Es curioso el espumoso ascenso de algunos grupos, cómo en apenas un pequeño lapso de tiempo se sitúan en el punto de mira de todos, convirtiéndose en nuevas promesas a nivel internacional. ¿Son Starcrawler una banda de esas?

Desde luego, que Sir Elton John pinche repetidamente en su programa de Apple Music Beats 1 una de tus composiciones es cuanto menos un buen empujoncito. Y es exactamente eso lo que sucedió con “Ants” el año pasado, un tema garajero y bailable que les ha llevado en volandas hasta donde están ahora mismo. Tan sólo un año después aquí tenemos su primer esfuerzo en el formato de larga duración: diez canciones, pura crudeza.

“Starcrawler”: un gran ejercicio para tomar contacto

“Starcrawler” perfecciona la fórmula del primer single, a caballo entre el garage, el glam-punk y el proto-grunge de los 80 y 90. Todo esto, sumado a la producción del señor Ryan Adams, nos sirve para estar hablando de un debut inspirado y atrevido.

La premisa de ese primer single es la que articula asimismo este disco debut homónimo, perfeccionando una fórmula a caballo entre el garage, el glam-punk y el proto-grunge de los 80 y 90. Todo esto, sumado a la producción del señor Ryan Adams, nos sirve para estar hablando de un debut inspirado y atrevido. Sin embargo y como podríamos esperar no es una obra que vaya a quedarse en el podio de tu biblioteca musical, debido quizás a la zona de confort en la que se mueven siempre o casi siempre los californianos, y aunque es agradable en su conjunto no apuesta por ser un punto de inflexión. Esto no es nada negativo ni mucho menos, ya que hay que tener en cuenta que se trata de su primer long play. Y es que a más de uno le gustaría comenzar su carrera con un producto así…

Hay momentos para desahogarse y mover el esqueleto, pero también otros más reflexivos y abatidos. La producción es el resorte que impulsa todo lo demás y, sin demasiados alardes, consigue que una formación básica y clásica resplandezca con brillo propio.

Train” hace las veces de prólogo y como en una marcha va incluyendo desde el bajo a la guitarra y a la batería; maraña de instrumentos que servirá de armamento durante toda esta obra. La descarga eléctrica dura solamente 1:22, pero los angelinos ya han mostrado todas sus cartas: rudeza, riffs, voz femenina, voz masculina. Parece que la cosa no va nada mal. Acto seguido y sin avisar el tema deja paso a “Love’s Gone Again”, una composición algo más controlada y que precede a algunos bailes en los que la cabeza gira sin sentido hacia el horizonte. De nuevo, el reparto de roles entre la vocalista Arrow de Wilde y el guitarrista Henri Cash supone, a mi parecer, un foco con muchas posibilidades. Aprovechar dos buenos vocalistas es algo que debería ser obligatorio si se tienen.

Llegamos a la canción que más se ha ganado la categoría de hit: “I Love LA” es sin duda uno de los mejores momentos del CD; popera pero escurridiza, carga su munición para ir directamente al cerebro. A ratos Sonic Youth, su juego de suciedad la lleva a terrenos post-hardcore sin perder un ápice de franqueza melódica. Por su parte, “Different Angles” retorna con contundencia. El joven cuarteto californiano sabe dibujar verdaderas balas de rock ‘n’ roll. Por primera vez en todo lo que llevamos de trabajo las estrofas son interpretadas por Wilde y el estribillo por Cash, sirviendo de contrapunto con los demás tracks.

Los diferentes enfoques entre energías y timbres aportan una necesaria variedad a la obra. Hay momentos para desahogarse y mover el esqueleto, pero también otros más reflexivos y abatidos. La producción es el resorte que impulsa todo lo demás y, sin demasiados alardes, consigue que una formación básica y clásica (guitarra, bajo, batería y voces) resplandezca con brillo propio. Es puro rock y así es como debería sonar: contundente y humano.

Starcrawler han sido capaces de ofrecer un buen álbum debut, sin retoques ni medias tintas: directo, provocador y divertido.

