La angustia adolescente inglesa tiene nuevo nombre: Shame. Formados en el corazón del sur londinense de Brixton, estos cinco chavales –Charlie Steen (voz), Sean Coyle-Smith (guitarra), Eddie Green (segunda guitarra), Josh Finerty (bajo) y Charlie Forbes (batería)– se conocieron en su pubertad y, lo que al inicio comenzó con actuaciones para amigos en fiestas libres e interminables de música en directo, ahora ya tiene su impronta en físico bajo el nombre “Songs of Praise” (Dead Oceans, 2018). Diez canciones en las que han procurado mantener en todo momento la energía vital y furia discordante que caracteriza sus escandalosos shows repletos de rabia pubescente.

Un programa religioso líder de audiencia en la BBC

Shame han procurado mantener en todo momento la energía vital y furia discordante que caracteriza sus escandalosos shows repletos de rabia pubescente.

“Songs of Praise” debe su nombre a un histórico programa de la cadena BBC líder de audiencia que lleva emitiéndose desde 1961. Todos los domingos, miles de ingleses se sientan frente al televisor para ver y escuchar las mejores versiones de sus canciones eclesiásticas favoritas, interpretadas por coros en diferentes catedrales e iglesias de todo el país. Concebido como un magazine vespertino y con una fuerte ideología conservadora, el programa se emite justo en la hora del día más representativa de la cultura británica: la hora del té.

El acto de llamar su debut como dicho programa hunde sus motivos en una clara mueca de desprecio por la cultura dominante inglesa frente a las exigencias de progreso de la globalización. De algún modo, la sociedad inglesa más tradicional, aquella que votó la salida de la Unión Europea, no quiere dejar de lado su acervo popular y sus costumbres ancladas en lo religioso. La carta de presentación del quinteto, por tanto, no puede ser más ácida y divertida.

The Queen’s Head y la gran familia de blancos obesos

Crecer en el oscuro y sórdido Queen’s Head de Brixton influyó en la banda a la hora de componer música, que no hubiera sido la misma de ensayar en un sitio más limpio e impecable.

El álbum comienza furioso y descarnado con “Dust on Trial”, un tema pesado de aire post-punk presidido por un riff de bajo y guitarra entrecortado, con una contundente línea de batería. La voz profunda de Charlie Steen se sumerge en el registro grave y resucita en un estribillo iracundo que reza “And what’s the point of talking / If all your words have been said”. Conscientes de que su mensaje sólo será un mensaje más añadido a toda la ola de frases ya dichas, admiten el simulacro de su propuesta nada más comenzar. “Concrete”, más rápida y aventajada que la anterior, resume a la perfección lo que nos vamos a encontrar: agresividad punk y ritmos frenéticos con unos gorgojeos vocales que recuerdan mucho a las voces de los eclécticos Beastie Boys.

Shame se formaron en un entorno peligroso y noctámbulo. El pub al que solían ir a tocar, el Queen’s Head de Brixton, presumía de ser el cuartel general de los radicales y excéntricos Fat White Family. Conocidos por sus abusos con las drogas, Steen y los suyos lograron evitar ser salpicados en lo vital por los excesos de sus maestros y los colegas que poblaban el local, pero sí están influidos en lo musical, tal y como reconoce Charlie Forbes en una entrevista para el diario The Guardian: “Mi padre era amigo del propietario del antro. Nos dejó ensayar gratis durante 15 meses en el piso de arriba. No creo que hubiera sido igual de haber empezado en un sitio más limpio e impecable”.

Shame también surgieron como respuesta a un género ya en declive. El quinteto forma parte de una nueva escena de agrupaciones y público –HMLTD, Goat Girl y Dead Pretties entre otras– que rechazan la resaca del indie-rock y del britpop que ha estado presente en las bandas inglesas durante los últimos años, así como el rutinario plan de fin de semana de tomar pastillas y escuchar techno tan extendido entre los jóvenes alternativos.

One Rizla”, el single oficial, resulta el corte más pop en el que se aprecian algunas de sus influencias, como Eddy Current Suppression Ring y The Fall, del recién desaparecido Mark E. Smith, tal y como informan en la nota de presentación. El inicio es toda una declaración de intenciones: “My nails ain’t manicured / My voice ain’t the best you’ve heard / And you can choose to hate my words / But do I give a fuck?”. El resto de la letra se pierde en una serie de declamaciones en primera persona del singular, muy cercanas a las características propias del Y.O.L.O. (‘You Only Live Once’). Aquí parece que emerge su lado más egocéntrico, representativo de la cultura millennial. En “The Lick” dan la sorpresa con un elegante spoken word sostenido por una base espacial y progresiva de bajo, batería y guitarra para lanzar una critica a la extrema competitividad de las bandas inglesas por salir en la NME: “So why don’t you sit in the corner of your room / And download the next greatest track to your MP3 device / So sincerely recommended to you by the New Musical Express”. Al final, la letra termina con unos desconcertantes versos en los que impera la ironía en su mayor estado de gracia: “I don’t want to be heard if you’re the only one listening / Bathe me in blood and call it a christening”.

