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“Mr. Tillman” es una primera apuesta mediocre que tomaremos con escepticismo a la espera de dotarlo de un marco contextual que le aporte mayor definición. Atrae su relativa oscuridad, su pegadiza melodía y sus sobrios arreglos de piano, pero seguiremos a la espera de algo que no suponga un esquema continuista de “Pure Comedy” con un colchón instrumental colorido.

Poco le ha durado la presuntuosidad a Father John Misty, afortunadamente. Al menos es lo que parece en “Mr. Tillman”, el primer adelanto del que será su cuarto álbum de estudio (que llegará, presumiblemente, en algún momento de la presente temporada). No hace ni un año que el compositor ponía en el mercado “Pure Comedy”, un trabajo en el que Tillman cayó en las redes de la ambición para hacerlo absurdamente extenso, plano y repetitivo. Incluso el propio autor lo llegó a calificar de pretencioso –no sé si con ironía– para plantear la vuelta a unas formas más naturales.

Seis semanas han bastado al Padre para escribir un álbum más personal y directo, inspirado por una crisis personal que lo llevó a vivir dos meses en un hotel. Un periodo turbulento, según nos deja ver, marcado por el alcohol y el probable consumo de estupefacientes: Mr. Tillman, por séptima vez / No tenemos conocimiento de una película / eso se graba fuera / aquellos no son extras en una película, son nuestros clientes […] ¿Hay alguien a quien podamos llamar? / Quizá usted no debería beber solo”. Musicalmente, este tema mira de reojo al estilo de “Fear Fun”, aunque no termina de desprenderse de la reiteración arquetípica sobre la que se construía el mencionado “Pure Comedy”, manteniéndose visiblemente alejado del buen hacer melódico e instrumental que poblaba aquel álbum, especialmente en su segunda mitad.

“Mr. Tillman” es una primera apuesta mediocre que tomaremos con escepticismo a la espera de dotarlo de un marco contextual que le aporte mayor definición. Atrae su relativa oscuridad, su pegadiza melodía y sus sobrios arreglos de piano, pero quizá su recurso más llamativo sea el silbido despreocupado que llega al final de la pieza en la línea de aquel que aparecía en la sempiterna “(Sittin’ On) The Dock Of The Bay” de Otis Redding. Es justo reconocerle el mérito de conseguir crear una canción aceptable a pesar de la invariabilidad de su melodía, dejando todo el mérito a un acompañamiento que cumple a la perfección su papel. No obstante, sabemos de lo que es capaz Father John Misty, por lo que seguiremos a la espera de algo que no suponga un esquema continuista de “Pure Comedy” con un colchón instrumental colorido.