Tiene mucho sentido que en una sección llamada ‘Canciones de nuestra vida’ hagamos un hueco para un retrato crudo, costumbrista y directo a la par que poético de una realidad que sacude día tras día los entresijos de la humanidad. Quizá la vida nos ha enseñado a asumir con frialdad lo que vislumbramos al otro lado del televisor como si de una película se tratase. Quizá en España de un año a esta parte hayamos asumido que la única noticia, perenne y persistente, es la que desmiga cualquier novedad que venga de Cataluña. Por eso tiene tanto sentido que hagamos un hueco a esa otra realidad más olvidada: la de los países en guerra, la de los presos de Guantánamo, la de la violación de la dignidad y los derechos humanos, la de la tortura y el corredor de la muerte… El poeta valenciano Enrique Falcón quiso reunir bajo un lenguaje tan literario como agresivo y directo estas y más realidades que persisten cada día lejos de las grandes avenidas de las ciudades occidentales para dar forma a una de las mejores obras españolas de los últimos veinticinco años: “La Marcha de 150.000.000”.

Centros de (parecida a ti, loca de guirnaldas)
detención y mutilación sistemática de miembros:
Derb, Muley, Chrif, Agdez, Galaat M’Gouna,
después de los secuestros y todos los
avisos con la tarde descabezándose,
sucia, en las ventanas
una causa justa
de un pueblo sujeto a la historia pero sobre todo
hermoso en los tendones
y en la débil manera de abrazar el espanto
un derecho inalienable de moscas infinitas en la cara
y claridad del camino mientras todo ocurra”

Toundra y Niño de Elche querían transmitir esa desidia y ese hábitat de la desolación, y para ello recurrieron al poemario de Falcón, fuente de la que se extraen las letras de “Para Quienes Aún Viven”, el debut de Exquirla. El cuarto canto de “El Saqueo” (una de las partes de “La Marcha de 150.000.000”) incluye los versos de los que salió una de las canciones más redondas del pasado 2017: “Un Hombre”.

Quienes estén familiarizados con el álbum de Exquirla sabrán que el patrón de las letras no es el de una composición habitual con sus estrofas y su estribillo, sino una serie de ideas que se van repitiendo de forma medida y progresiva, ejecutando un paralelismo con el despliegue musical. Los diez minutos que dura “Un Hombre” sirven para presentar unas pocas sensaciones sobre aquello que recoge el poema de Falcón. En primer lugar, nos habla de que “un hombre está muriendo y no hace ruido; un hombre el que no muere y no hace ruido. Con ello podemos volver a ese mundo televisivo, donde nos hemos acostumbrado a que se presenten este tipo de noticias casi de fondo, como ese hilo chill-out que lucha contra el silencio absoluto en bares y restaurantes. Nos hemos acostumbrado tanto que hemos desarrollado una vacuna autoinmune para la naturalización de estas imágenes, de manera que ese hombre que muere es como si no muriese; no hace ruido y, sin embargo y como asegura Niño de Elche para vincularlo con la vida, ese hombre “palpita”.

Tras dejar estas percepciones en el redil la suavidad de las palabras disminuye y, en un lenguaje más explícito, describe esas macabras imágenes en las que el hombre va a ser ejecutado contra su voluntad, vejado por quienes ejercen el poder sobre él: “Programaron su hora a un hombre; capucha en la cabeza a un hombre; insulto en la bañera a un hombre; la toalla empapada a un hombre. Entre medias enumeran una serie de centros de reclusión (“Derb, Muley, Chrif, Agdez, Galaat M’Gouna”acusados de atentar contra la dignidad y los derechos humanos.

De esta manera, la dureza y la distorsión compleja que rodea a las guitarras de Toundra crea el oasis para la letra cruda de Falcón, interpretada a las mil maravillas por un Niño de Elche que acerca la realidad, la desazón, la pesadilla y los sentimientos más bajos y crueles del mundo en que vivimos, resquebrajando un poquito esa barrera que hemos construido en nuestra sociedad para protegernos del horror que nos invadiría si manifestáramos una empatía real y absoluta con quienes protagonizan en nuestro televisor, ordenador o smartphone día tras día los versos de “Un Hombre”.

Para que algo de esas vidas
Llegase hasta nosotros
Fue preciso que un haz
De luz se posara
Sobre ellas.
Una luz que
Les venía desde fuera:
Lo que las arrancó de la noche
En la que habrían
Debido permanecer.
Fue su encuentro
Con el poder.
Sin este choque
Ninguna palabra
Habría sobrevivido
Para recordarnos
Su fugaz trayectoria”