Tener la oportunidad de que Ellie Rowsell, líder de Wolf Alice y abanderada de la nueva generación de rock británico, te hable murmurando acerca del estado de la música actual, del anquilosamiento del rock, de su nuevo disco y de su relación con la crítica es una experiencia alucinante (al menos hasta que llegas a casa y te das cuenta de que los susurros en la recepción de un hotel no son precisamente la mejor manera de grabar una entrevista).

El último verso de su rutilante debut, “My Love is Cool”, decía: “Teach me rock ‘n’ roll”. Pese a ello, los ingleses no consideran haber recibido lecciones de nadie. Y vista la crítica a sus dos discos, han hecho bien. Unas críticas positivas que según la propia Ellie no les afectan demasiado, aunque no puede evitar una sonrisa de orgullo al pensar en los sobresalientes cosechados por la mayoría de medios independientes en su debut.

Clave de este éxito reside en las letras de Rowsell, que se alejan de los sota-caballo-rey sobre amor, odio y sensaciones primarias que abundan en el rock, para adentrarse en sentimientos más complejos y poco tratados en la música popular como la amistad, la relación entre hermanos o la autoafirmación. Sin embargo, en su segundo disco sí se notaba algo más el peso del amor en las letras, aunque se tratase de forma algo cínica. “La gente se esfuerza y lucha por amor. A veces es maravilloso, pero otras es duro. Eso es lo que creo que dejan entrever letras como las de “Heavenward” o “Don’t Delete the Kisses”, por ejemplo”. Otra inspiración lírica son gente de su entorno: “Normalmente amigos, aunque espero que no sean personas en concreto ni nadie que se pueda dar aludido (por las letras), sino más bien una serie de experiencias o rasgos que acaban plasmados en las canciones”.

Hablando del segundo disco se confiesan: “Puede parecer que somos la típica banda a la que ha ido bien en su primer disco y para el segundo se va a Los Ángeles, graba su canción de ocho minutos, deja su ciudad…”. Pero no es así. La grabación en L.A. se produjo sólo porque Justin, su productor, estaba asentado allí, y aunque les parece una “ciudad increíble” y les permite probar cosas nuevas, no fue un cambio de aires permanente, ni mucho menos. En él, Joel Amey (batería de la banda) reconoce por su parte una influencia directa de Underworld, y “un estilo de composición más directo” que antes. “No queríamos demorarnos mucho tiempo en la misma canción”, apunta Ellie.

Fotografía: https://www.facebook.com/wolfalicemusic/

En el pasado, Wolf Alice han sido muy críticos con los organizadores de festivales grandes en Reino Unido, a los que acusan de inmovilismo en las cabeceras y de dar pocas oportunidades a las bandas emergentes. En ese sentido reivindican a Florence + The Machine, Foals, Tame Impala, DMA’s, Shame o Childhood como bandas capaces de encabezar grandes citas si no en el presente, sí en un futuro no muy lejano. Aparte de, evidentemente, ellos mismos. Esta crítica se extiende al concepto mismo de ‘rock’, en su sentido “abusón, intimidante, con actitud de macho”. Joel recuerda entonces que cuando su madre era joven y tocaba la guitarra se enfrentaba a unos prejuicios y unos obstáculos que siguen ahí: “No hagas eso, eso no es rock porque es intelectual y suena a Joni Mitchell… ¡No me digas lo que es o deja de ser! Es increíble, pero se sigue tratando de los mismos tipos que te dicen qué hacer o qué no hacer en 2017”. Una actitud luchadora que les ha llevado también a emprender iniciativas como Bands 4 Refugees, a favor de los refugiados y en contra del tratamiento que se les suele dar en los medios, junto a bandas, a priori, hermanas, como Slaves, Black Honey o Years & Years. Aunque, preguntados por si creen en un resurgimiento del indie-rock británico, no se sienten del todo parte de ello: “Lo cierto es que puede que haya una escena, pero nosotros estamos un poco al margen de ella”.

En cuanto a si les molesta más una crítica dura o una condescendiente, lo que de verdad resulta cabrearles es cuando se ataca directamente a las canciones. “A esta canción le pasa esto, a esta lo otro, esta sobra… ¡Tío, es nuestro disco, déjanos en paz! Entiendo que te guste o no, pero no te metas con lo que queremos decir en las canciones”. Ver encenderse a Ellie es un fenómeno extraño y sorprendente; es en esos escasos momentos de rabia en los que uno puede asomarse a su faceta dominadora de escenarios, en contraste con su timidez natural. Joel por su parte es más directo y claro, y lo mismo agradece una recomendación musical de una banda española que elogia el circuito de festivales de nuestro país, más equilibrado que el inglés, según dice.

Evidentemente lo importante en una entrevista es el mensaje del entrevistado, pero por una vez me gustaría destacar la actitud humilde de Wolf Alice. Decir cosas para quedar bien en una entrevista y dibujarse un perfil solidario o concienciado es relativamente sencillo, pero no lo es tanto ser tan coherente como lo son los londinenses con su discurso anti-rockstar. Una actitud que, ligada a una propuesta musical con tanta calidad como la suya, irá haciendo tambalearse los cimientos del rock viejo (en el peor sentido de la palabra) hasta derrumbarlo. Y si no te lo crees, tiempo al tiempo.