Con tan sólo dos discos en solitario Ferran Palau nos dejó clara su habilidad para confeccionar melodías suaves, centradas en lo esencial y con una dirección clara: el alma. Casi como un alquimista o un artesano, Palau ha explorado los espacios ignotos del que denomina “pop metafísico”, adentrándose y ahondando en él a cada disco que publicaba.

Nosotros, no os vamos a engañar, caímos rendidos a su embrujo con el espectacular “Santa Ferida” (2015), una compilación de delicados temas que transitaban por parajes folk y pop. Una mezcla entre la madera y el metal, lo cálido y lo frío. Ahí seguían resonando los ecos de su primer trabajo “L’aigua del Rierol” (2012), que seguramente quede un poco más lejano tras “Blanc”, un nuevo disco que, prudentemente, podríamos considerar su mejor trabajo discográfico, siendo los dos anteriores igualmente imprescindibles para comprender el imaginario del catalán.

El bálsamo espiritual de Ferran Palau

Ferran Palau sigue siendo plácido, sutil y muy brillante. Seguramente recoge ideas que ya plantaron con el último de Anímic, pero “Blanc” suena menos denso, menos oscuro y mucho más esperanzador.

Mucho ha pasado antes de “Blanc”: hace poco más de un año que Ferran firmaba “Skin” con Anímic (la banda donde le conocimos), un breve pero potente tejemaneje electrónico e industrial que ponía su diana en la deshumanización contemporánea, marcando una nueva y visceral senda para los de Collbató. Pese a la garra que insuflaron entonces en algunos temas como “Glass”, “TV” o “Whales”, el retorno de Ferran Palau en solitario sigue siendo plácido, sutil y muy brillante. Seguramente recoge ideas que ya plantaron con el último de Anímic, sobre todo en la misteriosa “Hidden”, pero “Blanc” suena menos denso, menos oscuro y mucho más esperanzador.

¿Y qué es “Blanc”? Pues precisamente eso: un lienzo en blanco, un espacio abierto donde todo puede encajar. Es curioso que Palau haya decidido titular “Blanc” a un disco tan colorido, casi tanto como la portada, en el que cada canción va sumando tonos a este lienzo. Y es que aquí está uno de los puntos fuertes del álbum, ya que pese a tener un hilo común sus diez temas funcionan como entidades en sí mismas, pequeños paisajes que conforman un mismo territorio, distintas auroras de un mismo amanecer.

Fotografía: Martina Matencio

“Blanc”: una brillante indagación en el autodenominado ‘pop metafísico’

Como ya afirmaba en sus anteriores trabajos, a Ferran no le interesa conseguir un significado o un mensaje específico, lo importante es la sensación que provoca la canción. Por consiguiente, lo importante es cómo uno reacciona ante sus composiciones más que si consigue descifrar algo concreto en ellas, y es indiscutible que Ferran consigue trasladarnos a una realidad cálida, pausada y plácida.

Entramos, pues, “A Dins”, con un contundente sintetizador y unos acordes de guitarra que resuenan a “El Meu Lament”. Desde aquí ya divisamos la dirección del disco: esta mágica sensación de que todo está en suspensión, flotando. En cada estribillo los sintetizadores y la percusión elevan todo, mientras que la voz de Ferran nos arrastra a un interior nocturno: “La nit s’acaba, però se’m queda a dins…”.

El carácter inefable de los temas de Ferran Palau prosigue en “Flor Espinada”, cuyas frases parecen perderse sin rumbo, jugando a deconstruirse y guiadas únicamente por el ritmo. Como ya afirmaba en sus anteriores trabajos, a Ferran no le interesa conseguir un significado o un mensaje específico, lo importante es la sensación que provoca la canción. Por consiguiente, lo importante es cómo uno reacciona ante sus composiciones más que si consigue descifrar algo concreto en ellas, y es indiscutible que Ferran consigue trasladarnos a una realidad cálida, pausada y plácida.

Uno de los puntos fuertes del álbum es que, a pesar de tener un hilo común, sus diez temas funcionan como entidades en sí mismas, pequeños paisajes que conforman un mismo territorio, distintas auroras de un mismo amanecer.

