Dos discos en cuestión de meses, así de prolíficos se presentaron Los Estanques el pasado año. Tres a lo largo de la temporada si contamos con el proyecto que dejó atrás Íñigo Bregel, el nexo común que conecta Crayolaser con Los Estanques y artífice de los tres álbumes referidos. Compositor a todas luces inquieto (ya está cocinando la tercera referencia del grupo que nos ocupa), este cántabro de formación clásica y querencia por el rock progresivo setentero se ha rodeado de una banda talentosa con la que llevar sus creaciones al directo y con la que seguir nutriendo de recursos sonoros, estilísticos y estructurales el repertorio de la formación.

Tras “Contiene Percal”, el primer largo de la banda, Iñigo Bregel, Germán Herrero, Fernando Bolado y Andrea Conti llegan a nuestro The Cavern a propósito de “II”, un álbum más luminoso y alegre que aquel en el que se descubre un cambio instrumental y melódico con el que atrapan desde la primera escucha. Con la mirada puesta en bandas ilustres de nuestra historia musical como Iceberg, Fusioon y Pan y Regaliz, este cuarteto factura un pop progresivo psicodélico, como les gusta llamarlo, repleto de melodías adhesivas (“Efeméride”, “Libérate”, “Ya tengo aliento”, “Diez chelines”, “Caminando hacia el mar”), donde además encontramos coqueteos con el jazz (“Sed de Agua”, “Partiré hacia el sol”) y episodios más hardrockeros como en “Todo lo que tú dejaste atrás”.

La excitante propuesta surfero-guitarrera con la que Dick Dale se haría popular en la primera mitad de los sesenta se revela al inicio de “Cuando el sol”, luminosas armonías vocales se descubren en “En tu contra yo descanso” y gran variedad de recursos sonoros y efectos se esparcirán a lo largo de un disco en el que el apartado rítmico juega un papel destacado, inclinándose la balanza hacia la extraordinaria ejecución del bajo por parte de Bregel. Los Estanques vienen con fuerza y recomendamos no perderlos de vista. Hablamos con Íñigo Bregel y Andrea Conti para saber un poco más de un grupo musicalmente ambicioso que viene con ganas de sumar adeptos a la causa del olvidado rock progresivo.

¿Por qué Los Estanques?

Íñigo: Lo de Los Estanques es una larga historia. Venimos de otro grupo, un grupo de música negra que tenía yo con Borja Juanco, que fue con el que empezamos Los Estanques. Estábamos pensando en los nombres y yo propuse de coña el nombre de Los Estanques, y me dijo Borja: eso se lo pones a tu grupo”. Grabé un par de temas, el otro grupo se disolvió, y cuando empecé este con Borja y a hacer más canciones (que fue cuando grabamos el primer disco) teníamos ya la coña de que éramos Los Estanques. A mí nunca me ha convencido mucho, si te digo la verdad, pero como teníamos en todas las carpetas del ordenador el nombre de Los Estanques, fue como: necesitamos cambiar, pero, ¿qué nombre le vamos a poner si ya para nosotros es Los Estanques?”, y ya nos quedamos así. Fue como una especie de coña. Hay peña que me ha dicho que le gusta mucho y otra que me ha dicho que no le pega nada. No sé, viniendo como del rollo Los Brincos, Los Bravos, Los Módulos… en cuanto a eso me encaja bien, pero luego, Estanques… ¿Estanques? [Risas]

Llama la atención porque, cuando empezó el rock progresivo, los grupos empezaron a quitar el artículo ‘Los’ de sus nombres.

Íñigo: Nosotros teníamos antes otra banda, Crayolaser, que hacíamos progresivo, y para nosotros ahora hacemos pop. El lado progresivo es Crayolaser.

Conti: Pop progresivo psicodélico, importante ese matiz.

Iñigo: Las tres pes, las tres pes.

¿Cómo y cuando nació este proyecto?

