¿El pop melódico no os da un poco de lástima? Eso de escuchar buenas voces con pureza técnica que, en la ejecución, no pasan de lo meramente correcto; que se ven atadas por una producción conservadora que les impide salir de la zona de confort, no vaya a ser que el riesgo merezca la pena; cuyos arreglos conformistas y letras manidas convierten grupos con ciertas posibilidades en montones de nada al cabo de unos años. Es todo un poco triste, pero es el mercado, amigo.

Tampoco estoy diciendo que todos estos grupos hubiesen sido la divina papaya si se les hubiese dejado algo más de rienda suelta, no, Hendrix me libre. Hay, ha habido y habrá infinidad de artistas de usar y tirar encantadísimos de ser los ídolos del lustro (y eso con suerte) y luego hacer bomba de humo con un reconfortante y nada desdeñable peso en el bolsillo. Y de los productores ni hablemos. Para ser honesto, yo siempre he desdeñado abiertamente este tipo de bandas prefabricadas y blanditas. De hecho, soy tan cabrón que, incluso después de su disolución, cuando alguno de sus integrantes se embarca en proyectos en solitario ‘más maduros’ y posiblemente ‘introspectivos’, también planto un biombo metafórico entre esos artistas y yo, negándome a conciencia a que me importe lo más mínimo. Es posible que con ello me pierda cosas, lo sé, y por lo que parece gente como Harry Styles ha conseguido hacer algo digno de mención y reseña sin pasarse de listo. Pero no creo cometer un error fatal si digo que esto no es lo más común.

Por este motivo, cuando me dijeron que una ex-miembro de Fifth Harmony tenía un proyecto en solitario interesante tampoco le hice demasiado caso. De hecho, tardé un cierto tiempo en asociar el nombre de Camila Cabello a esta girl-band, porque las había olvidado por completo desde que supe que existían hace… ¿seis años? Como decía antes: pop melódico, brevemente llamativo y lamentablemente volátil. Tan poco tenía puesto el oído en esta artista que pensaba que “Havana”, el exitoso single que la abandera desde agosto, habría salido haría cosa de un mes.

Pero la atención del público y (lo que más me llamaba la atención) la crítica seguía puesta sobre Cabello, así que quizás la cosa mereciese más la pena de lo que yo pensaba. Resultó que la joven artista cubana tenía algo que decir, o, al menos, algo que aportar a un panorama tan inmovilista como el del pop latino, con una serie de fórmulas de éxito asegurado y, de nuevo, cantantes de usar y tirar. Y, sin ser una revolución ni creérselo por un momento, ahora “Camila” se pasea por las listas de éxitos como un soplo de aire fresco.

“Camila”: ¿la nota discordante en el pop latino?

“Camila” no ha reinventado la rueda del pop latino ni va a darle la vuelta al género ni va a conseguir que las reminiscencias cubanas, más elaboradas que las líneas de origen jamaicano-puertorriqueño del reggaetón, prevalezcan sobre el incuestionable rey de la pista. Su apuesta, más elegante y menos plastificada que la de casi cualquier artista del estilo, gana fuera de su nicho de mercado habitual lo que quizás pierda dentro de él.

Antes de empezar deberíamos ir con precaución y no venirnos arriba antes de tiempo. “Camila” no ha reinventado la rueda del pop latino ni va a darle la vuelta al género ni va a conseguir que las reminiscencias cubanas, más elaboradas que las líneas de origen jamaicano-puertorriqueño del reggaetón, prevalezcan sobre el incuestionable rey de la pista. De hecho, y siento ser tan agorero de antemano, me temo que los laudes por los méritos del debut de Cabello serán breves y no trascenderán tanto como puede parecer. Su apuesta, más elegante y menos plastificada que la de casi cualquier artista del estilo, gana fuera de su nicho de mercado habitual lo que quizás pierda dentro de él, porque insisto en que este mercado, el del pop latino y derivados, es extremadamente conservador. Ni a él ni a su público les gustan los cambios, y por muchos artistas nuevos que entren y salgan y vayan y vengan, los relevos generacionales se dilatan muchísimo, y no hace falta que nadie compruebe las listas de éxitos para figurárselo.

