No hace falta ser un tertuliano de la SER (de hecho, basta con haber visto Amanece, que no es poco) para saber que en Estados Unidos  la cosa está revueltilla. Desde las elecciones de 2016 la sociedad americana está cada vez más polarizada en términos ideológicos e identitarios; en un contexto como éste no han sido pocos los que, a la vista del título escogido por Yo La Tengo para lanzar al mercado su primer álbum de material inédito en cinco años, entendieron que estábamos ante una especie de declaración social y política del veterano trío de Hoboken. Aunque con Yo La Tengo uno nunca puede ser tajante (ellos mismos son poco amigos de las exposiciones sentenciosas y más bien dados a la ambigüedad, la ironía y seguir el rollo y no corregir a quienes les malinterpretan), lo cierto es que “There’s a Riot Going On” no parece proponer sublevaciones ni contiene manifiestos de ningún tipo. Es más, si no se afronta su escucha con una actitud paciente y sosegada, uno podría llegar al final de “There’s a Riot Going On” con la sensación de que en buena parte del mismo no ha estado pasando nada. Kaplan, Hubley y McNew nunca han sido los típicos rock stars que necesitan montar una escenita y provocar un gran revuelo las semanas antes de sacar un disco al mercado (ya sabéis, eso que todavía hoy hacen los Gallagher o Morrissey), así que, si quisiéramos entender el título de su decimoquinto disco como algo más que el juego referencial de unos melómanos introvertidos, podríamos decir que el mensaje universal que la banda quiere dejarnos pasa por tomar una postura alejada de las lecturas viscerales y la ansiedad colectiva que permea nuestras sociedades.

La tranquilidad, la tranquilidad es lo que más se busca

“There’s a Riot Going On” no parece proponer sublevaciones ni contiene manifiestos de ningún tipo. Es más, si no se afronta su escucha con una actitud paciente y sosegada, uno podría llegar al final del álbum con la sensación de que en buena parte del mismo no ha estado pasando nada.

Y es que, al igual que ocurre con aquel chaval turolense, para Yo La Tengo la tranquilidad es, si no lo que más se busca, sí al menos una virtud incontestable. Pocos grupos pueden presumir de haber atravesado tan pocos altibajos en carreras musicales la mitad de extensas que la suya. Quizá esa ausencia de dramas y el centrarse en lo que verdaderamente importa, la música, es una de las razones por las que, pese a su inestimable influencia, Yo La Tengo siguen siendo poco menos que unos desconocidos para el gran público. No obstante, también podría decirse que han sido ellos mismos quienes se han fabricado su propio techo de cristal. Una vez alcanzado ese estatus que les permite vivir de la música y girar por varios países del mundo asegurándose una base de fieles más o menos estable, ambicionar el alcanzar una posición mediática más elevada podría poner en riesgo su estabilidad como conjunto; si algo funciona, mejor no tocarlo. Tal estabilidad queda reflejada en el estilo de vida del núcleo duro de Yo La Tengo: Ira Kaplan y Georgia Hubley siguen llevando una vida de casados de lo más normal, no visten de forma ostentosa y evitan a toda costa que se hable de su vida privada, aún viven en Hoboken –no demasiado lejos del garito en el que se conocieron hace casi cuarenta años en un concierto de los Feelies– y su amor sigue alimentándose de su pasión por la música, la gastronomía y los paseos en bici. Esa bendita cotidianidad les ha permitido mantenerse en pie durante tanto tiempo y adoptar una concienzuda y disciplinada forma de plantearse su oficio de músicos, convirtiéndose así en una suerte de funcionarios del indie.

Pero que vivan instalados en lo cotidiano y alejados de los excesos del trinomio sexo-drogas-rock’n’roll no quiere decir que lleven casi treinta y cinco años repitiendo la misma jugada. El trabajo meticuloso y el gran apetito musical de sus componentes han hecho posible que tengamos unos Yo La Tengo para cada momento y emoción de la vida, incluso si lo que te apetece es perderte en medio de una jam experimental y ruidosa. “There’s a Riot Going On”, avisamos desde ya, transcurrirá en su totalidad por la vertiente menos agresiva del trío. Así que, si eres de los que guardas “And Then Nothing Turned Itself Inside-Out” como una de las cimas de su carrera, estás de enhorabuena. Por suerte, y aunque pueda parecer lo contrario, Kaplan y compañía no han dejado encendido el piloto automático, sino que se asomarán varias veces durante el disco a los límites de su zona de confort, pero sin hacer demasiado alarde de ello, como si de verdad allí no estuviera pasando nada. Esta manera de integrar en su sonido elementos contradictorios como jazz, kraut, ambient, tropical y dream-pop obteniendo una expresión musical tan coherente y propia al mismo tiempo es, sin duda, el principal tanto a favor que Yo La Tengo deben apuntarse con este álbum.

Fotografía: Jacob Blickenstaff

Instalados en lo cotidiano y alejados de los excesos pero sin repetir la misma jugada treinta y cinco años después

Si quisiéramos entender el título del disco como algo más que el juego referencial de unos melómanos introvertidos, podríamos decir que el mensaje universal que la banda quiere dejarnos pasa por tomar una postura alejada de las lecturas viscerales y la ansiedad colectiva que permea nuestras sociedades.

