Hay artistas que no hacen más que tirar para arriba, siempre hacia mejor, siempre arriesgando y saliendo triunfantes. Artistas que no saben jugar a lo seguro, que hacen todo lo posible por no estancarse, que evolucionan sin que ello perjudique a su personalidad, sin que les haga perder el toque.

Aunque, como siempre me pasa, yo he llegado tarde a la fiesta. Creo que Belako es una de esas bandas que tiene el toque, la clase de gente que juega sus cartas sin mirarlas porque piensan salir al paso de los problemas cuando llegue el momento y, tócate los pies, resulta que saben salir airosos. El cuarteto vasco llevaba años haciéndose un nombre con un contundente directo avalado por dos trabajazos de post-punk en los que mezclaban referencias archiconocidas (Joy Division, Pixies, Sonic Youth…) sin perder el respeto por su propia identidad sonora. Todo esto con el inglés como lengua principal y permitiéndose el lujo de hacer alguna que otra canción en euskera. Todo lo que fastidia al españolazo de pro, vaya.

No tengo el menor recorrido con este último idioma, pero entiendo perfectamente por qué la agrupación vizcaína se sirve del inglés para sus composiciones. Más allá de que sea una lengua universal y una que cada vez más personas dentro de la propia España entienden, componer en inglés no se parece en nada a componer en español, y, si tus referencias son la electrónica de la new-wave, el rock alternativo y el post-punk extranjeros, es más que comprensible que te sientas más cómodo con esas formas.

Dicho sea de paso y aunque no creo que a estas alturas haya que explicarlo, el concepto de ‘post-punk’ significa muchas cosas para quien se dedique a la crítica o la musicología, pero también puede no decir absolutamente nada a efectos prácticos. Todo lo que puede decirse, en términos muy generales y posiblemente erróneos, es que hubo una época en la que infinidad de estilos musicales desarrollaron sus propios post-ismos; se hicieron autoconscientes, se alejaron de la rigidez casi conservadora de sus premisas iniciales y adoptaron técnicas y registros de otros géneros de un modo que años antes se habría considerado sacrílego. Por eso hay que hablar de un elemento importantísimo en el sonido de Belako: el sintetizador.

¿Qué puede hacer la electrónica por el espíritu punk?

¿Qué es la ‘esencia del punk’? ¿El rollo underground que cada vez se masifica antes y más fuerte? ¿La simplicidad, la crudeza y la contundencia? ¿La emotividad y la energía? Belako ni abandonan ni abrazan completamente ninguno de estos factores, porque lo que prima no es la etiqueta de su sonido, sino que su apuesta como grupo y su personalidad no se pierdan por el camino. La demostración de este principio tiene un nombre: “Render Me Numb, Trivial Violence”.

Eurie”, el debut de Belako, es posiblemente el álbum que más exhibe los beneficios –y también las flaquezas– del punk en el sentido más estricto. En él predomina un tono agresivo, crudo y descarnado, dirigido por la guitarra de Josu Billelabeitia, pero donde los teclados y sintetizadores de Cris Lizarraga, vocalista y compositora principal junto con el ya citado Josu, tienden a aparecer en un segundo plano. Aunque tienen sus momentos protagonistas (como en la ochentera “Southern Sea (Beautiful World)” o en la solemne y majestuosa apertura de “Molly & Pete”), en términos generales las teclas tienen aquí un carácter más ambiental, etéreo. Sin embargo, ya en “Hamen”, su segundo trabajo, la electrónica va ganando posiciones privilegiadas, a menudo funcionando como núcleo de temas a los que la producción ya de por sí dotaba de muchísimo más cuerpo que antes. Ya no sólo era un elemento de fondo en temas más reposados, como “Something to Adore”, sino que adoptan una iniciativa de electrónica más dura y oscura en canciones como “Mum” y llegan a abrazar el dance-punk (al que empezaban a coger el gusto) en “Aarean Bez”. Eso no significa que Cris renunciase a usar texturas de piano más puro, y cortes como “Sinnerman” dan cuenta de ello. Ahora, sin embargo, la electrónica es casi omnipresente, y como un pegamento o un hilo conductor dota de cohesión a todos los elementos del álbum sin privarlos de personalidad ni acaparar espacio.

