El punk está muerto y creo que eso es bueno. No necesito haber estado ahí para saber que tuvo su momento, que nació cuando hacía falta y que murió en medio de una explosión justo cuando la gente había olvidado qué era la pólvora. Pero ya está: fue, ocurrió, tuvo su raison d’être y desapareció para siempre. Dinámica natural.

Eso no significa que su influencia haya desaparecido, claro que no. Los restos mortales del punk (he dicho ya que está tajantemente muerto, ¿verdad?) nutrieron una amplia tierra de la que brotarían infinidad de formas de vida sonora, deudoras de un modo u otro de su esfuerzo original. Todos estos incontables estilos, desemejantes hasta tal punto que cabría pensar que no tienen nada que ver entre sí, comparten sin embargo una característica fundamental con el género que les dio la vida: una actitud combativa. Un espíritu de resarcimiento, una energía casi violenta que a músicos y público les electrifica el cuerpo al mismo tiempo y les da fuerzas para gritar y saltar, un pulso que se transforma en reivindicación en las bocas adecuadas.

Energía contestataria cien por cien británica

¿Qué más da si estas tías suenan como si te fueran a meter un guitarrazo en el pecho? ¿Qué más da que Mjöll no tenga la mejor voz del mundo ni haga nada espectacular con ella cuando las letras están hechas para que las cantes a voz en cuello y te olvides de todo lo demás?

Si meto a Dream Wife en el saco del punk es porque por las venas de Rakel Mjöll, Bella Podpadec y Alice Go corre una energía contestataria cien por cien británica, lo que a menudo significa tener al menos un cincuenta por ciento de regusto punky por aquí y por allá. Aunque la vocalista sea de Islandia. Qué más da. Puedes decir que hacen pop, pero cuesta mucho encontrar esa actitud de ‘no me importa tu mierda’ en ese género, y puedes decir que son indies, pero eso en Inglaterra significa beber muy directamente del post-punk revival de inicios de los 2000, así que volvemos a lo mismo: ¿qué más da? ¿Qué más da si estas tías suenan como si te fueran a meter un guitarrazo en el pecho? ¿Qué más da que Mjöll no tenga la mejor voz del mundo ni haga nada espectacular con ella cuando las letras están hechas para que las cantes a voz en cuello y te olvides de todo lo demás?

Esto es puto punk. Dream Wife lo saben. Ahora es momento de que lo sepas tú.

Fotografía: Hollie Fernando

“Dream Wife”: el punk ha muerto, y nosotras lo hemos matado

La simplicidad de Dream Wife no significa renunciar a diferentes texturas sonoras ni vocales, a pesar de contar tan sólo con una guitarra para llevar la melodía principal. Hay muchísima expresividad en temas concisos que siempre se las apañan para colarte uno de esos riffs que te dicen a la cara que lo que oyes es un temazo.

Este disco no se anda con tonterías, y por eso “Let’s Make Out” tarda sólo unos pocos segundos en meterte en su rollo de estribillos chillones y guitarrazos de tres acordes contundentes, lo que tampoco significa que esta sea una canción ramplona. Hay atención a las dinámicas, a las pausas y a las subidas, y en menos de tres minutos ya te has quedado ahí para escuchar. “Somebody”, en un rollo bien distinto y más elaborado en un sentido musical y lírico, viene para hablar con crudeza sobre la cultura de la violación, saltando de perspectiva narrativa entre el propio agresor (You were a cute girl standing backstage / It was bound to happen”) y la víctima, con un I am not my body / I’m somebody” que hábilmente condensa su disociación mental para evitar el trauma del momento y la reivindicación de la persona sobre su propio cuerpo. Dos temas y Dream Wife ya están pegándote de hostias por todas partes. No las estabas viendo venir y nadie dijo que iba a ser fácil. Pero esto no para.

Remontando la dureza expresada con facilidad pop del tema anterior viene “Fire”, un corte con un rollo más armónico y menos chirriante, casi dulce por momentos. Hay espacio para todo, ya quiera Alice Go meterle una paliza a su guitarra o haga falta meter unos “aaaah de lo más luminosos, y nada parece desentonar. Vemos que la simplicidad de Dream Wife no significa renunciar a diferentes texturas sonoras ni vocales, a pesar de contar tan sólo con una guitarra para llevar la melodía principal. Hay muchísima expresividad en temas concisos que siempre se las apañan para colarte uno de esos riffs que te dicen a la cara que lo que oyes es un temazo. Ahí está “Hey Heartbreaker”, que con esa melodía de distorsión octavada parece un tema de synth-punk. Pocas veces estos años hemos escuchado un “hey hey hey que funcione tan bien. Es cierto que carece de grandes variaciones, ni sonoras ni vocales, pues apoyarse en un par de elementos melódicos pegadizos es un arma de doble filo, pero cualquiera que le dé una oportunidad se verá saltando a su ritmo sin apenas dificultad.

“Dream Wife” no es el mejor trabajo imaginable, ni siquiera dentro de su género. Puede hacerse repetitivo, y aunque su estilo intenta tirar de diferentes texturas sonoras (lo que no es habitual dentro del punk, y menos en un grupo tan reducido), a veces sus referencias pecan de inconsistentes.

