Por desgracia a día de hoy seguimos viviendo en una sociedad mucho más retrógrada de lo que mucha gente quiere ver o reconocer. No voy a negar que existen pequeños avances como las muestras de apoyo al colectivo LGBT en programas de RTVE en prime time (Operación Triunfo), pero casos como éste son la minoría y también lo es la gente que está dispuesta a vivir en una sociedad diversa e intentando reformar conductas que pueden resultar dañinas hacia ciertos colectivos.

Dar la cara cuando perteneces a un colectivo como mínimo marginado es un acto de valentía porque la respuesta puede ser muy negativa, si es que llega a haber respuesta. Es otro de los grandes problemas que siguen vigentes a día de hoy: la falta de visibilidad en cualquier ámbito. Cualquier festival al que acudas tendrá en su cartel una mayoría de artistas masculinos y blancos. Lo mismo si vas a museos, si lees una antología de literatura anglosajona o si te gusta ver cualquier deporte en Eurosport. La figura líder en cualquier área sigue siendo la misma de siempre y no me voy a poner yo ahora reivindicativo porque da la casualidad de que también pertenezco al sector imperante, pero me alegra enormemente ver a artistas como Ezra Furman entregarse sin miedo y en consecuencia escribir sobre ellos.

La identidad de los ángeles

“Transangelic Exodus” suena diferente a todo lo anterior. El entorno apenas ha cambiado, pero la composición de las canciones ha sido mucho más meditada y trabajada, grabando varias demos de cada pieza e intentando que sonase más cohesionado y tuviera un hilo conductor.

Ezra Furman es un cantante y compositor queer, judío y bisexual procedente de Chicago. Es de esos artistas con una carrera trepidante y diversos proyectos en paralelo. Desde que comenzó su actividad allá por 2006 ha editado varios álbumes con Ezra Furman & The Harpoons, arrancando más tarde lo que sería su carrera en solitario junto a su banda The Boyfriends. Tras tres discos, el último de 2015, Ezra sentía que necesitaba un cambio en su trayectoria. Tenía la sensación de que su música se estaba estancando, que la gente lo veía como un revival de rock clásico y de The Velvet Underground en lugar de como alguien con identidad y un sonido propio. La situación política norteamericana, al igual que a tantos otros artistas de los que ya hemos hablado, marcó el inicio de un cambio para Ezra Furman.

Es por ello que “Transangelic Exodus” suena bastante diferente a todo lo anterior. El entorno del disco apenas ha cambiado, ya que Ezra ha contado con sus músicos habituales (esta vez renombrados como The Visions), mientras que la mayor parte del elepé se ha vuelto a grabar en los Ballistico Studios de Chicago, pertenecientes a Tim Sandusky (saxofonista, productor y amigo del compositor). No obstante, lo que sí ha cambiado es la composición de las canciones, que ha sido mucho más meditada y trabajada, grabando varias demos de cada pieza e intentando que, sin ser un disco conceptual, sonase más cohesionado y tuviera un hilo conductor.

Y esa es la otra característica principal de “Transangelic Exodus”: se trata de un disco más o menos narrativo. En él se expone un fenómeno por el cual a cierta gente le crecen alas y se convierten en ángeles, lo que el gobierno entiende como una enfermedad o amenaza y acaban persiguiendo a esas personas. Así, Ezra rescata a uno de estos ángeles y escapan juntos. Una metáfora curiosa para hablar de las personas marginadas por su etnia, su género o su sexualidad.

“Transangelic Exodus” es un disco más o menos narrativo. En él se expone un fenómeno por el cual a cierta gente le crecen alas y se convierten en ángeles, lo que el gobierno entiende como una enfermedad o amenaza y acaban persiguiendo a esas personas..

El resultado de todo lo mencionado anteriormente es un disco de carácter cercano al art-pop, con esa “Suck the Blood from My Wound” que presenta a un Ezra más lanzado, apoyándose menos en la instrumentación y atacando con versos en los que cuenta la huida de él y su ángel a la vez que se cuestiona la sociedad en la que vive: “We’re making time, we’re making progress / but progress towards what?. Diría que “Transangelic Exodus” es un trabajo más variado, con una producción a veces más limpia y a veces más ruidosa, que consigue que “Driving Down to L.A.” refleje a la perfección esos momentos de euforia extrema en los que todo se olvida, incluso el miedo a la muerte: “I’ve got big dreams in my life / I would give up my whole life for that feeling. En “God Lifts Up the Lowly” Ezra declara su lealtad a Dios sin miedo, piano y violonchelo mediante. Es un tema lentito en el que deja de cuestionarse sus creencias, recitando unos versos en hebreo al final y estableciendo a Dios como un defensor de las minorías oprimidas.