Shame también surgieron como respuesta a un género ya en declive. El quinteto forma parte de una nueva escena de agrupaciones y público –HMLTD, Goat Girl y Dead Pretties entre otras– que rechazan la resaca del indie-rock y del britpop que ha estado presente en las bandas inglesas durante los últimos años, así como el rutinario plan de fin de semana de tomar pastillas y escuchar techno tan extendido entre los jóvenes alternativos. “Fue extraño conocer gente de mi misma edad a la que le gustaba la misma música”, asegura Steen. “Muchas personas que conocíamos en la escuela se dedicaba a tomar pastillas e ir a fiestas de techno”.

La primera parte termina con “Tasteless”, uno de los temas más potentes de todo el repertorio. Una introducción de batería da paso a una avalancha de guitarras. Sin duda, es la canción que ejemplifica a la perfección esa mueca de desprecio esgrimida por los chicos de Brixton: “I like you better when you’re not around”. El final del corte es uno de los momentos estelares del disco.

‘Je Suis Calais’

Shame se presentan en su álbum debut como una banda fresca, ácida y crítica. Capturan a la perfección esa energía vital y apisonadora de sus combativos y provocativos directos y se resuelven como expertos en el estudio.

La segunda parte del disco amanece enérgicamente con “Donk”, un tema que no llega a los dos minutos y que sobresale por su contundente ritmo de batería, interpretado de forma magistral por Charlie Forbes. “Gold Hole” comienza con una guitarra onírica y pesada con reminiscencias stoner y bajo un ritmo de sabor post-hardcore muy en la línea de Fugazi. Mientras, “Friction” representa el lado más reivindicativo de Shame. “Nos gusta interpelar a quienes han cometido actos injustos, escribiendo canciones ácidas contra ellos”, asegura Forbes. El tema parece dirigido contra la primera ministra del Reino Unido, Theresa May: “You say it’s going forwards / But I feel flowing backwards / In a time of such injustice / How can you not want to be heard?”reza el estribillo.

En una entrevista televisiva en un canal francés, Charlie Steen apareció con una camiseta en la que rezaba el lema ‘Je suis Calais’, la jungla en la que acampan más de un millar de refugiados al norte de Francia en condiciones infrahumanas. Así puso de manifiesto la hipocresía occidental por la que a día de hoy existen ciudadanos de primera, de segunda y de tercera. El vocalista finalmente se pavoneó delante de los presentadores y al final lamió la cara a una persona del público del programa. Por su parte, “Lampoon” sigue muy de cerca la estela de sus predecesoras. Ácida, rápida y mordaz, parece enarbolar una crítica contra la avaricia de las clases altas. La canción se mueve entre el punk-rock y un fraseo hiphopero durante las estrofas. Uno de sus temas estrella de los directos, con un compás que invita a desmelenarse y a perder la cabeza.

Shame se despiden con la que es la balada del disco, “Angie”, un tema de casi siete minutos que progresa a partir de una inspirada línea de guitarra y que va cogiendo forma progresivamente hasta explosionar en una despedida que, seguro, no será definitiva y tendrá continuación.

Shame – Songs of Praise

7.3

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Shame se presentan en su álbum debut como una banda fresca, ácida y crítica que responde a la necesidad de una nueva escena londinense alejada de sus cánones habituales. Capturan a la perfección esa energía vital y apisonadora de sus combativos y provocativos directos y se resuelven como expertos en el estudio. Sin embargo, algunas de sus canciones pueden resultar repetitivas en determinados momentos, algo con lo que no se habían encontrado en el formato en vivo.

Up

  • El inicio del álbum, con “Dust On Trial” y “Concrete”, las cuales capturan a la perfección la esencia del conjunto.
  • Los dos Charlies. El registro vocal de Steen, con una rica amalgama de tonos graves y agudos y hasta una inspirada interpretación de spoken word en “The Lick”. Por su parte, Forbes y su excelente forma de aporrear la batería, que alcanza sus momentos cumbres en “Tasteless” o “Donk”.
  • El aire reivindicativo de las canciones, su mordaz crítica al estado actual de la música inglesa y su defensa de las clases más silenciadas, así como de la gestión del gobierno de Buckingham.

Down

  • Aunque es un álbum redondo bien diferenciado en dos partes de cinco canciones cada una, algunos temas del conjunto pueden sobrar por ser más de lo mismo.
  • El cierre del disco, “Angie”, promete mucho más de lo que en realidad es. Podían haberle dado más empuje o haber apostado por un final más intenso en cuanto a instrumentación.
  • A pesar de sonar frescos, polivalentes y dinámicos, su sonido parece no añadir nada nuevo o revolucionario. Habrá que esperar a una segunda entrega para ver su evolución.