Love Without Reason” quiere bajar un poco el ritmo, volviendo a los coros angelicales y cambiando el octavador por el reverb. Aunque líricamente se repite un tanto, ese estribillo de balada punk bien le habría valido a esta canción un espacio en la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo. Tiene intensidad sin ponerse ñoña, y es básica sin ser machacona. Es una buena introducción a “Kids”, que tiene un deje un poco más juguetón con coros que a veces parecen traídos del debut de The Big Moon. Aunque su riff inicial comparte raíz con el de “Fire” no cuesta mucho olvidarse de este pequeño fallo, porque esta canción pasa de una melodía a otra sin apenas dificultad, sumando y quitando efectos a voluntad, llevándote sin problemas allí donde quiera llevarte. Si ya hemos dicho que Go es una buena guitarrista, habría que decir lo propio de Podpadec con el bajo, que se sale de la línea del pop-punk más funcional (esto es, tocar la tónica y tirar millas) sin querer llamar la atención más de la cuenta. Dato curioso: el batería es meramente un músico de estudio, y el power trio está formado estrictamente por las tres intérpretes arriba citadas.

Después de estos temas más reposados, la breve “Taste” regresa con las letras machaconas y los chillidos en el estribillo, donde la guitarra se saca un riff más que remarcable, lo que no puede decirse de su trabajo en las estrofas. Dream Wife nos da una de cal y una de arena, porque no puede decirse con justicia que este sea un tema de relleno, pero da la sensación de que el estribillo salió antes que el resto de la canción y tuvieron que construirlo como pudieron. Chicas, por vuestro propio bien, alejaos de la filosofía compositiva de Royal Blood. Otro tema cortito, más fundamentado en los bajos y con un rollo casi más ¿bailable?, es “Act My Age”, que se las apaña para repetir durante la mitad de la canción dos frases (Do I amuse you? / Do I confuse you?”) de un modo extrañamente magnético y, cómo no, energético. Lo de que cada vez lo grite más fuerte ayuda a contagiarse de su fervor, desde luego. Ahora que nos acercamos al final, Go recupera la melodía principal desde un enfoque más oscuro y el tono menor para hacer “Right Now”, una canción interesante por la parte melódica pero en la que la voz de Mjöll empieza a mostrar síntomas de repetición; irónicamente, debido a los esfuerzos de las instrumentistas por aportar variedad de texturas, la voz muestra sus puntos flacos y da la sensación de que apenas ha cambiado durante todo el trabajo.

Esto está hecho para que lo pases bien, y que le jodan a todo lo demás. A lo mejor hasta hay sitio para algún mensaje importante y todo. Al fin y al cabo, tampoco importa tanto el nombre que le pongas.

El penúltimo tema, “Spend The Night”, recupera esos coros luminosos de “Fire” con un estribillo fácil de cantar y extremadamente pegadizo, mientras la melodía se mantiene en una línea cómoda y familiar. Es cierto que no es nada espectacular en sí misma, pero, al igual que “Taste”, no creo que pueda afirmarse que está ahí por llenar espacio. Casi parece estar para que el oyente se relaje un poco antes del petardazo punkarra que es “F.U.U. (feat. Fever Dream)”. Una línea de guitarra disonante al más puro estilo Slaves (los británicos, los buenos) y una idea repetida hasta la saciedad basta para que te quedes con esta canción: I’m gonna fuck you up / gonna cut you up / gonna fuck you up”. Esta es la declaración de intenciones de Dream Wife: no les importan las expectativas ni los resultados, porque cuando este proyecto empezó ni siquiera iba en serio. Pero aquí están, haciendo lo que les da la gana hasta límites absurdos como este, logrando que, contra todo pronóstico, salga bien. Ahí está esa letra que no hay por dónde cogerla, el interludio de la rapera islandesa Fever Dream cantando “Dream Wife for life, ese outro inesperado que rompe con el tono de toda la canción pero a cuyo cierre llega de forma natural; todo esto ocurre no sólo porque Dream Wife así lo quieren, sino porque a Dream Wife les importa una mierda. Se están riendo en la cara de los estirados, pero nada impide que te subas con ellas a acompañarlas mientras lo hacen.

En general, “Dream Wife” no es el mejor trabajo imaginable, ni siquiera dentro de su género. Puede hacerse repetitivo, y aunque su estilo intenta tirar de diferentes texturas sonoras (lo que no es habitual dentro del punk, y menos en un grupo tan reducido), a veces sus referencias pecan de inconsistentes. Pero, como dije al principio, ¿a quién le importa? Esto está hecho para que lo pases bien, y que le jodan a todo lo demás. A lo mejor hasta hay sitio para algún mensaje importante y todo. Al fin y al cabo, tampoco importa tanto el nombre que le pongas.

Dream Wife – Dream Wife

7.0

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“Dream Wife” es un respetable disco de punk al que todo le da igual. La estructura de muchos de sus temas (poco convencional y con elementos tomados del indie o del pop) y la calidad de sus integrantes aportan distinción a un trabajo cargado de energía irreverente y, en algunas ocasiones, valiente. Puede hacerse un tanto repetitivo en los últimos compases y algunos temas son parcialmente prescindibles, pero en su conjunto es un álbum recomendable y que hace pensar en un futuro prometedor para la banda.

Up

  • El power trio de voz, guitarra y bajo se sirve de un respetable abanico de recursos y texturas sonoras que reniegan de la estructura básica de los grupos de punk.
  • “Somebody”: cruda, directa y valiente.
  • Desafían etiquetas y estereotipos a cada momento que pueden.
  • “F.U.U.” es una estupidez tan gorda que es genial.

Down

  • El orden de canciones podría tener ligeras correcciones; por ejemplo, una canción tan importante como “Somebody” podría haber ocupado posiciones más tardías en el tracklist para no caer en el olvido tan rápido.
  • La voz de Mjöll puede hacerse cansina a partir de cierto número de canciones, pues sus inflexiones son básicamente las mismas durante todo el LP.