Me acerqué por primera vez a A$AP Rocky por su cara bonita y su estilo matador, literalmente. Y sé que no soy la única, así que mal de muchos, consuelo de tontos, sí, pero también decía Oscar Wilde en “El retrato de Dorian Gray” que sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias, ya que el verdadero misterio del mundo está en lo visible. No sé si llegaría lejos hasta secundar al 100% la teoría del irlandés Wilde, y pese a que la apariencia física no suele ser la cualidad que acostumbra a hacerme gravitar hacia un músico, no me siento ni un poco frívola por ello. Dudo de que ni al mismo Rocky le ofenda, más bien todo lo contrario; seguro que entiende que, aunque quizás lo devalúe a ojos de espectadores prejuiciosos y pseudoprofundos, su belleza y su vanidad le han brindado oportunidades que, tal vez con una fisonomía más del montón, jamás le hubieran siquiera sido presentadas.

Aun así, en el fondo le pica un poco lo de ser considerado una mera fachada negra agradable a la vista, y esencialmente a esa frustración, reprimida bajo capas de Maison Margiela y Raf Simons, debemos la existencia del “At.Long.Last.A$AP”, tercer largo del harlemita si contamos su evangelizadora mixtape debut de 2011, “Live.Love.A$AP”, y su primer trabajo discográfico propiamente dicho de 2013, “Long.Live.A$AP”.

Conociendo al verdadero Rocky: por fin A$AP

Cuenta la leyenda que “A.L.L.A.” fue concebido sin ver la luz del día, y que nunca antes había fabricado algo tan libre ni tan personal como este álbum que, paradójicamente, contiene numerosísimas colaboraciones y se grabó en gran parte en los Red Bull Studios de Londres, tan lejos del Nueva York natal que hoy abandera por todo el globo terráqueo.

Cuenta la leyenda que el apodado “A.L.L.A.” del por su parte también apodado Pretty Flacko fue concebido sin ver la luz del día, y que nunca antes había fabricado algo tan libre ni tan personal como este álbum que, paradójicamente, contiene numerosísimas colaboraciones y se grabó en gran parte en los Red Bull Studios de Londres, tan lejos del Nueva York natal que hoy abandera por todo el globo terráqueo. La confesionalidad de “At.Long.Last.A$AP”, pues, reside más bien en haberse atrevido a apuntalar la última gran verdad incómoda sobre el hip-hop contemporáneo: que la endogamia en el género está acabada, que nunca más será un ave fénix condenada a renacer de entre las cenizas del Rakim por el que le bautizaron, que también puede divergir y mezclarse, viajar de costa este a oeste a antojo, e incluso renegar de la tradición sin ser tildado de paria.

“At.Long.Last.A$AP”: un admirable intento de trascendencia

La confesionalidad de “At.Long.Last.A$AP” reside más bien en haberse atrevido a apuntalar la última gran verdad incómoda sobre el hip-hop contemporáneo: que la endogamia en el género está acabada, que nunca más será un ave fénix condenada a renacer de entre las cenizas del Rakim por el que le bautizaron, que también puede divergir y mezclarse, viajar de costa este a oeste a antojo, e incluso renegar de la tradición sin ser tildado de paria.

Y empieza bien, “At.Long.Last.A$AP”, definitivamente mejor que la homónima carta de presentación en “Long.Live.A$AP”: muchas más agallas y quizás con algo menos de actitud, carencia que queda suplida por un superior nivel de espesor sónico. Para cuando se sienten las voces del predicador que bautiza los primeros segundos de “Holy Ghost” el cerebro del oyente ya llevaba meses tratando de procesar una serie de adelantos aleatorios que no dejaban ni atisbar una pizca del leitmotiv experimental, renovador e idiosincrásico que habría de cimentar el largo. Letrísticamente, el tema se desarrolla como una apología a la religión comprendida desde un punto de vista personal e íntimo (“I got my own relationship with God, Lord”). Y antes del desenlace tiene lugar la presentación en sociedad de Joe Fox, que es como un Robert Johnson del rap: mitad leyenda, mitad realidad. Se rumorea que él y Rocky se encontraron una noche en el Soho londinense, y Fox, un malvividor y Don Nadie de película, intentó venderle uno de sus discos. Rocky le dijo que nanay, que mejor se cantase algo allí mismo. El muchacho lo hizo e impresionó en tal medida a la estrella que lo invitó a vivir con él y lo metió en cinco de las dieciocho pistas que forman “A.L.L.A.”. La suerte del principiante, la llaman.

