I love watching people listening to the music with headphones. When they hold their breath, when they close their eyes. If people get a little quivery lip, that’s good” – Mike Milosh para Rolling Stone.

En una sociedad sobrexpuesta al sexo, caracterizada por el excesivo culto al cuerpo y donde la cosificación de la persona (sobre todo de la mujer) es una herramienta laudable para aumentar las ventas de un producto, hay voces que prefieren la insinuación, la sensualidad, los planos que se deslizan con suavidad, el humo, el blanco y negro, los cuerpos desnudos en la intimidad. Se trata de voces andróginas, pertenecientes a cuerpos sin rostro que recitan cartas de amor sin un destinatario ni un remitente claros. Y es todo ese misterio y esa ambigüedad en las composiciones lo que consigue conquistarte, no hay más.

Rhye y la nueva ola de música sensual y elegante

La inversión de Polydor en Rhye no obtuvo todo el beneficio que se esperaba, lo que llevó a Milosh a dejar la compañía pagando previamente por su contrato para volver así a tener plena libertad creativa. La consecuencia fue embarcarse en 476 conciertos para asegurarse de que contaba con el efectivo suficiente como para liberarse definitivamente de Polydor y, de paso, empezar a desarrollar las ideas del siguiente escalón en su carrera: “Blood”.

Rhye vinieron para reivindicar la sutileza de cuando no todo se basaba en el desnudo explícito y la necesidad de hacer música por el placer de embarcarse en una aventura sin destino. Para encontrar su origen hay que retroceder al momento en el cual al productor danés Robin Hannibal le descubren la música del Mike Milosh. Inmediatamente vio algo especial en este canadiense y decidió ponerse en contacto con él, haciendo que volara desde la ciudad de Berlín en la que vivía hasta Copenhague, escenario donde se empieza a confeccionar esta historia de admiración mutua entre dos músicos que les llevó a la configuración de los tres primeros temas de lo que sería, algunos años después, aquel “Woman” en el que se entrecruzaban la electrónica downtempo, la fragilidad vocal de Milosh y el toque pop sintetizado que destilaba Robin. El resultado fue un conjunto de melodías bellas y cálidas en las que sintetizadores y pasajes orgánicos de violines y vientos iban de la mano y emocionaban a un oyente que no podía más que cuestionarse la identidad de este dúo; un dúo el cual, jugando accidentalmente con el misterio, terminaba por utilizarlo como carta de presentación.

Rhye siempre ha sido algo especial, un proyecto etéreo que cuando se intenta atrapar en un cuerpo pierde toda su perfección. El problema llegó cuando aparecieron las ofertas de sellos sobre la mesa, a cada cual más tentadora para Milosh pero todas igual de restrictivas para Robin, quien no podía figurar en ninguno de esos contratos al encontrarse en el roster de otra compañía. Al final, si bien Rhye comenzó como un proyecto de dos músicos acabó siendo Milosh contra un mundo que no tardó en rechazarle: la inversión de Polydor en Rhye no obtuvo todo el beneficio que se esperaba, lo que llevó a Milosh a dejar la compañía pagando previamente por su contrato para volver así a tener plena libertad creativa. La consecuencia fue embarcarse en 476 conciertos para asegurarse de que contaba con el efectivo suficiente como para liberarse definitivamente de Polydor y, de paso, empezar a desarrollar las ideas del siguiente escalón en su carrera: Blood”.

“Blood”: la consolidación del pop sofisticado de Rhye

Mike Milosh se enfrentaba a la creación de un nuevo álbum sin ataduras, pero también sin la ayuda del productor con el que configuró la primera entrega de su proyecto. No olvidemos que el propósito de Rhye es evocar a la sensualidad a través de ritmos sintéticos y delicados, por lo que cambiar el ADN del proyecto supondría destruirlo.

