Pocos sonidos serán tan representativos y evidentes como la década radiofónica de los 90, una ola imbuida en la melancolía y el nihilismo arrastrada a su máxima expresión con la llegada del año 2000 y la revolución tecnológica, una década infantil, norteamericana, amarrada a un inconformismo pasivo, ovillado en la esquina de un cuarto en un barrio de las afueras. Mucha marihuana, horas desaprovechadas, patines de cuatro ruedas y la necesidad de una brecha para el nuevo siglo, una reinterpretación artística, esencialmente musical. El papel de Estados Unidos nace y muere en el acto con el grunge, poco más resiste el Britpop en Reino Unido, mientras que el indie, más prometedor, da sus primeros pasos sobre la música alternativa, que en determinado momento abrazará el folk y se reinventará. Pero la verdadera ruptura creativa de la música popular la encabeza una banda en concreto cuyo estilo se definirá como algo único, especialmente en lo contextual, a pesar de sus lloriqueos inaugurales, mezcla de todas estas tendencias.

Uno de los inicios menos valorados del rock que debe ser reivindicado

La verdadera ruptura creativa en la música popular de los noventa la encabeza una banda en concreto cuyo estilo se definirá como algo único, especialmente en lo contextual, a pesar de sus lloriqueos inaugurales, mezcla de todas las tendencias del momento.

El arranque de Radiohead poco destaca en el panorama, hasta el punto de que la portada de su “Pablo Honey” fácilmente recuerda al “Nevermind” de Nirvana, con ese lema intrínseco de que los bebés son las criaturas más felices y que no hay retorno para ellos. También hay ecos de Pulp, de The Smiths, U2, pero es lo que hacen a partir de este barro lo que convierte en interesante a este primer trabajo. A partir de un desapercibido EP (“Drill”) con su recién adquirido nuevo nombre tras On a Friday, la banda monta una mera recopilación en la mixtura predominante en el momento de melodías claras y educadas contrapuestas a unas guitarras agresivas y disconformes. El resultado es irregular, algo inmaduro especialmente en las letras, alternancia de armonías complejas con otras más bastas, pero lleva el germen claramente visible de su posterior desarrollo, una vez ampliadas las referencias con la vanguardia contemporánea de Olivier Messiaen o György Ligeti. La fórmula de los temas breves es acertadamente explotada y ayuda a atravesar el conjunto, de manera que cuando alguna pieza se alarga más de lo necesario el oído se resiente.

Fotografía: Neil Zlozower

“Pablo Honey”: tópicos de los 90 reunidos, un conocimiento musical amplio y apetencia por la vanguardia

El arranque de Radiohead poco destaca en el panorama, hasta el punto de que la portada de su “Pablo Honey” fácilmente recuerda al “Nevermind” de Nirvana, con ese lema intrínseco de que los bebés son las criaturas más felices y que no hay retorno para ellos. También hay ecos de Pulp, de The Smiths, U2, pero es lo que hacen a partir de este barro lo que convierte en interesante a este primer trabajo.

Una interesante promesa constituye el arranque asimétrico de “You”, ligero, dulce (aunque especiado con los arranques agresivos de la década) y un estilo vocal que recuerda en gran medida al de Bono. Esta introducción esponjosa da pie al, hasta la fecha, tema más conocido de la banda. Inicialmente desapercibida, “Creep” ya no puede sorprender a nadie. Pertenece a una época y a un contexto que Radiohead abandonaron hace mucho tiempo, pero está magistralmente elaborada. Y el elemento clave es una simple interrupción, un breve y grotesco puntapié de Jonny Greenwood en el que se apoyarían Sonic Youth, esta vez sobre una simple tecla de piano para hacer su versión de “Superstar”; una distorsión similar a la usada a lo largo del “Red” de King Crimson, el uso de acordes desplegados (preámbulo de su tema “No Surprises”) y la angelical pero ecléctica voz de Thom Yorke, haciendo hincapié en uno de los tópicos del álbum: la autocompasión frente a una mujer perfecta. La acrecida de elementos musicales potencia esa tensión que se desparrama al final de la canción y que marca una clara inequidad al continuar en “How Do You?”, por momentos próxima al pop-punk de los por entonces nacientes Green Day.