Pero tengamos algo de confianza en la propuesta de Cabello, porque, aunque quizás no tenga tanta trascendencia como muchos críticos auguran, desde luego es una que merece la pena para avivar la llama de la esperanza de que un pop (un poco) distinto es posible. Al menos, es evidente que algo ha intentado.

La mitad del corazón de Camila Cabello sigue en La Habana

En muchos aspectos, “Camila” es heredero y deudor del “Melodrama” de Lorde, de sus atmósferas oscuras e introspectivas y sus temas minimalistas con sensibilidad pop, bien en sus baladas, bien en sus cortes más bailables.

“Camila” es un elepé que la propia artista ha tildado de autobiográfico, con letras personales y referencias –no sólo temáticas sino también musicales– a sus orígenes cubanos. Cabello colaboró en la composición de la mayoría de los temas, y es cierto que muchos de ellos tienen un aura más oscura de lo acostumbrado, y su producción, sorprendentemente poco artificiosa, deja muchos temas en el esqueleto para ayudar a que la letra también se desnude. En muchos aspectos como este, “Camila” es heredero y deudor del “Melodrama” de Lorde, de sus atmósferas oscuras e introspectivas y sus temas minimalistas con sensibilidad pop, bien en sus baladas, bien en sus cortes más bailables.

Una de las grandes bazas de este disco, como ya se ha dicho, es la predominancia del sonido de origen cubano sobre otras músicas latinas, que sin embargo deja espacio a sonidos más propios del reggaetón para ganar familiaridad con un enorme nicho de audiencia y se permite licencias propias de la electrónica de club. Y todo esto, sin embargo, no significaría tanto de no ser por su esfuerzo de producción. Para distanciarse del sonido plastificado de artistas indistinguibles entre sí más que por su nombre, “Camila” emplea apenas un puñado de líneas melódicas en cada canción, que se respetan entre sí para que ninguna pierda personalidad, logrando así que los temas no suenen como capas y capas de sonidos procesados por ordenador.

De hecho, la producción da un paso más allá a este respecto al utilizar abiertamente instrumentos analógicos. Lejos del terror cerval que siente el género hacia este tipo de sonidos, “Camila” abraza la pureza de este tipo de instrumentos y no tiene reparos en hacer sonar una auténtica trompeta o una guitarra eléctrica y dejar que lleven la línea melódica. Todo esto, sumado al reducido número de instrumentos que suenan por canción y al modesto nivel de modificación digital de las diferentes pistas de audio (incluida la voz), permite respirar a los temas, dejando que se desprendan de toneladas de artificialidad insustancial y haciendo que resulten cercanos y naturales. Y sí, queda algún que otro remanente de maquillaje no muy bien puesto, pero ya iremos llegando a eso.

Una de las grandes bazas de este disco es la predominancia del sonido de origen cubano sobre otras músicas latinas, que sin embargo deja espacio a sonidos más propios del reggaetón y se permite licencias propias de la electrónica de club. Para distanciarse del sonido plastificado de artistas indistinguibles entre sí más que por su nombre, “Camila” emplea apenas un puñado de líneas melódicas en cada canción, que se respetan entre sí para que ninguna pierda personalidad.