Mike Milosh se enfrentaba a la creación de un nuevo álbum sin ataduras, pero también sin la ayuda del productor con el que configuró la primera entrega de su proyecto. ¿Conseguiría mantener bajo estas circunstancias su estilo o rompería con todo lo establecido? No olvidemos que el propósito de Rhye es evocar a la sensualidad a través de ritmos sintéticos y delicados, por lo que cambiar el ADN del proyecto supondría destruirlo. Para compensar la ausencia de su fiel colaborador ha añadido a sus filas a grandes músicos de estudio que han perfilado las ideas del canadiense: Nate Mercereau (tocó en el “4:44” de Jay Z), Justin Parker (ha compuesto canciones para Lana Del Rey) y, entre otros, Thomas Bartlett (productor del “Carrie & Lowell” de Sufjan Stevens). Con este dream team –y la producción esporádica de King Henry– Mike Milosh estaba más que preparado para explorar nuevos caminos dentro de su pop sofisticado tan particular, y el resultado es más que exquisito.

Fotografía: Genevieve Medow Jenkins

Para compensar la ausencia de su fiel colaborador Milosh ha añadido a sus filas a grandes músicos de estudio que han ayudado a perfilar sus ideas: Nate Mercereau (tocó en el “4:44” de Jay Z), Justin Parker (ha compuesto canciones para Lana Del Rey) y, entre otros, Thomas Bartlett (productor del “Carrie & Lowell” de Sufjan Stevens).

Waste” nos abre la puerta con un Milosh dolorido que muestra los sentimientos asociados a la ruptura con su anterior pareja. Para ello hace uso de una percusión simple que acompaña a una melodía que cobra cada vez más luz y cuerpo añadiendo sintetizadores y la cual culmina con violines, metales y diversos coros que evidencian la luz al final del túnel; una luz que toma forma como la mujer a quien va dedicado todo este trabajo. Es la mujer que figura en la carátula, la nueva pareja de Mike y a la que van dedicadas los sensuales versos de Taste, primer gran tema del álbum. Es interesante observar cómo Milosh consigue confeccionar grandes momentos dentro de “Blood”, invitando incluso al baile, utilizando ingredientes básicos y sin tener que recurrir a un excesivo contraste para llamar la atención: nos conquista a partir de un bajo potente, un ligero toque de guitarra en el estribillo y unos vientos volátiles que añaden ricos matices.

Con estos dos primeros temas Milosh demuestra que Rhye, a pesar de todos los cambios sufridos, consigue reforzar su fórmula y entregarnos, nuevamente, un producto lleno de belleza y sensualidad, cargado de letras entonadas con la voz cristalina y andrógina de Mike que se mueven entre lo críptico y lo doloroso. Aunque notamos algún sintetizador que podría recordarnos a “Woman”, como ocurre por primera vez en Feel Your Weight, consigue guardar cierta distancia con el mencionado debut al potenciar el carácter orgánico de las canciones y al aportar mayor protagonismo a la melodía conjunta en lugar de a un elemento en concreto. Nada destaca por encima del resto de elementos, cada pieza es un viaje suave y armonioso que bien culmina en momentos de melancolía extremadamente frágil como Please o bien en otros de percusiones más dinámicas y funkys que invitan al baile, como en Count to Five, pura magia de teclados con cierto aroma a Chet Faker, una guitarra eléctrica y violines al final, los cuales aportan un punto extra de tensión que culminan en la calmada Song for You, una canción que tal vez no destaca tanto en el apartado musical con ese juego nada novedoso de batería simple y cuerdas sedosas pero que merece una mención especial por su letra, con líneas que calan bien hondo:

All my lives I’ve seen, I’m thankful for this
‘Cause you’re my favorite place to bleed
Bleed for me”

Aunque hay algunos detalles que podrían recordarnos a “Woman” Milosh consigue guardar cierta distancia con el mencionado debut al potenciar el carácter orgánico de las canciones y al aportar mayor protagonismo a la melodía conjunta en lugar de a un elemento en concreto. Nada destaca por encima del resto de elementos, cada pieza es un viaje suave y armonioso que bien culmina en momentos de melancolía extremadamente frágil o bien otros que invitan al baile.

