Para el rock corren tiempos confusos, difíciles, donde la pérdida de protagonismo lleva a situaciones que, por el ego acumulado durante generaciones, muchas veces nos negamos a aceptar. Una de ellas es que de un tiempo a esta parte es la música urbana, hip-hop mediante, la cual marca la parada en el terreno de las innovaciones. Eso no implica la tan mentada ‘muerte del rock’, pero si ha llevado a unos cuantos a darse cuenta de dos cosas: la necesidad de cambios y reinvenciones en muchas ideas preconcebidas en lo que se refiere a la composición y la oportunidad que representa esa pérdida del foco principal para hacerlo sin presiones de lograr hits de manera continuada.

Obviamente el objetivo, llegados a este punto, es recuperar ese sitio de privilegio. No suena muy alejado de la realidad pensar que las motivaciones actuales para Julian Casablancas corren por el lado de que, si una vez pudo ‘salvar el rock’ con The Strokes, puede hacerlo en solitario, ahora que no tiene las ataduras de ‘los otros cuatro’ para decidir cómo, cuándo y bajo qué preceptos quiere hacer música.

Encontrando su lugar alejado de The Strokes

En “Tyranny” Casablancas consiguió algo parecido a un equilibrio entre su gusto encontrado por los sintetizadores y una visión más atrevida de la guitarra. Comercialmente no logró gran cosa, pero tuvo validez suficiente como para legitimar ese otro lado suyo entre los que dudábamos y/o deseábamos más material de The Strokes, lo cual visto hoy no tenía sentido si tenemos en cuenta que “Angles” y “Comedown Machine” no se alejaban de esa visión solista de Julian ni lo hacían de la que tenía por su parte Albert Hammond Jr.

Debo admitir que no soy tan afín al Casablancas solista. “Phrazes For The Young” tenía buenos momentos, pero no me lo podía tomar en serio viniendo de escuchar tres álbumes tan poderosos como los que lanzó con The Strokes previamente. Parte del problema con ese otro lado suyo estuvo en que no supo inmediatamente lo que quería hacer, algo que para tiempos inmediatos e impacientes puede resultar perjudicial cuando las primeras impresiones pesan más que nunca en la historia. Eso resulta evidente al notar que primero fue una carrera solista per se, luego un ‘Julian en banda’ (Julian Casablancas & The Voidz) y por último decidió que en realidad se sentía más cómodo bajo el cobijo de una banda donde, al menos en teoría, los músicos compartieran protagonismo con él.

Durante la etapa del ‘Julian en banda’ parece que algo hizo click porque en “Tyranny” consiguió algo parecido a un equilibrio entre su gusto encontrado por los sintetizadores y una visión más atrevida de la guitarra. Comercialmente no logró gran cosa, pero tuvo validez suficiente como para legitimar ese otro lado suyo entre los que dudábamos y/o deseábamos más material de The Strokes, lo cual visto hoy no tenía sentido si tenemos en cuenta que “Angles” (2011) y “Comedown Machine” (2013) no se alejaban de esa visión solista de Julian ni lo hacían de la que tenía por su parte Albert Hammond Jr. Tras lanzar “Past, Preset, Future” con The Strokes, retoma su actividad con The Voidz y prepara a conciencia los temas que van a conformar “Virtue”.

No tanta sorpresa, mucha más efectividad

“Virtue” es más fluido y difícilmente puede decirse que llegue a un punto muerto en sus cincuenta y ocho minutos de duración.

Debo reconocer que el atractivo que llega a despertar “Virtue” en primera instancia proviene de las declaraciones de Casablancas previas a su lanzamiento antes que por los sencillos. “QYURRYUS” llamó mi atención en su momento por profundizar las ideas que le dejó hacer esa memorable participación suya en “Instant Crush” con Daft Punk de una forma bien personal, pero el resto sonaba raro incluso para los estándares que impusieron The Voidz en su trabajo anterior. O era más suave (“Leave It In My Dreams”) o se limitaba a pulir ideas presentes en “Tyranny” (“Pointlessness”). Eso nos permite resaltar un gran logro del LP con respecto a los otros: es más fluido y difícilmente puede decirse que llegue a un punto muerto en sus cincuenta y ocho minutos de duración.

