Ya me había lavado las manos en la crítica del “Culture” del año pasado: “Culture II iba a ser el entierro anunciado de Migos y del trap, una exhibición penosa de pérdida de musas o una cagada monumental, como se dice en la lengua llana y como son todas las segundas partes de todas las cosas. Qué sorpresa la mía, qué giro de guión, qué vuelco súbito de los acontecimientos tan inesperado cuando descubro, sin haberme hecho idea exacta todavía de su valía, que no, que el trap no ha muerto, que el espectáculo debe continuar. Tampoco es que esté muy vivo, sino que sus pasos suenan a los de una suerte de zombi de zancada vigorosa. Durante segundas y terceras escuchas se descubre incluso que, para ser un muerto viviente, la secuela de “Culture” podría hasta alcanzar el notable, pero la verdadera cuestión aquí es otra: ¿qué parte de los Migos ya no les insufla flujo vital y cuál les sigue manteniendo el pulso? Puede parecer una pregunta imposible de contestar, al principio, un misterio total. ¿Qué único combustible puede estar motivando a Quavo, Takeoff y Offset para publicar un álbum de veinticuatro temas en tan poco tiempo? Luego se acuerda una de cómo se titulaban los discos y mixtapes de Migos antes de titularse “Culture” (“Young Rich Niggas”, “Rich Nigga Timeline”, “The Green Album”, “Yung Rich Nation”, “Currency” o “Rich Shooters” entre otros menos explícitos) y, de repente, todo se entiende: “Culture II” es un zombi vivaracho que come billetes.

Manteniendo viva la cultura por dinero

¿Qué único combustible puede estar motivando a Quavo, Takeoff y Offset para publicar un álbum de veinticuatro temas en tan poco tiempo? Luego se acuerda una de cómo se titulaban los discos y mixtapes de Migos antes de titularse “Culture” (“Young Rich Niggas”, “Rich Nigga Timeline”, “The Green Album”, “Yung Rich Nation”, “Currency” o “Rich Shooters” entre otros menos explícitos) y, de repente, todo se entiende: “Culture II” es un zombi vivaracho que come billetes.

Es cierto que “Culture II” empieza fatal, y peor si, por comparación, se recuerda cuánto moló DJ Khaled echándole la bronca a la gente nada más darle al play en la primera pista de aquella mítica primera parte de la saga “Culture”. Además, igual me lo estoy inventando yo ahora, pero una cosa que dura más de cuatro minutos no es una ‘intro’, sino un hombre hecho y derecho, una canción introductoria, a mucho estirar, así que inspira poco conocimiento del oficio el haber titulado el track número uno como “Higher We Go (Intro)”. Tal vez procedieron así porque su intención inicial sí era grabar algo cortito, pero acabaron necesitando más tiempo para dejar claro que se creen los putos amos… Podría pensarse que, al tercer “higher we go, beg and plead for the culture” de Quavo, el oyente captaría el mensaje, que no hacía falta una vigesimonovena reiteración, pero oye, por si acaso.

Avanzando momentáneamente hasta el final, podría señalarse también que, si hay algo que no le hace falta a un disco que dura una hora y tres cuartos y se presenta con una “““intro””” de cuatro minutos es “““outro””” de otros cuatro, por mucho piano cool jazz y atmósfera chillwave o prestada de Travis Scott que incluya. La teoría especulativa de “Culture National Anthem (Outro)” como boceto de un nuevo himno nacional para todas las razas esculpido por Quavo tampoco cuela: parafraseando a Pete Townshend de los Who durante el discurso de ingreso de los Rolling Stones en el Rock & Roll Hall of Fame, no intentéis envejecer como raperos conscientes, Migos; no os pegaría. Ni con cola.

Tras una “Higher We Go (Intro)” nada digestiva no se pasa a algo mucho mejor, la verdad; “Supastars” deja bastante indiferente incluso como canción de relleno, por no hablar, pues, de lo poco que da la talla como tercer single. Y dicen algunos que Migos son los únicos con el superpoder de contar en “Culture II” con veinticinco productores estelares en la mesa de mezclas y conseguir que todos los temas suenen, después de todo, exactamente iguales. Por suerte, esos tales ‘algunos’ no tienen ni la más remota idea de lo que hablan, y prueba fehaciente de ello debería ser “Narcos”, un embriagador tiovivo inmoral producido por Quavo y DJ Durel (DJ oficial de Migos) que más bien parece, en su paisaje sónico chicano o fronterizo, haberse escapado de ese “Huncho Jack, Jack Huncho” de la dupla Quavo/Travis Scott que tan injustamente se le pasó a la humanidad a finales del año pasado. ¿O no es evidente, como sugiere la portada dibujada por no otro que Ralph Steadman, que se la pondrían a todo trapo Hunter S. Thompson y Oscar Zeta Acosta atravesando drogadísimos el desierto de Nevada de camino a Las Vegas? Al menos si sus pieles fueran “black like mamba (“negras como la de la mamba”), claro.

