In the night / I feel clean / When darkness swallows me / I escape / From the blue / Like the steam coming off the pool — Porches en “Ono”.

Chico conoce a chica una noche y desde entonces no deja de pensar en ella. Hay presente algo más que simple admiración, y es que él siente que la otra persona lo está salvando, está curando todos sus males. En esta escena nos encontramos con Aaron Maine –cabeza pensante de Porches–, quien a lo largo de su obra va tomando la forma de él, de ella y de alguien que observa desde fuera, mutando e introduciendo parte de su espíritu en cada uno de estos personajes y narrando al oyente todas estas vivencias.

“The House”: la historia de una relación purificadora narrada a través de ritmos cluberos

Aaron Maine logra una especie de álbum conceptual en el que se desarrolla una historia de amor y salvación. Melodías ensoñadoras que, si bien conforman en ocasiones pasajes irregulares, describen destellos y pura belleza futurista.

Si por algo se caracterizan las letras de Porches es por su habilidad para mostrar un retrato cruel y duro de las relaciones sociales. En su álbum debut “Slow Dance In Cosmos” (2013) utilizó melodías de carácter indie-rock (más en la línea de Frankie Cosmos) para narrar las historias carnales más comunes: el florecer sexual de un adolescente, encuentros en callejones a la salida de un bar cualquiera, la presión de una sociedad que condena el sexo… Sin embargo, en “Pool” –su segundo trabajo de estudio– quiso aportar a su música un carácter más personal. Dejó las guitarras a un lado y abrazó por completo el synth-pop de carácter clubero para confeccionar temas pegadizos con sintetizadores brillantes en los que de nuevo hablaba sobre la vida y las relaciones, pero desde un prisma más introspectivo. Aaron Maine ubicó toda la narrativa en su propia persona y abrió su diario para brindarnos un relato de luces y sombras el cual, en muchas ocasiones, se ubicó en su Nueva York natal, la ciudad donde nace este joven proyecto de pop que en 2018 estrena su tercera referencia: The House”.

Fotografía: Jason Nocito

Porches innovan dentro de su marco sonoro

Aaron Maine ha apostado definitivamente por el estilo más puramente synth-pop de su segundo álbum dejando atrás el indie-rock del debut. Hay más influencia de Blood Orange y Mr. Twin Sister que de Frankie Cosmos y LVL UP.

Desde la apertura vocal (protagonizada por los coros de (Sandy) Alex G) de la sintética Leave The House Aaron Maine pretende hacernos entender que ha apostado definitivamente por el estilo más puramente synth-pop de su segundo álbum dejando atrás el indie-rock del debut. Hay más influencia de Blood Orange y Mr. Twin Sister que de Frankie Cosmos y LVL UP. Incluso me atrevería a decir que hay cierta admiración por el pop de finales de los noventa como muestra esa Find Me con unas percusiones enlatadas, un toque de saxofón distorsionado y un cuerpo de sintetizadores muy en la línea de divas del pop como Kylie Minogue, sin ir más lejos. En este tema encontramos la primera, y por desgracia una de las pocas, ideas que se desarrollan del todo en “The House”, un registro que peca de querer idear melodías para el momento, sacrificando las estructuras de las canciones para intentar abrazar un concepto mayor que a veces se queda en el limbo. Seguidamente, Understanding” (un interludio de modulaciones vocales a medio hacer) intenta explicarnos el carácter romántico y sincero que engloba “The House”, pero acaba por romper el ritmo del álbum. Éste será un fallo que se repetirá en varias ocasiones.

Chico conoce a chica una noche y desde entonces no deja de pensar en ella. Hay presente algo más que simple admiración, y es que él siente que la otra persona lo está salvando, está curando todos sus males. En esta escena nos encontramos con Aaron Maine –cabeza pensante de Porches–, quien a lo largo de su obra va tomando la forma de él, de ella y de alguien que observa desde fuera, mutando e introduciendo parte de su espíritu en cada uno de estos personajes y narrando al oyente todas estas vivencias.

Por lo menos, la aparición de la dreamy Now The Waterexime de todos los males a esta primera e irregular tríada de canciones. Los detalles de guitarras cargadas de reverb –que nos hacen mirar de reojo a la cantera de Captured Tracks o a gente como los sevillanos Terry vs. Tori– hacen de este corte el mejor de toda la colección a pesar de ese final repentino de sintetizadores EDM que aparecen de la nada para barrer la escena y dirigirnos hacia la mística Country” (la última canción que Maine escribió para este trabajo) con referencias al agua y la oscuridad purificadora de la noche, una constante que se repite a lo largo del LP. La melodía aquí está regida por un tímido sintetizador que termina de despegar en una By My Side con estética algo El Último Vecino meets la sensualidad de Blood Orange, incluyendo ese contundente piano que completa un conjunto llamativo y potente.