Fotografía: RCA Records

“Virtue”: consolidando lo explorado previamente

En principio “Virtue” es como una radiografía de Nueva York en lo musical, incursionando en muchos de los estilos que hicieron mella en la Gran Manzana a lo largo de su historia.

Leave It In My Dreams es la primera. Suave, melódica, muy balanceada en el uso de guitarra y teclado. Tal vez sorprende más por su relativa convencionalidad que por algo realmente curioso en su interior, pero entre las travesuras de The Voidz destaca precisamente por ser la hermana normal en una familia loca de atar. Y es que ese convencionalismo se ve completamente reformulado en QYURRYUS, donde los sintetizadores ejecutados de manera algo opresiva sin perder lo discotequero se entrecruzan con líneas de guitarra que parecen como ejecutadas al azar y con la voz procesada de Julian, quien usa el vocoder a todo lo que da.

Por su parte, “Pyramid of Bones prueba con otra idea: subir el volumen a las guitarras sin perder ese carácter autómata del track anterior y darle vida a un número que bien puede interpretarse como The Voidz haciendo de Nine Inch Nails o Marilyn Manson. El puente es un poco más melódico, al grado que ya suena más a unos Queen trastornados. En Permanent High School vuelve la suavidad y el cuidado de la melodía, ahora con un mayor protagonismo de los teclados. Salvo algún que otro cambio de ritmo es un tema que se mantiene en un estándar medianamente asequible. Encontramos que acto seguido, en AlieNNatioN”, profundizan en esa línea melódica, ahora con tintes más urbanos y nocturnos en lo que podría interpretarse como el pop desde la perspectiva de Casablancas. No incursiona en el rapeo, pero a lo largo de la canción es como que uno siempre espera que salgan las frases habladas en cualquier momento porque el gancho de la percusión es sumamente atrapante y funcionaría para la causa.

Al igual que Jack White con su último LP, esto es más un collage de ideas que un repertorio de canciones en el sentido más estricto de la palabra. Sin embargo, no puede negarse que hay un esfuerzo evidente por parte de The Voidz para lograr resultados consistentes en las canciones antes que meras excusas para ser unos frikis. Si ha logrado quitarse la sombra de The Strokes o no es otra discusión, pero lo que sí resulta evidente es que ha conseguido algo más que llamar la atención por ser un proyecto paralelo.

Las guitarras vuelven en One of the Ones, ahora aplicadas en ritmos atrapantes no muy alejados de los utilizados en “AlieNNatioN”, mientras en All Wordz Are Made Up el ambiente se pone directamente discotequero, rescatando ideas del mutant disco (particularmente la de mezclar disco con algo tan impredecible como esa voz medio hindú de Casablancas) y muy especialmente las ideas exploradas por grupos como Was (Not Was). Aquí el vocoder vuelve a decir presente y da la extraña ilusión de que nos hallamos ante un cut-up típico de uno de los hijos predilectos de la casa: William S. Burroughs. Por supuesto, sería exagerado poner el ejercicio de The Voidz a esa altura, pero no suena del todo equivocado interpretar las intenciones de Julian en esa dirección.