La languidez y el abatimiento de “Chicken Woman” no es ni más ni menos que un acercamiento bluesero dentro de sus propias normas y sirve como contención para lo que viene a continuación. Es en estos momentos cuando pienso que, probablemente, una parte intrínseca de Starcrawler es el directo, donde realmente hacen mayor justicia a su creación. El ‘outro’ de “Chicken Woman” es pura descarga de adrenalina y nos dirige hacia “Pussy Tower”, canción que se presenta con un riff totalmente setentero y en la que volvemos a escuchar otro bonito juego vocal entre Arrow y Henri (los gemidos resaltan esa actitud sinvergüenza que les va como anillo al dedo).

En cuanto a Full of Pride”, es como si en un track del álbum azul de Weezer cantara una chica en vez de Cuomo. Es un tema mucho más popero en el que se destapa la influencia melódica californiana por todos sus poros. Tomar distancias en un trabajo que funciona con unas bases bien conocidas por todos crea un efecto positivo. Así, el álbum juega sobre terrenos más pop cuando lo necesita y, aunque no nos entrega un resultado 100% fresco, sí que sabe motivarnos lo suficiente para disfrutar del paisaje. Seguidamente, la gamberra “Let Her Be” expone de nuevo la ecuación entre vocalistas, y ese ahogamiento de las voces en la mezcla –algo presente en cada pieza– es una seña de identidad muy interesante para Starcrawler.

Un derroche de actitud y pose

A Starcrawler les sobra picardía y temperamento, prestado tal vez de otras bandas y artistas de renombre pero con un papel de regalo de lo más resultón. De esta forma, su debut todavía es capaz de provocar y ser un ‘big fuck you’ dentro de una industria más que manufacturada y artificial. Exhala potencia y actitud, y aunque no se toma el tiempo necesario para ser una obra con conciencia ofrece diez buenas composiciones capaces de hacer levantarse de la silla a cualquiera.

Tenemos que destacar que a Starcrawler les sobra picardía y temperamento, prestado tal vez de otras bandas y artistas de renombre pero con un papel de regalo de lo más resultón. De esta forma, su debut todavía es capaz de provocar y ser un ‘big fuck you’ dentro de una industria más que manufacturada y artificial. Exhala potencia y actitud, y aunque no se toma el tiempo necesario para ser una obra con conciencia ofrece diez buenas composiciones capaces de hacer levantarse de la silla a cualquiera. Asimismo, hay detalles que nos hacen creer que les aguarda un futuro prometedor. Por ejemplo, la introspección llega con la psicodélica “Tears”, una composición que se aleja de su faceta descarnada y directa, mostrándose más oscura y ambiciosa y sirviendo casi como epitafio para el final. Cerramos con el medio tiempo “What I Want”, cantado únicamente por la vocalista Arrow de Wilde (al igual que “Tears”), lo que al final deja ese regusto femenino (casi como una marca de agua, el broche de su concepto). Cuando toman estos desvíos parece que buscan expandir sus límites y se ponen contra las cuerdas, lo cual ya supone un paso adelante. Su forma directa de afrontar la música es lo que encandila en primera instancia, pero se nota que hay ambición por construir algo más complejo. Es esa valentía la que les ayudará a crecer en próximos trabajos pero, por ahora, se mantienen con algo más ceñido.

Al final del día Starcrawler han sido capaces de ofrecer un buen álbum debut, sin retoques ni medias tintas: directo, provocador y divertido. A través de un gran uso de las intensidades y un interesante juego de voces (en el que destaca la de Arrow de Wilde) han dado forma a un trabajo resultón, que incluso con sus limitaciones mira hacia un porvenir fascinante.

Starcrawler – Starcrawler

7.0

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El estreno de los cuatro jóvenes californianos Starcrawler es un disfrute de punk-rock con pose glam sin corsés; añejo, pero la mar de disfrutable. Tal vez peca al resultar casi siempre predecible, pero sigue siendo un buen álbum debut.

Up

  • La voz de Arrow de Wilde.
  • La producción sucia y ahogada. Grande Ryan Adams.
  • Tiene temas divertidos y heterogéneos.

Down

  • No propone nada novedoso.