“Me hiciste tirar mis camisas hawaianas / Decías que la gente guapa sólo bebe horchata” — Carlos Sadness en “Te Quiero un Poco”.

En primer lugar, como gran consumidor y fan de la horchata sólo puedo eliminar de mí todo rastro de modestia y decir: pues sí, qué le vamos a hacer. Pero pasemos a temas más serios, Carlos Sadness. Sinceramente uno se asusta cuando se encuentra en un verso de tu nuevo trabajo esa referencia a una persona que te ha hecho tirar tus camisas hawaianas. ¿Se trata de una metáfora en la que pones de manifiesto que dejas de lado tu famoso ukelele? ¿Tal vez quedarán atrás tus melodías luminosas? ¿Adoptarás el look ‘chándal Adidas’ ahora que eres amigo de Pimp Flaco y coqueteas con el trap (insight más adelante)? Un sin vivir esto, oye.

Esta crítica quiere promulgar un mensaje de paz y esperanza para todos aquellos fervientes seguidores del cantante barcelonés. Querido y ávido público festivalero: casi todo sigue igual en la música de Carlos Sadness… para bien y para mal. Si esperabas encontrar un cambio radical como el que vivió allá por 2012 cuando aparcó Shinoflow –antigua faceta como rapero de Myspace– y empezó su aventura como Carlos Sadness con “Ciencias Celestes”, la respuesta es: no, aquí y ahora no. Recordemos que aquel se trataba de un álbum debut luminoso, lleno de melodías cálidas que jugaban con el pop, el folk, un puntito de electrónica a través de sintetizadores, voces a medio camino entre el susurro y el canto festivo, el ukelele (cómo olvidar su instrumento bandera) y letras bonitas con metáforas entre el amor, las relaciones personales y las estrellas, los lunares que forman constelaciones, la sonrisa de otra persona, etc. En un mundo dividido entre la abstracción lírica –que peca de intelectualoide– y las letras más burdas y explícitas la verdad es que, en un primer momento, había que agradecer los versos blancos, divertidos y románticos del catalán.

“Diferentes Tipos de Luz”: el continuismo musical al servicio de los fans

Carlos Sadness ha decidido dar continuidad a “La Idea Salvaje” con un álbum en el que quiere plasmar todos estos años en la carretera, obteniendo como resultado un registro que sirve como punto de referencia para su carrera artística.

La carrera de Carlos Sadness (repetimos: ese muchacho de la Ciudad Condal que empezó en el mundo del rap y seguidamente abrazó sin reparos el pop) sufrió un ascenso de popularidad que sorprendió a muchos (o incluso la mayoría). Cuando tres años después editaba “La Idea Salvaje” (de nuevo con Sony) era imposible no encontrarse con el barcelonés en el cartel de algún festival nacional o con conciertos en salas. El público recibió con gran entusiasmo su segundo trabajo de estudio y las presentaciones se sucedieron a lo largo de dos años, culminando con su primera visita a México. Después Carlos se alejó de los focos y ha decidido dar continuidad en 2018 a “La Idea Salvaje” con un álbum en el que quiere plasmar todos estos años en la carretera, obteniendo como resultado un registro que sirve como punto de referencia para su carrera artística. ¿Cuál es el sonido Carlos Sadness?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Bien, pues Carlos Sadness quiere responder a esa pregunta con la publicación de “Diferentes Tipos de Luz”.

Fotografía: Apple Music

La esencia festivalera y el auto-homenaje ahogan los mejores y más interesantes momentos de innovación e introspección artística

Todo lo que funcionaba en el espectro sonoro de Carlos Sadness sigue presente y en perfecto estado aquí. No obstante, si anteriormente la fórmula se mostraba con cierta frescura en “Diferentes Tipos de Luz” se pierde o queda relegada a momentos muy concretos.

