A veces me imagino a Bécquer preguntándose qué es el ‘indie’. ¿Era él indie cuando escribía poesía romántica mientras el resto de poetas de su época ya habían pasado a otra cosa? Claro que también me pregunto a diario: ¿qué es el indie? Ya sabéis, ¿y tú me lo preguntas? –me responde el tísico poeta–. Como hay un gran debate abierto pasaré a explicar lo que yo creo que es el indie y cómo ha llegado a conquistar el panorama musical de nuestro país. En pocas palabras: grupos que se autoeditan, autoproducen y se auto (inserte aquí cualquier actividad relacionada con un grupo musical) para que su música llegue a la gente. Por suerte o por desgracia llega un momento (2008) en el que la música que se pincha en la radio es reggaetón, electro latino y artistas internacionales. ¿Es que no hay nada más ahí fuera que hedonismo pegajoso de discoteca y bandas sobrevaloradas porque en inglés suena mejor todo lo que digas (ya que, como sabemos, en España nadie habla inglés)?

“Un Día en el Mundo”: la auténtica explosión del ‘indie’ en español

Un disco en el que casi todos coincidiremos que están la mayoría de sus mejores canciones. Y eso que en sus últimos trabajos han conseguido madurar y seguir subiendo peldaños hacia un sonido más redondo y potente. Mirarán a su primera criatura musical con nostalgia, pero seguro que también con mucho orgullo.

Eso es lo que se preguntaban unos chicos de Tres Cantos allá por 2008 cuando decidieron dar su particular ‘pequeño salto mortal’ lanzándose a crear un sello propio para poder publicar su primer disco. Hasta ese momento, desde que se creara la banda en el año 2000, habían hecho más o menos lo que todas las bandas noveles: quemarse en garitos pequeños, sacar unos cuantos EPs (cuatro en el caso que nos ocupa: “13 Horas Con Lucy”, “Vetusta Morla”, “La Cuadratura del Círculo” y “Mira”) y presentarse a todos los concursos que podían en Madrid y alrededores. El hecho de ganar varios de ellos les dio el empujón definitivo para saber que lo que estaban haciendo valía la pena. Quizá por eso apostaron tan fuerte en un momento en el que nadie más que ellos y como mucho algunos seguidores tempranos lo hacían.

Que luego el ‘indie’ se popularizara, que el pop comercial en España copiara su estética y sus principios e incluso sus sonidos… eso ya no es culpa suya. Pero está claro que hablar en el siglo XXI del ‘indie’ en español, sea lo que sea, pasa por hablar de Vetusta Morla. Por eso queremos sumarnos a su particular homenaje a ese primer disco (“Un Día en el Mundo”) en el que casi todos coincidiremos que están la mayoría de sus mejores canciones. Y eso que en sus últimos trabajos han conseguido madurar y seguir subiendo peldaños hacia un sonido más redondo y potente. Ahora ellos están arriba y mirarán a su primera criatura musical con nostalgia, pero seguro que también con mucho orgullo.

Fotografía: Promo

Doce canciones gigantes que marcaron un camino a seguir

Un álbum brillante, lleno de canciones novedosas e imaginativas, con cuidadísimas letras –se rumorea que se las escribía un monje budista– y con un sonido realmente alternativo, palabra que se debería aplicar más a menudo para hablar de la auténtica música ‘indie’, que era lo que hacían esta gente hace diez años.

Porque empezar con una “Autocrítica” como la de este disco es muy valiente y una forma de entender la música más allá de singles. Porque en este disco hay muchas canciones buenas más que meros ‘singles’. En este tema los sintetizadores se van entrelazando con el resto de instrumentos que se van sumando lentamente mientras aparece una letra críptica y autodestructiva. Como veis, el prefijo auto es algo que les encanta a los Vetusta. Tiene que gustarles para haberse labrado todo un legado musical sin ayuda de grandes sellos discográficos. Algo que ahora nos puede parecer hasta lógico –véase Taburete– pero que en aquel momento suponía un auténtico movimiento casi suicida. Finalmente la historia acabaría como sabemos: con un disco brillante, lleno de canciones novedosas e imaginativas, con cuidadísimas letras –se rumorea que se las escribía un monje budista— y con un sonido realmente alternativo, palabra que se debería aplicar más a menudo para hablar de la auténtica música ‘indie’, que era lo que hacían esta gente hace diez años.

Y es que la idea de ‘hacerlo a mi manera’ va a estar muy presente en todo el álbum, como explican en “Sálvese Quien Pueda”. Otro de esos clásicos instantáneos cuando se suben a un escenario, en el que apelan al DIY y también a los fans que les apoyan y apoyaban por aquel entonces. Pero si hay un tema que se recuerda de este disco es, sin duda, el que le da nombre. “Un día en el Mundo” fue la acertada carta de presentación de esta ópera prima en forma de un videoclip tan sencillo como casero: salen de un portal en el centro de Madrid y acaban subiéndose al escenario del Fnac de Callao, repleto de gente esperando para ver su concierto. El vídeo sigue siendo brillante a día de hoy y deja claro que sólo hace falta una buena idea para hacer un buen videoclip, más que una buena producción o el presupuesto de Katy Perry. Si además lo acompañas de la que, para mí, es su mejor canción de siempre, con una garra brutal, la caleidoscópica voz de Pucho y un explosivo estribillo, pues tienes un corto (realizado por Álvaro León) nominado a varios premios.

Las letras son imaginativas y elocuentes y la parte musical es casi perfecta (las texturas de guitarras, los arreglos, las sorprendentes melodías, la dinámica de las composiciones…). No obstante, su verdadera importancia radica en que cambió el rumbo de la industria musical en España y sentó las bases del movimiento ‘indie’ en el nuevo milenio.