Canal St.” es la calle de donde tus amigos que van de vacaciones a Nueva York te traen los Rolex falsos y los Louis Vuitton megafalsos. Como canción y atmosféricamente hablando, por otro lado, es la aportación menos notable del largo; consiste en un fusilamiento sin vergüenza al “Dirt” del escurridizo Bones (fundador de TeamSESH) con algún episodio verbal intenso. Aunque para intensito ya está “Fine Whine”, en el que se rompe un llanto por su relación marchita con la modelo Chanel Iman y se trae a Future para revolcarse en la miseria en buena compañía. Encapsula uno de los cuatro minutos más académicamente interesantes del largo, ya que se hace posible ver en “A.L.L.A.” una cobaya sonora de lo que parece Rocky cuando, a ratos, intenta ser deliberadamente sentimentaloide: un poco cursi y un poco desesperado por contrarrestar su bajada de guardia emocional con una salida de tono (“I know your heart is broken, pick up your whine glass / With your fine ass”). Y la aportación de M.I.A., bueno… Siempre es un placer verla pese a que su monoverso aquí tampoco es que cure depresiones.

“At.Long.Last.A$AP” como ideal, como concepto extra musical, quizás incluso como mero intento sudado y sangrado de lo que sea que quisiera ser, es lo suficientemente ambicioso e intelectualmente logrado para merecer una ovación.

El consecutivo “L$D” funciona mucho mejor como pieza de un puzle compositivo que como single. Por la parte de hacerte sentir cual Syd Barrett en la fábrica de chocolate, es un diez de diez. Por la de las palabras, en cambio, se conduce a sí mismo al callejón sin salida de la canción anterior: hablamos de un hombre que se deja cepillar por nueve tías en una noche; ¿qué puede saber alguien así sobre el romanticismo? Nada de nada, como evidencia en “Excuse Me”. Todo un irreprochable y equilibrado ejercicio de braggadocio, muestra de que hay en los temas con exclusiva implicación de Rakim algo que resuena a tener las ideas muy claras, a enfocar, apuntar y disparar. La base (con sample de los Platters) es una piedra preciosa que chispea, su estribillo es poético para los parámetros de la A$AP Mob y delibera con sentimiento, dos palabras que jamás pensé que usaría para describir una sola frase salida de entre los labios de A$AP Rocky, un chico que ha llegado a autoproclamarse en alguna ocasión ‘el James Dean negro’. De ahí precisamente surge el pretexto para la consecutiva “JD”; hacer el gallito como sólo un rebelde sin causa sabe. Se le escucha cómodo en su territorio de chulo de barrio habitual, al igual que en la siguiente “Lord Pretty Flacko Jodye 2”, que es trippy trap de calidad, nuestro Rocky de siempre con una dosis de pretenciosidad comedida.

Electric Body” destapa a un ScHoolboy Q que reparte con la mala leche habitual pero que no logra comerse al protagonista como en entregas anteriores (“Brand New Guy, “PMW (All I Really Need)”). Sin embargo, el principal punto débil de “Electric Body” es que va delante de “Jukebox Joints”, lo que también será problemático para con las canciones que vienen después, obviamente, porque parece imposible que “At.Long.Last.A$AP” vuelva a superarse tras ella. Danger Mouse, Mark Ronson, Hector Delgado, resto de peña que participó en la producción de este álbum, gracias, lo hicisteis súper bien todos, pero Kanye West ganó; la transición entre beats es bruta pero, de alguna forma, natural y lógica, y los samples del tema del indonesio Rasela y, muy especialmente, del de Smokey Robinson, son algo que, incuestionablemente, sólo Kanye puede hacer con comparable maestría. Una lástima que, líricamente, no se le pueda elogiar del mismo modo, ya que el de Chi City nos deleita con uno de los versos más flojos que se le han oído, exceptuando algún minuto de brillantez: “They wanna throw me under a white jail / Cause I’m a black man with confidence of a white male / Hallelujah!”.

A$AP Rocky realiza con “A.L.L.A.” un esfuerzo bellísimo, aunque no se alce como su magnum opus. Es innegable que existe en él cierta indecisión, cierta dispersión, una palpable vaguedad en los argumentos principales que restan credibilidad a la propuesta total del paisaje tétrico de una nueva York actual que Rakim intenta dibujar. Por tanto, lo único que se puede hacer de momento es, oh San Rocky, ponerse de rodillas y seguir rezando hasta ver la luz.

Hablando de hallelujahs, hay sample del “Who By Fire” de Leonard Cohen en “Max B”. En esta y en la siguiente, “Pharsyde”, Joe Fox llama la atención más seriamente que en las previas “Holy Ghost” o “Fine Whine” instalando bonitos contrastes entre su propia fragilidad y la fortaleza de Rocky. Y tiempo después del experimento de “Multiply” vuelve Juicy J para una etérea “Wavybone”, acompañado de UGK al completo y con verso inédito del difunto Pimp C. En su propia frecuencia, “West Side Highway” tiene algo de caribeño e hipnótico, además de que el puente con James Fauntleroy es de un gusto incuestionable. Por otro lado, y pasando de comentar los chismorreos sobre Rita Ora que la inspiraron, “Better Things” es otra de las canciones más perfectas del “A.L.L.A.”, con una transición entre bases que pone los pelos de punta. Pero M’$” sobra. No por floja ni por mala, sino porque perdió el tren del “Long.Live.A$AP” en el que realmente encajaría. Al menos sí que sirve para que, espalda contra espalda, cree otro contraste ambiental estimulante con “Dreams”, el segundo interludio de “At.Long.Last.A$AP” (se cuenta como primero “JD”). Lil Wayne sigue molando, por eso.

