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Un auto-homenaje fallido en el que sugieren aparcar cualquier ambición artística que les podría haber llevado a la exploración de nuevos territorios –tanto a nivel lírico como melódico–. Un single aburrido, insípido y falto de trascendencia.

Love of Lesbian, Miss Caffeina, Lori Meyers, Vetusta Morla e Izal, entre otros, son bandas que se han granjeado el cariño del público concierto a concierto hasta el punto de llenar pistas, salas emblemáticas de nuestro país y grandes pabellones. Son, además, grupos que en los últimos dos han lanzado discos que les han ayudado a definir un nuevo rumbo y abrir otro capítulo en su propia trayectoria. En “Detroit” Miss Caffeina apostaron por un revival plástico ochentero; por su parte, para “Mismo Sitio, Distinto Lugar” Vetusta Morla viajaron a los estudios donde David Bowie dio vida a su aclamada trilogía de Berlín para confeccionar un sonido lleno de texturas electrónicas y matices jamás vistos en la agrupación tricantina. En cuanto a Love of Lesbian, los de Balmes decidieron aventurarse en la concepción de una obra conceptual con “El Poeta Halley”. Con menor acierto, sí, pero el esfuerzo fue innegable. Mientras tanto, Izal parece que quieren intentar sorprendernos introduciendo un banjo (bye, bye ukelele) durante una transición en “El Pozo”, nuevo single que anticipa la llegada de su cuarto álbum “Autoterapia”.

“El Pozo” es, a grandes rasgos, un tema flojo, que realmente apunta hacia muchos sitios interesantes pero en el que, sin embargo, sólo acaba sobresaliendo la pose mesiánica de un Mikel Izal que se erige como una especie de predicador para entonar versos que se revelan huecos a la segunda escucha y que simulan ser una carta de motivación plagada de metáforas y mensajes coelhistas cuyo fin es cubrir el merchandising del grupo. Y ciertamente me da pena, porque a nivel instrumental hay mucho potencial, aunque acaba subyugado a la voz de Mikel. La transición entre el estribillo y las estrofas –llena de sintetizadores aquí y allá– podría haber derivado en algo mucho más llamativo como lo que consiguen Love of Lesbian en esa “Bajo el Volcán”, aunque por contra se queda en un ridículo amago que, en vez de estallar, vuelve a dar paso nuevamente a la voz de Mikel (no olvidemos: eterno protagonista).

Pero es que en “El Pozo” Izal parecen no saben arrancar y tampoco ofrecernos un buen cierre. Ese tramo final, en el cual se bajan las revoluciones y entra en escena el mencionado banjo, podría habernos dirigido hacia un cierre oscuro y misterioso, algo que pusiera sobre la mesa que Izal quieren abrir un nuevo capítulo o inspeccionar nuevas vías. Pero en absoluto. Izal deciden terminar de restregarnos por la cara que esto quiere ser a toda costa un himno festivalero para corear con todo el público a capela, prácticamente copiando y pegando la introducción de “Copacabana” para quedarse en una burda imitación. En definitiva, “El Pozo” no nace con la esperanza de transgredir, sino que dirige al 100% su mirada en los conciertos y la reacción del público, sacrificando toda innovación artística con el fin de confeccionar otra montaña rusa más de altibajos y sensaciones que llamarían la atención del oyente si no fuera un recurso que ya han utilizado hasta la saciedad.