“Culture II”: Migos quieren tus streams por una hora y tres cuartos de más de lo mismo

Migos, sencillamente, no es el perfil de propuesta musical capaz de sacar adelante veinticuatro pistas en menos de un año y salir bien parada del intento. Lo mismo que ha hecho de su sonido un (sí, ¿por qué no admitirlo?) movimiento cultural adorado e imitado alrededor del globo terráqueo es lo que, a su vez, los limita: una modesta falta de profundidad y complejidad artísticas.

“Narcos” es la primera en orden cronológico de la selección de temas del “Culture II” que, rescatados y separados del naufragio por avaricia que constituye el resto del largo, podrían solidificar en un trabajo igual o más aplaudible, respetable y auténtico que su predecesor (se rumorea que la larguísima duración del tercer trabajo discográfico de los Migos se debe más a una estudiada estrategia mercantil para forzar el aumento del número de streams y, consecuentemente, también el de los beneficios, y no tanto a una incontenible vomitera creativa). En dicho tracklist hipotético la seguiría “Walk It Talk It”, desde la que se ve venir a Drake a la legua entre campanitas difuminadas y amenazadoras al más puro estilo 40. Guarda dentro de sí lo mejor y lo más divertido de aquella dicción entrecortadamente rítmica del implacable “T-Shirt”, y haría de acertado contrapunto a la frialdad y originalidad del tétrico beat de “Emoji a Chain”, que corre a cargo del amigo fiel Metro Boomin, por supuesto, y acaba con un pseudoinstrumental escalofriante.

Y no hace falta esforzarse mucho para darse cuenta de que el tema producido por Pharrell Williams es “Stir Fry”, fácilmente el mejor del álbum. Despide un estado de ánimo energizante y popero, característico del líder de N.E.R.D y en el que nunca hubiéramos imaginado que Quavo y familia se atreverían a autoenmarcarse. Originalmente pensado para el también originario de Atlanta T.I. y procedente de un disco duro de 2008, confirma al joven Takeoff (tal y como se intuía en “Culture” y como reconoce el propio trío) como mejor lirista del conjunto y única pieza con potencial para sobrevivir en un mundo post-Migos. Eso sí, no debe menospreciarse la puesta de pilas de Offset y sus emocionantes carreritas de velocidad verbal. Gang Gang” también recuerda a Drake porque la base está firmada por otro de sus compatriotas y habituales, Murda Beatz, y supone otro acertado distanciamiento (hacia lo lento y femenino, en este caso) del genuino estilo asentimental de los llamados ‘Beatles del trap’. Se recuperaría rápidamente la esencia colocándola justo antes de “Flooded”, la más esquelética y cruda de la colección, y si os gustó “Deadz” del anterior largo a continuación vendría “Open It Up”, que es más de lo mismo pero un poco mejor.

Para este proyecto de reselección de una presunta versión mejorada de “Culture II” conservaríamos “MotorSport” por razones que no van más allá de la espectacular presencia de Nicki Minaj y pese a Cardi B. Sin embargo, incluiríamos con mucho gusto “Movin’ Too Fast” como reciclaje discreto del infame “Bad and Boujee” y entre lo más logrado del disco.

Si Migos no iba del arte (que, de todas formas, ya es un concepto desvirtuado en sí mismo con anterioridad a la mera existencia del grupo) al menos iba de la realidad, de lo auténtico, de la cultura en todo aquello que la sociedad estándar y decente rechaza y, en contra de su propia voluntad, la acaba definiendo. Vaticinamos que la genialidad de “Culture” marcaría tanto el cenit cualitativo del género como el comienzo de su declive, pero nos equivocamos: “Culture II” le ha inducido un coma creativo indefinido y, por el momento, parece estar prosperando en su propia agonía.

Y justo cuando parecía que Post Malone no podía ser más prescindible en la vida, acaba convirtiéndose en el único feature suculento de entre los diez del álbum; “Notice Me” es otra de las mesas (junto con “Stir Fry” y “Gang Gang”) en las que nunca creíamos que llegaríamos a ver sentados a Migos, pero Malone los invita con una gracia difícil de declinar. Aparte, es la canción número veinte y Takeoff sigue volando en formato y contenido, así que tenemos, como mínimo, un aliciente por el que seguir hasta el tema final, que idealmente debiera ser la vigesimosegunda pista, “Made Men”, una delicia noventera en la que extraña que no hayan participado Chance the Rapper o Childish Gambino y donde Quavo cede las riendas durante casi cinco azucarados minutos a Takeoff.

