Muchos le conocerán como el creador de ese hit llamado “Mucho” que han escuchado sin prestar atención y que han tarareado sin saber qué tarareaban. Como un mensaje subliminal.

El universo de Borja Jiménez –Bejo para todo el mundo– está conformado por ideas brillantes y absurdas; en su web ha puesto en venta el PeneDrive y su peinado a lo afro lo aprovecha para sacar todo tipo de útiles artilugios, desde litronas a Game Boys.

Un universo surgido de “las pedradas que le vienen a la mente”, irracional e inexplicable, que no impide que sus vídeos cuenten con millones de visualizaciones, aunque probablemente ninguno de sus seguidores sepa explicar por qué este canario veinteañero gusta tanto: Los cinéfilos recordarán que estuvo nominado al Goya; los amantes del diseño resaltarán sus llamativas camisetas y los aficionados a la electrónica argumentarán que un artista cuyo principal tema es remezclado por A-Trak tendrá algo especial.

Para el que transcribe esta entrevista el hecho de compartir nombre propio y ver cómo el pseudónimo es bastante más molón –como casi todos los sobrenombres– ya ha captado su atención.

Pero, ¿qué piensa Borja de Bejo, Bejo de Borja y Bejo de Bejo?

Ya que hemos venido a conocerte más allá de tus llamativos vídeos, ¿cómo se define a Bejo con palabras?

Pues, así a grandes rasgos, soy un pibe al que siempre le ha gustado escribir y hacer sus propias composiciones. En el aspecto musical nunca me ha gustado encasillarme ni optar siempre por usar el mismo sonido. Como es evidente, soy un tipo que cuida mucho el aspecto audiovisual, y la fase del vídeo es importante para completar la obra que conforma cada una de las partes artísticas.

¿Cómo se desarrolla culturalmente una persona que ha nacido en una isla y se traslada a la gran ciudad?

Yo vine a Madrid a estudiar hace seis años. Nací y me crié en Tenerife, donde el entorno es muy cerrado, aunque sí que es verdad que en plena era Internet ya no existen barreras para captar información. Madrid me ha dado la posibilidad de conocer a mucha gente con la que compartir mis ideas e inquietudes y eso me ha ampliado la visión y me ha puesto en contacto con otros géneros.

Si te lo montas un poco bien puedes suplir la carencia de dinero con talento, dedicación y tiempo. Se han abaratado los costes de producción y esa barrera para llegar al público se ha democratizado.

El hip-hop es un estilo que normalmente se basa en la experiencia. Sin embargo, tus letras poseen un componente muy particular. ¿Cuánto hay en tus canciones de realidad y cuánto de imaginación?

Sí que es cierto que me gusta darle una dimensión más surrealista a mis temas. No soy una persona que hable de sus batallas ni de su día a día.

Ya, pero por decirlo de algún modo, todo lo que envuelve a tu figura compone un universo muy singular, muy lynchiano, desde aspectos íntimos como las letras hasta elementos superficiales como tu web…

Claro que toco temas que no son muy habituales en este género e intento hacerlo mediante el uso de metáforas. Hablo de situaciones cotidianas y de bobadas desde una perspectiva más rocambolesca, siempre buscando que sea amena.

Mi forma de funcionar es a modo collage: cojo de aquí y de allá y me baso en la fórmula ensayo-error. Voy probando hasta que algo me satisface y listo. Quizá ayude la artesanía con la que hago todo, ya que compongo y mezclo. Intento llevar a cabo las ideas que tengo en la cabeza de una forma independiente y trato de ser yo el que las hace. Llevo muchas creaciones distintas a la vez y mi forma de ser ordenado es trabajando en paralelo con todas ellas. Al final es un método muy renacentista: Yo me lo guiso, yo me lo como.

Me hablas de una perspectiva muy intimista, pero has trabajado con productores de prestigio (Sume Beats, Tom Misch o No.Katana, entre otros), tus vídeos cuentan con millones de visualizaciones, estuviste incluso nominado al Goya…

[Interrumpe] Está claro que yo no sé cómo se ve todo esto desde fuera. Te puedo asegurar que el proceso a la hora de hacer las cosas es el mismo que he seguido siempre. Me levanto, grabo solo o grabo con Patricio y Uge [con quienes forma el trío Locoplaya]. También mis compañeros de piso colaboran conmigo (‘AlHueco’, una productora audiovisual) en los vídeos que monta Cachi Richi, ya que saben manejar la cámara, y así nos ayudamos y le damos forma a mis proyectos. Lo importante es que conformamos un círculo cercano en el que es cómodo trabajar.

