promo
Fotografía: Promo
No sé si te pongo en un aprieto si te pregunto con qué grupos no te gustaría que te compararan.

Me gustaría que no me compararan con una banda que no es creíble. Me parece muy importante. Una banda que tú la ves y que cante de verdad. Yo trabajo mogollón eso, porque fíjate en qué lío nos metemos como para que ahora llegue una canción y no me la crea, no me vea reflejado en esa canción. Me gustaría que me comparasen con grandes artistas, que ya te digo que normalmente son grandes personas. Pero sobre todo te diría que me molestaría principalmente eso.

O perder mi dignidad, que eso es una cosa irrenunciable, ni como artista ni como ser humano. Alguna vez nos han llamado para hacer algún playback y, evidentemente, nos hemos negado absolutamente. Si tú quieres un playblack pones el videoclip, que ahí ya sabes que hemos hecho un playback, pero por lo menos hemos hecho un playback bonito. Yo creo que si no renuncias a tu dignidad cualquier mezcla es bonita. Me gustaría que me comparasen con cualquiera que cante lo que siente de verdad y que tenga dignidad.

Has dicho antes que para el anterior disco, para “Turbulencias”, teníais muchas canciones y elegisteis doce. ¿El nuevo disco se compone de las canciones que no encontraron su hueco en aquella primera referencia?

No, no, no. Yo creo que hay que pasar página. De hecho, noto que en este disco la temática es distinta porque hablo de otras cosas. Hay algunas canciones que hemos hecho de gira, y a veces, cuando estás de gira, pasan cosas muy surrealistas que te ayudan mucho a escribir. Yo en la banda conduzco, pero normalmente no. Entonces, cuando haces diez mil kilómetros, da para aburrirse mucho en la furgoneta y para escribir muchas cosas. Lo que se quedó ahí ya se ha quedado.

En el primer disco el proceso fue cuatro o cinco años que iba teniendo muchas canciones y las iba juntando. Ahora han entrado once porque realmente teníamos once, porque cuando apunto, apunto de verdad. Puedo tener muchas ideas, muchos riffs, una melodía… pero si no arranca y no llega, no llega. Es muy raro, no me ha pasado nunca, que yo vaya convencido, la banda convencida y se quede un tema sin grabar. Es todo absolutamente nuevo. Lo que pasa es que llevamos procesos muy lentos, porque nos gusta hacerlo todo muy bien y sin precipitar.

Piensa que este álbum se ha grabado en una semana o una semana y media, aparte de algunos arreglos especiales, en agosto y un poquito en septiembre. Y se publica en abril. El primer LP lo grabamos en diciembre de 2014 y se publicó en septiembre [de 2015]. Pero no por hacer unas producciones así… sino porque lo cuidamos todo mucho. El diseño que ha hecho Iosu Berriobeña es una autentica obra maestra. Y lo hacemos todo muy muy despacito. Yo necesito que lo que hagamos ahora sea todo nuevo. Tengo que estar contento al enseñárselo a la gente. Lo que hicimos ya está.

Me gustaría que me comparasen con cualquiera que cante lo que siente de verdad y que tenga dignidad.

Había canciones en vuestro primer disco con mucho aire latino. En este nuevo se mantiene la variedad estilística que comentabas antes, pero parece que el componente latino ha perdido terreno ligeramente.

Sí. Estamos todos totalmente de acuerdo. La banda ha ido cogiendo otro matiz. El cambio ha venido porque, cuando hemos empezado a montar canciones, nos hemos dado cuenta de que había otra presión cuando poníamos una guitarra eléctrica. Hemos hecho muchos conciertos así y nos hemos dado cuenta de que al llevar dos sets (uno más acústico en el que el otro guitara, David, lleva un godin, una guitarra española… y otro set de guitarra eléctrica), nos sentíamos más cómodos en una faceta mucho más rock.

Pero fíjate la personalidad que tiene esta banda. En el primer disco nos negamos a hacer ningún concierto en acústico, cuando prácticamente podíamos haberlo hecho todo en acústico. Y ahora hemos preparado un set todo en acústico para tener dos sets. Nos hemos pegado una paliza. Lo fácil hubiera sido hacer el acústico cuando teníamos el primer disco, pero queríamos darle un poco de presión. Y ahora nos ha pasado un poco al revés. Yo creo que nos lo ha dado un poco esta gira, que nos ha hecho ver lo que realmente funcionaba, lo que no funcionaba y cómo queríamos sonar en directo, que era lo que realmente nosotros queríamos hacer. Pero tienes razón. Se ha perdido un poquito ese componente y ha ganado otro un poco más rockero.

Vuestro primer álbum, “Turbulencias”, fue autoeditado. Ahora lanzáis el segundo álbum con El Dromedario Records. ¿En qué momento se produce ese fichaje?