Íñigo: Como banda llevamos desde principios del anterior verano. Casi año y medio. Pero el proyecto va a cumplir dos años. La movida fue que cuando se disolvió el grupo este nos quedamos batería, bajo y yo, que tocaba las teclas. Seguíamos quedando y hacíamos algunas cosas en el local, improvisábamos, y de una de esas ideas que salió de ahí por la tarde en casa grabé yo un tema, no sé si fue “Cuantos valles” o “La pompa” [“Viento en pompa”], del primer disco. Se lo puse a Borja y flipó. Le moló la hostia. A raíz de esos dos temas dejamos la banda de por sí y nos metimos en nuestro estudio, todo el día componiendo y escuchando música, como en cuarentena. Teníamos once temas. Al final se quedaron nueve. Tenemos dos por ahí descartados. Y luego con el disco tuvimos que buscar una banda y recurrí a Conti y Fernando Bolado, de Crayolaser. En Cantabria está el Quiu [Jesús Herrero], el de la Escuela Cántabra de Guitarra, un tío mayor que toca que lo flipas, muy jazzístico. Yo conocí a este, y este tiene un hijo, y dije yo: tengo que contactar con el hijo de ese pavo, que como toque como él va a ser la hostia”. Y llamé a Germán. No toca tan bien como él, porque él es muy cebao, pero bueno, se defiende muy bien. Y con la banda ya montada tocamos por Santander un año. Así cosas guapas… teloneamos a los Pretty Things. Y llegamos a un punto en el que dijimos que nos veíamos a Madrid, y hasta hoy.

Conti: Sí, sí, salió la idea de repente, nos la jugamos todos, y aquí estamos todos viviendo en la misma casa.

¿Qué tienen Los Estanques que no tenía Crayolaser?

Íñigo: Más bien qué no tienen Los Estanques que tenía Crayolaser. No tiene toda la parte más densa que requiere más capacidad de escucha, por así decirlo.

Conti: Crayolaser era música más progresiva. Le falta lo que es el pop que tienen Los Estanques. De hecho, lo tengo dicho: Los Estanques es pop progresivo psicodélico y Crayolaser es progresivo psicodélico.

Íñigo: Sí, lo de Los Estanques es progresivo escondido dentro de una forma de pop, por así decirlo. De esa manera parece que llega mejor, pero aún así la estamos metiendo doblada. Los que me conocen me dicen de coña: eh, ahora que te has pasado al pop…”. Pero la peña con la que hablo, que ha venido a escuchar al grupo o más distante, me dicen: tío, esto no es pop, no te engañes que esto no es pop”. Pero bueno, al fin y al cabo es pop: estrofa-estribillo-estrofa-estribillo. Lo que pasa es que la segunda vez que se hace la estrofa se varía, no es igual que la primera, pero sigue siendo la estrofa. Igual está la misma melodía pero cambian los instrumentos, o está el mismo colchón pero hay un solo. Es el juego del gato y el ratón.

Crayolaser era eso, pero todo el rato. Canciones de diez minutos, once, alguna de veinte hay por ahí. El primer disco de Crayolaser son dos canciones de veinte minutos. Era la hostia. Es un poco meter el rock progresivo en una estructura de pop, por explicarlo, pero tampoco es esa la movida que nos gusta. Cuando nos sentamos a hacer cosas no decimos: vamos a hacer rock camuflado en pop”. Te pones en las circunstancias que hay. Venimos de escuchar otra música. Mucha música negra. Yo siempre he estado encerrado en el progresivo y la clásica; entonces haber conocido un poco más de música también ha hecho que tire por otro tipo de estructuras más accesibles.

“Contiene Percal” fue el primer álbum del grupo, editado también el pasado año. Fue compuesto e interpretado por ti. ¿En este nuevo álbum has seguido el mismo proceder?