Radiohead montan una mera recopilación en la mixtura predominante de melodías claras y educadas contrapuestas a unas guitarras agresivas y disconformes. El resultado es irregular, inmaduro especialmente en las letras, pero lleva el germen claramente visible de su posterior desarrollo, una vez ampliadas las referencias con la vanguardia contemporánea.

Stop Whispering” puede aparentar mayores promesas, con su instinto jangle-pop sobresaliendo entre los matorrales. Sin embargo, los aullidos contra la represión se vuelven algo pesados por culpa de la duración del tema, insuficientemente aliñado con un solo y un aumento en la densidad musical. En el corte siguiente la banda halla algo de luz, dejando las piernas balancearse en el borde de algún acantilado y la sensación de libertad se advierte con facilidad. “Thinking About You” refleja la misma temática que “Creep”, haciendo un uso maduro de escasos materiales y seleccionando algunos acordes de color que engrandecen las sensaciones del protagonista. Otro de los triunfos del álbum es “Anyone Can Play Guitar”, preludio en sus estrofas de “Paranoid Android”. Sencilla y directa. Los coros por terceras en el estribillo añaden virtudes a la canción y la letra destaca, con sus invocaciones y crítica al egotismo del cantante de The Doors.

A partir de este punto resulta un poco complicado discernir los temas. “Ripcord” es una ciudad de grandes rascacielos, en el momento en que la inclinación solar es suficiente para embellecer las cloacas y las urbanizaciones del extrarradio. La influencia de Nirvana llega a su máxima expresión. “Vegetable” refleja bastante bien la tendencia del hermano bastardo a empalagar, que en aquel año iniciaba su brevísima existencia, el post-grunge de bandas como Live. El formato resulta bastante normalizado. Algo similar acontecerá con la melodramática “Prove Yourself”, con unos acercamientos de Yorke a la voz de Brian May en cortes como “All Dead, All Dead”, y luego la esperable crecida de ruido. Sin embargo, en extractos como éste se halla la jovialidad del conjunto, lo que en muchas agrupaciones de la época no logró cuajar en evaluación y resolución de progreso.

Varias canciones acertadas que permitieron la expansión del grupo

Con “The Bends” la línea se desplaza sin grandes saltos al rock alternativo, logrando momentos de insuperable belleza, pero el récord histórico queda marcado por el siguiente trabajo, cuando la abstracción toma las riendas de la banda y define un nuevo concepto.

Tampoco “I Can’t” sobresale más que por estar correctamente montada y por esparcir esa melancolía satisfecha. Hubiera funcionado perfectamente como el desenlace de una serie neoyorquina, y el solo de guitarra también resulta algo apático. Innovación o riesgo se encuentran ausentes del mismo modo en “Lurgee”, otro de los puntos flojos del elepé. La recuperación llega por fortuna de la mano de “Blow Out”, donde un comienzo jazzístico de Philip Selway a la batería transita por varias estaciones atmosféricas, sombrías y cambiantes. Los ecos de las guitarras, la herencia post-punk y los numerosos colores explorados a gran velocidad redimen una segunda mitad que por momentos se volvía más y más monótona. La explosión final resuelve la tensión acumulada y queda un buen sabor de boca.

A partir de aquí todo es ascenso. Con “The Bends” la línea se desplaza sin grandes saltos al rock alternativo, logrando momentos de insuperable belleza, pero el récord histórico queda marcado por el siguiente trabajo, cuando la abstracción toma las riendas de la banda y define un nuevo concepto dentro de la música popular, ensalzando el papel interpretativo del oyente y la amplitud de significados. Nada de esto se puede encontrar en “Pablo Honey”, pero el comienzo no es tan fatídico como se tiende a pensar.

Radiohead – Pablo Honey

7.3

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El irregular estreno de Radiohead muestra tanto tópicos de los noventa como un conocimiento musical amplio y apetencia por la vanguardia. Por encima de una mera curiosidad se ocultan pistas tan acertadas como “You”, “Anyone Can Play Guitar”, “Thinking About You”, la experimental “Blow Out” o la soberbia “Creep”, sobrexplotada por los medios, a los que debemos paradójicamente dar las gracias por la expansión sin la que hubieran sido posibles obras maestras como “OK Computer” o “Kid A”.

Up

  • No se trata de un disco corriente de rock alternativo.
  • Algunos temas en los que se empieza a entrever el genio de Radiohead.

Down

  • Una segunda mitad menos creativa.
  • Pobreza lírica.