De esta forma es como volvemos a lo que mencionaba al principio de la crítica: el continuismo musical es bueno y también malo. Los aspectos positivos son bastante evidentes: todo lo que funcionaba en el espectro sonoro de Carlos Sadness sigue presente y en perfecto estado aquí. No obstante, si anteriormente la fórmula se mostraba con cierta frescura en “Diferentes Tipos de Luz” se pierde o queda relegada a momentos muy concretos. Y lo vais a comprobar cuando desgranemos cada uno de los temas del álbum. Todo empieza con una serie de canciones que exploran en cierta medida la música de Carlos Sadness desde otro prisma, bajo una luz diferente. Así, Física Modernapone sobre la mesa todos los elementos que vamos a encontrarnos en “Diferentes Tipos de Luz”: algún toque de slide guitar aquí y allá, punteos saltarines, transiciones calmadas que estallan en el estribillo (con presencia de sintetizador) y un tramo final más que adecuado para motivar al público en directo.

Y es que esta estructura se repetirá en muchas ocasiones a lo largo de sus casi cincuenta minutos de duración: temas que parecen prediseñados para funcionar en festivales y enfocados hacia el oyente. Algo bastante natural, ya que durante estos años Carlos Sadness se ha dado cuenta de que su música se mueve mejor en este entorno, por lo que da al público lo que éste quiere. Por otro lado nos encontramos con momentos más oscuros y oníricos, pero por desgracia quedan ensombrecidos debido a la excesiva energía de las piezas más amigables. Tal vez Hale Boppno sea el mejor ejemplo, pero sí que introduce esta línea temática nocturna a través de destellos de sintetizador, una batería simple algo kraut y un interludio spoken word que habla sobre el cometa del título, indicador de grandes momentos. Por su parte, Sebastin Bach nos acerca a la vena más romántica y azucarada del catalán, con una percusión analógica, unos arreglos de ukelele bien mimados y ese punteo saltarín como soporte para una letra que nos habla de lunares, el sueño, un amor a escondidas… Esto lo he dicho antes, ¿no?

En “Diferentes Tipos de Luz” nos encontramos con muchas composiciones si no de relleno sí carentes de originalidad que fagocitan los escasos momentos de mayor innovación artística.

Mientras “Semitransparenterezuma valium por sus cuatro costados gracias al sosegado y playero ukelele, a un slide guitar hipnótico y a la voz de Carlos de forma totalmente apática y romántica, las diez canciones siguientes conforman un reciclaje constante de ideas propias y ajenas. Te Quiero un Poco” encaja en el primer grupo y aporta poca novedad dentro del mundo Sadness más allá de confirmar nuestra sospecha de que toda esta colección de canciones parece escrita en el mismo tono e incluso el solo de guitarra encaja en cualquier pieza. Sin embargo, Longitud de Ondasupone un soplo de aire fresco en la producción del barcelonés. Él y Stefano Maccarrone (productor de “Diferentes Tipos de Luz” y vocalista de Mendetz) deciden dejar de mirarse su propio ombligo y ponen vistas al panorama internacional para conseguir su propia adaptación del dancehall, el trap y el hip-hop de gente como Drake (una adaptación muy Sadness, no me coman por esta comparación). Carlos Sadness abraza de manera definitiva y sin ningún pudor el pop, el mainstream, y consigue ejecutar un ejercicio radiofónico original en su apuesta. Quizás muy hortera, de acuerdo, pero arriesgado en comparación a su obra anterior. Y funciona. Y como funciona, se permite introducir seguidamente un tramo de canciones algo mediocres sin magia ni originalidad, cuya única función es seguir aumentando su repertorio de cara a los festivales peninsulares (salvo “Chihuahua, la prima mexicana de “Semitransparente” que nos deja algo fríos).

Cuando Carlos Sadness decida de verdad romper con todo y apostar al 100% por su faceta más íntima, oscura y onírica o, si acaso, entremezclarla con su naturaleza más festiva (como en “El Relámpago”), es cuando podremos hablar de un gran trabajo. De momento, no es el caso.