Íñigo: Sí. Es un poco eso lo que define a la banda. En Crayolaser, por ejemplo, al principio también era así, pero luego las canciones salían en el garito. El disco “¡Oh perra vida de Brote!” también lo grabé yo entero, porque nos separamos. Se quedó ahí la cosa y como estaba hecho todo el trabajo de composición y me parecía que merecía la pena, me armé de valor y dije: me cago en diez, me lo grabo yo todo y por lo menos se queda ahí para la posteridad”. En Los Estanques es un poco la manera de proceder. Todos estos temas tardan en salir, desde cero hasta que está ya todo grabado, no más de doce horas. Los temas se van haciendo mientras se graban.

Estamos ya grabando el tercer disco. Tenemos la mitad. Cada cosa que grabas le va dando personalidad a un tema. Traes una idea y te imaginas el tema en la cabeza. A medida que lo vas haciendo se va desarrollando la idea que tienes y muchas veces consigues lo que quieres, pero en otras ocasiones te sale otra cosa muy distinta y dices: mira, es mejor de lo que había pensado”. Y a veces pasa al revés, que dices: “este tema se va a la puta basura pero ya”. El segundo disco lo he hecho yo más solo porque Borja no andaba en el grupo, pero en el primer disco toca las guitarras con wah-wah porque tiene una buena muñeca, el cabrón. Y además le molaba mucho la música negra, y eso lo grabó él. Pero claro, muchas veces lo tengo tan claro que se pierde más tiempo en enseñárselo al que está ahí para que lo grabe que en grabarlo yo mismo.

Conti: No se le puede pillar el ritmo, va demasiado rápido. Como lleva muchos años grabando, sabe cómo proceder a grabar una canción y todo lo que sea ajeno a eso es perder tiempo. Mientras que está enseñándonos un tema él se podría haber grabado tres.

Íñigo: Sí, pero por otro lado cosas como guitarras se las suelo dejar a Germán, sobre todo solos y alguna rítmica, porque también tiene muy buena muñeca. Coros también solemos hacer todos. Y sobre todo mola que aporten ideas. Es un buen método.

Conti: Cada idea es una composición.

Íñigo: Claro. Mola que traigan ideas porque enriquece mucho. Muchas veces, como estos no hablan el idioma de la música, me refiero a que no hablan de “esto es una quinta aumentada, dominante, tónica, esto es sol mayor, esto sol menor…”, pues cuando me dicen las ideas yo soy el que las pasa. Eso también me parece un proceso de la hostia. Yo soy el que engrana todo. A mí me mola eso, porque muchas veces no me apetece pensar ideas, me apetece construir, y que te traigan una idea mola, porque es un trabajo que ya no tienes que hacer. Y luego, esta peña tiene muy buenas ideas. Esto es como todo, si tienes imaginación te puedes imaginar muchas cosas, lo que pasa es que luego te hacen falta las herramientas para llevarlas a cabo. Y al final yo soy como su herramienta para llevar a cabo sus ideas, y a mí eso me mola la hostia. Es el trabajo guapo.

¿Y a nivel lírico?

Íñigo: Las letras del primer disco las hicimos entre Borja y yo. Las del segundo, prácticamente todas, menos una, las he hecho yo. Pero la letra al final como que es lo de menos. Hay que poner la voz como instrumento y hay que poner la letra. Es como una manera de llamar la atención, como lo de meter las canciones en una forma pop, que atrae a la peña. Poner la letra también tiene un punto de atracción que me parece muy interesante para poder prosperar en toda la movida esta. Al final es lo de menos. Lo importante es que suene bien. A mí no me molaba mucho la adaptación del castellano a las melodías, ni como se canta. Lo que hay ahí ha sido adaptación de melodías, que me sale como pensando en música en inglés. Las letras son muy sugerentes. No dicen nada pero sugieren muchas cosas. Muchas tienen como un matiz existencial que no es buscado, pero está ahí. A mí hay algunas que me resultan muy curiosas. Pero no podríamos presumir de ser la hostia haciendo letras. En la vida se me ocurriría decir que yo escribo canciones.

Conti: No empezaríamos haciendo canciones en base a una letra.

