Nathy Peluso alterna la primera y la tercera persona cuando habla de sí misma. Puede que suene soberbio, pero esta sensación se diluye cuando uno está frente a ella y se da cuenta de que hay dos Nathy bien diferenciadas: La que ha vivido la dificultad de un camino que muchos comienzan y aún más tienen que abandonar y la que ha logrado mantenerse en él y ahora se contonea movida por esa energía abstracta llamada música.

La chica que puede ser cualquiera disfrazada de artista sensitiva que respira melodías y suda rimas pasionales y directas presenta “La Sandunguera” (2018, Everlasting Records), y lo hace arropada bajo el cálido manto que la seguridad de quien afronta un destino que siempre ha considerado escrito ofrece.

Y, gracias a Dios, no es la primera artista emergente con la que este redactor queda asombrado.

Siempre has dicho que ‘Nathy es música’ cuando te han preguntado por quién eres. Pero, ¿qué es la música para Nathy?

La música es mi herramienta principal de expresión. La manera que tengo yo de ser feliz. Sin música Nathy no funciona, así que es esencial para mí, como el agua o la comida. De hecho creo que esto que siento le pasa a todo el mundo, pero algunos son más conscientes que otros. Creo que si se eliminara la música del mundo el índice de depresión mundial sufriría una subida significativa.

Eres una artista que mezcla multitud de géneros. ¿Cómo acabas en el hip-hop y por qué te decantas por él como piedra angular?

Es que no acabo en el hip-hop. Lo uso como herramienta pero, si te das cuenta, en el nuevo disco hay muchas más cosas. Soy una persona que tiene mucho que decir y el rap me lo permite por rítmica. Para mí el rap es ritmo: lo escucho en el jazz, en el swing o en la bossa nova. Obviamente, me gusta el rap de los 90 pero me gusta llevarlo a otros terrenos como el soul o el R&B.

Soy una persona que tiene mucho que decir y el rap me lo permite por rítmica. Para mí el rap es ritmo: lo escucho en el jazz, en el swing o en la bossa nova.

El hip-hop siempre ha sido un género muy reivindicativo e inconformista. ¿Sigue teniendo el mismo poder en tiempos de lo ‘políticamente correcto’? ¿Cómo te afecta esto a ti?

Nunca he escrito pensando en lo que pueda provocar. Escribo desde un punto sincero y huyo de querer decir nada con mis letras. Escribo lo que siento y no pretendo tener una repercusión concreta con un tema. “Corashe” o “Alábame” son temas potentes en cuanto a contenido y han provocado olas emocionales en mucha gente, pero en ningún momento buscaba emitir una emoción concreta.

Tus letras son muy particulares. ¿Te molesta que se interpreten de forma distinta a lo que quieres transmitir?

No, y de hecho no me ha pasado nunca. Lo único que me preguntan a veces es si “Alábame” es para mujeres, pero yo compongo para todo el mundo. “Corashe”, por ejemplo, la escribí para un hombre, y ese es el error común: que la gente crea que todo lo que escribo trata sobre los hombres. Pero siempre el mensaje es claro y conciso y hay poco margen de error.

Otra de tus principales características es tu imagen. En estos tiempos de sobreexposición donde es primordial llamar visualmente la atención, ¿necesita una persona que habla tan claro fomentar tanto la imagen?

Sí, pero es que yo no soy letrista; soy artista y tengo mucho que aportar por medio de la música. La imagen es una herramienta más para hacer llegar un mensaje muy potente que engloba muchos lemas, entre ellos el mimo al arte de verdad. Tú fíjate en un vídeo de Queen: no necesitaban tener buenos vídeos y los tienen. Un buen artista va a necesitar ramas que acompañen a su música para calar aún más. Está dentro del pack. Hay que cuidar todo lo que representa a uno mismo.

¿Tú forma de ser musicalmente innovadora es mezclando diferentes géneros?

Nathy es innovadora porque no se rige por nada que esté establecido. Hago música partiendo de géneros con los que me he criado: salsa, blues, samba, swing, bossa nova…

¿Y cómo es posible unir todos estos y que salga algo coherente?

Yo no pienso lo que hago, sino que en mi forma de funcionar me sale solo. No planeo qué géneros combinar y me cuesta mucho encontrar a un productor que me entienda. No es algo que se estudie lo que yo hago, me sale del corazón. Lo sensorial es inexplicable. He tenido la suerte de trabajar en este álbum con Peter Party, quien además de ser músico de jazz entiende la música como yo. Tiene ese don de ver la música desde un ángulo íntimo.

Fotografía: Promo
Fotografía: Promo
Hablas de la libertad que has tenido para grabar este disco. Una libertad regida por tu singular personalidad. ¿Cómo se convierte la peculiaridad en un producto comercial?

Primero porque es mi destino. Desde pequeña sabía que mi camino era la música y mi fin era transmitir un mensaje potente al mundo y cada vez soy más consciente de eso. Pero lo importante es ser sincero de verdad. La gente conecta con la naturalidad. Todos tenemos miedos, todos bailamos desnudos en casa… la cuestión es ser honesto. Todos nos hemos encontrado en situaciones de inseguridades para estar con una persona, como explico en “Corashe”, por ejemplo. La clave de un buen letrista es dotar de coherencia a las letras y, sobre todo, ser sincero con uno mismo, porque de esta forma la gente te entenderá e incluso se sentirá identificada.

¿Eres de las que piensa que todo el mundo tiene algo especial?