Todo esto no sólo significa una ruptura con los estándares del punk (si es que queda tan siquiera algún pureta al que eso le importe lo más mínimo), sino que, en general, la adición de la electrónica dota de muchísima personalidad y empaque a un sonido que ya desde el debut apuntaba maneras. Gracias a este mayor protagonismo de los sintes, los ritmos de Lander Zalakain y el bajo de Lore Nekane (hermana del guitarrista) se vieron reforzados y densificados; y al no recaer todo el peso melódico en la guitarra Josu podía permitirse algunos acercamientos más complejos y elaborados, lo que se traducía en alejarse y reinterpretar lo que se supone que es el punk.

Pero, al fin y al cabo, ¿qué es la ‘esencia del punk’? ¿El rollo underground que cada vez se masifica antes y más fuerte? ¿La simplicidad, la crudeza y la contundencia? ¿La emotividad y la energía? Belako ni abandonan ni abrazan completamente ninguno de estos factores, porque lo que prima no es la etiqueta de su sonido (que, a fin de cuentas, no es más que una herramienta para que quienes nos dedicamos a la crítica nos facilitemos un poco las cosas a costa de cierto margen de error), sino que su apuesta como grupo, su personalidad, el toque, no se pierdan por el camino. La demostración de este principio tiene un nombre: “Render Me Numb, Trivial Violence”.

Fotografía: Promo

Belako sólo se marchan para volver con más fuerza

“Eurie” es posiblemente el álbum que más exhibe los beneficios y flaquezas del punk en el sentido más estricto. En “Hamen” la electrónica fue ganando posiciones, a menudo funcionando como núcleo de algunos temas. Sin embargo, aquí la electrónica es casi omnipresente, y como un hilo conductor dota de cohesión a todos los elementos sin privarlos de personalidad ni acaparar espacio.

El tema encargado de descorchar la botella es “Maskenfreiheit”, un corte oscuro y de tempo apremiante, en el que predominan el bajo y la electrónica analógica y atmosférica. Josu deja de lado lo de machacar acordes y su guitarra aparece de forma esporádica cargada de distorsión afilada, mientras el intenso canto de Cris se convierte en un lamento, casi un grito, hacia el final de una canción redonda y perfecta. Tres minutos de altísimo nivel que nos introducen a todo este nuevo abanico de texturas sin desperdiciar un solo segundo. “Lungs”, su inmediato sucesor, conserva parte de esa oscuridad pero con una identidad más próxima al dance-punk. Su ritmo menos opresivo y su carácter energético favorecen este carácter un poco más popero, algo que ni por asomo va en detrimento de su calidad. La electrónica es también menos agresiva, y tanto el uso más familiar de la guitarra como la adición de los coros sin duda convirtieron a esta canción en su sencillo más reciente, radio-friendly y redondo.

De nuevo en una línea más cercana a la primera canción, “Two Faced Simulation” deposita casi todo el peso tonal en el agresivo bajo de Lore y la potente batería de Lander, permitiendo que la guitarra destaque en lances ocasionales (a destacar el fantástico break cargado de reverb a mitad de canción) y los teclados se conviertan más bien en un colchón de fondo. A modo de broche, dos riffs electrizantes convierten la sección final en una sucesión espectacular de crescendos. Llega entonces “Over the Edge”, un corte crucial para este disco por su directa y cruda denuncia de la violencia machista. Es interesante destacar que es un tema estructuralmente muy simple, lo cual no lo hace sino más contundente si cabe. Es la clase de canción que necesita grabarse a fuego en los oídos a los que llegue, y en su simplicidad y crudeza alcanza su objetivo con la meridiana claridad que se obtiene cuando destilas lo que realmente importa del punk. La letra tampoco se corta un pelo (I’ll find your friend / I’ll scream his name / I’ll tie him to a chair / I’ll break his legs”), porque el machismo no es un tema que Belako quiera tratar con paños calientes sino con la rabia que requiere una justicia que no se aplica. Como un puñetazo directo a la cara. Lejos de esta aspereza sonora, “Nice Church” abre con una electrónica ambiental vagamente chill-out antes de meterse de cabeza en un maremágnum de graves distorsionados y voces con eco. A pesar de lo machacón que pueda parecer, la forma en la que Belako abrazan el techno más analógico para darle su propio enfoque, poniendo atención en las dinámicas a lo largo del tema, lo hace perfectamente asequible. Resulta impresionante la mano que tiene esta banda para saltar entre texturas, estilos y estructuras entre canción y canción sin que nada parezca fuera de lugar.