¿Cómo ha evolucionado el rap español desde los ToteKing, Mala Rodríguez o SFDK hasta ahora?

Ha cambiado bastante. Ahora hay una generación nueva que se dedica sobre todo a ir de gira. Se ha ampliado tanto en cantidad como en difusión todo lo relacionado con el género. Creo que soy parte de una nueva ola que ha llegado hasta donde ha llegado por las facilidades que existen actualmente. Hace años no podías grabar un álbum si no ibas a una discográfica y ahora muchos, yo incluido, pueden hacerlo desde casa con unos cuantos programas de ordenador. Si te lo montas un poco bien puedes suplir la carencia de dinero con talento, dedicación y tiempo. Se han abaratado los costes de producción, esa barrera para llegar al público se ha democratizado y hace más sencillo que el amplio abanico que existe pueda exprimirse.

Y con todo esto que dices, si hubiera surgido Bejo hace 15 años, ¿cómo hubiera sido?

Bueno, yo hace 15 años tenía 9, así que no puedo hacerme mucho a la idea. [Risas]

Fotografía: Taste The Floor
Aúno la pregunta de la evolución del rap con estas. ¿Sigue siendo el rap un género reivindicativo? ¿Cuenta con el libre albedrío con el que ha contado siempre, a pesar de las limitaciones que la ‘libertad de expresión’ tiene actualmente?

[Piensa] Yo creo que el hip-hop en sus inicios tenía un sentido de protesta, de exaltación del lujo y de cómo montárselo de puta madre. Para mí no tiene que contar nada en concreto. Como un pintor que tiene un lienzo, una cosa son las bases y otra cómo quieras rellenarlas. Yo procuro salirme de lo habitual en el aspecto creativo y hablo desde una perspectiva ácida pero desenfadada, pero otros muchos aún siguen usándolo como medio para expresar su disconformidad.

A la hora de componer, ¿tienes en cuenta los temas delicados que conciernen a la sociedad?

Va por etapas. Cuanto más te mojes en cualquier temática más ruido vas a generar y más fans y detractores vas a tener. Al final es verdad que los músicos tenemos cierto poder para utilizar la música como altavoz y contamos con la oportunidad de que ese mensaje lo escuche muchísima gente. Una canción tampoco tiene por qué cambiar el mundo, la música puede usarse para lo que sea.

Hemos comentado antes que eres un artista que cuida muchísimo su imagen. ¿Tus fans con qué se identifican más, con tu lírica o con tu estética?

La imagen, el vídeo y la música van de la mano porque ahora tienes el móvil, con el que puedes hacer de todo. Puedes tocar, grabar, escribir o mezclar. Muchos de los vídeos que he grabado los he hecho antes de saber para qué canción sería, para experimentar. Aunque son dos cosas separadas, están condenadas a entenderse porque predomina el lenguaje audiovisual. Al final son recursos que se usan para expresar todo lo posible.

Como un pintor que tiene un lienzo, una cosa son las bases y otra cómo quieras rellenarlas. Yo procuro salirme de lo habitual en el aspecto creativo y hablo desde una perspectiva ácida pero desenfadada.

El trap. ¿Cómo y cuánto afecta su aparición al hip-hop?

No veo que sea una barrera ni que influya en el hip-hop. Volvemos al abanico y a las distintas ofertas que existen para escuchar música. Hay cosas bien hechas y mal hechas y yo creo que lo importante es saber diferenciar entre ellas. Está bien que haya canciones de todo tipo y que tengamos la posibilidad de elegir. Entiendo que los aficionados al rap se muestren escépticos con el trap, pero en mi opinión, que experimento con distintos géneros, es bueno que existan tantas vertientes. No hay que encasillarse en una cosa: la clave es que hagas lo que te guste, mezcles y disfrutes.

¿Cómo es Borja cuando deja de ser Bejo?