Todos somos especiales, ya sea para servir o para mandar. Yo soy una servidora de la música. Trabajo mucho para que todo lo que estoy viviendo sea posible. Para que las canciones lleguen a miles de personas hay que pasar por muchos trámites. Yo tengo también horarios y frustraciones. Todos somos servidores en mayor o menor escala. Me debo a esa gente que está esperando que yo diga algo. Es una presión mucho más grande que la que te pone un jefe en hostelería, por ponerte un ejemplo. Yo he trabajado en mil cosas, desde camarera en cáterin de hoteles a cadenas de producción, y te aseguro que todos somos especiales en algún campo. Hay gente que se siente más feliz que nadie cortando hojas de los árboles y eso es maravilloso. Lo verdaderamente triste es esa persona que se muere sin haber encontrado su camino porque no escuchó, no prestó atención o, simplemente, no se atrevió a buscarlo.

Estoy segura de que hago música que hace sentir, música de calidad. Sé que este disco es muy sensitivo y sólo con eso puedo darme por satisfecha.

Tu forma de pensar me recuerda mucho a la de Rosalía, con quien tuvimos una charla también maravillosa. Al igual que tú, ella en ningún momento mencionó la suerte como un factor a tener en cuenta. ¿No ha existido en tu carrera?

Qué va. Todo lo que vivo es un proceso que me va nutriendo para tener más perspectiva. Yo siempre he tenido esto en el punto de mira. Tengo 23 años y conforme voy creciendo voy asentando mis bases. Estoy completamente orgullosa de todo lo que he trabajado. No ha habido suerte, ha habido esfuerzo y destino. Yo creo mucho en el destino y en que todos tenemos una función. La mía es la de transmitir un mensaje muy fuerte y a medida que voy triunfando, gracias a esa labor de hormiga que no se ve pero que existe, esta función va cogiendo forma. Estoy donde estoy porque me lo he ganado yo solita y eso es lo que me hace tener las cosas tan claras.

¿Ha habido mucho ‘ensayo-error’ en todo el proceso?

No. No ha habido errores porque no me arrepiento de nada. De hecho, los trabajos tan jodidos que he tenido que hacer aguantando humillaciones y cobrando una puta mierda que no me daba ni para comprar pan me han servido para valorar dónde estoy ahora y el camino que estoy recorriendo.

La clave de un buen letrista es dotar de coherencia a las letras y, sobre todo, ser sincero con uno mismo, porque de esta forma la gente te entenderá e incluso se sentirá identificada.

¿Qué le dirías a la gente que está en la situación en la que estabas tú y una entrevista como esta puede servir de golpe de efecto?

Es típico decir eso de ‘hay que seguir y mirar hacia delante’, pero desde mi experiencia es cierto que he caído y me he tenido que levantar. Al ser una persona tan pasional he vivido siempre de forma muy extrema, lo que me ha llevado a caer en depresiones. No por frustración, sino por lo duro que es ese camino. Sin embargo, en esas depresiones yo siempre sacaba fuerza para no abandonar. Sé que suena a tópico, pero no hay otra cosa.

Fotografía: Promo
Fotografía: Promo
¿Qué se disfruta más: el éxito o el camino hasta llegar a él?

Sin duda, el camino. Lo estaba dudando porque el éxito también es bonito, pero yo recuerdo cuando saqué mis primeros temas la ilusión que no se puede explicar con palabras y cómo lloraba de alegría cuando veía que las composiciones salían a la luz. Una vez estás aquí y sabes que todo va sobre ruedas y ya puedes decir que estás dedicándote a esto es un goce distinto porque es tu trabajo. Pero esa incertidumbre, ese ‘¿qué va a pasar ahora?’, es insuperable. Pero aún me queda mucho por andar y esto es un proyecto que no tiene fin de momento, por lo que puedo afirmar que sigo en ese camino.

¿Cómo afronta Nathy las expectativas?

Hay todo tipo de presiones. No sólo lo que la gente espera, sino el salir a la calle, ir a fiestas, las redes sociales… la clave está en normalizar, pero como te digo que no pretendo nada salvo esperar que la gente disfrute, estoy tranquila. Estoy segura de que hago música que hace sentir, música de calidad. Para mí la música que no remueve por dentro no es buena música. Sé que este disco es muy sensitivo y sólo con eso puedo darme por satisfecha. Estoy deseando que salga porque sé que, independientemente de las críticas que se hagan de él, será un gran descubrimiento para mucha gente.

Decía Oscar Wilde que si hay algo peor que hablen mal de uno es que no hablen…

Y decía Soledad Pastorutti: prefiero que me odien, pero que nunca me olviden.

Así debe ser. Ya para acabar. ¿En qué momento vital te encuentras y cuál es el escenario en el que sentirás que has tocado techo?

Bien, a ver, mi presente es muy interesante [Risas]. Sí que es verdad que estoy en la gira europea y muy enfocada en todo esto de hacer música. ¿Mi escenario ideal? Principalmente, ser feliz. Es lo que busco y por lo que brindo cada Nochevieja. A nivel profesional, quiero ganar unos cuantos Grammy y vender muchos discos; no parar de hacer música y llenar estadios. Pienso a lo grande y no me conformo con tocar en salas, no. Yo quiero triunfar de verdad.

Lo verdaderamente triste es esa persona que se muere sin haber encontrado su camino porque no escuchó, no prestó atención o, simplemente, no se atrevió a buscarlo.

O sea, ¿basas el triunfo en función de los logros?

No, no. El triunfo reside en ser feliz. Pero me preguntas por triunfo artístico y yo esto de la falsa humildad no lo llevo bien. Yo quiero triunfar en todos los aspectos, no por el dinero, sino porque sé lo que puedo aportar y sé lo que puedo transmitir en un estadio frente a 50.000 personas. Yo tengo un listón en mi cabeza y estoy convencida de que lo voy no sólo a alcanzar, sino a superar con creces.

Dicho queda.