Lo más triste de una historia como la de Charles Bradley no fue el tiempo que tardó en llegar a ser la estrella que hoy es recordada ni todo lo que tuvo que pasar para llegar a ese momento. Tampoco es lo poco que pudo disfrutar de ese sueño que tanto le costó alcanzar, sino lo poco que llegó a quererse a sí mismo.

El vocalista de Gainesville, Florida, tuvo claro desde un principio que quería ser la sombra de James Brown, al que tuvo la oportunidad de ver siendo muy pequeño, en 1962, junto a su hermana en el Teatro Apollo de Nueva York. Y así fue, hasta que el sello Daptone Records le dio su merecida oportunidad. Crear algo propio, engendrar el hijo que había estado trabajando durante tantos años, compartirlo. 

Como resultado de ese empujón profesional nació “No Time for Dreaming” (2011), un álbum sin incoherencias ni defectos que poco después disfrutó de dos hermanos: “Victim of Love” (2013) y “Changes” (2016), siendo éste su último y quizás más certero disco. El artista reflejó los rápidos acontecimientos que le sucedían en un compacto en el que incluyó una versión tan fundamental que puso nombre al trabajo completo.

Tal vez “Changes” no sea la mejor canción o, mejor dicho, la más recordada de los oscuros Black Sabbath, pero seguramente estemos de acuerdo en que se trata de una de las mejores transformaciones musicales de los últimos tiempos. Con ello quiero decir que Charles Bradley la hizo suya… y cuando eso ocurre y no parece un tema propio de su banda original es importante prestarle atención.

Fotografía: Jacek Poremba (OFF-Festival Poland)
Fotografía: Jacek Poremba (OFF-Festival Poland)

El “Changes” de Charles Bradley es un acto de fe, de creación y redención, de atracción inmediata según suenan sus primeros acordes. Su vídeo, que no hace sino remarcar el dolor de este artista cantando a un amor propio, con una letra ajena que hace suya y reserva la necesidad de secarse las lágrimas para no perder ojo a sus expresiones.

Los gritos que arañan y cicatrizan con el propio sudor de sus surcos, recordando lo imposible de un sueño precoz y tardío a partes iguales, demuestran que esa era la manera en la que Bradley debía ser recordado: no como imitador, sino como precursor.

No es difícil notar esa sensación ahora que ya no está. Su luz se apagó poco después de que se difuminara el olor de la banda de Ozzy Osborune, con tan sólo siete meses de diferencia entre su ‘adiós’ como grupo con una gira final y el deceso del artista embajador del soul menos reconocido de la última década.

En el mencionado tema, el mejor imitador de James Brown habla de pérdidas y desconsuelo, de cambios y transformaciones emocionales que con su voz son capaces de reverberar en la memoria y el tiempo… y es eso lo que la convierte en una de las canciones de nuestra vida.