El esfuerzo no sólo creativo sino interpretativo de toda la banda en su conjunto durante temas tan complejos como la pareja formada por “Stumble” y “Stumble II” da talla del altísimo nivel que estos artistas manejan, de su equilibrio como partes de un todo y de su inestimable aportación al mismo.

En el ecuador del álbum aparecen dos canciones gemelas: “Stumble” y “Stumble II”. Este particular pareado es el pasaje más atmosférico y experimental de lo que llevamos de disco, y sin duda uno de los momentos estelares de toda su discografía. La primera de las dos canciones parece casi un homenaje al mítico “Idioteque” de Radiohead, mezclando una electrónica onírica y compases aparentemente amalgamados con una instrumentación analógica más discreta pero no por ello de menor calidad. Mientras la voz de Cris nos lleva a través de abismos en los que a veces se apaga todo lo que no sea la esforzada e inteligente base rítmica, la guitarra se carga de reverb y se permite un solo que comparte espacio con los sintes, y la línea de bajo reduce su distorsión para ofrecer un colchón más sólido y menos áspero al resto de la banda. Pero esperad, que si la cosa va de referencias sonoras al quinteto de Oxford, “Idioteque” es a “Stumble” lo que “Pyramid Song” es a “Stumble II”. Ahora es el piano quien lleva la voz de mando, y un canto más lánguido y distante produce un ambiente hueco y extraño, que evoluciona a una atmósfera vagamente jazz con la llegada de esa batería lenta y apacible justo antes de que el vocoder entre en juego. Todo esto, lo que ocurre en estas dos piezas, es una sucesión de eventos totalmente fluida, sin interrupción de ninguna clase, y todo parece… natural. El esfuerzo no sólo creativo sino interpretativo de toda la banda en su conjunto durante estos dos temas tan complejos da talla del altísimo nivel que estos artistas manejan, de su equilibrio como partes de un todo y de su inestimable aportación al mismo.

Después de este intensísimo par de temas (que indudablemente marcan un punto de inflexión en el disco) aparece “Strangers In a Box”, en la que predomina un tono suave y apacible gracias al deje susurrante de la voz, con una base melódica de cuatro acordes y una percusión electrónica sencilla. El punto interesante está en que a esta base se suman progresivamente instrumentos que van dándole cuerpo, como la marimba, que aporta un toque tropical de lo más inesperado a una canción ya de por sí difícil de clasificar. Aprovechando que hemos bajado un poco el ritmo se cuela “Render Arp”, un breve y sencillo interludio instrumental de sintes vintage que se repiten y modifican en bucle, pasando en apenas un minuto de una atmósfera apacible a una inquietante y de vuelta al inicio para llevarnos, sin que apenas nos percatemos, al siguiente cañonazo. “Render Me Numb” recupera la dinámica punk, enérgica y con un punto agresivo y caótico, que enlaza con el tema de su letra: la violencia. Con una estructura extraña para ser una canción de un par de acordes, esta canción está llena de cambios de tonalidad extraños, silencios incómodos y disonantes, incluso cambios en el idioma de la canción (sobre la mitad aparece un pasaje en francés). Sus elementos están deliberadamente fuera de lugar, quiero creer, y el tono hueco e inquietante está más que trabajado, pero a pesar de su contundencia resulta una elección extraña como single.

Lo que Belako ha logrado en este disco trasciende incluso el éxito cualitativo de “Hamen”. “Render Me Numb, Trivial Violence” no tiene nada que ver con el perfeccionamiento de una fórmula sino con la definición del estilo y el carácter de una banda que ya en su anterior trabajo estaba explotando con creces su potencial. Con este tercer álbum el cuarteto vizcaíno ha dado rienda suelta a una imaginación desbordante y le han dado la forma deseada con esfuerzo y habilidad.

Mejor podría haber funcionado como sencillo, quizás, la siguiente canción, pues “The Fiend Thinker” es la clase de temazo con el que podrías bailar toda la noche. La sencillez de su base electrónica, el trabajo de Lore con el bajo sobre el que ahora recae todo el peso melódico con un riff de esos que dejan huella) y lo popero y animado de su ritmo acercan esta canción al dance-punk al que Belako llevan un tiempo cogiendo el truco. Vuelve la marimba de “Strangers In a Box” para darle a esto un aroma tropical, pero esta vez acompaña al rollo dance de la canción, que despega más todavía en el tramo final. Un pepinazo de marca mayor que abre la puerta a la ronda final de reprises de este álbum.