La armonía de “The House” se vuelve a romper en Åkeren, la cual abre con unas voces muy à la Björk en “Utopia” que derivan en un corte algo tenso, con un bombo incesante, sintetizadores aquí y allá y un vocal femenino en noruego presentando los personajes a los que nos referíamos en un principio: Ricky, Julie y el propio Aaron, exhibiéndose como supervisor y testigo de la historia. A la vez que asumimos el mensaje en noruego, sus ritmos cluberos nos transportan a esa Anymore” con un estribillo muy destacado al introducir los cowbells y ese saxofón tan sintético que devuelven la energía y el baile a un trabajo lleno de contrastes, algo que reafirma la íntima Wobble”, una suerte de balada en la que el piano aparece acompañado de una línea repetitiva e incesante de cuerda a la que posteriormente se suman ciertos detalles de guitarra distorsionada que, aunque aportan un punto interesante, conducen al final demasiado pronto, dejándonos con ganas de una estructura más desarrollada o, por el contrario, una mayor concreción de la idea.

Tal vez “The House” falla porque Aaron Maine ha querido demostrar una gran ambición artística y dotar al conjunto de un concepto global sacrificando las propias canciones, aunque por el camino nos queda un retrato romántico y sincero con algún que otro buen single.

“The House” vuelve a cobrar fuerza y concreción a través de la pegadiza Goodbye, un juego de pop que podría a recordar a Javiera Mena en un plano melancólico gracias a ese piano contundente que marca el tiempo y rápidamente muta en unos sintetizadores de carácter azucarado y algo ochentero. El breve y melancólico interludio de “Swimmer” da paso a las últimas tres composiciones del largo, que consiguen mantener el ritmo y la coherencia, poniendo en primer plano la estética ochentera de sintetizadores, percusiones enlatadas y algún maravilloso detalle de guitarra muteada, como en esa W Longing que acaba con un saxofón muy “22, A Million”. Por su parte, Onoes un melancólico canto a partir de un sintetizador roto y un bombo protagonista el cual funciona como un latido lento que transmite calma y mantiene bajo control ese estribillo animado y algo vaporwave incluso. Finalmente, Anything U Wantconecta líricamente con aquella “Country” al describir esos personajes que se encuentran en diferentes lugares pero unidos por el amor que se profesan. El sintetizador onírico termina de elevar una composición en la línea de Perfume Genius, culminando en un field recording urbano que nos transporta de nuevo a la realidad de la gran ciudad.

Aunque en ocasiones Aaron Maine termina por tropezar al sacrificar el estilo y las estructuras de las canciones con el fin de conseguir un concepto global, el resultado obtenido en “The House” es, ciertamente, admirable. Tal vez no supera a “Pool” melódicamente hablando, y es que, en lugar de apostar por una colección de canciones, en su tercer larga duración Porches trabajan el conjunto, quizás en la línea de lo que hizo Blood Orange en “Freetown Sound” (2016). De hecho, hay mucho de Dev Hynes aquí a nivel melódico. Estamos de acuerdo en que Hynes apostó mucho más por sonidos orgánicos y Aaron Maine por la electrónica y el synth-pop, pero ambos comparten el deseo de innovar dentro de su marco sonoro. Al igual que con “Freetown Sound” tengo sentimientos encontrados con este “The House”, tal vez porque ambos trabajos fallan al querer demostrar una gran ambición artística sacrificando las propias canciones, pese a que por el camino nos queda un retrato romántico y sincero con algún que otro buen single.

Porches – The House

7.0

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En su tercer trabajo de estudio, Porches apuesta definitivamente por su faceta más electrónica y sintética mientras confecciona, a su manera, una especie de álbum conceptual en el que se desarrolla una historia de amor y salvación. Melodías ensoñadoras que, si bien conforman en ocasiones pasajes irregulares, describen destellos y pura belleza futurista.

Up

  • El concepto lírico del álbum.
  • Las modulaciones vocales y el vocoder.
  • Los momentos más dreamy como “Now The Water”.
  • El saxofón final de “W Longing”.
  • Los momentos de reminiscencia pop ochentera futurista como en “Goodbye”.

Down

  • Los interludios no aportan nada.
  • El desorden estructural del álbum, que en ocasiones propicia demasiado contraste.
  • Algunas buenas ideas como “Country” o “Goodbye” no terminan de explotar y desarrollarse.