Íñigo: No. Aunque tengo ganas de hacerlo, porque la letra es una putada, siempre las tienes que hacer para cantar y hay muchas veces que no te apetece hacer una puta letra, te apetece grabar y la tienes que hacer. Me molaría que me trajesen ocho poemas que estén todos conectados entre sí y hacer un disco sobre eso. Me molaría tener que adaptarlo, podría estar guapo. A ver si encuentro a alguien que me pase un buen libreto y poder trabajar sobre una historia. Pero ni de las letras ni de la voz podemos estar orgullosos. Pero esto es como todo, si no encuentras un cantante hay que asumir el papel de cantante. Cada vez va saliendo un poco mejor, pero no me parece que sea nuestro punto fuerte.

Las letras son muy sugerentes. No dicen nada pero sugieren muchas cosas. Muchas tienen como un matiz existencial que no es buscado, pero está ahí.

Bueno, respecto al concepto de las letras, ahí tenéis un reto para el cuarto disco.

Íñigo: Ya te digo. A ver si encuentro a alguien que me pase unas letrucas para ponerles música.

¿Este álbum ha sido compuesto partiendo de cero o ya había material, sobrante quizá, del disco anterior?

Íñigo: Dos temas. Hay uno, el de “Todo lo que tú dejaste atrás”, que es como el más rockero. Está en YouTube, se llama “Prolog”. Ese lo grabé cuando tenía 17 años con otra letra en inglés. Si pones “SynphonyLsd” te sale por ahí. Ese estaba, pero me parecía un tema de puta madre que había quedado por ahí, y dije: lo cojo y lo grabo”, porque yo creo que faltaba en el repertorio un tema un poco hardrockero. Ese y el del “Ventilador”. Bueno “Ventilador”, se llama “Partiré hacia el Sol”, que lo llamamos “Ventilador” en todos los ensayos y se nos ha quedado ahí la movida. Ese tema lo sacamos en el garito a lo Crayolaser, con todos en sus instrumentos: Tú haz esto, tú esto y tú esto, y vamos”. En ese tema cada uno toca su instrumento en el disco. Y las demás todas salieron nuevas.

Tengo entendido que, cuando estabais en el estudio, recibisteis la visita de un grande de nuestro rock progresivo. ¿Cómo fue aquello?

Íñigo: Sí, pero eso fue con Crayolaser. En el tercer disco de Crayolaser vino José María Guzmán, ¡flipas!, de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. La historia fue curiosa. Tocamos en el Parque de Mesones, en Santander. Ese día soplaba viento de nordeste, que es el que suele soplar ahí en verano. Se oía la música en la dirección del viento, a tomar por culo. La madre de Guzmán vive en Santander y él estaba en casa de su madre. Acabó el concierto, recogimos, yo me piré a casa y el resto de Crayolaser se quedaron al lado del concierto con los instrumentos cargados en el coche y yo que sé, estarían liando alguna, bebiendo algo o yo que sé, si éramos unos enanos cuando aquello. Estoy llegando a casa, de repente me llama un colega y me dice: tío, ¿a que no sabes con quien acabo de estar? Con Guzmán el de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Decía que había oído sonar un Hammond, se había puesto la ropa, había bajado al concierto y no había llegado. Se había quedado tomando algo por ahí, y luego, al pasar por al lado del concierto y ver el coche con los instrumentos, se paró y les dijo: ‘oye, ¿habéis tocado vosotros aquí?’, y dijeron estos: ‘sí sí, hemos sido nosotros’”.