You Are Here” sirve para situarnos y saber a qué nos enfrentamos. Enteramente instrumental, la pista encargada de abrir el LP se basta de un órgano fluctuante, un sencillo loop y una percusión tímida para hipnotizarnos. La maravillosa y dulce voz de Georgia nos devuelve a la realidad en “Shades of Blue”, una pieza bastante redonda, a lo The Velvet Underground & Nico, cortita y al pie. Mientras “She May, She Might” alberga una auténtica maraña melódica dentro de sí desenvolviéndose en un crescendo de lo más psicodélico con el que vuelve a apostar por las atmósferas ensoñadoras, por su parte “For You Too” completa un cuarteto inicial de gran calidad con la pista más directa y noventera del largo que Kaplan dedica a su mujer: “For you / Whenever there’s hurt / and things are uncertain / Maybe I could be that guy / I’d like to try.

No se puede decir que hasta ahora hayamos asistido a una colección de singles radiables, pero será a partir de la quinta pista cuando las inquietudes experimentales de Yo La Tengo aparezcan de forma más nítida. Así, temas como “Ashes” y más adelante “What Chance Have I Got”, con una Georgia lacónica y sugerente moviéndose entre sencillos patrones rítmicos exóticos y motivos melódicos desordenados y atmosféricos, resultan bastante expresivos de la manera en que la banda ha trabajado las canciones del álbum: a base de improvisar en su casa sobre elementos pregrabados, explorando las posibilidades del sintetizador y diferentes aplicaciones electrónicas sin la supervisión de ningún productor.

Yo La Tengo se asomarán varias veces durante el disco a los límites de su zona de confort, pero sin hacer demasiado alarde de ello, como si de verdad allí no estuviera pasando nada. Esta manera de integrar en su sonido elementos contradictorios como jazz, kraut, ambient, tropical y dream-pop obteniendo una expresión musical tan coherente y propia al mismo tiempo es, sin duda, el principal tanto a favor que deben apuntarse con este álbum.

Esta forma de componer –sin las presiones y limitaciones que puede suponer la contratación de un productor y un estudio por un cierto periodo de tiempo– propicia un acercamiento mucho más relajado y espontáneo por parte de Yo La Tengo hacia su música, que en ocasiones adquirirá un carácter ambiental casi insoportable, como si las canciones pudieran desvanecerse de un soplido (“Shortwave”), así como momentos en los que el delirio dreamy podría resultar más propio de la BSO de una película surrealista que del disco de una banda de indie-rock (“Dream Dream Away”), pero siempre tratando de aprovechar estas pistas más atmosféricas e improvisadas para dejarnos diferentes colores y matices en los que indagar, obtenidos, como es el caso de “Above the Sound”, a partir leves salpicaduras de jazz y world music en una receta ya de por sí ecléctica. A pesar de la improvisación, todo en “There’s a Riot Going On” parece estar hecho con bastante mimo y buen gusto. ¿Cómo si no explicar que consigan encandilarme y no hacer el ridículo incluso cuando tratan de hacer bossa nova (“Esportes Casual”) o un híbrido entre música de ascensor y de dibujos animados de Hanna-Barbera (“Let’s Do It Wrong”)?

Una única manera de hacer las cosas: muy bien

Vivir ajenos a criterios comerciales y resistiéndose a pasar por el aro de la nostalgia indie por el que ya han circulado varios de sus coetáneos implica pagar el precio de esa precariedad: ¿volverá la inspiración algún día? Por suerte, Ira, Georgia y James no se han cansado de trabajar para buscarla y y aquí han vuelto a dar en la tecla adecuada.

Así, poco a poco, el consagrado trío de Hoboken va confeccionando un disco intimista, quizá demasiado sutil para algunos, que se expande con elegancia como un todo bien cohesionado del que todavía puede resaltarse la calidad del último trío, de impecable factura jazzera, que completa la quincena de piezas del tracklist. “Forever”, acaso la más brillante de ellas, representa como ninguna otra la justa medida entre el pop canónico, las intenciones paisajísticas y la experimentación onírica por la que apuestan en este álbum. Tras los “shoo-bop, shoo-bop” entre los que se escondía la voz de Ira, casi susurrante, “Out of the Pool” nos devuelve la versión más asertiva del cantante en un spoken word interpretado en un ambiente bastante más opresivo. “Here You Are” termina de cerrar el círculo con siete minutos de deliciosa improvisación capaz de sumirnos en el más cálido y reconfortante de los sueños mientras parecen decirnos adiós con la mano:

We are out of words, we’re out of time, believe the worst…”

De alguna manera, para un grupo como Yo La Tengo terminar un álbum hace tiempo que supone quedarse en una especie de limbo. “Nunca hacemos las cosas sólo porque ha sonado el despertador y ha llegado la hora de hacer un disco”, aseguró Ira mucho antes de la publicación de “Fade”. “Queremos sentir que hacemos algo inteligente en el momento correcto”. Vivir ajenos a criterios comerciales y resistiéndose a pasar por el aro de la nostalgia indie por el que ya han circulado no pocos de sus coetáneos implica pagar el precio de esa precariedad: ¿volverá la inspiración algún otro día? Por suerte, Ira, Georgia y James no se han cansado de trabajar para buscarla y en “There’s a Riot Going On” han vuelto a dar en la tecla adecuada, una vez más, para justificar esa fama de banda que sólo sabe hacer las cosas de una manera: muy bien.

Yo La Tengo – There’s a Riot Going On

8.0

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Yo La Tengo vuelven a estar a la altura de su legado con un disco en el que demuestran que su pasión artística y honestidad pop no tiene visos de agotamiento. Toda una lección de humildad para un buen número de bandas de su mismo género pero veinte años más jóvenes.

Up

  • Elegancia.
  • Experimentación.
  • El mimo con el que está todo cuidado.

Down

  • En algún punto, quizá en “Shortwave”, el ambient corra el peligro de tomar demasiado protagonismo.
  • La portada es sencillamente horrible.