Es verdad que Internet dificulta que pueda desmarcarme del personaje. Es inevitable, por ejemplo, que no se me acerque algún fan y me diga: “¡Coño, Bejo, sácate una litrona o una Game Boy de la cabeza!”. Estamos hablando de un vídeo que tiene millones de visualizaciones y entiendo que la gente no sepa disociar. Claro que hay un Borja que tiene una vida personal que no es interesante para el público, pero procuro dar a conocer de mí lo que de verdad quiero mostrar.

Luego está todo lo de las redes sociales, que acercan aún más el artista a la gente. Yo puedo coger el móvil y hacer un vídeo en Instagram para que mis seguidores vean el proceso de elaboración de un vídeo o me vean con mi gente en algún sitio. Las RRSS otorgan esa posibilidad y hay que convivir con ellas porque forman parte de nuestras vidas. Son una herramienta más, pero dependen de uno mismo y de lo que quiera mostrar.

Fotografía: Press
Fotografía: Press
Ahora que has hablado de la Game Boy, tus vídeos suelen ser muy cachondos e irracionales. Sin embargo, tus letras son más reflexivas de lo que a priori parece. ¿Temes que no te tomen en serio cuando quieres mostrarte serio?

¡Pero coño, eso es lo bueno también! Que el vídeo sea más asequible acerca a uno a la gente. Yo en mis conciertos veo una gran variedad de público. Desde chavales de 14-15 años con sus sudaderas con capucha hasta gente adulta que viene de otro tipo de música. El vídeo es una toma de contacto y un gran baremo. Hay muchas personas que me han dicho que estaban tan pendientes de un vídeo que no han escuchado nada de la letra. El vídeo tiene ese elemento visual del que carece la letra, y resulta muy atrayente para un espectador. Yo siempre he tenido esa inquietud por aprender diseño y hacer vídeos, y fue a partir de “Mucho” cuando surgió todo este boom. Gracias al éxito de ese vídeo se creó un lenguaje alrededor de mí que va más allá de la música y con el que se me identifica enseguida. Fue algo que no me esperaba, pero estoy aquí para aprovecharlo y pasármelo bien.

Ahora que podemos considerar a Bejo como una marca con numerosos seguidores, ¿supone un arma de doble filo hacer lo que quieres? Una de tus señas es que nunca vistes ropa de marca, pero sin embargo actuaste en la presentación de las Air Jordan… ¿Esto no es un poco hipócrita?

A ver, tú tienes la posibilidad de hacer ciertas cosas, no tiene por qué sentirse traicionado nadie. Uno se va encontrando con situaciones que no tiene en cuenta. Esta proyección que he vivido la he llevado bien, pero es verdad que ahora es cuando me estoy encontrando con esa sobreexposición y esa sensación de que, haga lo que haga, se me mira con recelo. Es muy habitual que las marcas te quieran patrocinar cuando tienes cierto poder de influencia, y el mismo poder que la música ejerce sobre las personas también lo ejerce la publicidad. La eficacia de la publicidad en gente joven es incuestionable y a mí me gusta mucho la ropa y los diseños. Yo me hago muchos de mis modelos y es una forma de labrar mi imagen, pero entiendo que si una marca te quiere promocionar es lícito aceptar.

Pero claro, estamos en un momento en el que parece que uno debe mantener siempre la misma opinión. Cuántos hay que tienen una idea y les critican por un tuit que escribieron hace 5 años defendiendo la contraria…

Uno tiene que ser consecuente con lo que hace o dice, pero hay un proceso lógico de evolución no sólo en los hechos, sino en las opiniones. Tampoco me como la cabeza por procurar que lo que hago agrade a todos los fans. Esto es entretenimiento y yo quiero divertirme.

Para acabar. ¿En qué proceso se encuentra un artista tan maleable como tú?

No sé. Tampoco soy una persona que tenga planes ni propósitos a cinco años vista. Todo esto me ha surgido y lo que quiero es disfrutarlo y llevarlo hasta donde dé de sí. Al final es un camino personal y es el propio día a día el que me va pidiendo. Ahora me encuentro en un momento en el que estoy haciendo canciones sueltas, no tengo intención de grabar un disco. Voy escuchando bases y ritmos y lo que me gusta, lo saco. No tengo un rumbo fijo, voy probando con el fin de hacer algo consistente.

¿Y memorable?

¡También! Tengo batallas de sobra para contarles a mis nietos, pero quiero poder contarles más.