También sorprende la atención que se pone al orden de canciones, al menos en los primeros compases. En muchos trabajos de cualquier género las primeras canciones suelen ser los grandes singles que han sonado los pasados meses, lo que es un poco estúpido porque, en demasiadas ocasiones, el disco pierde fuelle después de esos primeros compases y ya no cuenta con el mismo nivel de atención del público. Aquí, “Camila” sabe perfectamente qué tema nos ha traído hasta aquí, pero no lo suelta a la primera de cambio, y frente al amable sonido cubano del archiconocido single es “Never Be the Same” el tema que nos recibe. En esta canción la producción demuestra de qué es capaz al combinar unos bajos moderadamente oscuros, sutiles arreglos ambientales electrónicos, coros bastante elegantes y la espontánea aparición de una marimba sin conseguir que nada quede fuera de lugar. La letra intenta ser oscura con sus constantes paralelismos entre el amor y la adicción, y aunque el esfuerzo no llega demasiado lejos tampoco creo que lo pretenda. Lo más criticable podría ser la voz, que en general se mantiene en una sensual tesitura grave durante las estrofas y se agudiza en los estribillos, pero que entre unas partes y otras se queda sola haciendo unos agudos exagerados que sin duda hubo que arreglar con auto-tune. Aun así, primera impresión favorable, sigamos tirando millas.

All This Years” se relaja un tanto, dejando a solas a Cabello con una guitarra eléctrica a la que sólo se unen un par de sutiles líneas más en el estribillo y algunos coros electrónicos para dar algo de densidad. Este tema, más genuinamente intimista, trata sobre un reencuentro entre la artista y, de nuevo, una persona no determinada, y creo que esta vez la letra no se pasa tanto de intensa. Al igual que la música que lleva el tema adelante, es honesta, sucinta, y no se extiende más de la cuenta; en menos de tres minutos tenemos un tema eminentemente pop, bien interpretado y elegantemente producido. Después de este descenso en la intensidad, pero en una línea no tan distinta al tema anterior, “She Loves Control” sube un poco el nivel de lo bailable con su base reggaetonera y su letra sugerente. De nuevo, una mezcla más que adecuada entre la electrónica digital y la analógica, entre la voz natural y la artificial, entre los elementos más procesados y ese par de líneas de guitarra cien por cien latinas a las que el tema no quita protagonismo. Todo suena muy orgánico, sorprende por su naturalidad y, para ser sinceros, es fácil meterse en su rollo.

Durante buena parte del disco Camila prescinde de los manierismos del reggaetón para aproximarse no sólo al sonido cubano (que, en realidad, no ha calado tantísimo en el desarrollo del disco) sino también al pop de otros países o mercados (hola, Lorde). Además, cuando la letra se pone personal lo hace hasta las últimas consecuencias, y mostrar esa clase de fragilidad en el pop latino es algo que prácticamente no ocurre, y eso es algo encomiable.

Y por fin llega el pepinazo que estábamos esperando, el que nos ha traído hasta aquí, y que, como un buen mago, no llega pronto ni tarde sino justo cuando se lo propone. “Havana” no necesita más que tres acordes de piano cargado de ecos oscuros y unos bajos densos y poderosos para captar nuestra atención, y su elegantísima voz, inteligentemente acompañada de coros que realzan su propia línea vocal sin resultar artificiosos, es la que logra que queramos quedarnos a vivir en este tema. Resulta increíble lo que consigue esta canción con tan pocos elementos; su producción es casi minimalista y ese aire nocturno de música de club o la breve pero emotiva línea de trompeta que se entrevera con el sintetizador cerca del final del tema son señas de identidad casi imposibles de encontrar en este género.

Líricamente tampoco es el tema más profundo del mundo, y básicamente habla sobre ligar con un malote que tiene mucha pasta y quiere mucho twerk. Absolutamente nada nuevo. Sin embargo, sí que hay algunas referencias peculiares a la realidad estadounidense (el rapero Young Thug, featured artist en este tema, compara pagar a una prostituta con tributar para el Tío Sam) o, la más palpable de todas, que Cabello, ciudadana estadounidense pero nacida y criada en Cuba, sigue muy ligada a su tierra natal y a su espíritu; esa es su verdadera patria, quien la formó y a quien debe una parte importantísima de lo que es ahora. Realmente este no es ni de lejos el corte más personal del elepé, pero esos pequeños detalles biográficos lo dotan de personalidad, y la calidad de su producción (la parte de Young Thug está muy bien integrada y resulta poco invasiva) y de la voz de la propia artista hacen de esta canción uno de los indiscutibles puntos fuertes del álbum.