Otro ejemplo de todo ello es “Tornar a començar”, en la que intervienen los elementos justos y necesarios para que funcione y desprenda esa delicadeza a la que nos remite la voz. En “Tornar a començar” la letra fluye como un susurro que acaricia cada letra pronunciada, y algo similar pasa en “Serà un abisme”, con la que la conexión es instantánea, convirtiéndose en el que posiblemente sea el tema más destacado del disco. La voz toma un papel más protagonista, aislándose para caer en ese abismo que podríamos interpretar como la fragilidad que invade a uno al verse sobrepasado por el amor que siente: “Serà un abisme on he caigut o el paradís que em dones tu, no hi ha fortuna més cruel ni res tan dolç. Destacamos el pasaje final con unas guitarras que amansan a cualquiera y abren un auténtico vitral sensitivo.

Otro de los aciertos de “Blanc” es su indagación con los sintetizadores y con recursos electrónicos para dar esa sensación vaporwave que buscaba Ferran en la grabación del disco, de donde salen temas como “Cavall Blanc”, cuyo punto de fuga es delimitado por los teclados y las voces que resuenan como ecos en el espacio sideral: “Blanc…”. Igual de elevada es “Res”, en la que se desprende una actitud un poco más cercana al hip-hop. En “Res” la baraja está repartida entre sintetizadores y unos coros dulces, suaves y diáfanos.

Ferran decía que parte de la inspiración de este disco bebía de cultura televisiva como Twin Peaks o Stranger Things, y probablemente de ésta última se heredaron los teclados graves que abren “Granit”, cerrando la tríada de temas que más se evaden a partir de los recursos sintéticos.

¿Y qué es “Blanc”? Pues precisamente eso: un lienzo en blanco, un espacio abierto donde todo puede encajar. Es curioso que Palau haya decidido titular “Blanc” a un disco tan colorido, casi tanto como la portada, en el que cada canción va sumando tonos a este lienzo.

Cuando empieza “Miratge” la guitarra y la voz desnudas vuelven a ser protagonistas, y los recursos oníricos se apoyan en las distorsiones de la guitarra. Realmente Ferran consigue equilibrar el disco con contrapuntos como este: pasando de unos sintetizadores graves a unas guitarras agudas, de lo cargado a lo etéreo, dando esa sensación que comentábamos antes de espectro multicolor. Incluso puede permitirse rescatar brevemente un sonido más propio de “Santa Ferida” en una “Novel·la” que, de hecho, ya pudimos escuchar en algunos conciertos de la gira del anterior disco. Aquí destaca de nuevo la musicalidad de la técnica con la que canta Ferran, jugando con las pausas entre sílabas, casi descomponiendo las palabras en un tenue vaivén que desemboca en una leve catarsis de sintetizadores ávidos por retomar el control.

Y, para terminar, otra canción que destacamos de la placa. Se titula “Lana” y Ferran explicaba en su Twitter que se trata de un homenaje a todos aquellos chicos y chicas trans que se quitan la vida. Y, vista desde este prisma, la canción contiene dardos afilados y directos como “Tan amarga despedida, que us serveixi cada dia”. Un tema desnudo y sincero, en el que Ferran canta con la única compañía de su guitarra, poniendo el último toque a este lienzo blanco del que se nos quedan impregnadas estas no-respuestas que, lejos de producir incertidumbre, nos subliman con cada nota, nos llenan de paz y confirman las primeras palabras de esta reseña. ¿”Serà un abisme on hem caigut o el paradís que ens dones tu”?

Ferran Palau – Blanc

8.7

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El regreso en solitario de Ferran Palau es una brillante indagación en el autodenominado ‘pop metafísico’ a través de sintetizadores, guitarras y voces que atrapan instantáneamente. Diez temas cálidos para caer en el embrujo del catalán y dejarse llevar por la placidez de sus sendas. Con todo, “Blanc” suena justo al oasis de tranquilidad que necesitábamos.

Up

  • Ferran juega con una paleta de colores más amplia que en “Santa Ferida”, provocando un mayor espectro de sensaciones.
  • La sensación de ingravidez, tranquilidad y paz que desprende cada tema del disco.

Down

  • Al ser un disco tan centrado en sensaciones puede ser difícil entrar en él sin el mood adecuado.