Ojalá pudiera decir que “Culture II” se acaba aquí y ponerle un ocho y pico como a su primera parte e irme a dormir con la fe en la industria musical restaurada, pero en realidad trae consigo trece temas más que, sin ser horribles, son pura paja repetitiva que aporta poco y baja escandalosamente la nota media del conjunto, aguando el impacto positivo de sus partes más brillantes. “BBO (Bad Bitches Only)” a.k.a. ‘Lo que ni Kanye West ni 21 Savage pudieron salvar’; “CC” a.k.a. ‘O metemos a Gucci Mane por algún lado o nos deshereda’; “White Sand” a.k.a. ‘¿Qué es esta broma, Travis?’ y “Too Playa” a.k.a. ‘Por favor, 2 Chainz otra vez no, basta’ son de lo más indigesto y aburrido de “Culture II” aun con la colaboración de tan ilustres amiguetes. Por otro lado, “Auto Pilot (Huncho on the Beat)”, “Too Much Jewelry”, “Crown the Kings”, “Beast”, “Work Hard” y “Top Down On Da NAWF” son igual de pesadas e insustanciales con la sola diferencia de que no se puede echar culpa de su mediocridad a ningún invitado. Migos, sencillamente, no es el perfil de propuesta musical capaz de sacar adelante veinticuatro pistas en menos de un año y salir bien parada del intento. Lo mismo que ha hecho de su sonido un (sí, ¿por qué no admitirlo?) movimiento cultural adorado e imitado alrededor del globo terráqueo es lo que, a su vez, los limita: una modesta falta de profundidad y complejidad artísticas.

Aunque, bueno, seamos sinceros en ese punto: todo aquel que, de entrada, busque ‘arte’ en lo que practican Migos o cualquier otro ‘trap Lord’ con credenciales es directamente tonto y en su casa no lo saben. De lo que sí podemos sorprendernos es del flagrante acto confirmatorio de que la cultura urbanopopular contemporánea la abanderan otra panda de capitalistas salvajes sin educación privada y con un rollo guay en el vestir. Si Migos no iba del arte (que, de todas formas, ya es un concepto desvirtuado en sí mismo con anterioridad a la mera existencia del grupo) al menos iba de la realidad, de lo auténtico, de la cultura en todo aquello que la sociedad estándar y decente rechaza y, en contra de su propia voluntad, la acaba definiendo.

Vaticiné yo sin saber mi persona nada de eso que la genialidad de “Culture” marcaría tanto el cenit cualitativo del género como el comienzo de su declive, pero me equivoqué: “Culture II” le ha inducido un coma creativo indefinido y, por el momento, parece estar prosperando en su propia agonía. En el trap y en el capitalismo, y como diría Mariano Rajoy: cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos, mejor.

Migos – Culture II

7.0

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“Culture” fue un hito en la historia reciente del rap que Migos difícilmente iba a poder superar. “Culture II”, pese a lo que se esperaba y a lo que se cuenta de él, es decentemente digno, divertido y con algún toque de novedad estilística aquí y allá. Por desgracia, su calidad está motivada por las más indignas de las razones, y el hecho de que dure unos intimidantes 105 minutos no tiene nada que ver con un presunto desbordamiento creativo: todo lo contrario…

Up

  • Las esperanzas puestas en el joven, lacónico y multitalentoso Takeoff.
  • El crecimiento de Offset.
  • Las pocas pistas en las que logran salir de su zona de confort preservando un porcentaje de personalidad (“Narcos”, “Stir Fry”, “Gang Gang”, “Notice Me”, “Made Men”).
  • Temas genéricos que aportan poco en cuanto a innovación pero que se sostienen por sí mismos (“Walk It Talk It”, “Emoji A Chain”, Open It Up”, “Movin’ Too Fast”).

Down

  • La decepcionante aportación de casi todos los estelares colaboradores.
  • Una hora y tres cuartos invertidos en su escucha para que, al final, más de la mitad fuera completamente prescindible.
  • La cantidad intolerable de paja que han metido con embudo en el nombre del capitalismo y con el propósito de que Spotify les cambie el máximo número de veces posible 1.500 streams por el precio de un álbum en formato físico.
  • Que la cultura de Migos no esté clínicamente muerta pero que tampoco haga ademanes de notables progresos.