Estuvieron hablando con él. Guzmán les dijo que les había oído por casa, empezaron a hablar de música y les dijo no se qué de Deep Purple. Empezaron a hablar y les dice: ¡ah! pues yo tenía un grupo”. Y les dicen los otros: ¿qué grupo?”, y les contesta: pues estuve en Cadillac, en Solera y en Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán”, y estos dicen: ¡¿qué?!”. Se quedaron de piedra. Esto fue un domingo, y le dijeron que estábamos grabando un disco, que lo estábamos grabando en Cabezón, cuando aquello. El batería que estaba con nosotros le dio su móvil. El lunes estábamos en el estudio y le decimos al tío del estudio: ¡eh! que va venir Guzmán, el de Cánovas…”, y decía: venga ya, estáis flipados, no viene ni de palo”. Y de repente le manda un mensaje, y le dice: Oye, dónde está el estudio ese, que voy”. Y se vino hasta Cabezón que estaba a 40 minutos de Santander. Pilló el coche, se vino y estuvo toda la tarde por ahí con nosotros. Y yo flipando. Era un señor más sano y más majo que la hostia. Un jefazo. Muy jefe.

Esas cosas tienen que subir la moral, ¿no?

Íñigo: Sí, sí. De hecho se escuchó el disco entero ahí con nosotros y le moló mucho.

Conti: ¿Él vive en Madrid?

Íñigo: Sí, él vive en Madrid. No hemos vuelto a quedar con él. Yo suelo hablar por Facebook con él, pero bueno, algún día habrá que preguntarle algo a ver.

Conti: A ver si se viene.

Íñigo: Hostia, que se venga de verdad. Lo que pasa es que es mayor ya.

¿Qué aceptación tiene un grupo de pop progresivo psicodélico en nuestro país? Porque la psicodelia está en alza, pero el tema progresivo…

Íñigo: El tema progresivo parece que le asusta a la peña. Te lo digo. Hay por ahí grupazos, pero toda esta psicodelia de chichinabo, que dices: tío, ¿pero qué hacéis? Os habéis quedado con la psicodelia poniendo un puto chorus y todo lo guapo de la psicodelia os lo habéis cargado”. O al poner un puto efecto a la voz, y ya es psicodelia. Me río yo de la psicodelia, entonces. Y aceptación, yo que sé, qué quieres que te diga.

Conti: Como es pop, al final a la gente le gusta. Está camuflado. Lo que hemos dicho antes. La gente todavía no lo tiene catado pero ya lo catará, ya. Poco a poco.

Íñigo: Está bien, pero yo creo que es para un sector muy específico. Gente a la que le mola la música de cuando aquello. Pero de momento no les tira tanto como le tiran las cosas estas de las que te he hablado. La neopsicodelia que la llaman. Pero sí que hay que destacar grupazos entre todos esos, no estoy diciendo que todo sea una mierda ni mucho menos. Pero sí que, joder, pones ‘psicodelia’ y te salen unas cosas por ahí que dices, tío… estamos muy equivocados ya. ¿Neopsicodelia? Joder… Están los Mild High Club, que están de puta madre. El último disco me parece un discazo. Un puto discazo. Ese tío sabe lo que hace. Y los King Gizzard tienen muchas cosas así que tal, pero tienen alguna cosa muy muy guapa. Están los Alien Tango, aquí en España, y cuidado con ellos. Esos tíos le dan bien. Están tirando muy bien. De hecho nos han ganado en el Villa de Bilbao. Han quedado primeros y nosotros segundos. Es una putada, pero bueno. Son amigos, así que tampoco había tanto pique. Y eso. En cuanto a aceptación, en lo que llevamos, bien.

Fotografía: Sergio Albert
Fotografía: Sergio Albert
¿Vosotros os enfocáis más a un público que ya conoce el rock progresivo, o a partir de ese pop queréis atraer a un nuevo público que quizá no esté tan familiarizado con el estilo?

Íñigo: Sí, esa es un poco la táctica. Pero como te he dicho antes, tampoco ha sido intencional, sino que ha ido saliendo y ahora ya es el modus operandi. ¿Funciona? Pues ya no tenemos por qué hacer canciones de ocho minutos si podemos hacerlas de tres. Aunque bueno, alguna caerá. Yo creo que pronto caerá alguna de ocho minutos con Los Estanques. Una de veinte, igual, si me apuras. O una de una cara de vinilo entera. Esas molan.

