8 / 10

Siempre hubo una intención asténica, dramática, en la obra de Beach House, y este adelanto no supone una excepción. Si bien la temática aún tiene mucho que contar, la fórmula de contraponer etéreas melodías a una base más o menos electrónica comienza a banalizar su poder expresivo.

Dos años y medio han pasado desde la audaz maniobra del dúo en 2015 sacando una parejita de álbumes, el primero de corte más experimental y el segundo más respetuoso con su sonido originario, y durante este lapso se ha hecho esperar un nuevo trabajo (excluyendo el canónico sencillo “Chariot”) del que la banda de Baltimore ha desligado este primer adelanto, el cual estará presente en un larga duración que verá la luz en primavera de este año, según afirman desde su cuenta de Instagram. La temática, como remarca el hecho de que la canción apareciera el 14 de febrero y viene siendo marca de la casa, despliega los diferentes prismas del sentir amoroso sin dejar de lado la exuberancia sigilosa.

Fieles a sus creencias, el agridulce título “Lemon Glow” (Brillo Limón) propone una base electrónica rastreable en los esfuerzos de conjuntos como Portishead sobre la que se asientan las perladas melodías de Victoria Legrand, mientras que la descomposición sonora colindante dificulta la asignación a unos instrumentos concretos por parte de ésta y de su compañero Alex Scally, suavizando disonancias y dejando flotar al oyente entre sábanas y bombillas de bajo consumo. Una cubierta de baldosas que anticipa certeramente lo que el tema propone, minimalista pero a la vez retorcido, fluyente. El admirable intento de renovar una vez más la psicodelia pasa por diamantes, coros y duplicación de la melodía por terceras, una letra ambigua y personal, un avance robótico y una acumulación sonora que se hace patente con la intensificación de la batería al llegar a puerto. Permanece un sentido profundo en lo que sobrepasa la conexión romántica tradicional como remarca la poesía surrealista, véase el color de la mente (“The color of your mind”), en la misma línea que practicaba Faust cuando asignaba un incendio en el pelo de “Jennifer”, al tiempo que los pensamientos amarillos surgían de su cabeza. Siempre hubo una intención asténica, dramática, en su obra, y este adelanto no supone una excepción.

Si el trabajo al completo, una vez sea lanzado esta primavera, mantiene las expectativas y el cambio direccional ofrecido por Beach House en este primer corte, podemos asistir a un renacimiento de la banda, que después de haber mostrado dos logros como son los LP “Teen Dream” y “Bloom” se vuelve consciente de que una actualización es necesaria, y si bien la temática aún tiene mucho que contar, la fórmula de contraponer etéreas melodías a una base más o menos electrónica comienza a banalizar su poder expresivo.