No Place” y “The Great Unknown” continúan temáticamente con esa huida de la ciudad a través de percusiones, trompetas, guitarras y un sonido más lo-fi. “Transangelic Exodus” es un disco urgente, un viaje paranoico hacia ninguna parte a partir del cual uno puede conocerse a él mismo, con piezas ajenas a la realidad en las que Ezra simplemente se cuestiona a sí mismo, tal y como sucede en “Compulsive Liar” y “Maraschino-Red Dress $8.99 at Goodwill”, en las que habla de cómo esconder su identidad de género y sexualidad le han hecho convertirse en un mentiroso y sobre la culpabilidad que siente al comprarse un vestido.

Seguramente “Transangelic Exodus” no es en conjunto el trabajo más redondo hasta la fecha de Ezra Furman. Es uno de los riesgos que un artista corre cuando intenta salir de la zona de confort. La historia que intenta contar a veces divaga demasiado sin llegar a nada concreto, empieza in medias res y pronto pierde un poco el toque narrativo para volverse algo más introspectivo.

Me gusta que Ezra no haya buscado el single clásico de guitarras con “Love You So Bad” y lo lleve hacia el chamber-pop con las cuerdas, pero manteniendo una estructura y una forma de cantar más cercana a Springsteen y Ryan Adams. Es el hit del disco y a la vez se desmarca de su sonido más clásico. Lo mismo ocurre con “Come Here Get Away From Me”, mucho más oscura, como si fuera una canción de Queens of the Stone Age privada de los guitarrazos, algo que le pega mucho a una letra que habla de sentimientos contradictorios sobre querer estar rodeado de gente y a la vez completamente solo.

Cabe destacar que la parte final del disco también es muy disfrutable con “Peel My Orange Every Morning” y “Psalm 151”, piezas acústicas más añejas con una producción cercana al revival antes de entrar en una “I Lost My Innocence” a lo Beach Boys, muy pop y bailable, en la que Ezra habla abiertamente de su sexualidad (“I lost my innocence / to a boy called Vincent), esta vez sin el tono fatalista de cortes anteriores y entregándonos un final confuso e inconcluso de la historia pero a la vez positivo y que transmite incertidumbre y a la vez esperanza sobre el futuro.

Musicalmente funciona bien, manteniendo el sonido clásico del rock de los cincuenta y los sesenta, los Beatles, The Velvet Underground y Beach Boys a la par que se acerca más a grupos actuales que han llevado ese sonido hacia el art-pop como Deerhunter. Sin embargo, donde destaca verdaderamente “Transangelic Exodus” es en sus letras. Son reflexivas, personales, honestas y atrevidas. Nunca es fácil hablar de uno mismo y menos cuando formas parte de un colectivo rechazado por la sociedad.

Seguramente “Transangelic Exodus” no es en conjunto el trabajo más redondo hasta la fecha de Ezra Furman. Es uno de los riesgos que un artista corre cuando intenta salir de la zona de confort. La historia que intenta contar a veces divaga demasiado sin llegar a nada concreto, empieza in medias res y pronto pierde un poco el toque narrativo para volverse algo más introspectivo. Musicalmente funciona bien, manteniendo el sonido clásico del rock de los cincuenta y los sesenta, los Beatles, The Velvet Underground y Beach Boys a la par que se acerca más a grupos actuales que han llevado ese sonido hacia el art-pop como Deerhunter.

Sin embargo, donde destaca verdaderamente “Transangelic Exodus” es en sus letras. Son reflexivas, personales, honestas y atrevidas. Nunca es fácil hablar de uno mismo y menos cuando formas parte de un colectivo rechazado por la sociedad. Tampoco lo es responder a ese rechazo con un contraataque, una bala en forma de trece canciones con las que Ezra da la cara y no sólo cuestiona su identidad y sus creencias, sino las de aquellos que le rodean. “Transangelic Exodus” no es perfecto pero sí necesario, especialmente para todas esas personas en una situación similar y que necesitan verse representadas.

Ezra Furman – Transangelic Exodus

7.8

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Es complicado formar parte de una sociedad que no te acepta por tu identidad, y de eso nos habla Ezra Furman en “Transangelic Exodus”, su cuarto trabajo en solitario. Una historia sobre ángeles, huidas, Dios y descubrirse y aceptarse a uno mismo a lomos de una instrumentación que combina el rock de The Velvet Underground con el art-pop de Deerhunter.

Up

  • Más original y arriesgado que sus anteriores trabajos.
  • Los mejores temas funcionan bien tanto en conjunto como por separado.
    Sus letras, sin miedo ni pelos en la lengua.

Down

  • Algo irregular, a veces parece que a algunas canciones les ha dado demasiadas vueltas.
  • Quizás habría sido más redondo si hubiese llevado el concepto hasta el final.