Nosotros nunca lo hemos anunciado, porque yo conocí a Alén Ayerdi hace muchos años y habíamos hablado un montón de veces. Quizá por desconocimiento, cuando ya teníamos el disco, fui a pedirle ayuda a un amigo. Nos ayudaron muchísimo en la promoción, en la fabricación digital… pero el disco estaba ya acabado. Y, de hecho, siempre nos dicen: “Sois la banda a la que más conciertos os hemos sacado”. Hemos ido mucho con Ciclonautas. A pesar de que el disco era nuestro, nos han dado una confianza terrible. Nos han enseñado cómo hacer las cosas, cómo preparar la gira, cómo preparar la infraestructura, cómo hacer los lanzamientos… y desde el primer disco ya teníamos claro que el segundo queríamos trabajarlo juntos. Yo le dije a Alén: “Alén, yo quiero que estés con nosotros desde ya”. Le pasé los temas en acústico y él sabía cuáles eran los singles que le gustaban. Tiene un gusto exquisito y sabe perfectamente cuál va a funcionar.

Yo estoy muy perdido cuando hago las canciones. No sé si eso es un single. Y él, fíjate, esta canción de “Me Asustan las Despedidas”. Cuando tenía como cuatro canciones me llama y me dice: “Trabaja tranquilo porque ya tenemos un single”. Yo tenía cuatro canciones. Ni siquiera las habíamos montado con banda. Ha sido un proceso muy natural. Yo le pedí que estuviera constantemente encima. Ha estado tan encima que todas las percus las ha grabado él. Y hay una batería, que es la de “Un Rastro de Migas”, que también la ha hecho él. Pero todo lo veíamos venir.

Los dos álbumes destacan por un gran trabajo melódico. ¿Esas melodías vienen por inspiración o a fuerza de trabajo?

Yo te diría que son un poco las dos cosas. Sí que tengo una querencia muy especial por la melodía porque creo que es lo que realmente te hace una canción. Si tienes una melodía bonita, la puedo hacer más latina o más rockera, pero lo que realmente me emociona es tener una melodía. A veces me hago premaquetas, me las grabo en muchos tonos distintos y luego me monto en la furgoneta y me lío a cantarlas a ver cuál es la que mola. Y todo esto con una maqueta y una grabadora al lado mientras voy, a veces, mirando un poco la letra. Cuando ya más o menos la tengo clara hago el curro de coros. A veces me salen tantas que tengo que ver cuál quiero que sea realmente la voz principal.

Y el Kolibrí me ha ayudado mucho. Es un tío que sabe lo que funciona, lo que no, decidimos qué partes le pones, qué partes no… Pero sí, para mí la melodía es muy importante, porque es la canción. Luego, los arreglos, evidentemente, lo hacen todo muy bonito, pero la melodía para mí es total. Aunque sea rock. Por eso, quizá, Fredy dice que hacemos rock amable. Me gusta eso. Me gusta trabajar muchísimo la melodía. Óscar Beorlegui decía el otro día una cosa muy bonita. Decía que en este disco hay muchas canciones que son como un enchufe: tú metes los dedos y te pega calambre. No necesitas escuchar la canción cuarenta veces para que te pegue calambre, porque eso no es un enchufe, es una derivación que te da calambre. Y yo busco un poco eso.

Tengo una querencia muy especial por la melodía porque creo que es lo que realmente te hace una canción.

Acompañasteis el lanzamiento de vuestro primer disco con un libro de partituras que recogía los acordes y las letras de las canciones. ¿Lo volveréis a hacer con este álbum?

No, seguramente no. Porque estas son las chaladuras que pasan cuando uno no tiene tele. Es un suicidio, porque dices: “No se venden discos, pues voy a hacer un libro de partituras”. En 1910, en Estados Unidos, se media el éxito de la música por las partituras. Todo el mundo tenía un piano o una guitarra en su casa, y el éxito estaba ahí. Como profe de una escuela me hacía ilusión. Pero sabía que era una cosa muy básica y lo empezamos a disfrazar como si fuera un libro de autoayuda para decirle a la gente que el proceso es importante, que uno tiene que luchar por lo que le gusta… ese tipo de cosas que a veces, en esta sociedad, la gente no le da mucha importancia. Kutxi nos hizo un prólogo precioso que ha incluido en su libro “Allanamientos”.

Y luego, que en mi banda están más locos que yo y me dicen a todo que sí. Hicimos el libro de partituras, quedó súper bonito, pero nosotros somos músicos, gastar la energía que gastamos para hacer eso… Chema, que es el bajista, hizo todos los dibujos y a nivel de merchandising es muy bonito, pero yo tampoco soy escritor… Fue una cosa de gente que es un poco hiperactiva y tiene muchas ganas de hacer cosas, y como había pasado tanto tiempo desde diciembre hasta septiembre que sacamos el disco, pues intentamos hacer algo así. No descarto nada, pero con este disco no vamos a hacer ninguna chaladura de esas de momento. Nos vamos a limitar a tocar.

“No Hay Historias de Fracaso” salió el 6 de abril. ¿Qué planes tenéis para el resto del año?

Pues sé que ahora mismo lo que hay planeado es una mini gira por Fnac que nos hace muchísima ilusión. Supongo que luego esperaremos a que la gente se coma un poco el disco y ya arrancaremos fuerte. Si con el otro hemos hecho cincuenta bolos, con este la idea es no quedarse atrás. Al revés, vamos a hacer todos los que se puedan. Pero, eso sí, donde nos llamen. Donde quieran que vayamos a tocar. Porque otra cosa no, pero dignidad tenemos un rato.