Fotografía: Linda Brownlee

Doce años después de su última referencia Blur regresaron para editar “The Magic Whip” (2015), un álbum en el que los británicos se mueven con desigual acierto entre 1991 y 1999 sirviéndose además de la experiencia adquirida por sus miembros a lo largo de su andadura musical en el siglo XXI. No hablamos de uno de los mejores trabajos de Blur ni mucho menos, pero sirvió como punta de lanza para una reunión propiamente dicha de los miembros originales más allá de diversas apariciones esporádicas. No obstante, en el punto en el que estamos parece que Blur no es la prioridad de –al menos– los dos cabezas pensantes de la banda, y es que si Damon Albarn está al 100% centrado en la nueva etapa de Gorillaz (habiendo publicado el pasado 2017 “Humanz” y con otro nuevo disco en camino) Graham Coxon se encuentra inmerso en su faceta como compositor de bandas sonoras, según ha comentado en una nueva entrevista con iNews. A raíz del éxito de The End of the F***ing World, menciona:

Después de la reunión, comencé inmediatamente a trabajar en algunas canciones que estaban totalmente equivocadas. Al final, traté a los personajes y las escenas como si fuera un cantautor, tratando de extraer de la reacción lo que debería interpretar.

Eso es lo que he hecho con Damon [Albarn] durante años. Tengo que tratar de obtener la mayor cantidad de información de la melodía o las extrañas letras que él tenía, y luego descubrir el impulso emocional de la canción y hacer el trabajo de guitarra que mejor le sienta.

“A la gente no le importa la música lo suficiente como para hacerse una idea propia sobre lo que les gusta”.

Durante la charla también garantiza que tiene preparado otro álbum en solitario que grabó más o menos durante las sesiones de su último “A+E” (2012), pero que éste será más clásico, con un “sonido indie a la vieja usanza”. Asimismo, Coxon confiesa que está tratando de encontrarse a sí mismo en el sentido de descubrir por qué su trabajo en solitario no consigue llamar más la atención, y explica:

Sólo sentía que mi trabajo se pasaba por alto la mayor parte de veces. Tal vez no fue así, tal vez simplemente no fue tan bueno. Estoy intentando descubrir de qué se trata realmente mi material, qué parte de mí impide que mi música llegue a más personas. Creo que está imbuido de toda mi personalidad, que no es particularmente extrovertida.

Quizás a la gente no le gusta del todo las canciones que son un poco infelices o miserables. Bueno, si Ed Sheeran lo canta, por supuesto le gustará a la gente. A la gente le gusta lo que les dicen que les guste y no les importa la música lo suficiente como para hacerse una idea propia sobre lo que les gusta.

Casi al final Coxon habló sobre su nueva etapa con Blur, asegurando que se ha permitido “disfrutar más” mientras que los noventa fueron simplemente intensos, pero que en realidad no disfrutó pese al éxito del grupo. En varias ocasiones comenta que se arrepiente de no haber disfrutado y se pregunta a sí mismo por qué no podía pasarlo bien con sus compañeros, aunque, a decir verdad, sí hubo momentos en los que disfrutaba durante esa década. En palabras del británico:

Intenté pasarlo bien, pero la única forma en que podía pasar un buen rato en la década de los noventa era emborrachándome de verdad. Y esos momentos fueron los únicos que se libraron de problemas y mierda alrededor. Pero luego, cuando recuperé la sobriedad, la mierda alrededor era el doble de grande, así que fue difícil.

“Cuando envejeces se vuelve más difícil”.

Finalmente, Graham Coxon se mostró bastante dubitativo sobre el futuro de Blur y sobre si alguna vez tendremos un nuevo álbum del cuarteto, ya que cuando la periodista le pregunto a éste respecto Coxon respondió:

No. Lo dudo. Realmente no sé por qué habría [un nuevo álbum]. Creo que ha sido un buen punto en la historia de Blur, ya sea el último o no, no sé, pero por el momento ciertamente no hay planes de hacer otra cosa.

Cuando envejeces se vuelve más difícil. Tienes mucho menos tiempo para hacer esas cosas, así que esa es probablemente la razón por la que muchos músicos van cuesta abajo creativamente a medida que envejecen.