Aún recuerdo cuando escuché por primera vez el riff mastodóntico de Tony Iommi. No era más que un chaval de doce o trece años que se introducía con entusiasmo en el mundo del rock después de escuchar grupos con una vertiente melódica prominente, como The Beatles, The Beach Boys o Green Day. La pesadez y la contundencia de este himno de los de Birmingham fue, sin lugar a dudas, el puente que me hizo enamorarme del metal. Un estilo, en principio, demasiado ruidoso para mi cerebro adolescente repleto de prejuicios.

Estoy seguro de que esta historia le sonará a muchos, ya que Black Sabbath son una banda que, como pioneros en el desarrollo del heavy metal, supieron dar vida a una obra absolutamente rupturista a la par que clásica. Hablamos de “Iron Man” en concreto, una pieza perteneciente a aquel excelente “Paranoid” (1970) que desde su apoteósica apertura prácticamente nos obliga a comprar la guitarra más barata que encontremos en Internet y matar el tiempo bailando sin control mientras nos marcamos infinitos ‘air guitars’.

Pero, ¿por qué nos gusta tanto? El bajista Geezer Butler –escribió la mayoría de las letras del cuarteto– quiso componer una canción acerca de viajes en el tiempo; un tema oscuro y terrible, influenciado por la cultura de la ciencia ficción que tanto le gustaba. La premisa es simple: un hombre del futuro que presencia el Armagedón viaja al pasado para advertir a la humanidad de lo que va a suceder, pero durante el viaje se convierte en un hombre de metal debido a los campos magnéticos y por ello es incapaz de comunicarse. Y precisamente es esa incapacidad (sumada al rechazo) lo que inspira en él un sentimiento de odio hacia toda la humanidad, creando él mismo el horror que intentaba prevenir.

Así, de forma visceral y sombría, Butler pudo poner sobre la mesa ciertas críticas hacia el rápido y nefasto desarrollo que estaba sufriendo nuestro planeta y cómo eso estaba erradicando las relaciones sociales y políticas para desembocar en ese trágico final. Muchos críticos pensaron en aquel entonces que otro de sus mensajes era la imposición de los más débiles; tras sufrir abusos durante años ahora tienen la fuerza suficiente para cobrarse su venganza. Sí, se trata de una temática casi negra de la que bebió y sigue bebiendo todo el metal y que, a fin de cuentas, continúa siendo nuestro día a día.

Fotografía: Brian Duffy

Sin embargo, ese apocalipsis no funcionaría sin la voz de nuestro querido Ozzy Osbourne, que sigue al pie de la letra esa melodía del riff principal con un descarnado lamento. Pero tampoco obviemos la labor de Bill Ward a la batería, quien en su momento comentó:

Técnicamente, tuvimos muchos obstáculos para realizarla correctamente en el estudio. El problema fue que en 1970 los micrófonos accesibles para nosotros no podían abordar la tarea de capturar el poder y la densidad del tema. […] Para Rodger Bain (productor) y Tom Allon (ingeniero de sonido) el intento de grabar “Iron Man” fue muy duro. Hoy en día sería muy fácil para una banda conseguir el sonido apropiado para una canción así, porque la tecnología existe.  

Y más allá de su concepto original, esta canción se ha convertido en –probablemente– el himno más reconocible de Black Sabbath, extrapolándose a eventos deportivos masivos o incluso a la película del superhéroe de Marvel que nada tiene que ver. Pero es esa difusión la que ha engrandecido un trabajo ya de por sí enorme y sobre el que Butler también explicó:

Realmente siento que cuando escuchas “Iron Man” lo que obtienes es la esencia que hace de Black Sabbath una banda tan especial. […] Es muy sencilla, pero también tiene mucha profundidad. Estoy muy orgulloso de lo que conseguimos.

Y es ese sonido crudo y agobiante pero a su vez teatral y pegadizo, señor Butler, lo que la convierte en una de las composiciones más grandes del género y seguramente del rock en general, porque se puede hacer música fuerte sin que sea atropellada. Pero, sobre todo, por fin podemos cantar sobre el odio, la muerte y el terror sin ser unos monstruos o, por lo menos, aceptar que todos llevamos uno dentro.