Así que vamos rápido: Volcanes Dormidosfunciona como la definición del sonido Carlos Sadness con estribillos a base de percusiones animadas y un final tribal muy apto para corearse en festivales. Estoy seguro de que “Amor Papaya” ha aparecido anteriormente en el disco, porque reconozco su melodía principal y la cadencia vocal. Si bien la colaboración de Caloncho le aporta un toque distintivo, su naturaleza tropical ahoga todo el corte y lo lleva a un plano aburrido y poco original, al igual que pasa con Kandinski” y su puente ligero, su estribillo poderoso y luminoso y las referencias artísticas en la letra (demostrando el interés y el bagaje cultural de Carlos Sadness). Después de esta tríada bastante insulsa llegamos a otra más interesante, donde se bajan las revoluciones y nos ponemos oscuros e intensitos para observar otra cara de Carlos que tal vez no sea la más apta para los grandes conciertos pero que sí es la que mejor le sienta: la homónima Diferentes Tipos de Luztiene un toque onírico y una batería marcada que añade tensión y un color muy interesante al largo, mientras que Silencio Antiguosigue explorando esa mencionada oscuridad, el intimismo y la introspección a partir de un juego de guitarras aireadas que muestran la fragilidad de Carlos Sadness y que terminan de explotar en El Relámpago, con total seguridad uno de los mejores momentos del álbum (pese a que echo de menos una mayor potencia en la mezcla de la recta final), ya que recoge toda la esencia de su sonido y la dirige hacia nuevos parajes que demuestran su ambición artística, estallando en un final con sintetizadores fulminantes que nos dejan sin habla. Y la verdad es que “Diferentes Tipos de Luz” podría haber acabado aquí, con el mejor sabor de boca posible, pero el barcelonés decide cerrar este elepé con Pompeia, un tema sencillo de guitarra acústica, un toque de viento metal al final y con líneas vocales que se entremezclan entre su rap particular y sus momentos más melódicos, como una suerte de mirada al pasado.

Como decía, este larga duración funciona como un diario de viaje de Carlos Sadness: catorce piezas que sirven para recordarnos qué hizo que gustara en primera instancia la música de Carlos a un gran público que ha coreado sus canciones sin cesar. Sobre el papel esta premisa debería funcionar, pero llevada a la práctica nos encontramos con muchas composiciones carentes de originalidad que fagocitan los escasos momentos de mayor innovación artística. Al final, Carlos Sadness –quien se debe a sus fans– ha decidido seguir confeccionando canciones para contentar al público. Cuando decida de verdad romper con todo y apostar al 100% por su faceta más íntima, oscura y onírica o, si acaso, entremezclarla con su naturaleza más festiva (como en “El Relámpago”), es cuando podremos hablar de un gran trabajo de Carlos Sadness. De momento, no es el caso.

Carlos Sadness – Diferentes Tipos de Luz

5.8

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Carlos Sadness nos entrega en “Diferentes Tipos de Luz” una serie de canciones que funcionan como un repaso a toda su producción. Sin embargo, no evitar caer constantemente en un auto-homenaje que, desgraciadamente, ahoga los momentos más interesantes e introspectivos que podemos encontrar en este su tercer álbum de estudio.

Up

  • La producción, en líneas generales, está muy bien trabajada y más pulida que en los discos anteriores.
  • El final de sintetizadores en “El Relámpago”.
  • Los momentos más nocturnos y oníricos como “Hale Bopp”, “Diferentes Tipos de Luz” o “Silencio Antiguo”.
  • La referencia a la ambrosía contemporánea: la horchata.

Down

  • Excesiva duración para la repetición de ideas que se ofrece.
  • “Semitransparente” se podría haber condensando o haber dejado únicamente “Chihuahua”.
  • La falta de originalidad en la mayoría de canciones, ya que no cambian apenas ni en estructura ni tonalidad.
  • Que los momentos más interesantes acaben asfixiados al apostar excesivamente por la esencia festivalera.