Una de las consecuencias de vivir en la era de Internet es que, al igual que todos tenemos la posibilidad de opinar sobre el trabajo ajeno, también nos encontramos mucho más expuestos a las opiniones de los demás. La libertad de expresión es un arma de doble filo que muchas veces se utiliza como argumento para lanzar cuchillos cargados de veneno hacia personas cuyo trabajo simplemente no es de tu agrado. Ante este panorama, un artista tiene por lo general dos opciones: intentar contentar al mayor número de personas posible o hacer lo que le dé la realísima gana. Y una de las variables que puede surgir de esta segunda opción es llevarle la contraria a tus detractores. Porque dicen que quien no arriesga no gana. Y si con su álbum debut ya desafiaban al oyente más pureta, en “Contra” (su segundo disco de estudio) Vampire Weekend dejaron claro que ellos querían ganar y que, para ello, estaban dispuestos a arriesgar lo que hiciera falta.

El curso de una batalla puede definir la guerra

Con tan sólo un disco bajo el brazo ya habían conseguido un sonido propio muy característico, difícil de clasificar con exactitud y, aunque también se ganaron un buen número de haters, Vampire Weekend no quisieron intentar seducir a sus detractores ni quedarse en la mera autocomplacencia, sino más bien todo lo contrario. Los neoyorquinos quisieron explotar todos los recursos de los que disponían y llevarlos un paso más allá.

La propuesta de Vampire Weekend ya era lo suficientemente original como para conseguir estar en el punto de mira de la crítica, los fans y los haters. Sus guitarras limpias, sus ritmos afroamericanos, la voz risueña (y a veces infantil) de Ezra Koenig y el contraste entre su imagen de niños pijos y su capacidad para lanzar versos llenos de crítica e ironía desde las melodías más sutiles proponían un cóctel innovador y a la vez lo suficientemente cercano y accesible como para situarse por encima de otras propuestas similares como las de Dirty Projectors o tUnE-yArDs, más retorcidas y, aún si cabe, alejadas de lo comercial.

Con tan sólo un disco bajo el brazo ya habían conseguido un sonido propio muy característico, difícil de clasificar con exactitud y, aunque también se ganaron un buen número de haters, Vampire Weekend no quisieron intentar seducir a sus detractores ni quedarse en la mera autocomplacencia, sino más bien todo lo contrario. Los neoyorquinos quisieron explotar todos los recursos de los que disponían y llevarlos un paso más allá. ¿Creías que éramos raros y desagradables? Pues espera a ver esto.

“Contra” es un disco de excesos. Parece algo contradictorio tratándose de un grupo en el que el minimalismo y los detalles sutiles priman por encima de la carga sonora, pero lo cierto es que el sucesor del primer trabajo del finde vampírico rompió las barreras de sus limitaciones, experimentó con lo que ya tenían e introdujo cambios sonoros sobradamente palpables como para hablar de algo más que una continuación. “Contra” pierde un poco el carácter barroco del primer disco, ya que los ecos y el aroma chamber-pop se sustituyen por una mayor presencia de sintetizadores y una instrumentación más electrónica, en la que abundan las voces retocadas y los beats. Rostam pasó a ser el guitarrista principal en este trabajo y su labor en la producción es aún más notable, explorando nuevas texturas sonoras que si bien no siempre dan un resultado óptimo, sí serían una pieza clave para (spoiler alert) lo que Vampire Weekend lograrían tres años más tarde en “Modern Vampires of the City”.

Fotografía: David Corio (The New York Times)

“Contra”: un disco de excesos que rompió las barreras de sus limitaciones

“Contra” pierde un poco el carácter barroco del primer disco, ya que los ecos y el aroma chamber-pop se sustituyen por una mayor presencia de sintetizadores y una instrumentación más electrónica, en la que abundan las voces retocadas y los beats.

Estos cambios pueden apreciarse prácticamente desde que comienza “Horchata”, una canción directa en la que la marimba le sigue el juego vocal a Ezra antes de desembocar en un festejo de coros y percusión con esa influencia afroamericana del primer disco, sólo que con un aire mucho más épico aquí. No es que Vampire Weekend ya no sean un grupo minimalista, sino que la sensación que transmite “Contra” respecto a su debut es totalmente diferente. Pasa lo mismo en “White Sky”, de estructura más reconocible y estribillo más coreable. Con su primer disco Vampire Weekend transmitían la sensación de estar cantando y observando desde dentro de una habitación. En cambio, aquí parece que están en el exterior haciéndose notar a viva voz. Sin embargo, lo que no ha cambiado es el tono alegre de sus canciones y el contraste con las críticas tan irónicas de las letras de Ezra. “Holiday”, canción veraniega con alma de hit como ella sola, no es sino una crítica hacia la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos.