Llegados a este punto uno se da cuenta de dos cosas. Por un lado, que Milosh intenta solucionar el problema del carácter tan relajado de su música confeccionando un tracklist en el que se intercalan las piezas de mayor sentimiento o intensidad melódica con otras que destacan menos. Por eso ahora nos topamos con Blood Knows, que se encarga de añadir un dinámico punteo de guitarra y hasta cierta oscuridad que ejerce de separador con una “Stay Safe” llena de sintetizadores más volátiles y con un desarrollo más simple. El otro gran problema que busca solucionar a toda costa es uno que ya existía en “Woman”: la falta de sorpresas, y es que seguramente el excesivo ‘What you see is what you get’ elimina casi cualquier sobresalto que pudiera depararnos la escucha de las canciones. Pero Phoenixdemuestra que Rhye aún se guardan ases bajo la manga. Si tuvierais que quedaros con un tema de todo este trabajo, que digo, con un tema de lo que llevamos de año, que sea “Phoenix”. Milosh lleva su pop sofisticado a nuevos niveles, exprimiendo todo el dinamismo posible de su fórmula. Así encontramos una apertura tranquila, con la batería habitual acompañada de un bajo rotundo, que culmina en una segunda sección con mayor ritmo y una guitarra eléctrica con la justa distorsión para musicalizar la rabia que demuestra la letra: I thought you’d love me ’til I’m raw”. Milosh decide no ensombrecer demasiado esta composición y cierra el álbum con dos cortes más reposados e introspectivos. Así, Softlyentra poco a poco y explora una melodía de piano que pasa sin pena ni gloria, dejando que Sinfulse encargue del colofón a partir de una guitarra acústica progresiva, esbozando una estructura llamativa con unos metales y sintetizadores futuristas hacia la parte final que elevan el discurso de un Milosh que habla acerca de tenerse el uno al otro (I wouldn’t love you wrong, we’re not alone, you’re my sinful”), cerrando de esta forma con una nota de esperanza que contrasta con el inicio tímido y doloroso y mostrando así la evolución sentimental del vocalista a lo largo de los once tracks de este “Blood”.

Rhye (o más bien Mike Milosh) ha superado la ruptura con su sello, con su anterior productor y con su anterior pareja para volver con un registro en el que se replantea su camino y fortalece su sonido. Lo que nació en un dormitorio y creció sobre los escenarios en esta ocasión ha seguido el proceso inverso. Lo que hacía especial a Rhye se ha potenciado sobremanera con “Blood”, demostrando que su música sigue estando diseñada para follar, llorar y bailar, pero elevando todo a un carácter divino y, en cierta manera, puro.

Rhye (o más bien Mike Milosh) ha superado la ruptura con su sello, con su anterior productor y con su anterior pareja para volver con un registro en el que se replantea su camino y fortalece su sonido. Lo que nació en un dormitorio y creció sobre los escenarios en esta ocasión ha seguido el proceso inverso, forzando a Milosh a explorar la introspección, buscando –y encontrando– soluciones para ser capaz de capturar toda la energía y el sentimiento de la puesta en escena sobre producciones de pop minimalista y orgánico.

Lo que hacía especial a Rhye se ha potenciado sobremanera con “Blood”, demostrando que su música sigue estando diseñada para follar, llorar y bailar, pero elevando todo a un carácter divino y, en cierta manera, puro. Convierte el sexo en la comunión de cuerpos que culmina en un éxtasis, transforma llorar en la exudación del alma y el baile en la puesta en escena de lo que no somos capaces de expresar con palabras. Rhye conseguían que olvidáramos la imperfección del mundo exterior dibujando un oasis de pureza musical simplemente maravilloso, y en “Blood” lo vuelven a lograr –con mayor acierto si cabe–.

Rhye – Blood

8.6

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Con “Blood” Rhye pasa de ser un dúo a convertirse en el proyecto en solitario de Mike Milosh. En este nuevo trabajo de estudio el canadiense asienta y perfecciona su fórmula de pop delicado y exquisito, logrando que la instrumentación orgánica y sedosa potencie a la perfección su mensaje de dolor y amor entonado con su particular voz andrógina.

Up

  • Perfecciona la fórmula de “Woman”.
  • Sonido de banda, más orgánico y lleno.
  • La sucesión de adelantos previos al álbum, a cada cual mejor.
  • “Phoenix” se alza con facilidad como el mejor tema de Rhye hasta la fecha y una de las canciones del año (al menos hasta ahora).

Down

  • Tal vez se pierda el ritmo en el tramo central.
  • Por mucho que haya temas que compensen, haber dejado “Summer Days” fuera del álbum.
  • Canciones como “Softly” o “Stay Safe” no aportan mucho al conjunto.