Conti: Y luego nos cambiaremos de nombre a Crayotanques, o algo así. [Risas]

¿Qué canción es la más complicada de llevar al directo?

Íñigo: “Jamás”, la última del primer disco, no la tocamos. Esa va a ser imposible. “En tu contra yo descanso”, del segundo, tampoco. Esas dos. Son las más psicodélicas y las más oscuras. Las que más chicha tienen. Pero claro, hay mucho curro ahí y somos cuatro sobre el escenario. Para llevar una canción de esas hacen falta veinte. Hay mucho coro y muchas movidas. Y sobre todo hay mucha producción. En esas dos está todo muy tratado. Ese tratamiento define mucho la canción y eso es imposible de llevar a un directo.

Conti: De hecho, habría que adaptarlas.

Íñigo: Eso es, sería una adaptación, y no estamos por la labor, la verdad.

Tenemos la suerte de estar haciendo algo que nos gusta, vemos que la peña disfruta y estamos autoabastecidos.

¿Cuáles son los planes de futuro de Los Estanques?

Conti: Pues darle goma, que para eso hemos venido aquí a Madrid. Estamos ahora con Juan y con Inés. Estamos de puta madre, nos tratan súper bien y curran muy bien. Hacen las cosas de puta madre. Y la verdad es que estamos muy contentos y muy motivados, porque pueden salir cosas guapas. Yo creo que hay materia prima, esta gente apuesta por nosotros y también creo que lo mueven bien. Le ponen mucho cariño.

Íñigo: Yo creo que hacemos buen equipo. No vamos a vender como Alaska, está claro, porque no es el caso, pero nos podríamos hacer un hueco aunque sea en la escena underground. Con la música que hacemos está claro que no aspiramos a ser David Bisbal, pero bueno, creo que podemos hacernos un huequillo majo. Pasarlo bien, tocar en conciertos guapos para la peña y ya está, porque sabemos que no vamos a ganar pasta con esto. Nosotros estamos en esto de la música porque nos mola, aunque no nos escuchase nadie la haríamos. Pero bueno, ya que tenemos la oportunidad de poder llevarla a la gente y disfrutar con el disfrute que reciben ellos de nuestra música, es como recíproco, pues vamos a hacerlo. Y la mejor manera de hacer esas cosas no es tocando en bares para 80 personas, es tocar en festivales guapos para 5000-6000. No vamos a llenar estadios, pero algo así se podría mirar. Ese es un poco el objetivo que tenemos.

Conti: Sí. Grabar discos, tocar lo más que podamos y disfrutar de la vida.

Íñigo: La verdad es que si tuviésemos que quedarnos con un objetivo yo me quedaría con el de hacer música. Nuestro objetivo es hacer música. A mí es lo que me da felicidad. Es lo que hago bien. Acabar un concierto y ver que hemos tocado bien es lo mejor. Es como para un tío acabar una maratón si ha estado un año preparándose para una puta maratón. Como la vida misma. Tenemos la suerte de estar haciendo algo que nos gusta, vemos que la peña disfruta y estamos autoabastecidos. No tenemos que ir a ningún estudio y con el equipo que tenemos creo que nos basta para hacer lo que queremos. Hombre, siempre se puede grabar en sitios mejores y sacar mejor sonido, está claro, pero para lo que queremos hacer yo creo que de momento está. La pasta que tenemos la invertimos en equipo y eso va creciendo. Vendría bien también meterse en un estudio guapo, pero algo más tipo analógico, no cualquiera. Esa es un poco la movida.

Entonces, ¿esperamos el tercer álbum pronto?

Íñigo: Si para marzo está me doy con un canto en los dientes. Está medio hecho. Luego ya sabes que lo de editar es lo peor de todo. Pero ya tenemos medio disco en dos meses, así que yo creo que sí. La cosa es ir haciendo y cuando lleguemos a cuarenta y tantos minutos y estemos conformes, sacar un LP. Y si hay que dejar canciones fuera pues se dejan, tranquilamente.