Sigue habiendo un gran puñado de fallos: el orden de canciones es irregular, y aunque parece que muestra mucha atención al principio, es como si después de “Havana” perdiese todo el interés. Toda la carga personal está concentrada en tres temas que aparecen muy juntos, cuando se podría haber distribuido de forma más homogénea a lo largo del disco.

Después de este despliegue el listón quedaba bastante alto, pero tampoco era cuestión de hacerlo tan mal. “Inside Out” es posiblemente la canción más tonta del elepé, y meter esta chorradita tropical que ni siquiera es demasiado bailable después de un tema tan intenso como “Havana” parece atentar contra el cuidado orden de canciones con el que empezaba el trabajo. Y por mucho que meta frases en español y diga que creció en Miami, esto no es un tema autobiográfico. No es que sea malo exactamente, y el hecho de que se vuelque en las melodías tropicales con esa combinación de piano y marimba lo hace medio interesante, pero este era posiblemente el peor sitio para meterlo. Pero bueno, Camila quiere remediarlo, y aquí viene “Consequences”, una canción desnuda hasta el esqueleto de piano y cargada, esta vez sí, de detalles personales verdaderamente duros. Después de esa tontería que era “Inside Out” se redime en una canción en la que queda patente la influencia del “Melodrama” de Lorde, y eso se traduce en que Cabello expone sus grietas. Es una persona llena de inseguridades, con problemas mentales y un historial de experiencias jodidas de manual, y la canción sabe que no tiene que ser espectacular para expresar esto. Es un tema honesto, lo cual, hasta hace muy poco, prácticamente no existía en el pop, y eso merece respeto.

Con “Real Friends”, el sonido regresa a esa guitarra eléctrica limpia y pura para dejar a la vocalista hablar con franqueza sobre su rechazo hacia la ciudad de Los Ángeles, donde vivió mucho tiempo a pesar de detestarla, y la necesidad de encontrar personas en las que apoyarse emocionalmente. De nuevo, es una canción con muy pocos elementos en juego, discreta pero bien ejecutada; lo que debería ser un tema de pop medianamente decente, vamos. Y seguimos intimistas, y seguimos dándole crédito a Lorde, porque sin “Liability” no existiría “Something’s Gotta Give”, una canción mucho más intensa que la humilde “Consequences”, en la que Cabello, líricamente hablando, pone toda la carne en el asador, jugándosela con alguna que otra figura atrevida (I’ve never heard a silence quite so loud”) y lances vocales especialmente enérgicos en el estribillo final. Los arreglos ocupan bien su sitio, no invaden la canción y dejan que la voz de la artista fluya con naturalidad y claridad. Otro corte más memorable de lo que cabría esperar de un disco del estilo, ¿no?

Que se declare en rebeldía sobre ciertos aspectos de su género le otorga un cierto valor, pero su llama no brilla con tanta fuerza como para que vaya a traer demasiada cola. Es un buen reflejo de lo que otros artistas están haciendo con el pop y cómo su influencia es ya una evidencia, pero, con la salvedad de un par de detalles, el debut de Camila Cabello es un disco que no se esfuerza tantísimo como para conseguir que todas sus ideas lleguen a buen puerto.