Pero la cosa es que este elepé es una sucesión de canciones magníficas, como ya hemos visto, y ese single no sería el que se llevaría el favor del público. Ya sabéis, un grupo hace su apuesta, lanza las canciones… pero luego quien lo escucha las hace suyas y decide cuál le representa. Y eso fue lo que pasó con una generación y “Copenhague”. No hay joven de la época –entre los que me incluyo– que no se identificara con ese mensaje de libertad y carpe diem que propone. Aún hoy sigue emocionando ese “dejarse llevar suena demasiado bien”, la historia de la chica que se va de viaje o la buena instrumentación de la que hacen gala a la hora de vestir las composiciones. Lo contrario a lo que ocurre en “Valiente”, una pieza mucho más directa y potente en la que exponen sus contradicciones y quizás el miedo al inminente éxito que van a conseguir. No lo sabían aún, pero seguro que se lo imaginaban.

Porque cuando uno hace lo que dicen el corazón y la cabeza y tiene un buen plan, queda demostrado que la suerte es algo secundario. Con “La Marea” vuelven a hacer lo que les da la gana, pero quizás sea el tema más ‘flojo’ del disco. Un paréntesis antes de llegar a una tanda final casi inmejorable. Primero con “Pequeño Desastre Animal”, otra de sus canciones más celebradas –en directo y en diferido–, donde suenan potentes guitarras con una melodía que no deja de subir y bajar. Muy en su estilo, eso de confeccionar canciones planas no va con ellos. Si escuchas un tema en español con una dinámica que sea una montaña rusa que va desde la nota más sibilina hasta el más fastuoso de los estribillos –véase “Los Días Raros” de su segundo disco– estás ante un tema de Vetusta Morla casi seguro.

Una colección de temas que aún hoy siguen inspirando a muchos grupos y que asfaltó el terreno del ‘indie’ para las generaciones venideras, con su gran afán de independencia. Pero, sobre todo, “Un Día en el Mundo” es la confirmación de que el trabajo duro en lo musical casi siempre da sus frutos y que lo alternativo o ‘indie’ –aunque parezca contradictorio– también puede conquistar al gran público.

Hay que ser muy buenos con esto para lograr “La Cuadratura del Círculo”, donde recitan de memoria las ciudades latinoamericanas por donde seguramente hayan pasado años después en un tema sucio con guitarras rasgadas y en el que siguen incidiendo en la idea de no rendirse, al menos al principio. Luego brindarán por un “año más” en “Año Nuevo”, otra pieza tenue que termina por estallar al final pero que definitivamente sirve de antesala para “Rey Sol”, un tema por el que parece que no han pasado estos diez años y que sigue envejeciendo igual de bien concierto tras concierto en las gargantas de los fans. La melodía vuelve a sonar diferente y los cambios de ritmo e intensidad terminan de redondear otro de los clásicos de su discografía (y no sé cuántos van en este trabajo). Un trabajo que, recordemos, vendió más de 35.000 unidades de cuando se vendían poquísimos discos… algo bastante encomiable para haberlo producido con su pequeño sello, el cual según sus propias palabras: “da trabajo a mucha gente… principalmente a nosotros [Risas]”.

Y como todo buen trabajo tiene que tener una buena conclusión llegan a “Saharabbey Road”, su particular calle beatlemaníaca en la que cuajan un tema festivo que parece destinado a romper festivales, con una coda final muy “Let It Be”, que se convierte en cánticos de hooligans cada vez que suena en directo. En lo musical tal vez es su momento más inspirado, con una melodía que no para de crecer antes de llegar al auténtico final: “Al Respirar”. Un cierre emotivo que nos devuelve lentamente a la realidad después de cincuenta minutos de música y que pone el punto y final a un disco que cambió el panorama musical español hace una década. Parece que los años de composición y de tocar por Madrid, ocho nada menos, dieron sus frutos. Aquí se arremolinan algunas de las mejores canciones de sus otros EPs en un álbum grabado en una antigua bodega de Alameda de Cervera, un pueblecito de Ciudad Real, donde consiguieron ese toque artesano que termina de redondear un trabajo excelente, sobre todo para ser un primer disco. Una colección de temas que aún hoy siguen inspirando a muchos grupos y que asfaltó el terreno del ‘indie’ para las generaciones venideras, con su gran afán de independencia. Pero, sobre todo, “Un Día en el Mundo” es la confirmación de que el trabajo duro en lo musical casi siempre da sus frutos y que lo alternativo o ‘indie’ –aunque parezca contradictorio– también puede conquistar al gran público.

Vetusta Morla – Un Día en el Mundo

9.0

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Vetusta Morla decidieron en 2008 que lo que sonaba en la radio no iba con ellos y empezaron el movimiento ‘indie’ del nuevo siglo en España creando su propio sello discográfico para publicar “Un día en el Mundo”. Un disco de doce canciones gigantes que marcaron un camino a seguir y de las cuales depende gran parte de su éxito y sus seguidores.

Up

  • Las letras son imaginativas y elocuentes, demasiado para calificarlas del pop-rock que se hacía en esa época.
  • Las texturas de guitarras, los arreglos, las sorprendentes melodías, la dinámica de las composiciones… La parte musical es casi perfecta.
  • Cada canción es un pequeño universo por descubrir, en cuanto a letra y música.
  • Atesora la mayoría de clásicos de la banda: “Un día en el Mundo”, “Copenhague”, “Valiente”, “Saharabbey Road”, “La Cuadratura del Círculo”…
  • Cambió el rumbo de la industria musical en España y sentó las bases del movimiento ‘indie’ en el nuevo milenio.

Down

  • Sin ser malas canciones, ni mucho menos, “Al Respirar” y “La Marea” no alcanzan el altísimo nivel del resto del disco.