El último individuo que se pensó que podría encontrarse en los créditos de un álbum de A$AP Rocky es Rod Stewart, y sin embargo ahí está, recortado y pegado en “Everyday” desde “In a Broken Dream”, un tema de 1972 de la banda británico-australiana de corta vida Python Lee Jackson. Aunque la actitud de Rocky es difícil de achicar, la mano brit de Mark Ronson se hace notar con encomiable contundencia aquí, y la otra aportación vocal estelar (llevada a cabo por Miguel) produce una preciosa ambivalencia entre lo áspero y crudo que es Rod the Mod y la extrasuavidad del joven Miguel, demasiado pulcro incluso para ser cierto. Lo que sí es perfectamente verídico es que Mos Def, a.k.a. Yasiin Bey, es un tipo único entre tipos únicos, y como cabía esperar, igualmente lo son sus versos en “Back Home”, destilados en tono de profecía cual chamán que arrastra letras solemnemente (“Travellin’ man, moving through places, space and time / In a country called Earth”). Finalmente, e interviniendo en calidad de elemento cohesivo secundario del álbum, la omnipresencia del difunto A$AP Yams se siente de principio a fin en “At.Long.Last.A$AP”, desde la portada hasta los últimos versos, en los que se tiene el privilegio de escuchar la última diatriba de Yamborghini maldiciendo a las putas que parieron a estos falsos que se pasan con los accesorios, envuelto en una nube sónica soñolienta que se va apagando como un tren a lo lejos.

“At.Long.Last.A$AP” como ideal, como concepto extra musical, quizás incluso como mero intento sudado y sangrado de lo que sea que quisiera ser, es lo suficientemente ambicioso e intelectualmente logrado para merecer una ovación. Afirmativo, he dicho intelectualmente, y estoy hablando del trabajo de un tipo que va por ahí soltando lapidarias en la línea de “soy tan guapo que hasta la mayoría de lesbianas me follarían”. No importa cuántas noches se haya pasado el artista sin dormir, ni cuánto haya sufrido por exprimir cada sílaba si, después de todo, el resultado no es tan sobresaliente como debería, pero la situación es suficientemente excepcional como para hacer una excepción; A$AP Rocky realiza con “A.L.L.A.” un esfuerzo bellísimo, aunque no se alce como su magnum opus. Es innegable que existe en él cierta indecisión, cierta dispersión, una palpable vaguedad en los argumentos principales que restan credibilidad a la propuesta total del paisaje tétrico de una nueva York actual que Rakim intenta dibujar. Por tanto, lo único que se puede hacer de momento es, oh San Rocky, ponerse de rodillas y seguir rezando hasta ver la luz.

A$AP Rocky – At.Long.Last.A$AP

8.4

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Harto de romper pistas y de codearse con la jet set del rap, A$AP Rocky abandona su incipiente estatus pop para crear algo enrevesado y complejo como nadie le creía capaz de hacer. Dice que “At.Long.Last.A$AP” es más Rocky que nunca, y es cierto que constituirá un punto de inflexión en su breve carrera: los que lo amaban como maestro cool de la falta de modestia lo abandonarán, y quienes lo despreciaban por lo mismo comenzarán a seguirlo.

Up

  • El evidente y valiente esfuerzo de sinceridad de A$AP Rocky, así como el consecuente descubrimiento de una personalidad artística más compleja, densa e intelectualmente disfrutable de la que acostumbraba a mostrar.
  • Aunque no completamente perfecta, la producción es sencillamente atrevidísima e intrincada, apta para entretenidas segundas, terceras y cuartas lecturas.
  • La variopinta y magistral superposición de samples e influencias genéricas, desde la muy protagonista psicodelia al rock, pasando por el soul, el góspel o el cloud rap, y tropezándose por el camino con Rod Stewart, Leonard Cohen, Kanye West y Mos Def.
  • La intensa capacidad de transmitir emoción palpable de muchas de sus imágenes sónicas (“Holy Ghost”, “L$D”, “Excuse Me”, “Jukebox Joints”, “Everyday”).

Down

  • El titubeo ideológico que impregna el álbum, tanto en la introducción de varias pistas atmosféricamente disonantes (“M’$”, “Lord Pretty Flacko Jodye 2”) como en una ligera falta de cohesión temática generalizada, dentro del contexto de una obra que se presenta como moderadamente conceptual.