Aparece entonces “In The Dark”, cargado de electrónica de club y letras más herméticas que en ocasiones anteriores, quizás porque este tema no tiene la carga personal de los tres anteriores. Es bastante sólido y juega mucho con los coros, pero tiene pequeñas caídas como un puente en el que, de nuevo, la voz de Cabello se ve demasiado forzada hacia los agudos. Y llegamos así al final con “Into It”, que esta vez se pasa con el homenaje y resulta demasiado similar a canciones del último trabajo de Lorde como “Sober”, y además no maneja este tipo de sonidos con la misma gracia. En todo caso, la electrónica minimalista y de club reaparece con bastante potencia, con un resultado más o menos efectivo. Sin embargo, es evidente que su letra es mucho más genérica que los temas previos y su extraña brevedad (de nuevo, menos de tres minutos para un tema ya de por sí un tanto acelerado) juega en su contra. Es un cierre un tanto forzado y despersonalizado para un trabajo que, precisamente, quería venderse por sus influencias sonoras y sus letras personales. Quizás los productores no supieran tan bien cómo hacer las cosas, después de todo.

Lo cierto es que “Camila” no consigue ser el trabajo de pop latino extremadamente rompedor que pretendía, pero sí es cierto que se esfuerza mucho por cambiar ciertas cosas. Durante buena parte del disco prescinde de los manierismos del reggaetón para aproximarse no sólo al sonido cubano (que, en realidad, no ha calado tantísimo en el desarrollo del disco) sino también al pop de otros países o mercados (no creo que sea necesario repetir lo de Lorde). Además, cuando la letra se pone personal lo hace hasta las últimas consecuencias, y mostrar esa clase de fragilidad en el pop latino es algo que prácticamente no ocurre, y eso es algo encomiable.

Pero sigue habiendo un gran puñado de fallos: el orden de canciones es irregular, y aunque parece que muestra mucha atención al principio, es como si después de “Havana” perdiese todo el interés. Toda la carga personal está concentrada en tres temas que aparecen muy juntos, cuando se podría haber distribuido de forma más homogénea a lo largo del disco. Además, hay tonterías como la inclusión “Inside Out” –que fácilmente podría suprimirse del setlist sin consecuencias– y hacia la mitad del disco el ritmo decae un tanto (a favor, eso sí, de los temas más emocionales).

En general y como decía al principio, lamento decir que “Camila” no va a tener demasiada trascendencia. Ha dado la nota, desde luego, y el hecho de que se declare en rebeldía sobre ciertos aspectos de su género le otorga un cierto valor, pero su llama no brilla con tanta fuerza como para que vaya a traer demasiada cola. Es un buen reflejo de lo que otros artistas están haciendo con el pop y cómo su influencia es ya una evidencia, pero, con la salvedad de un par de detalles, el debut de Camila Cabello es un disco que no se esfuerza tantísimo como para conseguir que todas sus ideas lleguen a buen puerto.

Es un poco triste, pero es el mercado, amigo.

Camila Cabello – Camila

6.9

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

“Camila” es un trabajo con buenas ideas que no llegan completamente a buen puerto. Su estructura, un tanto desordenada a partir de la segunda mitad, y una excesiva intromisión de los productores terminan por lastrar sus méritos. Sin embargo, tiene un sonido reconocible en un mercado extremadamente conservador, y la calidad de su producción, así como el importante componente autobiográfico de sus letras, salvan los muebles en un elepé recomendable y llamativo dentro del pop latino.

Up

  • La voz de Cabello es una herramienta con más de un as en la manga, y su tesitura natural, grave pero dulce, tiene mucha personalidad.
  • El contenido lírico de temas como “Consequences” o “Something’s Gotta Give” resulta extremadamente valioso (y valeroso) en el mercado del pop latino.
    La producción roza el sobresaliente durante casi todo el disco, con arreglos sucintos muy basados en lo analógico, que rechazan la artificialidad plastificada del reggaetón y dejan espacio a las diferentes líneas sonoras.
  • “Havana” es una pequeña joyita cuya fama está bien merecida.

Down

  • El orden de los temas tiene una cierta relevancia al principio, pero a partir de “Havana” pierde bastante coherencia.
  • No hay tanta base de sonido tropical ni cubano como se anunciaba.
  • La influencia de Lorde a veces trasciende el homenaje y roza el plagio en el segmento final.
  • “Inside Out” es una tontería absoluta.