Es algo interesante, porque “Render Me Numb, Trivial Violence” parece tener una fijación con las segundas partes y las revisiones. Ya lo hemos visto con “Stumble” y “Stumble II”, pero aquí lo hace también con temas antiguos, como “Something to Adore (Arinau)”, la balada de órgano electrónico y batería lenta de “Hamen” que ahora regresa reconvertida en un tema punk pastillero y acelerado al que la producción da muchísimo cuerpo a pesar de que prescinde casi por completo de los teclados. Más difícil de apreciar es el caso de “Hegodun Baleak II” (literalmente “ballenas con alas”), único corte en euskera del disco, que cambia tanto la versión original que cuesta reconocerlo hasta pasado un tiempo, sobre todo si, como el que firma este texto, no entiendes dos palabras de este idioma. Con Josu tomando el testigo de Cris al micrófono (igual que pasaba en la anterior versión), esta revisión se aleja de los riffs agudos para volcarse en un tono más oscuro y onírico, en el que la guitarra tiene una fuerza y contundencia más medidas pero tampoco domina el discurso. Al igual que en el álbum anterior, los teclados aparecen ahora sólo como colchón de fondo, como marcador del breve interludio central y de contrapunto suavizador en la sección final. Todo para cerrar el ciclo con “Maskenfreiheit II”, un brevísimo broche ambiental y reposado que apenas guarda un lejano parecido con la introducción. La voz de Cris se convierte de nuevo en un eco distante y fantasmagórico mientras las teclas languidecen hacia el silencio sin que casi nos hayamos dado cuenta de que ha empezado.

Lo que Belako han logrado en este disco trasciende incluso el éxito cualitativo de “Hamen”. “Render Me Numb, Trivial Violence” no tiene nada que ver con el perfeccionamiento de una fórmula sino con la definición del estilo y el carácter de una banda que ya en su anterior trabajo estaba explotando con creces su potencial. Con este tercer álbum el cuarteto vizcaíno ha dado rienda suelta a una imaginación desbordante y le han dado la forma deseada con esfuerzo y habilidad. Si antes ya tenían una personalidad poderosa, con “Render Me Numb, Trivial Violence” Belako han conseguido un estilo literalmente único, uno que convierte este disco en uno de los mejores del panorama nacional de lo que va de año y que apunta maneras a escalar puestos internacionales cuando termine 2018. Lo que el futuro pueda deparar a una banda con ideas tan solidas y definidas es casi imposible de imaginar, pero todo apunta al éxito crítico y creativo. Aquí estaremos viéndolo.

Belako – Render Me Numb, Trivial Violence

8.8

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“Render Me Numb, Trivial Violence” es la tercera gran apuesta de Belako, y de nuevo ganan por la mano. El cuarteto vasco lleva aún más lejos todo lo que los hace grandes y distintos a nivel compositivo y sonoro a través de catorce canciones en las que aúnan el espíritu enérgico e inconformista del punk con la experimentación electrónica y un par de dejes pop que lo hacen aún más disfrutable. Uno de los mejores trabajos de lo que va de 2018 tanto en el panorama nacional como internacional.

Up

  • La enésima reformulación del punk y la tercera para la propia banda se ha traducido en resultados espectaculares y una amalgama de estilos, ambientes y texturas sonoras que simplemente no tiene sentido catalogar.
  • La utilización de la electrónica alcanza cotas desconocidas para Belako, que arriesga y triunfa experimentando en los lugares más inesperados.
  • Aun siendo un disco tan extenso, mide muy bien su orden de canciones y sus dinámicas internas.
  • Temazos contundentes a nivel sonoro y lírico como las oscuras “Over the Edge” (por su denuncia de la violencia machista) y “Render Me Numb” o la bailable y popera “The Fiend Thinker”.
  • La pareja formada por “Stumble” y “Stumble II” es una de las cumbres del disco por el trabajo grupal de la banda, su atmósfera y el uso de sus recursos.

Down

  • Su atmósfera oscura y pesada puede hacerse densa en un disco tan largo, aunque el orden de canciones trata (y creo que lo consigue con creces) aliviar el problema.
  • “Render Me Numb” es un tema con una dinámica caótica y grandes huecos a nivel sonoro, lo que, a pesar de que seguramente sea deliberado, hace de él una rara elección como single cuando “The Fiend Thinker” hubiese funcionado muchísimo mejor.