Es un tópico lo de que para ser creativo y genial hay que estar hundido en la más profunda insatisfacción. ¿O no? ¿O es cierto? Al menos para el canadiense The Weeknd, definitivamente lo es. Lo siento mucho, chico, pero lo de estar contento y que te quieran tanto las supermodelos te sienta fatal, y te salen unos discos bastante peores; ni siquiera invocando al difunto Bowie ibas a poder redimir tu anterior y engominado “Starboy”. Hasta te cortaste tu icónica y demencial palmera de rastas para ponerte esa maceta a lo El Príncipe de Bel Air que te hace parecer equilibrado mentalmente. Decepción tras decepción; tu paz interior, nuestro aburrimiento.

The Weeknd vuelve a ser infeliz y los fans se van a alegrar bastante

The Weeknd amenaza: se ha hartado de “Starboy”, del brillibrilli, de las acaballas de los ochenta y de homenajear a David Bowie.

Pues sí, efectivamente, The Weeknd acaba de soltar su nuevo EP largo/LP corto titulado “My Dear Melancholy,” y no, no le ha puesto ese nombre para despistar, sino que el tipo está realmente rebozado de miseria: no sabe si está despechado, cachondo, deprimido, cachondo, borracho, cachondo… Un verdadero torbellino de sentimientos, vamos. Lo que sí tiene muy claro es de quién es la culpa de que él esté tan confuso: de las chicas. Concretamente, la fuente de sus tormentos es una que fue su novia hasta hace poco (Selena Gomez), y un poco también otra que lo fue antes que esta (Bella Hadid).

“My Dear Melancholy,”: ensayo intensivo sobre romper con novias guapas y famosas

The Weeknd acaba de soltar su nuevo EP largo/LP corto titulado “My Dear Melancholy,” y no, no le ha puesto ese nombre para despistar, sino que el tipo está realmente rebozado de miseria: no sabe si está despechado, cachondo, deprimido, cachondo, borracho, cachondo… Un verdadero torbellino de sentimientos, vamos.

Todo empieza en “Call Out My Name”, con el familiarmente conocido como Abel Tesfaye echándole en cara a Selena Gomez que él la trató muy bien mientras ella intentaba curarse de lupus. Ostras, qué buena persona, el The Weeknd, y esta chica va y lo deja para volver con Justin Bieber, no hay derecho… Él cantaba sobre hacerles cosas parecidas a otras tías en sus discos de 2011, cuando aún no lo petaba en todas las fiestas y Pitchfork le tenía respeto, pero ahora que se lo hacen a él, pues no mola nada, evidentemente. Producida en coalición por Frank Dukes (artesano tras pelotazos de la talla de “Havana” de Camila Cabello) y el superdotado Nicolas Jaar, incluye las típicas imitaciones a Michael Jackson en modo predicador que le salen tan bien al de Toronto, más esa farfullada necesidad de camuflar lo irritablemente agudo de su timbre con suciedad. Por suerte, en “Try Me” (la parte en que le pide a Selena que deje a Justin), Mike WiLL Made-It prescinde de este recurso y encarna a The Weeknd en su habitual esplendor, el soul kierkegaardiano de siempre.

No obstante y afortunadamente, “My Dear Melancholy,” no va sólo de volver a ser el viejo y adorable amargado que era; The Weeknd también descubre con “Wasted Times” (de lejos el tema más bien afilado y fresco de la escueta colección) nuevas formas de regodearse en su querida melancolía. Skrillex en la mesa de mezclas le abre un abanico de posibilidades electrónicas para expresar sus lacerantes anhelos por los seres amados perdidos, y es que con esta intenta contarnos que lo de Selena fue, de hecho, una perdida de tiempo, ¡que la que valía la pena en realidad era Bella! Y le manda un recadito en forma de indirecta: “And I know right now that we’re not talkin’ / I hope you know this dick is still an option. Ya sabes, Bella Hadid; aún tienes posibilidades con este oscuro galán que, aunque no posee grandes dotes para la reconquista, logra dejar caer los versos del estribillo en unos inesperados graves que, como dice Travis Scott, dan miedo de lo bellos.

El canadiense quiere volver a la épica depresiva de su neo-soul deconstruido de antaño, proveyendo (para compensar con dichos motivos lúgubres y desamorosos) de una divertida novedad que le sienta mucho mejor que el post-disco: el post-dubstep. “My Dear Melancholy,”, The Weeknd vuelve (a estar triste).

De “I Was Never There” se podría decir (si no fuera un irrelevante ejercicio masturbatorio sobre lo literalmente tóxica que es su exnovia) que la producción del francés Gesaffelstein (único acreditado oficial del proyecto) es intrigante, aunque lo es bastante más en la contigua “Hurt You”, donde se hace un autoguiño en la acongojante sirena que la cierra y que marcó el inicio de “Send It Up”, en el “Yeezus” de Kanye West.

Privilege” y sus arreglos de electrónica refinada que deja oxigeno para el soul suponen el final perfecto, tanto ambiental como temático (Abel acaba de escupirle la bilis a Selena y se declara oficialmente de regreso en su antiguo estilo de vida de sexo, drogas y angustia), para un corta duración que, de haber gozado de toda la largura que exige la ley, se hubiese alzado heroicamente cual indestructible y ultracohesionado álbum conceptual. Pero no: la venganza es un plato que se sirve frío, y este mal de amores musicado de “My Dear Melancholy,” debería de haber reposado mucho más… O haberse tomado mucho menos en serio. Sea como fuera, hay que quedarse con lo positivo, que es que The Weeknd va a parar de tirarse el farol de la superestrella feliz y a estar muy triste como cuando lo conocimos. Qué bien que estés jodido de nuevo, Abel, en serio. Y en cuanto puedas, vuélvete a hacer un peinado loco.

The Weeknd – My Dear Melancholy,

6.6

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The Weeknd amenaza: se ha hartado de “Starboy”, del brillibrilli, de las acaballas de los ochenta y de homenajear a David Bowie. Quiere volver a la épica depresiva de su neo-soul deconstruido de antaño, proveyendo (para compensar con dichos motivos lúgubres y desamorosos) de una divertida novedad que le sienta mucho mejor que el post-disco: el post-dubstep. “My Dear Melancholy,”, The Weeknd vuelve (a estar triste).

Up

  • “Wasted Times” y los novedosos escarceos con la electrónica que deja intuir para el futuro.
  • Regresa a la fórmula del “Beauty Behind the Madness” que todo el mundo amó, y concretamente a las texturas sónicas y líricas que son raritas y turbulentas pero no tanto como para que el mainstream no pueda tragárselo.

Down

  • ¿Mejor que “Starboy”? Sí. ¿Algo más? Not really.
  • Puede venderlo como LP cuantas veces quiera, pero no lo es, y en tanto que EP se podría haber permitido ser más disperso en lugar de presentar un miniensayo sobre el desamor tan monolítico e intensito.