Entre tantas cosas extrañas y experimentos, llegados a este punto resulta irónicamente gracioso que la siguiente canción sea Think Before You Drink, una especie de folk con guitarra eléctrica donde Casablancas pone a prueba sus dotes de Bob Dylan. Es como si fuese consciente de que nuestra reacción sería, justamente, que se pasaron con la bebida durante la concepción y grabación de “Virtue”. No es aleatorio que aparezca en este punto del disco, pues es exactamente la mitad del camino. De todos modos, de aquí en adelante lo que veremos en The Voidz será la estabilización de todas esas ideas reveladas prácticamente sin filtros y la búsqueda de una mayor consistencia. Así, Wink revela un equilibrio entre ritmo discotequero y más contundencia en la batería, mientras los sintetizadores y las guitarras hacen equipo para lograr una melodía que, sea por un golpe de suerte o por un ingenio que no se logra comprender totalmente, lleva con su constante repetición a un estado de trance que le permite a Casablancas despacharse sin problemas en la voz hasta devolverla a un momento subestimado de su carrera musical.

Hasta el adelanto más descabellado cobra sentido en la escucha completa del LP. “Virtue” es más consistente, más decidido y cuenta con mejores canciones que “Tyranny”.

My Friend the Walls y Pink Ocean sintetizan en su interior mucho de lo probado hasta este punto del LP. Contundencia y buenos ritmos en la percusión, guitarras extrañas, teclados prominentes y un ambiente nocturno que raya en lo tétrico mientras Julian aporta una voz particularmente fantasmagórica. Se atreven incluso a elevar la apuesta, y así tenemos que la estridencia presente al inicio en “Pyramid of Bones” vuelve a poner las cosas a tope en Black Hole, aún más atrapante si cabe gracias a unos beats que oscilan bizarramente entre heavy metal, dubstep y jungle. Fácilmente puede ser la mejor canción que haya grabado Casablancas fuera de The Strokes. En cuanto a Lazy Boy”, elige apostar por el synth-pop cuidadoso y mejora considerablemente la apuesta de “Permanent High School”.

Para el final todavía dejan una novedad en forma de We’re Where We Were, donde las guitarras no apelan a tintes industriales sino al frenesí puro y duro del rock clásico. Claro que Julian Casablancas nunca se permitiría sonar como un cliché (mucho menos como un refrito de The Strokes) y así tenemos varios cambios de ritmo junto a una batería más juguetona para establecer ciertas distancias con el pasado. El ultimo track, Pointlessness, muestra algunas reminiscencias del mencionado “Tyranny” (particularmente de la canción “Human Sadness”) más focalizados y consistentes, prueba del avance tan notorio de todos los involucrados.

En principio “Virtue” es como una radiografía de Nueva York en lo musical, incursionando en muchos de los estilos que hicieron mella en la Gran Manzana a lo largo de su historia. Al igual que Jack White con su último LP, esto es más un collage de ideas que un repertorio de canciones en el sentido más estricto de la palabra. Sin embargo, no puede negarse que hay un esfuerzo evidente por parte de The Voidz para lograr resultados consistentes en las canciones antes que meras excusas para ser unos frikis. De todos modos, eso ya lo habían conseguido con su antecesor, por lo que ahora la tarea pasaba más por consolidar lo explorado previamente. Y puede decirse que han logrado su cometido en líneas generales.

The Voidz – Virtue

8.1

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La ambición de Julian Casablancas y sus declaraciones previas a la prensa han cristalizado en un LP sólido, en cierto modo continuista de lo hecho en “Tyranny” pero superior a éste desde todo punto de vista posible. Si ha logrado quitarse la sombra de The Strokes o no es otra discusión, pero lo que sí resulta evidente es que ha conseguido algo más que llamar la atención por ser un proyecto paralelo.

Up

  • Hasta el adelanto más descabellado cobra sentido en la escucha completa del LP.
  • Más consistente, más decidido y con mejores canciones que su antecesor.
  • A pesar de tener quince canciones fluye con bastante naturalidad.
  • Los temas donde las guitarras toman el protagonismo rompen por encima del promedio, particularmente “Black Hole”.

Down

  • Corre el riesgo de ser realmente subestimado sólo por no enmarcarse en prácticamente nada de lo que hizo grande a The Strokes.
  • Resulta inevitable preguntarse si sus recientes declaraciones no influyeron de más en la percepción del LP.