Por su parte, “Californian English” es uno de esos temas más experimentales que mencionábamos antes, sobre todo por el vocoder de la voz de Ezra, aunque este tipo de piezas están lejos de resultar redondas. Ni la delicadeza de “Taxi Cab” ni las historias de amores fallidos de Ezra terminan de cuajar a veces en este álbum, pero, viéndolo con perspectiva, la satisfacción que produce pensar en el atrevimiento del grupo para seguir explorando sus posibilidades es mucho mayor ahora que sabemos a dónde serían capaces de llegar pocos años después.

Las dicotomías y los pensamientos contradictorios toman forma en diversas ocasiones a lo largo de este trabajo. Es un poco la sensación que deja el disco en general: querer ir más allá sea como sea sin dejar de aferrarse a lo ya conocido, de tal manera que a veces parece que las ideas desarrolladas no desembocan en ningún lugar claro.

Si bien canciones como “Run” son la semilla que crecería a pasos agigantados hasta lo más alto en (spoiler alert otra vez, ya os podéis hacer a la idea de que su última referencia nos gusta mucho) “Modern Vampires of the City”, tampoco quiero que parezca que “Contra” es un disco menor o de transición. La sensación de que hay algo que no termina de explotar es perceptible en varias ocasiones a lo largo del elepé, pero “Cousins” es un tema rematadamente divertido al más puro estilo de “A-Punk” y “Giving Up the Gun” es sencillamente una de las mejores canciones de su carrera. Un canto evocador que reflexiona sobre el hecho de no sentirnos conformes con nada por más que consigamos y que aboga por dejarlo todo e intentar ser felices con una vida más sencilla. Es como si todos los experimentos llevados a cabo a lo largo del disco confluyeran perfectamente en esta pieza en la que melodías, voz y acompañamiento dan en el clavo durante sus casi cinco minutos de duración.

Diplomat’s Song” describe una relación gay a lo largo de seis minutos con diversos cambios de ritmo, samples de M.I.A. y una invitación más que notoria a dejarse llevar, algo poco común en Ezra y los suyos, más reconocibles por los temas directos y de breve duración. Lo mismo ocurre en la canción que cierra, “I Think Ur A Contra”. Una voz ensoñadora se abre paso a través de una atmósfera mucho más ambiental para contrastar con la dureza de su letra, describiendo la ruptura de una pareja que empieza creyendo que están hechos el uno para el otro y acaban dándose cuenta de que en realidad es lo contrario.

“Contra” es uno de esos álbumes imperfectos pero necesarios, la prueba fehaciente de que el miedo a salir de la zona de confort no existe y de que la inquietud prima por encima de las ganas de quedarse en terreno conocido. Un trabajo más experimental y con más altibajos, pero también con los aciertos necesarios como para mantenerse sólido y coherente.

Las dicotomías y los pensamientos contradictorios toman forma en diversas ocasiones a lo largo de este trabajo. Es un poco la sensación que deja el disco en general: querer ir más allá sea como sea sin dejar de aferrarse a lo ya conocido, de tal manera que a veces parece que las ideas desarrolladas no desembocan en ningún lugar claro. Es uno de esos álbumes imperfectos pero necesarios, la prueba fehaciente de que el miedo a salir de la zona de confort no existe y de que la inquietud prima por encima de las ganas de quedarse en terreno conocido.

Vampire Weekend buscaban un diamante y, aunque temas como “Holiday” o “Giving Up the Gun” demuestran que lo encontraron, otras canciones como “Californian English” o “Diplomat’s Song” prueban por el contrario que todavía tenían que pulirlo bastante si querían que brillara como ningún otro. Pero esa historia la dejamos para otra ocasión.

Vampire Weekend – Contra

7.6

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“Contra” no es un disco brillante ni es el mejor en la carrera de Vampire Weekend, pero sí es ese en el que comenzaron a germinar las ideas que los neoyorquinos sabrían explotar con éxito más adelante. Un trabajo más experimental y con más altibajos, pero también con los aciertos necesarios como para mantenerse sólido y coherente.

Up

  • Intentan ir más allá sin perder la cabeza y eso siempre es bueno.
  • Hay grandes aciertos como “White Sky”, “Holiday”, “Cousins” o “Giving Up the Gun”.
  • Siguen sonando frescos y únicos.

Down

  • Ideas que a veces no terminan de cuajar o no parecen ir a ningún lado.
  • Disco de altibajos. Sin ser malo, probablemente quedará como el peor valorado de su carrera.